Centenario de don Pepe Figueres
“Actualidad de su pensamiento”

Rodrigo Carazo Odio

Rodrigo Carazo Odio *

Gracias por haberme invitado a hablar de José Figueres. Yo conocí a don Pepe hace sesenta y cuatro años, y en las circunstancias más particulares que a un joven le pueden ocurrir; tuve la suerte de conocerlo a raíz de un discurso que pronunció en la esquina de la Voz de la Víctor, cuando nos vino a decir, ante una avalancha de peste agrícola que destruía nuestros campos, que lo importante era exigirle al Gobierno que se fuera.

Eso fue en 1942. Los que estábamos de acuerdo, o en desacuerdo nos sorprendimos, pero encontramos, por primera vez en mi vida de carácter político, un hombre que decía lo que pensaba, cosa que en política no es nada común.

Yo conocí a José Figueres cuando vino desde las montañas del sur, desconocido prácticamente para todos los ciudadanos de este país, y nos levantaba una bandera de coraje, de responsabilidad y nos empezó hablar del futuro.

Yo venía de una familia muy lejana, políticamente, al pensamiento de don Pepe, pero don Pepe me convenció y fui, junto con él, a muchos campos de batalla, dije de batalla.

En 1979, cuando cayó Somoza, esa noche me llamó por teléfono y me dice: —él me decía don Rodri— don Rodri, como que este fue el último, se refería a los dictadores del área del Caribe. Sí era el último, porque, sin duda alguna, habíamos tenido la ocasión histórica de luchar juntos para terminar con una de las serias amenazas para los pueblos de América, la amenaza de los que dependían de la decisión foránea para sentar el futuro de sus patrias, de sus países.

Somoza fue el último, pero quiero decirles que no olvidemos esa frase que se atribuye a William Walker y que dicen que nos dijo cuando fue derrotado, en la invasión de los filibusteros: lo que no han podido hacer las armas lo va a hacer el dinero. Para mí el motivo fundamental de reflexión de los cien años de José Figueres es que no nos venza el dinero. Y no nos vence porque los costarricenses tenemos la responsabilidad de decir: no al TLC, pues es un instrumento que por su esencia misma está sentando las bases de un país diferente.

Con don Pepe, allá en su chimenea, en La Lucha, hablamos de muchas cosas, entre ellas, será para mí inolvidable, las que se referían a la guerra española; él era republicano y le gustaba referirse a las tragedias que vivía y había vivido España bajo la dictadura que padecía. También se refería, y nunca lo puedo olvidar, al peligro que tiene un país cuando sus hermanos se enfrentan entre sí. Esto lo entendí muchos años después, cuando tuvimos que vivir una experiencia parecida. Él se refería a la guerra española, como guerra entre hermanos, sangrienta, dolorosa y, sin duda, históricamente aleccionadora.

También hablamos mucho de economía, a él le encantaba referirse a una frase que se le atribuía a Prebisch, que como director que era de Cepal había dicho que la integración que nos proponían era muy singular, porque era una integración en la cual, cuando el indio llegaba a la frontera, con su burro cargadito del producto de su trabajo, le compraban la carga lo más barato que podían y que a veces también dejaban pasar al burro, pero jamás dejaban pasar al indio.

Eso era motivo de reflexión, porque estábamos hablando de una integración de dinero y mercancía, y no de seres humanos. Esa es otra lección que hoy debemos tener muy presente del pensamiento de Figueres, quienes vivimos en una América en la que se vive, en casi todos los países, la tragedia de la denigración.

Me consta, Figueres no creyó en el Fondo Monetario ni en el Banco Mundial. El decía que no era posible que estos dos organismos fueran creados por las Naciones Unidas, que en todas las otras instituciones establecía el voto a favor de quienes tenían mayoría, menos en tres, en el Consejo de Seguridad, el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Las políticas que se establecen son las señaladas por quienes tienen más dinero, por quienes ponen el poder en beneficio de unos pocos. José Figueres fue un hombre que se preocupó enormemente por esto.

En cuanto a la igualdad del hombre y la mujer, para él la mujer tenía la imagen de la mujer campesina, con ella, desde su infancia, había tenido las experiencias de carácter social; él tenía presente todo el contenido del sacrificio de la mujer campesina y buscaba la igualdad del hombre y la mujer, como una fórmula de vida democrática en el campo social, además del campo político. Él nos habló por primera vez de la igualdad entre blancos y negros, indios y criollos.

El nos hizo pensar que Costa Rica no era solo la gente de la Meseta Central, sino la de todo el territorio; él se quejaba mucho de que, a veces, en broma se hablaba de la anexión como que habíamos recibido una parte de nuestro territorio, como un regalo de la historia, pero que no había tal regalo, sino una convicción profunda de acercamiento a Costa Rica, que floreció en Nicoya y que hoy nos llena de orgullo y de cuidado, porque si no tenemos cuidado también nos la pueden quitar.

