Carlos José Gutiérrez Góngora
1927 – 1999
Nació el 26 de febrero de 1927 en Managua, Nicaragua, en el seno de una familia costarricense, y desarrolló su vida personal, académica y pública principalmente en Costa Rica. Falleció el 11 de abril de 1999 en Miami, Estados Unidos. Es recordado como una de las figuras intelectuales y diplomáticas más relevantes de la Costa Rica surgida tras la Revolución de 1948.
Siendo aún muy joven, participó como combatiente del Ejército de Liberación Nacional durante la Guerra Civil de 1948, integrándose al movimiento armado encabezado por José Figueres Ferrer contra el gobierno de Teodoro Picado. Su experiencia como excombatiente marcó de forma decisiva su trayectoria posterior y lo vinculó tempranamente con el ideario político y moral que daría origen a la Segunda República.
Como ocurrió con otros protagonistas del 48, su paso por la lucha armada no derivó en una carrera militar, sino en un compromiso duradero con el civilismo, el Estado de derecho y la resolución institucional de los conflictos.
Tras la guerra, se graduó como abogado en la Universidad de Costa Rica, donde desarrolló una destacada carrera académica. Fue catedrático universitario y uno de los introductores sistemáticos de la Filosofía del Derecho en el país. Su obra Lecciones de Filosofía del Derecho se convirtió en un texto de referencia para varias generaciones de estudiantes y refleja una preocupación constante por la justicia, la legitimidad del poder y la dignidad humana.
También se desempeñó como magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia, aportando desde el ámbito judicial a la consolidación institucional del país.
La etapa más visible de su vida pública se dio en la política exterior. Fue Ministro de Relaciones Exteriores y Culto durante la administración de Luis Alberto Monge Álvarez (1982–1986), en un contexto regional marcado por los conflictos armados en Centroamérica.
Desde la Cancillería, fue un defensor de la neutralidad costarricense, del derecho internacional y de la solución pacífica de las controversias. Durante su gestión se firmó el Tratado Gutiérrez-Lloreda (1984) entre Costa Rica y Colombia, que estableció la delimitación de áreas marinas y submarinas en el océano Pacífico, fortaleciendo la posición jurídica del país en materia de soberanía marítima.
Posteriormente, se desempeñó como Embajador Permanente de Costa Rica ante las Naciones Unidas, reforzando la presencia del país en los foros multilaterales y su tradicional vocación pacifista.
Representa con claridad el itinerario de una parte significativa de la generación del 48: combatiente en su juventud, jurista en la madurez y diplomático al servicio de la paz. Su vida sintetiza el tránsito de la confrontación armada a la institucionalidad democrática que caracteriza a la Segunda República.
Su legado permanece tanto en el pensamiento jurídico costarricense como en la política exterior del país, y su figura ocupa un lugar propio en la memoria histórica vinculada al Espíritu del 48.




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