
Los Fundamentos de la Doctrina Socialdemócrata
El objetivo de la doctrina socialdemócrata no es sólo intelectual o cognitivo, sino también eminentemente práctico y transformador. Debería cambiar nuestras sociedades y ayudarnos a asumir nuestras propias responsabilidades colectivas con respecto a la justicia social, especialmente por lo que tiene que ver con esa mayoría que está en situación de vulnerabilidad o exclusión.
Me propongo desarrollar esta breve presentación de la doctrina socialdemócrata en tres partes: su definición, su naturaleza y sus fundamentos.
¿Qué es?
Aunque podemos tener una idea general de qué es la socialdemocracia, a menudo resulta más simple eliminar las nociones falsas comenzando con lo que no es.
La socialdemocracia deja claro que su doctrina no es un «capitalismo con rostro humano», un mero ajuste técnico al sistema neoliberal. No tiene nada que ver con la defensa del libre mercado sin control, y no es un «sistema» estático. Aunque, por ejemplo, ofrezca una crítica tanto del capitalismo salvaje como del comunismo autoritario, no propone un modelo único e impuesto. No es una propuesta puramente económica, sino más bien una doctrina ético-política, que surge del concepto de libertad, igualdad y fraternidad, y de la vocación humana a una vida digna en comunidad. Es una categoría propia.
La doctrina socialdemócrata no es una utopía, en el sentido de un paraíso terrestre perfecto e inalcanzable. No se propone describir una sociedad sin conflictos en la que la humanidad haya superado todas sus contradicciones.
A pesar de todo esto, la doctrina socialdemócrata se enfrenta seriamente con las realidades y estructuras existentes, y los desafíos de la humanidad para buscar soluciones a las situaciones sociales, políticas y económicas, dignas de la persona trabajadora, de manera que se cree un sano grado de tensión entre las realidades temporales que encontramos y el ideal de la justicia social plena.
Las enseñanzas socialdemócratas no son una doctrina estática y fijada, sino una aplicación dinámica de los principios de libertad e igualdad para cambiar las realidades y circunstancias de las sociedades y culturas humanas. Por supuesto, los principios fundamentales no cambian, porque están profundamente enraizados en la dignidad humana. Pero sus aplicaciones y juicios contingentes se adaptan a las nuevas circunstancias históricas según los tiempos y lugares.
La doctrina socialdemócrata pertenece al marco de la filosofía política y especialmente de la ética social.
Según los documentos de la Internacional Socialista, es la formulación exacta de los resultados de la cuidadosa meditación de las complejas realidades de la existencia humana, en sociedad, y en un contexto internacional, a la luz de los valores del humanismo socialista y de la tradición viva del movimiento obrero y democrático.
Es un conjunto de principios, criterios y directrices de acción, con el objeto de interpretar las realidades sociales, culturales, económicas y políticas, determinando su conformidad o inconformidad con los valores fundamentales de la libertad, la igualdad y la solidaridad sobre la persona humana y su vocación terrenal de realización en comunidad.
El contenido de la doctrina socialdemócrata
El contenido de la doctrina socialdemócrata se expresa en tres niveles:
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Principios y valores fundamentales. La doctrina socialdemócrata adquiere sus principios básicos de la filosofía ilustrada, el humanismo y el pensamiento social crítico, con ayuda de las ciencias humanas y sociales que la complementan. Estos principios incluyen la libertad individual, la igualdad de oportunidades, la justicia social, la solidaridad, la participación democrática y la responsabilidad universal por el bienestar común. Los valores fundamentales incluyen la democracia, la equidad, la fraternidad, la sostenibilidad y la paz.
- Criterios de juicio: para los sistemas económicos, instituciones, organizaciones, también utilizando datos empíricos. Ejemplos: valoración de la socialdemocracia del neoliberalismo, el comunismo de estado, la austeridad, la precariedad laboral, la globalización desigual, la financiarización de la economía, etc.
