Uladislao Gámez Solano

El Ministro de Educación Pública
Uladislao Gámez Solano

De “La Segunda República – Dos Epocas y una Costa Rica”
Editorial Borrasé, Agosto 1948.

Podría decirse que entre los directores de la enseñanza pública desde el alto cargo de Ministro ahora y de Secretario de Estado antes, nunca había llegado a este cargo un profesor de segunda enseñanza que, entre las lides periodísticas y de la propia enseñanza no era muy conocido; o mejor, su nombre no había figurado en letras de molde, salvo en su nombramiento para profesor, naturalmente en la Gaceta, diario oficial. En otras palabras, el nombre del profesor Uladislao Gámez Solano, que ahora está al frente de la enseñanza nacional en su calidad de Ministro del Gabinete, no había andado entre las columnas de los periódicos ni entre los círculos corrientes de los intelectuales-pedagogos. No era conocido como otros profesores que tiene el país y que dada su afinidad con medios y con sentimientos políticos, han recorrido el diagrama radial de la vida electoral y pedagógica al mismo tiempo. El hoy Ministro de Educación Pública, señor Gámez Solano, como los hombre nuevos de la Segunda República, concreta para ésta el ideal del director educacional que el momento requiere. Peleó en el campo de batalla lo que consideró su deber espiritual; fue soldado de la revolución y es ahora por derecho propio soldado directo de la educación.

Estamos en la hora de la condensación de todos los planes de enseñanza y de verdadera responsabilidad acerca del rumbo democrático y filosófico que tenemos que darle a la escuela para fundamentar el futuro de esta nueva era política, cultural y cívica. El profesor Gámez Solano se ha forjado en el yunque de la ideología nueva que apoya la juventud política costarricense. Es de la generación de los 40 años, pero no de la que mixtificaron los que acaban de caer del poder. Es la generación que se cultivó en el silencio del estudio serio y sereno y responsable de los problemas nacionales. El formó en las filas de aquellos hombres jóvenes que buscaban en el convivio semanal el fortalecimiento de sus ideales y la integración de un plan realista para la Patria. Trabajaba en silencio desde su cátedra y desde su casa. Trabajaba para el grupo a que pertenecía y se orientaba en los ideales de los que hoy son sus compañeros de trabajo en el propio Ministerio de Educación Pública; con él Isaac Felipe Azofeifa, Carlos Monge Alfaro, Carlos Salazar Herrera, Emma Gamboa, Mario Fernández Alfaro, en fin, cuantos forman el estado mayor de la enseñanza en estos momentos, estudiaron cuidadosamente todas las reformas que necesitaba nuestra enseñanza y la orientación filosófica y social que ella requiere para cambiar por entero el panorama de Costa Rica. Del mismo modo que don José Figueres y don Alberto Martén en las “vigilias socráticas” que alcanzaban largos días para penetrar los problemas de orden económico y social que habrían de realizar más tarde, del mismo modo el culto profesor Uladislao Gámez Solano, hombre venido del pueblo y con singular afinidad y sensibilidad por las cosas del pueblo, sabemos de él su preocupación constante por el mejoramiento de la Escuela Rural. En la Escuela Rural está el fundamento de la nueva orientación educacional que la Segunda República se propone. Y encontró para relizar este programa de renovación y de penetración en el alma sencilla y buena del pueblo, al hombre que no lleva entre sus títulos sino el simple de profesor de segunda enseñanza y por especial y singular vocación, profesor de música, que vale decir de la verdadera sensibilidad artística que lo adorna y que lo guía. No proviene de linajes culturales ya señalados en la vida nacional. Su verdadero linaje intelectual es su amor por la enseñanza y su devoción por el pueblo. El campesino está en su primera línea en sus ansias de mejoramiento de la enseñanza nacional. La población escolar de la ciudad se cuida a sí misma; se encargarán de ella los maestros que viven en el radio urbano y la propia costumbre en los hogares; pero del campesino hay que ocuparse y preocuparse más, un pco más, talvez mucho más de lo que se piensa. Serio problema respresenta encontrar maestros aptos y con vocación hcia su trabajo en el campo. Todos quieren la ciudad. Y la lucha por llevar a los campesinos la enseñanza es doble, puesto que se necesitan educadores que además de saber lo que hacen, tengan la adaptabilidad precisa a la mentalidad campesina. Entonces el Ministro señor Gámez Solano ha encontrado el medio razonable y de pasión muy personal suya para llevar adelante su programa por una reivindicación de la enseñanza costarricense. Cuando hablamos de sus inquietudes, hablamos elocuentemente de su personalidad. No hace falta que citemos actos y datos biográficos de suyo anodinos, para decirle al país que la Segunda República encontró en su Ministro de Educación Pública al hombre que necesitaba y que le dará rumbo firme y realidad absoluta al futuro de la enseñanza.

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