Don Pepe descubre un poeta

Enrique Tovar

Enrique Tovar
enrique@enriquetovar.com

Hernán Elizondo Arce, poeta que hoy viernes 28 de octubre cumple 90 años de edad, que vive en Esparza de Puntarenas y que ha ganado varios premios nacionales por su narrativa y poemas, fue descubierto por don Pepe Figueres.

El autor del libro “Memorias de un pobre diablo”, que obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría 1964, en novela, era un muchacho tímido, que cultivaba la poesía en Tilarán, entonces un pueblito prácticamente escondido en las montañas. En uno de sus caseríos, Hernán trabajaba de educador.

En una visita que don Pepe Figueres hizo a esa comunidad, allá por 1945, para reunirse con el empresario Domingo Flaqué, que le había acompañado en su aventura de abrir la hacienda La Lucha, a inicios de la década del 30, se le ocurrió preguntar por Hernán Elizondo Arce, pues había leído algunos trabajos suyos, creo, en la revista “Surcos”. “¿Y dónde vive Hernán Elizondo?”, preguntó don Pepe. Y de inmediato el señor Flaqué mandó buscarlo. Al poco rato llegó un joven, extremadamente tímido, que ya era admirador de don Pepe y que al día de hoy le sigue teniendo esa admiración al que sin duda alguna es el más fulgurante caudillo en la historia de Costa Rica.

Sí, allí se conocieron don Pepe Figueres y el poeta y narrador Hernán Elizondo, a quien le cabe la gloria de haber escrito el mejor libro sobre Guanacaste, en esa obra de prosa poemática llamada “Memorias de un pobre diablo”, y que profesional costarricense debiera haber leído.

Pues bien, allí se trianguló una conversación interesante entre el Caudillo en ciernes, el hombre de letras y el empresario. Don Pepe lo felicitó, le dijo que le gustaba mucho su forma de escribir y lo acicateó para que continuara en esa tarea y publicara libros. (Años después le metería el hombro en esa tarea).

Cuando en marzo de 1948 estalló la revolución, obviamente Hernán Elizondo y su familia entera apoyaron el movimiento, y luego, en los procesos electorales, siempre estuvieron respaldando al caudillo y a la bandera del Partido Liberación Nacional. (Don Hernán es el padre de Marco Hernán Elizondo, quien trabaja o trabajaba en la Asamblea Legislativa).

Posteriormente, cuando se fundó el diario La República, en noviembre de 1950, el poeta se convirtió en colaborador de ese rotativo, con artículos y poemas.

En 1963, la recién fundada Editorial Costa Rica publicó “Memorias de un pobre diablo” que se convirtió en todo un acontecimiento literario en el país, especialmente por sus capítulos “¡Viva Vargas!” y “San Juanillo”. En este último narra los hechos relacionados con una injusticia que tuvieron que vivir un grupo de campesinos, ávidos de parcelas, que se establecieron en San Juanillo de Santa Cruz de Guanacaste. El narrador describe las penurias y la hostilidad que tuvieron que sufrir esos hombres del campo que fueron sacados por la autoridad (Resguardo Fiscal, entonces), de los predios que habían transformado en unidades donde rebosaba la cosecha agrícola, y llevados durante muchas horas, a pie, amarrados de manos y cuello, bajo un sol plomizo –propio de Guanacaste- para ser metidos en la cárcel, por haber cometido el “delito” de ocupar tierras abandonadas a fin de ponerlas a producir, y con ello obtener el sustento para sus familias.

Pocas páginas en la literatura costarricense expresan el dramatismo, el dolor y la angustia, con un lenguaje elegante, poético a ratos, desgarrador casi siempre, como las que se pueden encontrar en “Memorias de un pobre diablo”.

Nunca la injusticia agraria de Guanacaste fue tan dramática y justamente descrita como en ese capítulo de “San Juanillo”, y nunca la burla electoral, que se daba antes del 48, fue tan fielmente expuesta como en el episodio “¡Viva Vargas!”.

Detrás de esa obra vinieron muchas otras, entre ellas, “La ciudad y la sombra” y “La calle, Jinete y yo”.

Por otro lado, por derecho propio, hasta el día de hoy, Hernán Elizondo Arce, el poeta que descubrió don Pepe Figueres en las montañas de Tilarán, es el autor literario con mayor y mejor manejo de la prosa poemática, un estilo que impuso desde hace 50 años y un estilo del que sigue siendo el máximo exponente en la república de las letras nacionales.

Tomado de Cambio Político, octubre 2011

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