Las playas de Guanacaste están profundamente amenazadas, no tanto por la propiedad, sino por el descuido con que se está mirando el desarrollo que no viene en beneficio de las mayorías, sino de las inversiones transitorias.

Como Presidente, lo tuve como asiduo visitante en la Casa Presidencial; don Pepe fue docenas de veces a la Casa Presidencial y me daba sus puntos de vista sobre la situación nacional, y nos aconsejaba sobre lo que teníamos que hacer.

En una ocasión, con motivo de los problemas económicos que vivíamos, los negocios particulares, los supermercados que en ese momento nacían, quisieron especular con la importación y venta de algunos productos, en cuenta arroz, que vendían el arroz a un precio mucho más alto que lo que correspondía. Costa Rica era exportadora de arroz, entonces, el Gobierno decidió cerrar la exportación por un tiempo y venderla en los estancos del Consejo de Producción para competir, desde allí, con los supermercados. Era muy divertido, gente que criticaba lo que hacíamos, hacía cola en los estancos para comparar más barato. Esto evidenciaba claramente que la producción del costarricense se podía poner al alcance de todos en momentos realmente de necesidad nacional.

Quiero terminar con una cita histórica de quien fue para mi un verdadero campesino. Si queremos encontrar la imagen de Figueres en nuestra historia, acerquémonos a la imagen del campesino sencillo, que habla como él hablaba, que piensa como él pensaba, que busca soluciones en donde no hay remedio, y que sabe que solo trabajando puede subsistir.

El 12 de setiembre de 1978 —lo repito cada vez que puedo— un grupo de costarricenses, jóvenes todos, estudiantes de colegio, se fueron a la frontera norte para empezar a organizar lo que existe todavía, la marcha de la Antorcha de la Independencia, que viene desde Guatemala hasta Costa Rica. Esos estudiantes iban, desde luego, con su uniforme tradicional, de pantalón y camisa conocidos, y cuando la aviación de la Guardia Nacional los vio los atacó. Ese mismo día, cuando la prensa, especialmente radial, informó sobre el problema… don Pepe se vino desde La Lucha a la Presidencia y al llegar me dijo: “Estoy a sus órdenes, vengo a hacer lo que usted diga”. Yo le dije que nos fuéramos los dos a la frontera,…

Ex Presidente de Costa Rica que se dio por entero a la lucha contra Somoza, llegó a la Casa Presidencial y me dijo: “Estoy a sus órdenes quiero hacer lo que usted diga”. Yo le dije que nos fuéramos los dos para la frontera, en dos aviones, porque era peligroso que fuéramos en uno, porque si algo nos llegara a pasar, y si me pasara a mí, yo quería que quedaran las cosas en sus manos, porque él sabría defender a Costa Rica.

Se lo dije muy claro. Nos fuimos a la frontera, hablamos con la gente que estaba horrorizada por el bombardeo de la Fuerza Aérea Nicaragüense y por todas las amenazas que en ese momento estaban dañando muy seriamente a los agricultores de la zona. La idea era que Somoza se diera cuenta que ahí estaban un ex Presidente y un Presidente de Costa Rica, quienes exponían su existencia, ante el ataque de los somocistas, de la Guardia Nacional. La radio trasmitía aquello de manera insistente; el ataque se suspendió a eso de las dos y media de la tarde.

Nos vinimos para San José, llegamos a la Casa Presidencial; el Consejo de Gobierno se reunió para escuchar lo que decíamos nosotros de lo que había sucedido. Avanzaba la tarde, la reunión se prolongaba, los señores que han sido ministros saben que a veces esas reuniones se prolongan mucho e innecesariamente. Estábamos conversando y conversando, como a las doce y media se abrió la puerta del salón de sesiones del Consejo de Gobierno, se asomó don Pepe y dijo: “Comandante, permiso para retirarme,” pedía permiso para retirarse por esa noche.

De ese campesino queremos prolongar, en este día, sus cien años de existencia, por sus lecciones, sus permanentes enseñanzas, su afán y su amor a Costa Rica. A ese hombre, los que lo conocimos joven, no lo podremos olvidar, pues a pesar de las muchas dificultades y problemas que tuvimos con él, nunca podremos olvidar lo positivo, y hoy le decimos a los costarricenses del presente y del futuro que quisiéramos tener muchos José Figueres, porque los pueblos pequeños siempre necesitan grandes hombres.

Muchas gracias.

* Intervención del señor Ex Presidente de la República en el Foro Centenario de don Pepe Figueres “Actualidad de su pensamiento”.

Comentar en Facebook

comentarios

Etiquetado en:,
This site uses cookies. Find out more about this site’s cookies.