Un mural para nuestra nación

Mural de la Segunda República: recuperar el patrimonio y la memoria histórica de un pueblo

Alberto Calderón Vega
Casa del Artista Guadalupe, Costa Rica

El Mural de la Segunda República

La elaboración del Mural de la Segunda República tiene como antecedente la realización de un mural escenográfico hecho en 1953, para la toma presidencial de José Figueres Ferrer. La obra fue realizada por Lucio Ranucci, por encargo de algunos amigos de “Don Pepe”.

El mural se confeccionó para colocarlo como telón de fondo de la tarima principal, ubicada en el Estadio Nacional y el tema tratado es una apología de la guerra civil y los frutos que la contienda había logrado y defendía como un derecho de todos los costarricenses, por ejemplo: la educación y la cultura, la salud, la agricultura, la alimentación, la construcción, la industria, los productos de exportación (el café), la familia y sobre todo, una de las razones fundamentales del porqué de la lucha armada, el derecho y respeto al voto universal (Figura 1).

Mural La Segunda República

Figura 1. Lucio pintando el mural de la toma presidencial,
noviembre de 1953.

Durante el gobierno de José Figueres del período 1953-1958, se inició la construcción del Aeropuerto Internacional El Coco, posteriormente rebautizado como Juan Santamaría. Razón por la cual, el gobierno, a través del Ministerio de Obras Públicas, convocó a un certamen de pintura para la elaboración de un mural que se colocó en la sala de arribo de pasajeros. El objetivo de este mural era recibir al visitante con una muestra de arte en donde se reflejara el “ser costarricense”.

La convocatoria estaba dirigida a los artistas nacionales y extranjeros residentes en Costa Rica. Como era de esperar, se presentaron muchos de los artistas reconocidos de la década de los cincuenta, entre ellos: Francisco Amighetti, Teodorico Quirós, Margarita Bertheau, Lola Fernández, el pintor italiano Lucio Ranucci. La convocatoria estipulaba que cada participante debía presentar un boceto en pintura, el tema era libre. El trabajo escogido por el jurado fue el del artista Ranucci, quien finalmente realizó el mural en el aeropuerto tal como estipulaba el contrato con el gobierno. Inicialmente, el tema escogido por el artista fue una apología sobre la revolución del cuarenta y ocho. Sin embargo, su esposa, doña Olga Espinach, comenta:

que le aconseja que es un tema muy delicado, por las consecuencias político-sociales que la guerra había generado entre los costarricenses y que además por ser un acontecimiento que ha ocurrido tan solo seis años antes, podría despertar resentimientos y heridas muy profundas en especial en los perdedores de la guerra civil. Aconsejándole escoger el tema relacionado con la historia de Costa Rica (Entrevista, 2004).

Una vez que el gobierno, a través del Ministerio de Obras Públicas (MOP), como se conocía en la época, escogió la obra ganadora y se firmó el contrato, Ranucci comenzó los preparativos para iniciar el mural directamente en la pared de la sala destinada en el edificio del aeropuerto.

Se decidió realizar el mural sobre un soporte de madera prensada (plywood) de pino de 6 mm y utilizar pigmentos y tintes de la Casa Dupont, mezclados con óleos de la Windsor & Newton.

Para el diseño de este mural, el artista contó con la asesoría de su esposa Olga Espinach, quien le fue narrando la historia patria, para que él fuera elaborando los dibujos de cada una de las partes del mural, “le narra el periodo colonial, la independencia, la gesta heroica de 1856, la reforma educativa de don Mauro Fernández, la guerra civil de mil novecientos cuarenta y ocho, esta parte se enfatiza en la parte central del mural” (Entrevista, 2004). Finalmente, en los extremos del mural dibujó escenas relacionadas con la educación, las obras públicas, la agricultura y la familia. El mural se bautizó con el nombre de “La Segunda República”.

Una de las primeras tareas consiste en colocar las láminas sobre el muro, que se adhieren con un pegamento especial preparado por el químico Frank Jirik, quien trabajaba para la Kativo. Además los asesora sobre la conveniencia de utilizar como base de imprimación del soporte un “primer” de los usados en la industria automovilística, que él mismo les preparó.

Luego de colocadas las láminas, se inicia la tarea de dibujar cada detalle, con base en el boceto preparado para tal fin, aunque en el diseño final del mural se realizaron algunas modificaciones (Figura 2).