- Directrices de acción: opiniones contingentes sobre acontecimientos históricos. Esto no es una deducción lógica y necesaria que surja de los principios, sino también el resultado de la experiencia política del movimiento socialdemócrata y de la percepción ética de la realidad; el estado de bienestar, el diálogo social, la regulación de los mercados, la redistribución de la riqueza, la defensa del sindicalismo libre y el respeto por la autonomía legítima de las realidades políticas, económicas y sociales. Ejemplo: sugerencias de salario mínimo vital, jornada laboral reducida, fiscalidad progresiva, sanidad y educación universales, etc.
Fundamentos
El primer fundamento de la doctrina socialdemócrata es el principio ético fundamental de la responsabilidad colectiva: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad» (en su versión ética, no económica). Éste es el fundamento de toda la moral socialdemócrata y, por lo mismo, de su doctrina social que es parte de esta ética. La socialdemocracia sostiene que la libertad individual debe ir acompañada de la garantía de condiciones materiales de existencia para todos. No basta con la libertad formal; se requiere una libertad real e igualitaria.
La doctrina socialdemócrata proporciona por tanto una respuesta a la pregunta: ¿Cómo debo organizar la sociedad para garantizar la libertad, la igualdad y la justicia dentro de mi contexto político, económico y social? Nuestra responsabilidad con los demás no consiste simplemente en una obligación esporádica de caridad o en donaciones privadas. Debe impregnar la estructura entera de la sociedad y conformar las leyes y las instituciones según el principio de justicia distributiva.
Éste es un principio muy importante para superar la tendencia a ver la economía como algo totalmente separado de la ética, cuando de hecho es precisamente allí donde el ciudadano comprometido debe hacer que sus valores influyan en los asuntos públicos.
El principio de responsabilidad colectiva por tanto debería representar el fundamento general de la doctrina socialdemócrata. También hay, sin embargo, fundamentos específicos que pueden resumirse en cuatro principios básicos de toda la doctrina socialdemócrata, cuatro columnas sobre las que se apoya todo su edificio. Estos principios son: la libertad igualitaria, la justicia social, la solidaridad y la democracia participativa.
1. La libertad igualitaria. El primer principio clásico es el de la libertad igualitaria, que proporciona el fundamento para los derechos sociales y económicos. Para pensar correctamente sobre la sociedad, la política y la economía, uno debe primero entender que la verdadera libertad no puede existir sin igualdad de condiciones básicas. Cada persona, dotada de dignidad y autonomía moral, tiene derecho a un desarrollo pleno de su personalidad, y por tanto la sociedad debe garantizar que la falta de recursos no se convierta en un obstáculo insalvable para su libertad.
Cuando los pensadores socialdemócratas, como T.H. Marshall, hablaban de los derechos sociales, nos enseñaban lo que la comunidad piensa del valor de la persona individual. No basta con los derechos civiles y políticos si el hambre, la enfermedad o la ignorancia impiden ejercerlos. La democracia no piensa en los ciudadanos como meros votantes abstractos, sino como personas con necesidades concretas. Cada uno es valioso para la comunidad y su bienestar es un asunto público.
En documentos fundacionales de la socialdemocracia se subraya la centralidad de este principio: «la socialdemocracia no busca simplemente administrar el capitalismo, sino transformarlo para que sirva a las personas. Lo que constituye la base de toda la doctrina socialdemócrata es la correcta concepción de que la libertad de unos pocos no puede basarse en la servidumbre de muchos. De ahí que la libertad real para todos requiera la limitación democrática del poder del mercado».
De ahí que la socialdemocracia no piense primero en términos de PIB, mercados o rentabilidad, sino más bien en la persona individual y su capacidad real para vivir una vida digna. La socialdemocracia, como el humanismo, defiende la dignidad de cada individuo a través de derechos universales. Comprende la importancia del mercado y de la empresa, pero en términos de servicio a las personas y a las familias, en vez de en sentido contrario. El Estado, en particular, tiene el deber de garantizar los derechos sociales, derechos que no son una concesión graciosa del poder, sino una exigencia de la justicia distributiva.
