Los quince años que cambiaron Costa Rica: 1940-1955
De las reformas sociales a la invasión del 55
Carlos Revilla Maroto
Resumen
Este libro analiza el proceso histórico costarricense comprendido entre 1940 y 1955, conocido como la «década que forjó la patria», que tuvo como eje la Revolución de 1948. Lejos de considerarla un evento aislado, se examina como el punto culminante de tensiones acumuladas desde principios del siglo XX: el reformismo frustrado de Alfredo González Flores (1917), la persistencia de un ideario ético y cívico en la Liga Cívica, y la maduración intelectual del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales.
El trabajo se estructura en seis capítulos que abordan: la conflictiva década de los años 40, con las reformas sociales de Calderón Guardia, la alianza con los comunistas y la Iglesia, la corrupción fiscal, el fraude de 1944 y el surgimiento de Figueres; el gobierno de Teodoro Picado y la radicalización, incluyendo la Huelga de Brazos Caídos, el bandolerismo político y la anulación de las elecciones de 1948; la guerra civil de 1948, con sus principales batallas, la estrategia de focalización, la Marcha Fantasma, la toma de Limón y Cartago, y el Pacto de la Embajada de México; la Junta Fundadora y la refundación del Estado, con la abolición del ejército, la nacionalización bancaria, el voto femenino, el Cardonazo y el debate sobre el carácter dictatorial del régimen; la contrarrevolución de diciembre de 1948, incluyendo las masacres de El Murciélago y Puerto Soley; y finalmente la invasión de 1955, el último suspiro de la guerra, con la batalla de Santa Rosa, el duelo frustrado entre Somoza y Figueres, y el intento de magnicidio de 1957.
A partir de fuentes primarias (discursos, proclamas, cartas, documentos oficiales, prensa de la época) y del análisis de los principales actores (Calderón Guardia, Figueres, Mora, Sanabria, Ulate, Facio, Cortés), se concluye que la Revolución del 48 no fue una contrarrevolución contra las conquistas sociales, sino una lucha política por la legitimidad del Estado que debía administrarlas. El legado de este período —un Estado social, democrático y sin ejército— sigue siendo la base de la estabilidad y la excepcionalidad costarricense en la región.