Mural La Segunda República

Figura 2. Boceto para el concurso (propiedad del Instituto Nacional de Seguros). Fuente: Catálogo de la Colección de Arte Costarricense del Instituto Nacional de Seguros.

En el mural de Ranucci, se exaltan los valores de la educación, el trabajo agrícola, la industria, las obras públicas y especialmente, los valores cívicos, simbolizados por la presencia de los próceres y los jóvenes que participaron en la guerra civil del cuarenta y ocho, que acabó con el viejo sistema político costarricense, para dar paso a la modernización de Costa Rica, a partir de la década de los cincuenta.

El mural estuvo colocado en la sala de arribo del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría hasta el año 2002, cuando el gobierno, a través de la Dirección General de Aviación Civil, concesionó el aeropuerto a la empresa internacional Alterra Partners, que ante las necesidades de ampliar la terminal aérea, comenzó la construcción de nuevos edificios para el aeropuerto y adecuarlo a las necesidades actuales; sin embargo, no se previó qué pasaría con el mural colocado en el edificio desde 1954, el cual se demolería como parte de la ampliación de las salas de abordaje y arribo del aeropuerto.

Las gestiones para salvar el mural se realizaron debido a que las experiencias pasadas han demostrado que, por negligencia, se han perdido valiosas obras de arte costarricense. Incluso otras de Ranucci, por ejemplo, los murales pintados en el Hotel Balmoral, otro mural que estuvo en la agencia central de la Kativo al pie de Cuesta de Moras, Calle 11, Avenida Central, hoy desaparecidos por la pintura que les pasaron y el más significativo, el mural de la toma presidencial de “Don Pepe”, hecho en 1953, que hasta la fecha no he podido localizar. Por eso se consideró oportuno gestionar la negociación para salvar el mural del aeropuerto, ya que esta obra forma parte del patrimonio y la historia del arte costarricense.

El salvamento de esta obra se logró gracias a las gestiones que emprendió el autor de este trabajo, a inicios de 2002, primero ante el asesor legal de concesión de obra pública del Ministerio de Transportes, luego ante la Dirección General de Aviación Civil, la oficina de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, la Dirección del Museo de Arte Costarricense, la empresa concesionaria del aeropuerto, Alterra Partners y, finalmente, ante el Ministro de Cultura, don Enrique Granados. Estas gestiones las realicé con el objetivo de evitar que se destruyera la obra hecha en el aeropuerto, debido a que en el momento de los trabajos de demolición de la terminal aérea, ninguna institución estatal se había preocupado por gestionar el salvamento y conservación del mural.

Ante las gestiones realizadas, finalmente intervino el Museo de Arte Costarricense, que procedió a negociar con Aviación Civil (dueña de la obra) para desmontar, restaurar y custodiar el mural, hasta que se encuentre el lugar apropiado para una nueva colocación, debido a que ya cumplió su función en el aeropuerto.

En un nuevo lugar de exposición pública, el mural podrá ser apreciado por un mayor número de personas, especialmente de costarricenses, ya no solo por pasajeros en tránsito. Esta nueva ubicación le dará al mural una función social y cívica, lográndose con ello una mayor comprensión como obra de arte y, a su vez, ampliando el objetivo por el cual fue pensado y realizado en 1954.

En el año 2002 se fotografió el mural “in situ”, con el fin de documentar el lugar donde estaba colocado, las condiciones a las que había llegado con el paso de los años y, especialmente, si el objetivo por el cual se había realizado la obra seguía vigente. Es decir, recibir a los visitantes con una obra que reseñara la forma del ser costarricense y con el fin de documentar fotográficamente el mural, pues hasta esa fecha nunca se había realizado esa labor.

Análisis y descripción de la obra: el módulo izquierdo

El mural está organizado por unas ventanas o módulos a manera de división que dan paso de una a otra escena, sirviendo de enlace a la composición (ver flechas) (Figura 3).

Mural La Segunda República

Figura 3. La división por módulos. Fuente [www.elespiritudel48.com]. 2006.

En la primera escena ubicada al extremo izquierdo del mural, Ranucci ubicó como primer elemento la educación, seguida de las obras públicas. La educación la representa en primer lugar con la figura de Mauro Fernández, sentado en su Cátedra como líder de la reforma educativa de 1886 y tres estudiantes: una niña escolar y dos jóvenes universitarios, cubiertos por el Paraninfo de la Universidad, ubicada en el Barrio González Lahmann, colocado en un tercer plano o fondo (figuras 4, 5, 6).