2. La justicia social. El segundo principio clásico de la doctrina socialdemócrata es el principio de justicia social. La tradición socialdemócrata lo define como «la distribución equitativa de los recursos, las oportunidades y los privilegios dentro de una sociedad, especialmente desde la perspectiva de los menos aventajados».
El ser humano, ser social por naturaleza, alcanza su realización no en el aislamiento del mercado, sino dentro de comunidades solidarias y a través del reconocimiento mutuo como iguales en dignidad. El egoísmo que nos impulsa a maximizar nuestro beneficio individual en detrimento de los demás se supera por un compromiso con la justicia social.
La «justicia social» no es exclusivamente la suma de las justicias individuales, y no es la mera caridad privada, sino que crea más bien un nuevo sujeto, el «nosotros comunitario», en el que cada uno descubre su propio bienestar vinculado al de los demás. Por ello, la justicia social no pertenece a una entidad abstracta como el Estado totalitario, sino a la organización democrática de la comunidad política.
El hombre es fundamentalmente (y no sólo circunstancialmente) social, relacional e interdependiente. La justicia social es también necesaria para mi propia realización, para mi propio bien personal. Cada persona crece y alcanza la plenitud dentro de una sociedad justa. Por ello, el interés general se distingue pero no está en oposición al interés particular de cada individuo. Con mucha frecuencia, tu bien y mi bien se encuentran en un bien común equitativamente distribuido.
La justicia social se opone al neoliberalismo, la idea de que la felicidad máxima proviene de la libertad de mercado sin restricciones, lo que inevitablemente conduce a la subordinación del bien común al capital privado y a la desigualdad extrema. Por eso, la excelencia e inviolabilidad de la persona humana individual excluye la posibilidad de subordinar el bien de uno a la mera eficiencia económica o al beneficio de unos pocos.
3. Solidaridad. El tercer principio clásico de la doctrina socialdemócrata es el principio de solidaridad. Fue formulado como un pilar central por el movimiento obrero y la socialdemocracia europea desde el siglo XIX. Este principio nos enseña que ningún ser humano es una isla y que nuestras vidas están intrínsecamente conectadas. La solidaridad implica la conciencia de que los problemas de los demás son también problemas míos y que la solución a las crisis debe ser colectiva.
Este principio se formuló cuando el capitalismo industrial generaba enormes desigualdades y dejaba a vastos sectores de la población en la pobreza y la indefensión. Nos invita a buscar soluciones para los problemas sociales en la acción colectiva, el sindicalismo y la intervención democrática del Estado, antes que dejar que el mercado decida por sí solo.
Ya los primeros pensadores socialdemócratas insistían en que «la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos», pero no individualmente, sino mediante la solidaridad organizada. El individualismo extremo sofoca los derechos de los más débiles, y la solidaridad existe precisamente para tutelar los derechos de aquellos que, aislados, serían víctimas del más fuerte.
4. Democracia participativa. El cuarto principio que fundamenta la doctrina socialdemócrata fue reafirmado continuamente desde la Declaración de Fráncfort (1951) y actualizado en diversos congresos de la Internacional Socialista. Este principio es el llamado principio de democracia participativa. Al hacer frente a la globalización financiera, a la creciente concentración del poder económico y político, debemos tener en mente que la democracia no es sólo votar cada cuatro años.
La democracia participativa nos invita a incrementar nuestra sensibilidad hacia los mecanismos reales de decisión, especialmente hacia quienes sufren la exclusión del debate público. Pero los documentos socialdemócratas añaden que la democracia no es simplemente un procedimiento formal, sino una «práctica» real, que nos permite asumir nuestras responsabilidades colectivas sobre el rumbo de la economía y la sociedad. No es «un mero mecanismo de elección de representantes. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por la participación ciudadana en todas las esferas: la política, la económica, la social y la cultural; es decir, por el poder de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos».
Texto elaborado a partir de los principios clásicos del socialismo democrático y las bases programáticas de la Internacional Socialista.


