Anulación de las elecciones del 48

Anulación de las elecciones del 48

Jaime Cerdas Mora

En 1948, yo era diputado del Partido Vanguardia Popular y miembro de la Comisión de Gobernación y Trabajo y en esa condición, junto con el diputado Albertazzi Avendaño, firmé el dictamen de mayoría anulando las elecciones presidenciales.

Cuarenta años después, considero necesario dar a conocer las razones y los fundamentos legales que motivaron dicha anulación.

Con motivo de existir grandes sospechas de la actuación del Director del Registro Electoral, el Congreso me nombró su delegado ante el Registro y ante el Tribunal de Elecciones.

Una noche, estando en el desempeñó de esas funciones, quise darle una broma a uno de los fiscales del Partido Unión Nacional, que además de colega, era amigo personal y le saqué de la bolsa una Tribuna pensando devolvérsela luego, cosa que olvidé. Al día siguiente, encontré en dicha Tribuna que la lista de adhesiones calderonistas estaban parcialmente marcadas. En el Registro comprobé que todos los electores marcados habían sufrido traslado. Inmediatamente comuniqué el hallazgo al Partido y este comisionó a los licenciados Carballo Corrales y Osvaldo Rodríguez, quienes pudieron comprobar en el Registro, de manera fehaciente, la magnitud del fraude descubierto.

Indudablemente la dirección de Vanguardia Popular no habría acordado apoyar la anulación de las elecciones, si no hubiera contado con pruebas tan contundentes, máxime que en el seno de la dirección no había unanimidad por la anulación.

De todo esto la opinión pública no pudo darse cuenta, en la medida en que las sesiones se realizaron en un ambiente de grandes gritos de las barras y en la época no se trasmitían por la radio.

Sin embargo, pienso que fue un error, a pesar de las razones legales apuntadas, el haber anulado las elecciones, tanto por las consecuencias que tuvo, especialmente en la pérdida de vidas, como políticamente, ya que en ese entonces el Congreso estaba integrado por 45 diputados de los cuales Vanguardia Popular habría tenido un número de diputados suficiente para decidir las votaciones.

Por otra parte, la anulación de las elecciones permitió que el grupo que jefeaba José Figueres pudiera alcanzar el poder e impulsar el proyecto político del Partido Liberación Nacional sustentado con apoyo del Estado. Este proyecto permitió a un grupo de empresarios hacerse del poder político y condujo a que la separación entre empresarios y político, que hasta entonces, al menos formalmente se había mantenido, se fuera diluyendo hasta no llegarse a saber como lo dijo el propio Figueres cuándo las cosas se hacen porque benefician al Estado y cuando porque enriquecen al empresario. La corrupción de la que ahora nos quejamos, es parte consustancial del modelo político nacido en el 48.

La pérdida de la cuota de poder de Vanguardia Popular trajo como consecuencia la castración del movimiento obrero y campesino y el sometimiento incondicional de ese Partido a la línea estalinista de la Unión Soviética primero, y de Cuba después, perdiéndose así la independencia que le permitió en los años cuarenta alcanzar las conquistas sociales y el auge político y sindical, por saber interpretar correctamente al pueblo costarricense.

Esa pérdida de libertad, por sometimiento a las políticas soviéticas y cubanas, la invasión de Checoslovaquia y el análisis de los postulados marxistas a la luz de los resultados prácticos, reales, en los países llamados socialistas, me llevaron a separarme totalmente del Partido Vanguardia Popular.

Hoy, 40 años después de los hechos del 48, todavía me pregunto: ¿Qué hubiera sucedido si yo no tomo esa Tribuna de la bolsa del colega?

La Nación, 12 de junio 1988.

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