Don Pepe el hombre y su ideal

Gladys González Barrantes

Opinión

Es triste, pero es al mismo tiempo alentador, regresar a la patria en estas condiciones. Triste porque la encuentro empobrecida, vilipendiada y deshonrada. Alentador porque los encuentro a ustedes, mis compatriotas, evidenciando en este acto la misma elevada aspiración hacia la vida digna que caracteriza siempre a los costarricenses.

Estas palabras fueron pronunciadas por don Pepe desde los balcones del Diario de Costa Rica en su discurso del 23 de marzo de 1944 con motivo de su regreso al país, este fue el inicio de ese largo y fructífero peregrinar de ese Eminente hombre de la historia costarricense, tierra que le vio nacer un día como hoy, hace ya hace cien años.

José Hipólito Figueres Ferrer, don Pepe, nombre confiscado por el pueblo hasta la eternidad, ese mismo pueblo sencillo, valiente y decidido, sin temor al cambio; que decidió seguir los pasos de un gran líder; los pasos de un estadista, que guío y formó la nueva identidad nacional, gracias a la confianza y el cariño que él supo profesarle a su propio pueblo.

Las transformaciones y los logros obtenidos en lo económico, social y político, fueron el resultado de esa simbiosis, sumergida en lo más profundo de las raíces del ser costarricense. Don Pepe supo interpretar los tiempos y escuchar el clamor del pueblo.

En ese mismo discurso don Pepe manifestó: “Desesperada sería la situación en que hoy estamos, para quien no conociera a Costa Rica. Ah, si yo no hubiera vivido quince años en las chozas del campesino tico, con más goteras que ventanas; si yo no hubiera tenido tan estrecha relación con nuestros hombres de negocios, y con nuestros profesionales de todas las edades; si yo no hubiera sentido, en el país y en el exterior, las palpitaciones de nuestros gallardos estudiantes, si yo no tuviera aquí los amigos que tengo, para quienes no se me ocurre ahora una frase laudatoria, porque su solo recuerdo me emociona; y la mujer costarricense… si yo no supiera que es de seda y acero su corazón, capaz de muchos quinces de mayo, capaz de mantener vivo el recuerdo de otras mujeres que, en día luminoso de la Historia, marcharon por un camino de Francia… en fin, si yo no fuera costarricense, mi único mensaje para mis compatriotas en esta hora sería una frase dantesca: ‘Abandonad toda esperanza’.

Si don Pepe estuviera en este momento con nosotros, ¿qué nos diría? ¿Qué consejos le ofrecería a nuestro parlamento? Quizá reiteraría las palabras pronunciadas en ese mismo 23 de marzo de 1944: “Pero nada más lejos de mi actual estado de espíritu que un mensaje pesimista. Señores, yo no he tenido que aprender en libros, para estimar a nuestro pueblo, la historia de Juan Santamaría, de Rogelio Fernández Güell, o de los héroes de Llano Grande. Yo recibí de viva experiencia la lección, hace ya muchos años, de que el campesino costarricense no se sienta a llorar cuando se vuelca la carreta. Con más sabiduría que ciencia, con más diligencia que palabras, la para, la desembarreala y sigue. Y bueyes y boyeros se sienten superiores a la adversidad.

¡Saquemos adelante esta carreta juntos, unidos por un solo ideal, unidos por una sola esperanza. No le demos la espalda a don Pepe, no le demos la espalda a Costa Rica!

Vientos huracanados recorren nuestro entorno social y político queriendo desviar de nuestro rumbo, el progreso, la solidaridad y prosperidad, pilares fundamentales de nuestra democracia.

La Costa Rica del siglo XXI es otra; una Costa Rica más robustecida en lo social y económico, una Costa Rica sin ejército, más solidaria; una Costa Rica inserta en un mundo globalizado.

Definitivamente el mapa socio-político de la década de los cuarenta ha cambiado. Lo que no ha cambiado, es el coraje y la sabiduría de nuestro pueblo, que bien supo interpretar el liderazgo de su caudillo en su momento. Entonces, yo me pregunto por qué enfrascarnos en discursos estériles e interminables, en los tiempos actuales; por qué no dar paso a nuestro pueblo y sentir el latido de su corazón, si el pueblo clama por que nos insertemos en el proceso de globalización.

Eso me conduce a otra interrogante muy actual, ¿por qué darle rienda suelta a discursos sin sentido, que no terminan y no darle paso a sentir el latido del corazón de nuestro pueblo que clama porque nos insertemos en el proceso de globalización?

Don Pepe manifestó, en su alocución del 25 de agosto de 1946, bajo el título de “El festín de los politiqueros”: “Hay en el mundo dos criterios definidos, respecto a lo que debe ser un gobierno. Está de un lado el sentir de los pueblos, y de los apóstoles, que ven en el gobierno un organismo cargado de responsabilidades y sinsabores, cuya misión es coordinar las actividades de los hombres de manera que produzcan el máximo posible de bienestar; y conjurar las fuerzas negativas de la naturaleza, para reducir a un mínimo el dolor. Está por otro lado la tendencia de los políticos profesionales, que ven en la administración pública el campo donde se libran sus lides personales, donde hacen sus negocios, donde se satisfacen sus apetitos y sus vanidades.

Solicito le rindamos tributo a nuestro caudillo, asumiendo con valentía los nuevos retos, de la nueva Costa Rica que anhelamos.

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Conmemoración del centenario del nacimiento de don José Figueres Ferrer

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