¿Por qué estuve en la guerra del 48?

¿Por qué estuve en la guerra del 48?

Por Fernando Ortuño Sobrado

PRÓLOGO

DE BARRO Y GLORIA

Me acompaña desde hace muchos años la historia de los hombres de la montaña, surgidos ante el clamor de los oprimidos por la violencia y el crimen. Los montañeses pelearon bravamente para restituir la ley, el respeto y el orden, al marcharse dijeron al nuevo gobernante. “llámanos cuando la patria esté en peligro; cuando su honor y libertad peligren, para luchar de nuevo por ellos y restablecerlos”.

En las alturas, los compañeros muertos esperaban el regreso de los victoriosos. Junto a ellos habían dado la vida por ideales, peleando, disparando, huyendo y atacando hasta dejar sus cuerpos confundidos con el barro, la niebla y la gloria. Porque de barro y gloria se hace el hombre y se hace también la historia de los hombres.

Pienso en la revolución del cuarenta y ocho y siempre me refiero a esa historia leída desde que era un niño. Nunca he llegado a pensar siquiera en que todos esos muertos, que son los compañeros y por ello mis muertos, hayan pasado por la vida en vano. Razón por la cual cuando se acerca el tema repito las palabras a que se refiere Fernando Ortuño, en las primeras lineas de este libro.

No puedo deshacerme de ese cuadro de una mañana clara en montañas casi desiertas, atravesadas por la recién construida carretera interamericana. Se acercaba un grupo de desamparadeños jefeados por Domingo García y entre quienes no era difícil ver a Carlos Gamboa, a su hermano, a Piquín Fernández y a Fernando Ortuño. En La Lucha, que era la finca de José Figueres que ocupábamos con el fin de iniciar la revolución, seguimos entrenándonos con los recién llegados. El dueño de la finca solamente pedía al que se le acercara para ayudarlo, que llevara un revólver, una pistola, por lo menos una carabina matatigres, o una guápil, aparte de una chaqueta o una cobija que eran muy útiles para dormir bajo el cielo en esos montes.

De la revolución mucho se ha escrito y más se ha dicho. En este asunto de referirse a hechos históricos se distinguen dos grupos. Uno es de historiadores que buscan documentos, que han conocido los hechos y los pesan y juzgan siempre hablando en pretérito. El otro está compuesto por los que contribuyeron con sus ideas, con sus miedos y preocupaciones, todo tendiente a ir formando la historia. Muchos de éstos cometen el error de concretarse a si mismos y, generalmente, de hablar de sus acciones refiriendose a circunstancias que es probable no vivieran y por ello sus palabras escritas o contadas los van presentando como los principales personajes.

Estas páginas que vendrán después, son lo que Ortuño presenció y por ello su publicación tenía que titularse como se titula: PORQUE ESTUVE EN LA GUERRA DEL CUARENTA Y OCHO.

El libro contará no más de lo que el autor vio, sin relacionarse con otros aconteceres. Lo que Fernando vio y vivió. Si tuvo algún testigo de las cosas que cuenta, ese testigo soy. Y es tal su parquedad, unida a su franqueza, que se sitúa en un enfoque objetivo sin pretensiones proféticas.

Roberto Fernández Durán
San Miguel de Santo Domingo
de Heredia
Mayo de 2001

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