Una carta para la historia

Legión del Caribe

Una carta para la historia
Los conflictos de José Figueres Ferrer con la Legión del Caribe

Marielos Aguilar
Historiadora

El escritor inglés George Orwell escribió en 1944 una frase que seguirá trascendiendo en los tiempos por venir: “la historia la escriben los vencedores”. Esto lo advirtió luego de haber participado al lado de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil Española (1936-1939) y de ser testigo de los horrores de la segunda guerra mundial. Hoy retomamos aquella histórica frase para referirnos a uno de los documentos menos conocidos pero no por eso menos importantes, relacionado con los hechos de la Guerra Civil de 1948 en Costa Rica.

Se trata de una carta elaborada en los propios días del triunfo del Ejército de Liberación Nacional, luego de la derrota militar sufrida por el gobierno de Teodoro Picado Michalski. Dicha carta, escrita por JOSÉ FIGUERES FERRER, estaba dirigida al profesor don EDELBERTO TORRES ESPINOZA, quien fue uno de los nicaragüenses que le ofreció un apoyo invaluable a la causa de La LEGIÓN DEL CARIBE en Costa Rica. Exiliado en Guatemala, don Edelberto llegó a tener gran cercanía personal con el presidente de ese país JUAN JOSÉ ARÉVALO, lo cual facilitó el contacto entre éste y Figueres Ferrer para iniciar, desde meses atrás, el envío de armas y hombres y así preparar la insurrección contra la permanencia del calderonismo en el poder y su alianza con el Partido Vanguardia Popular.

Aquellos fueron días de gran intensidad, en los que los acontecimientos políticos de nuestro país se produjeron a ritmo de saltos y empujones hasta consumar el golpe militar y, al mismo tiempo, consolidar el nuevo gobierno de facto. Además, casi al mismo tiempo, se hacía sentir el disgusto de los combatientes nicaragüenses ubicados en tierra tica, que tanto habían contribuido con el triunfo de las fuerzas del figuerismo y que ya presentían que lo firmado en la ALIANZA DEL CARIBE solo quedaría en el papel, como efectivamente ocurrió.

En la carta que comentaremos a continuación, Figueres Ferrer pretendía transmitir tranquilidad a los inquietos nicaragüenses que ya comenzaban a alistar armas y municiones para continuar con el siguiente objetivo militar de la LEGIÓN DEL CARIBE, a saber, el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza García.

Una de las primeras aclaraciones que le hacía Figueres al profesor Torres Espinoza en su carta redactada en San José y fechada en mayo de 1948, fue la siguiente:

Estimado profesor Torres:

Le dirijo a usted esta carta a petición de Chendo, a quien se la estoy dictando, porque este amigo y colaborador me dice que Uds. dos no tienen hasta la fecha un solo documento en el cual yo fije y concrete bajo mi firma, los puntos de vista que tengo en relación a los problemas de nuestra patria Centroamericana, y las promesas que he hecho a Uds. durante los últimos años en que he estado recibiendo la inestimable ayuda de Uds. que ha constituido la desconocida base de mi victoria” (p. 201).

Rosendo me ha dicho que hará entregar esta carta personalmente a Ud. o si esto se dificulta, él la conservará cuidadosamente como un documento para la historia, ante lo cual estoy seguro, mis hechos han de responder de tal manera que nunca sea necesario reclamarme ni una promesa escrita ni verbal” (p. 201).

A continuación, Figueres hacía otra aclaración, muy representativa del trasfondo en el que se movieron las complejas relaciones dentro del bloque triunfante en Costa Rica en aquel momento:

