Al forjador de la Costa Rica de hoy

Sandra Quesada Hidalgo

Sandra Quesada Hidalgo

Ningún discurso que pronunciemos hoy, ninguna ceremonia ni celebración que pudiéramos realizar los costarricenses en el centenario del nacimiento de José María Hipólito Figueres Ferrer alcanzaría a rendir un adecuado homenaje al más insigne de nuestros patriotas. Visionario de visionarios, luchador tenaz forjado en los ideales, a veces Quijote a veces Sancho, nos dio la gloria de fundar un Partido político que hoy representamos con orgullo y de diseñar un país democrático, solidario y sin ejército.

Presidente en tres oportunidades y patriota todos los días de su vida, nos legó, desde la nacionalización bancaria hasta la creación del ICE, desde la abolición del ejército hasta el Tribunal Supremo de Elecciones y la Contraloría General de la República, toda la columna vertebral de nuestro sistema democrático.

Con ese compromiso social inclaudicable expresado en la creación de un INVU, para dotar de vivienda a los ciudadanos más humildes hasta construir un ICT, vislumbrando en el turismo una de la principales fuentes de producción de riqueza nacional. Siempre el político preciso, presto a escuchar, pero también a decidir; con ideas claras del país que quería legar; apuntala la solidaridad social con el IMAS, refuerza la educación técnica de calidad con el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y ni qué decir de la cultura con el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, la Compañía Nacional de Teatro, el Conservatorio Castella, la Orquesta Sinfónica Nacional, todo fue objeto de su prolífera obra.

Pero sobre todo y ante todo fue un socialdemócrata convencido, por ello decía:

La Social Democracia no es una fórmula simple, como las dictaduras. Es difícil de entender, porque contiene conceptos éticos. Es una actitud humanista. Su objetivo es procurar que se satisfagan, con el trabajo de todos, las necesidades de todos, en comida y techo, ropa y trabajo, educación y salud; y paz social. Todo sin sacrificar la libertad.

Podría seguir enumerando muchas instituciones más, que vieron la luz en sus gobiernos, pero sé que muchos lo han hecho y lo harán. De toda suerte retratar al estadista ha llevado muchas páginas de la historia patria. Prefiero recordar algunos de sus pensamientos que nos muestran al humanista; al hombre sencillo en su cotidianidad y complejo en su profundidad. A ese hombre que fue capaz de escribir: “La distancia geográfica entre las oficinas técnicas y los tugurios puede ser de un kilómetro, pero la distancia humana es de mil kilómetros”.

Que tan ciertas, don Pepe, resultaron esas palabras, pues muchas veces los técnicos no tienen la sensibilidad social para acercarse a las necesidades de las personas más humildes.

Nuestras sociedades muestran aún tan poca solidaridad interna, que a medio kilómetro del mal oliente tugurio puede florecer una comunidad relativamente próspera, sin saber nada del harapo de la llaga”.

Es el ser humano y su crecimiento personal el propósito y objetivo final de su obra. Por ello, nos encontramos en su obra numerosas alusiones a estos objetivos: “… cuanto más se invierta en educación y salud, en mejorar al ser humano, más efectivo será el desarrollo económico”.

Su idea de la formación abarcaba los más extensos ámbitos del ser humano, no solo la educación formal o académica…

Los costarricenses de nuestro tiempo hemos prestado bastante atención a la enseñanza, pero muy poca a la cultura superior, al cultivo de las ciencias y las artes. Necesitamos más música, más pintura, y escultura, más filosofía, más poesía, más literatura.

Amó como nadie este pedazo de tierra que lo vio nacer y aunque pequeño el país, lo pensó en grande y lo construyó para ser grande.

La posición que Costa Rica ocupa, como país de libertades, de respeto a la dignidad humana, de gobierno representativo, no debe perderse jamás. Para preservar esta posición se necesita el concurso diario de todos; ya seamos funcionarios o ciudadanos privados. Somos un país pequeño, y esa posición moral es nuestra única riqueza”.

Hoy, como en la década de los años 50, le corresponde a Liberación Nacional sembrar las ideas y efectuar los cambios que el país requiere, estamos seguros que don Oscar Arias estará a la altura de los acontecimientos, para dar el golpe de timón que enderece la barca, como bien lo dijo, hace tan sólo pocos días, en la LXI Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York:

Si vamos a continuar el camino de la emancipación humana frente a la miseria, si vamos a convertir al desarrollo y a los derechos humanos en algo más que la utopía que son hoy para cientos de millones de personas en todo el mundo, requerimos más que buenas intenciones. Requerimos coraje para llamar las cosas por su nombre, para rectificar rumbos equivocados y para tomar decisiones impostergables.

Hoy como ayer, don Pepe, aquí estamos los nuevos y los viejos liberacionistas prestos a dar la lucha sin fin para engrandecer Costa Rica.

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Conmemoración del centenario del nacimiento de don José Figueres Ferrer

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