Raúl Blanco Cervantes

Raúl Blanco Cervantes

Raúl Blanco Cervantes
1903 – 1979

Dra. Mariana Blanco Uhlenhaut (Adaptación para El Espíritu del 48)

El Dr. Raúl Blanco Cervantes (1903-1979) fue un hombre de ciencia y política que entregó a la historia costarricense un ejemplo particular de cómo la honradez y la disciplina permiten que los ideales se conviertan en hechos. Su vida fue una «travesía intercontinental» constante, desde las aulas universitarias de Europa hasta el corazón de la Revolución de 1948.

Nacido en una familia trabajadora, su destino cambió en 1922 cuando se embarcó hacia Alemania, vanguardia de la medicina de la época. Se graduó con honores en las universidades de Leipzig, Jena y Múnich en 1928. A su regreso a Costa Rica, trajo consigo no solo el título de médico, sino una determinación inquebrantable que le permitió sobrevivir a la soledad y a las necesidades económicas en el extranjero.

Su guerra personal no fue contra hombres, sino contra la “plaga blanca”: la tuberculosis, enfermedad que cobró la vida de su hermana mayor, Claudia. Este dolor personal lo motivó a enfrentar uno de los flagelos más terribles del siglo XX.

A diferencia de otros médicos de su época, don Raúl no buscó fama ni fortuna inmediata. En 1933 asumió la dirección del Sanatorio Durán, en las faldas del Irazú. El acceso era tan remoto que solo se llegaba a caballo o en carreta. Allí, vivió su profesión como un sacerdocio: revisaba muestras en su propio microscopio, revelaba placas de rayos X y hasta pagaba los sueldos de sus colaboradores. Viajaba horas a caballo para traer suministros, demostrando que su lucha no era solo técnica, sino profundamente humana.

Como miembro de la Junta Fundadora de la Segunda República, su paso por la función pública representó una verdadera cirugía social para el país:

De la Beneficencia al Derecho: Bajo su mando en el Ministerio de Salubridad, la salud dejó de ser un acto de caridad para transformarse en una responsabilidad ineludible del Estado.

Fue el gran impulsor del Hospital Nacional para Tuberculosis —hoy Hospital Dr. Raúl Blanco Cervantes—, centro que él mismo aceptó transformar en el referente nacional de la Geriatría, bajo la premisa de que «la única manera de no equivocarse es sopesar bien la historia».

Su integridad lo llevó a ocupar la Vicepresidencia de la República en dos administraciones (1953 con don Pepe y 1962 con don Chico Orlich), ejerciendo la Presidencia de forma interina en seis ocasiones.

Don Raúl era un hombre de hábitos rigurosos. Se cuenta, como anécdota de su rectitud administrativa, que al ejercer varios cargos públicos simultáneamente, se escribía cartas a sí mismo para mantener el orden legal: “Estimado Dr. Raúl Blanco Cervantes… Atentamente Dr. Raúl Blanco Cervantes”.

Incluso cuando la diabetes le arrebató una pierna a los 55 años, su disciplina le permitió vivir 20 años más con una calidad de vida ejemplar, atendiendo pacientes en el hospital que hoy lleva su nombre hasta el último de sus días.

Para él la política y la medicina tenían un mismo fin: la dignidad humana. Se le recuerda por una reflexión que resume su paso por la Junta:

El médico nunca puede utilizar su saber solo para curar cuerpos; debe utilizar su voz para sanar las injusticias del sistema, pues la salud es el primer derecho de la libertad.

Como bien decía su médico de cabecera, don Raúl siempre sostuvo que no debíamos cometer dos veces el mismo error. Su vida es, hoy más que nunca, una lección de que la política, cuando se ejerce con la precisión del cirujano y el corazón del humanista, puede sanar a toda una nación.

Don Raúl era conocido por su “mano franca y generosa”. Incluso en los momentos más álgidos de la Junta, mantuvo una caballerosidad que le ganaba el respeto de amigos y adversarios. Fue el hombre que humanizó la transición hacia la Segunda República, recordándoles a todos que la paz también se construye con hospitales y justicia social.

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