En el exilio mexicano

Manuel Aguilar Bonilla
Vicepresidente de Figueres, 1970-1974

Manuel Aguilar Bonilla

La noche del 8 de julio de 1942, un agricultor desconocido en la vida política del país, desde la radioemisora América Latina, por él contratada, hace una valiente denuncia de las irregulares actuaciones del gobierno y de numerosos actos de corrupción que ya flotaban en el ambiente. Su intervención es violentamente interrumpida por las autoridades oficiales. Es apresado y encarcelado en el calabozo número ocho de la detención, situada al pie de Cuesta de Núñez. Cuatro días después es expulsado del país rumbo a El Salvador, de donde luego pasó a Guatemala, para por último establecerse en la ciudad de México.

En esa época, un grupo numeroso de jóvenes costarricenses realizaba estudios universitarios en muy variadas disciplinas en la Universidad Autónoma de México, atraídos por las favorables condiciones que ofrecía a los estudiantes latinoamericanos de escasos recursos, a los cuales brindó con igual desinterés económico que a los nacionales, magníficas oportunidades de formación profesional.

Enterados del acto de valentía que había motivado su abrupto destierro, mucho de ellos, principalmente de años superiores o próximos a la graduación, iniciamos estrecha relación con Don Pepe en reuniones informales, en las que desde luego el tema principal fue la situación política, económica y social del lejano terruño.

Por su iniciativa se fundó una asociación de estudiantes denominada E.C.E.M., que significa Estudiantes Costarricenses en México, con características similares al Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, que con tanta seriedad y capacidad desarrollaba sus acciones en San José.

La idea fundamental era conocer, estudiar y ofrecer soluciones a las distintas y difíciles situaciones por las que atravesaba el país, vistas desde la panorámica de la distancia, que permitía analizarlas con menos pasión por estar aisladas de la ebullición política del momento.

Con su siempre respetuosa opinión y su consejo, se discutieron libremente diferentes aspectos de la vida nacional, con responsabilidad y conocimiento de causa ya que había en el grupo universitario estudiantes avanzados en las más variadas disciplinas.

Tema ampliamente analizado fue la conveniencia de la creación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica, decidido positivamente por múltiples argumentos de índole diversa que abarcaban desde la oportunidad para todo joven costarricense de estudiar Medicina, hasta el concepto genérico de que una Escuela de Medicina era mucho más que una máquina de fabricar médicos.

Siempre estuvo Don Pepe pendiente de las dificultades por las cuales siempre pasan los estudiantes, fueran estas de índole económica o de cualquier otra naturaleza, ofreciendo su ayuda, desde el anonimato, valiéndose de un intermediario al que pedía absoluta discreción. En muchas ocasiones tuve la satisfacción de ser ese mensajero de alivio y tranquilidad.

Frecuentemente buscó consejo médico por lo que él considera su escasa capacidad para el trabajo y el estudio. Pero estaba activo de 18 a 19 horas al día en delicadas reuniones, leyendo, escribiendo o planeando lo que estaba convencido sería la única solución a los difíciles problemas del país. Esta insatisfacción personal de su rendimiento intelectual lo ha acompañado siempre. Pero, a pesar de ello, condujo un movimiento triunfador de Liberación Nacional, ha escrito numerosas obras de distinta naturaleza, ha regido en tres ocasiones los destinos de la nación y pasará a la historia como la figura más prominente del país en el siglo XX.

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Tomado de la revista especial “Figueres, 80 años de amor a Costa Rica”, publicada en 1986 por el Partido Liberación Nacional.

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