Seguidamente, frente a los estudiantes, se coloca un grupo de trabajadores de la industria y las obras públicas.

Mural La Segunda República

Figura 4. La Educación, Don Mauro Fernández y tres estudiantes. (Foto Teresita Chavarría).

Mural La Segunda República

Figura 5. El Paraninfo. (Foto Teresita Chavarría).

Mural La Segunda República

Figura 6. Las obras públicas. (Foto Teresita Chavarría).

El módulo central

En esta escena se enfatizan los valores cívicos costarricenses, representados por dos grupos de personas; en primer lugar, un grupo de jóvenes que lucharon por los ideales de la “Segunda República” y representan a quienes defienden los derechos civiles; entre ellos, un niño que entrega una alcancía como símbolo de la solidaridad del costarricense que cooperó para la causa (el niño es Álvaro Santiesteban), tres jóvenes mujeres que representan a la mujer costarricense (madres, esposas e hijas), una de ellas, de vestido rosado, es la esposa del pintor, Olga Espinach, a quien pintó en el centro de la composición y representan a las mujeres que participaron en la lucha armada del cuarenta y ocho.

Sobre este grupo, en un segundo plano, pero jerarquizados por la ubicación, en el centro de la composición se ubica a los próceres de la patria, Juanito Mora Porras, el general Cañas y Juan Santamaría, junto a ellos a un personaje vestido a la usanza de los conquistadores, quizá como recuerdo del período colonial y del antiguo régimen que sustituye la naciente Segunda República (Figura 7).

En el fondo de esta escena, en tercer plano, se representa un campo de siembra y un arado azul, que significa la herramienta con que se abre el nuevo surco de la Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX (Figura 8).

Mural La Segunda República

Figura 7. El campo arado y los próceres, los guerrilleros, las mujeres y el niño. (Foto Teresita Chavarría)

Mural La Segunda República

Figura 8. Campo de siembra y arado azul. (Foto Teresita Chavarría).

El módulo derecho

En la parte derecha se representa la agricultura como fuente del desarrollo costarricense, dos jóvenes participan de la recolección del café, el principal producto de exportación; detrás de ellas dos hombres musculosos que cargan uno sobre su cabeza un saco con el grano de café y hacia el extremo derecho, en primer plano, otro con un racimo de bananos. Detrás de ellos, en segundo plano, una pareja de campesinos simboliza a la familia costarricense, guiando una yunta de bueyes con su carreta, el transporte nacional de los productos de exportación (figuras 9, 10).

Mural La Segunda República

Figura 9. La agricultura. (Foto Teresita Chavarría).

Mural La Segunda República

Figura 10. La familia. (Foto Teresita Chavarría).

Finalmente, en el fondo, un inmenso campo sobre el que se extiende una montaña azul, la cual recorre todo el mural y el cielo resplandeciente bajo la luz de la antorcha que sostiene el héroe nacional Juan Santamaría, simbólicamente representa el más preciado anhelo del costarricense: la libertad (Figura 11).

Mural La Segunda República

Figura 11. La antorcha de la libertad. (Foto Teresita Chavarría).

La estructura de la obra está compuesta por tres escenas, los grupos de la izquierda y la derecha están orientados “mirando” hacia el centro. Este, a su vez, se presenta de frente al observador por ser la parte fundamental que enfatiza el mural, la revolución del cuarenta y ocho que dio lugar a la fundación de la Segunda República.

El estilo y tema de esta obra se ubica en el Realismo Social, por sus características. El sentido político de la obra, las figuras son poderosas, musculosas, casi escultóricas. El formato del mural es horizontal, un rico paisaje integra a las personas que forman líneas (ejes) verticales, como contraposición algunas inclinadas para romper la verticalidad de los personajes, especialmente los del centro, dando dinamismo a la composición.

Los colores utilizados están dominados por ocres, azul claro y el blanco en mayor medida y algunas partes en rosado y unas pocas manchas en rojo, que evitan la frialdad de la obra. Además, el movimiento se fortalece con los pliegues de las telas de las vestiduras de los personajes representados, así como por el relieve de las montañas, contribuyendo a establecer una rica escenografía.

