Juan Bosch: ¿Comunista o socialdemócrata?
Desmintiendo un mito viral
Carlos Revilla Maroto
Circula con fuerza en las redes sociales la afirmación que el expresidente dominicano Juan Bosch era comunista. Esta aseveración, no solo es históricamente inexacta, sino que desconoce la trayectoria ideológica y política de uno de los pensadores más lúcidos que ha dado el Caribe en el siglo XX.
Que esta acusación aparezca ahora, no es casualidad. Ahora cualquier persona o partido que no este a favor del Gobierno o de Chaves, inmediatamente es acusado de comunista o por lo menos de estar en contubernio con ellos. A mi me han dicho sandía muchas veces (verde por fuera y rojo por dentro).
Normalmente no le hago caso a esos ataques, que la verdad son una tontería. Pero con el ataque a Bosch acusándolo de comunista, creo que si vale la pena poner las cosas en su lugar y desmentir esa falsedad con datos históricos, que no dejen ninguna duda de su posición ideológica en la socialdemocracia o la izquierda democrática si se quiere.
Además, su historia es muy interesante, más que todo porque pasó varios años de su exilio en Costa Rica.
El ideario de Bosch: socialdemócrata convencido
Juan Emilio Bosch Gaviño (1909-2001) fue, ante todo, un socialdemócrata convencido. Su pensamiento político se forjó en el crisol de la izquierda democrática latinoamericana, junto a figuras como José Figueres Ferrer de Costa Rica, Rómulo Betancourt de Venezuela, Luis Muñoz Marín de Puerto Rico y Víctor Raúl Haya de la Torre del Perú. Todos ellos compartían una visión común: eran antiimperialistas pero anticomunistas, creían en la democracia representativa como único camino viable y rechazaban tanto las dictaduras de derecha como el totalitarismo comunista.
Esta posición no era ambigua. Bosch y sus colegas de la «izquierda democrática» entendían que la libertad en el Caribe era indivisible y que la lucha contra las tiranías debía librarse desde las instituciones democráticas, no desde modelos autoritarios. Su socialdemocracia implicaba justicia social, pero siempre dentro del marco de la democracia liberal y el respeto a los derechos humanos.
El exilio fecundo y la hermandad con Figueres
La vida de Bosch fue un constante combate contra las dictaduras, combate que libró desde las letras y la acción política. Perseguido por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que gobernó República Dominicana entre 1930 y 1961, Bosch tuvo que abandonar su patria en 1937. Tras pasar por Puerto Rico y Cuba —donde fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939—, la inestabilidad política lo fue empujando por el continente.
Fue en Costa Rica donde Bosch encontró no solo un refugio, sino un taller de lucha por la democracia en América Latina. Su amistad con José Figueres Ferrer, presidente de Costa Rica, resultó decisiva. Figueres fundó el Instituto de Educación Política en San Isidro de Coronado, un centro de formación para líderes progresistas latinoamericanos, y Bosch se desempeñó allí como profesor de Historia de América Latina.
Fue en las aulas de Coronado donde Bosch refinó sus teorías sobre la realidad social dominicana y latinoamericana, mientras compartía proyectos con Figueres para acelerar la caída de las tiranías. Allí, le sorprendió el ajusticiamiento de Trujillo el 30 de mayo de 1961.
El breve gobierno y el golpe de Estado
De vuelta en su país, Bosch ganó las elecciones de diciembre de 1962 con un rotundo 60% de los votos. Asumió la presidencia el 27 de febrero de 1963. Su gobierno duró apenas siete meses, derrocado por un golpe militar en septiembre del mismo año debido a sus intentos de implementar una Constitución progresista que alarmó a las élites conservadoras y a Estados Unidos.
Tras el golpe, Bosch volvió al exilio, principalmente en Puerto Rico, pero continuó su carrera política, fundando más tarde el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). En 1965, la rebelión nacionalista encabezada por el coronel Francisco Caamaño pretendió restablecerlo en el poder, lo que trajo como secuela la intervención militar ordenada por el presidente Lyndon B. Johnson.
Un debate recurrente: ¿colaboración con la CIA?
Parte de la confusión sobre la ideología de Bosch ha surgido por las acusaciones de que colaboró con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a través del Instituto de Formación Política en Costa Rica. Sin embargo, estas afirmaciones deben contextualizarse: en el marco de la Guerra Fría, Estados Unidos financió múltiples iniciativas de «izquierda democrática» como contrapeso al comunismo. Esto no convertía a Bosch en un agente de la CIA, sino en un actor que, pragmáticamente, aceptaba apoyo para sus objetivos democráticos.
Además, Bosch fue víctima, precisamente, de agentes de la CIA involucrados en la conspiración que dio traste con su gobierno de siete meses en 1963. Esta paradoja evidencia que su relación con Washington fue compleja y no respondía a una simple alineación.
Es relevante señalar que Bosch se vio obligado en su momento a defender públicamente su ideario ante acusaciones similares. Participó en un sesudo debate con el Padre Láutico García, quien lo tildó de comunista, y dejó clara su posición socialdemócrata.
Legado y vigencia
Bosch representa el ideal del exiliado activo. En Costa Rica no encontró solo un techo, sino un socio: un país y un líder (Figueres) que entendían que la libertad en el Caribe era indivisible. Costa Rica fue para él una «segunda patria» y José Figueres «el amigo de toda una vida».
La difusión de la falsa etiqueta de «comunista» aplicada a Bosch responde más a las simplificaciones de la política contemporánea que a un análisis riguroso de su pensamiento. Bosch fue un socialdemócrata, un demócrata convencido que luchó contra todas las dictaduras, fueran de derecha o de izquierda. Su legado intelectual y político sigue siendo relevante para entender los desafíos de la democracia en América Latina.
Recuadro: La crisis de 1965 y la intervención estadounidense
El golpe de Estado de septiembre de 1963 contra Bosch no fue un hecho aislado. La inestabilidad política que generó culminó en la crisis de 1965, cuando un grupo de militares constitucionalistas, liderados por el coronel Francisco Caamaño, se levantó para restaurar en el poder al presidente depuesto.
Este movimiento desencadenó una guerra civil que dividió al país. La reacción de Estados Unidos fue inmediata y contundente: el presidente Lyndon B. Johnson ordenó la invasión militar con el pretexto de proteger a ciudadanos estadounidenses y evitar una «segunda Cuba» en el Caribe.
Bosch, que se encontraba exiliado en Puerto Rico, fue testigo de cómo la intervención norteamericana frustraba la posibilidad de su retorno. La crisis dominicana se convirtió así en un símbolo de las tensiones entre las aspiraciones democráticas latinoamericanas y los intereses geopolíticos de Estados Unidos durante la Guerra Fría.