En primer lugar quiero aclararle que a mí no me interesa para nada conservar el poder en Costa Rica, sino en lo que significa de posibilidades para ayudar a Uds. y a la causa en cuyo nombre me han respaldado. Yo estoy enfermo del asco que me producen los políticos de mi país, particularmente Ulate y su grupo, que celosos de la victoria que obtuve mientras él y sus íntimos permanecían escondidos, no cesa de intrigar y sabotear mis propósitos revolucionarios internos e internacionales. Desde ahora advierto a Ud. que en Ulate, tendrán el más encarnizado y oculto enemigo todos los que aspiran a crear una Centroamérica unida y libre. Él es demócrata únicamente como expediente de propaganda, desde las páginas del “Diario de Costa Rica” pero en los hechos ha sido y será un simple oportunista, que padece de celos y ambiciones realmente patológicos, que puede llevarle a hacer cualquier cosa. Es bueno que Ud. advierta esto a nuestro “grande y buen amigo” para que no se vaya a dejar sorprender por alguna intriga del “presidente electo” (p.201-202). (Aclaramos nosotros, el grande y buen amigo era el presidente Arévalo de Guatemala).

Acto seguido, Figueres le apuntaba otra aclaración al profesor Torres:

Mientras tanto, yo estoy reuniendo los fondos necesarios para dos cosas: la primera, para pagar a los dominicanos que nos ayudaron, que son esencialmente mercenarios… una vez que salgamos de dominicanos y políticos compatriotas de ustedes mandaré a comprar oficialmente el armamento que me indique Rosendo, como adecuado para la realización de sus planes” (p. 204).

A este propósito, resultaba sumamente interesante la opinión que decía tener Figueres sobre los estadounidenses y su preeminencia en esta región a inicios de la Guerra Fría:

Yo no creo que los Yanquis rectifiquen nada si se les habla con la franqueza de (sic) don Rosendo, Ud. y Chendo usan para con ellos. El yanqui aunque brutal, es en el fondo un niño al que hay que obligarlo a hacer lo que uno quiere por medio del engaño. Yo los he tratado mucho en negocios, y es fácil de hacer de ellos lo que uno quiere si se usa la maña, pues ellos tienen poca malicia. En mi propia política yo estoy usando esta táctica…” (p. 204).

Respecto a las tácticas utilizadas por los nicaragüenses, don Pepe hacía la siguiente crítica:

Otro error que Uds. cometen, reflejo de la actitud general de Uds. demasiado franca, es dar a conocer el programa y su ideología general a sus compatriotas. Ustedes deben de servirse de todos los políticos que le sean útiles, sin mostrarles sus verdaderos propósitos sino hasta después del triunfo” (p. 205).

Además, el presidente Figueres le hacía a don Edelberto una petición muy especial, en el sentido de que convenciera al jefe de su Guardia Presidencial, el nicaragüense Rosendo Argüello, para que abandonara sus consideraciones respecto a sus enemigos, los derrotados. Decía Figueres:

También deseo que Ud. me ayude a convencer a Rosendo de que es un error el que comete al arriesgar su posición y buscar líos personales para oponerse a las naturales represalias del ejército de liberación con la mafia calderonista. Yo no deseo ninguna crueldad, y soy el primero en lamentar esos atropellos, pero debemos reconocer que los calderonistas cuando detentaban el poder cometieron tanto abuso que la reacción del pueblo en contra de ellos es inevitable ahora que la ocasión se presenta. No es posible tomar hacia esa gente la actitud romántica que Chendo ha tomado sin provocar graves choques con nuestro propio ejército” (p. 205).

Finalmente, don Pepe termina diciéndole en esa carta al profesor Torres Espinoza:

Si yo me voy del gobierno de Costa Rica, cosa que nunca sucederá sin haber cumplido mis promesas a ustedes les autorizo a publicar esta carta como documento que sirva a la historia para enjuiciarme. Tan así estoy de seguro que no les defraudaré” (p. 206).

Espero que este nuevo documento ilustre más y mejor el origen de la Costa Rica en la que nos ha tocado vivir como generación.

El texto completo de esta carta se encuentra en la siguiente publicación: Blandón, Chuno. ENTRE SANDINO Y FONSECA. Colección Historia No. 1. Managua, 1980.

Nota del Editor: Aunque la historiadora Aguilar hace referencia al libro de Blandón para leer la carta completa, está disponible también de forma integral en el espiritudel48.org

Carta de José Figueres a Edelberto Torres

Compartir esto:

Comentarios Facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *