La socialdemocracia latinoamericana

Haya de la Torre

La socialdemocracia latinoamericana
raíces propias, trayectorias compartidas

De la Revolución Mexicana a Haya de la Torre y Figueres Ferrer

Por CRM

La socialdemocracia suele narrarse desde una perspectiva europea: hija del marxismo revisionista, moldeada por la industrialización y consolidada tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esa genealogía resulta insuficiente —y en muchos casos errónea— para comprender la socialdemocracia latinoamericana, que no nace como una derivación del marxismo, sino como una respuesta histórica propia a la desigualdad, la exclusión política y la dependencia económica.

En América Latina, la socialdemocracia no surge de la fábrica ni del proletariado industrial, sino del Estado, el derecho y la reforma social, en contextos marcados por economías primario-exportadoras, oligarquías cerradas y democracias frágiles. Sus raíces hay que buscarlas en otro lugar: en el constitucionalismo social inaugurado por la Revolución Mexicana, en el pensamiento antiimperialista democrático de Víctor Raúl Haya de la Torre y en experiencias estatales reformistas como la encabezada por José Figueres Ferrer en Costa Rica.

La Revolución Mexicana
El punto de partida

La Constitución mexicana de 1917 constituye un hito fundacional para el pensamiento social latinoamericano. Por primera vez, una constitución incorporó de manera explícita:

  • derechos laborales,
  • función social de la propiedad,
  • papel activo del Estado en la economía,
  • y responsabilidad pública en educación y bienestar social.

Este constitucionalismo social no era marxista. No abolía la propiedad privada ni planteaba la dictadura del proletariado. Lo que proponía era algo distinto y novedoso: usar el Estado democrático como herramienta de justicia social. Esa idea —más jurídica y política que revolucionaria— se convirtió en una matriz común para buena parte del reformismo latinoamericano del siglo XX.

Desde México, esta concepción se proyectó hacia el resto del continente, influyendo tanto en líderes políticos como en partidos que, décadas después, serían identificados como socialdemócratas.

Haya de la Torre
Pensar América Latina desde América Latina

En este proceso, Víctor Raúl Haya de la Torre ocupa un lugar central. Su importancia para la socialdemocracia latinoamericana no reside en haber sido un socialdemócrata clásico, sino en haber sido el primer gran teórico de una alternativa democrática, social y no marxista para la región.

Formado políticamente en el exilio mexicano, Haya comprendió que América Latina no podía copiar mecánicamente los modelos europeos. Rechazó el marxismo ortodoxo no por conservadurismo, sino por razones históricas: en sociedades sin capitalismo industrial desarrollado, la lucha de clases no podía ser el eje explicativo central. Para él, el problema fundamental era el imperialismo aliado con las oligarquías locales.

El aprismo propuso:

  • democracia política plena,
  • justicia social a través del Estado,
  • antiimperialismo no revolucionario,
  • organización popular dentro del pluralismo.

Esa combinación —Estado fuerte, derechos sociales, democracia y soberanía— constituye uno de los pilares intelectuales del reformismo latinoamericano y una fuente directa, aunque a veces no reconocida, de la socialdemocracia regional.

Figueres Ferrer
El reformismo convertido en Estado

Si Haya de la Torre pensó el reformismo, José Figueres Ferrer lo institucionalizó. La experiencia costarricense posterior a 1948 es uno de los ejemplos más claros de socialdemocracia latinoamericana sin raíces marxistas, pero con un fuerte compromiso social.

Figueres y la generación del 48 construyeron:

  • un Estado social robusto,
  • derechos laborales efectivos,
  • seguridad social universal,
  • educación pública como eje de igualdad,
  • y una democracia estable, sin ejército.

La socialdemocracia costarricense se nutrió, además, de valores del socialcristianismo, como el humanismo, la dignidad de la persona y la función social del Estado. No es casual que estos principios aparezcan en la Carta Fundamental del Partido Liberación Nacional. En América Latina, a diferencia de Europa, las fronteras entre socialdemocracia y socialcristianismo han sido históricamente porosas.

La fotografía
Haya de la Torre y Figueres Ferrer, un documento excepcional

Haya de la Torre

José Figueres Ferrer y Víctor Raúl Haya de la Torre, en un encuentro internacional no fechado (probablemente década de 1960).