Este mural es alegórico, ya que narra la historia costarricense concebida con base en las ideas de los fundadores de la Segunda República, quienes luchan por la modernidad de Costa Rica, es por esto una obra emblemática.

En el mural de Ranucci, se exaltan los valores cívicos, simbolizados por la presencia de los próceres y los jóvenes revolucionarios que participaron en la guerra civil del cuarenta y ocho, quienes lucharon por el derecho civil a unas elecciones libres y democráticas, en especial, por el camino de la transparencia política, ya que buscaban encaminar a Costa Rica hacia la modernidad a partir de los años cincuenta.

Vale reseñar algunos elementos significativos observables, sobre todo en la parte central donde quedan de manifiesto temas como la solidaridad, representada especialmente por el niño que entrega una alcancía como símbolo de reciprocidad, pues al no poder participar directamente en la guerra civil, aporta una contribución para ayudar en la causa. Simbólicamente representa a los costarricenses que, por alguna razón, no pueden participar y en especial a esa niñez que forjará los destinos de la Costa Rica del futuro.

La pareja de jóvenes que se abrazan se puede interpretar como un acto de amor, pero mucho más como un acto de esperanza ante el sacrificio al que se someten libremente para cumplir un compromiso social con la patria. Son muchachos que representan a esa nueva generación de líderes que luchan por sus ideales sin detenerse a pensar en el riesgo de morir y, pese a ello, siempre hay consuelo para quien busca la libertad.

El vestido blanco de la joven junto a la puerta que da paso a la tercera escena del mural se interpreta como símbolo de paz, lograda después del enfrentamiento para poner fin a una contienda que llevó a luchar a los costarricenses y la cual se pudo evitar; sin embargo, aquel sacrificio ha demostrado que a lo largo de más de cincuenta años, la paz ha sido el norte sobre el cual se cimienta la vida social, política y cultural costarricense. Un aspecto muy importante, es que finalmente la contienda del cuarenta y ocho generó la abolición del ejército costarricense para contribuir con esto a lograr la paz.

Conclusiones

La principal razón para recurrir ante las autoridades del Museo de Arte Costarricense, la Dirección General de Aviación Civil y la oficina de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, fue con el objetivo de evitar la destrucción del Mural de la Segunda República, ubicado en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría desde 1954, debido a que en el año 2002 estaban a punto de demoler el edificio que albergaba el mural y ninguna autoridad pública parecía interesada en salvar la obra.

¿Por qué salvar esta obra? Razones sobran, la experiencia ha demostrado que muchos murales realizados en nuestro país han sido destruidos, irremediablemente y para siempre; por ejemplo, el mural de Margarita Bertheau realizado en el Hospital de la Mujer, los murales de Ranucci ya citados, el mural de Jorge Gallardo y los de algunos otros muralistas costarricenses.

En relación con el trabajo de investigación sobre este mural, sobre las razones por las cuales se realizó, su significado y su contenido, queda demostrado su valor intrínseco como obra de arte y como documento histórico que narra parte fundamental del ser costarricense, pueblo que con sus acciones ha definido el rumbo, no de una persona, sino el destino de un país, al menos durante cincuenta años a partir de la década de los cincuenta. Esta obra es emblemática en el sentido de resaltar la educación, el trabajo, la solidaridad, los derechos constitucionales y cívicos de los costarricenses, puesto que en el mural se narran estos conceptos de manera clara y contundente.

En relación con el muralismo costarricense, este estilo o tendencia pictórica no es uno de los fuertes del arte costarricense (al menos hasta la década de los cincuenta), pues no es posible hablar de una escuela muralista, ya que las pocas obras murales no han sido suficientes para establecer una escuela de mural en el país.

Finalmente, se espera que la realización de este trabajo sirva para que en adelante el mural y toda obra de arte costarricense, sean valorados, respetados y defendidos, para que se conserven y sirvan de medio para el crecimiento cultural de nuestro país.

El Mural de la Segunda República puede y debe exhibirse en un lugar apropiado a la mayor brevedad posible, para que los costarricenses lo puedan disfrutar, apreciar e interiorizar como parte de su historia y legado cultural, que salga a la luz pública y no continúe invisibilizado, como muchas otras obras de arte, pues este mural es parte fundamental en la Historia del Arte y del ser costarricense.

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Revista Temas de Nuestra América

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