La fotografía que muestra a Víctor Raúl Haya de la Torre y José Figueres Ferrer juntos es, en sentido estricto, oro puro.

Más allá de que se desconozca la fecha exacta, la imagen posee un enorme valor histórico y simbólico. Ambos aparecen como pares, en un ambiente internacional, con una cercanía corporal que sugiere reconocimiento mutuo más que protocolo. No es una foto casual ni decorativa: es la imagen de dos tradiciones reformistas que se encuentran.

En ella convergen el gran teórico continental del antiimperialismo democrático, y el estadista que logró convertir el reformismo en política pública concreta.

La fotografía no sugiere identidad ideológica absoluta, pero sí afinidad profunda. Resume visualmente una tesis central: la socialdemocracia latinoamericana no es copia de Europa, sino una construcción propia, alimentada por múltiples corrientes —revolución mexicana, aprismo, socialcristianismo, reformismo republicano— que confluyen en un mismo horizonte democrático y social.

Otras fuentes de la socialdemocracia latinoamericana

Aunque la Revolución Mexicana ocupa un lugar central en la historia de la incorporación de derechos sociales y laborales en América Latina, la socialdemocracia regional no puede entenderse como una consecuencia exclusiva de ese proceso. Su gestación fue más amplia y diversa, alimentada por corrientes reformistas, democráticas y laicas que se desarrollaron en distintos espacios del continente desde comienzos del siglo XX.

Un aporte decisivo provino de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, que introdujo una cultura política profundamente democratizadora y antioligárquica. La autonomía universitaria, el cogobierno y la concepción de la educación superior como herramienta de transformación social contribuyeron a formar una generación de dirigentes e intelectuales comprometidos con la ampliación de derechos, el laicismo y la participación ciudadana. Este espíritu reformista dejó una huella duradera en múltiples experiencias políticas que luego convergerían en proyectos de izquierda democrática y socialdemócrata.

A ello se suma la influencia del socialismo argentino de fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, caracterizado por su orientación parlamentaria, gradualista y republicana. Este socialismo privilegió la reforma social mediante la legislación, la organización sindical y el cooperativismo, defendiendo al mismo tiempo las libertades públicas y el Estado de derecho. Aunque su gravitación política se vio eclipsada posteriormente por otras corrientes nacionales-populares, su legado intelectual anticipó rasgos centrales de la socialdemocracia moderna en la región.

Finalmente, experiencias tempranas de reformismo estatal en el Cono Sur, particularmente en Uruguay, demostraron la viabilidad de políticas de bienestar, laicidad y regulación social del mercado dentro de marcos plenamente democráticos. Estas prácticas consolidaron la idea de que la justicia social podía alcanzarse sin ruptura del orden constitucional, un principio que se volvería distintivo de la socialdemocracia latinoamericana.

En su conjunto, estas vertientes muestran que la socialdemocracia en América Latina surgió de un entramado de influencias múltiples, donde la reforma democrática, el compromiso social y la construcción institucional precedieron —y en muchos casos sustituyeron— a las tradiciones revolucionarias clásicas.

Europa y América Latina
Dos genealogías distintas

Mientras la socialdemocracia europea se origina en el marxismo revisionista y en la experiencia del movimiento obrero industrial, la latinoamericana surge:

  • del constitucionalismo social,
  • del antiimperialismo democrático,
  • del papel central del Estado como agente de igualdad,
  • y del diálogo con tradiciones humanistas y cristianas.

Ambas comparten objetivos —justicia social, democracia, derechos—, pero no comparten origen. Confundirlas es empobrecer la historia política del continente.

Conclusión

Reconocer estas raíces propias no es un ejercicio académico estéril. Es un acto de honestidad histórica. La socialdemocracia latinoamericana no necesita disfrazarse de marxismo ni de liberalismo para legitimarse. Su fuerza reside precisamente en haber sido una respuesta original a problemas concretos, pensada y construida desde América Latina.

La fotografía de Haya de la Torre y Figueres Ferrer no congela un instante: condensa una tradición. La de un reformismo democrático que creyó —y en algunos casos demostró— que la justicia social podía lograrse sin renunciar a la libertad.

La creación de este contenido contó con la asistencia de Inteligencia Artificial, y el material fue revisado para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.

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