“Por siempre Figueres”

Maureen Ballestero Vargas

Maureen Ballestero Vargas

En muchos lugares de todo el país, incluso en el Plenario Legislativo, se recuerda a don Pepe, su obra, su vida, su acción como estadista y sus logros. La tentación es mucha y el material para hablar también es abundante; unos se referirán a don Pepe con respeto, cariño y deferencia; otros lo harán con meras intenciones politiqueras, tratando de jalar agua para sus molinos sin recordar en verdad a este gran hombre.

Sin embargo, esta tarde yo deseo referirme a don Pepe el hombre, el ciudadano, el costarricense. Inicio citando a don Francisco Morales, Ministro de Trabajo, quien dijo: “Ni ingeniero, ni abogado, ni doctor, ni empresario, ni político, ni general, ni Presidente, simplemente don Pepe.”

No pretendo hacer una biografía; ya algunos han tratado de retomar aquí su vida. Solo quiero lograr una pequeña semblanza de lo que significó para mí conocerlo, de cómo influyó él en mi pensamiento y, sobre todo, de cuánto influyó en mi desarrollo como persona y como política.

Aprendí a querer y amar a don Pepe por influencia primaria y directa de mi padre, un figuerista a muerte, un revolucionario, al igual que don Pepe, un creyente de que si don Pepe no hubiera existido Costa Rica no se habría transformado en lo que es hoy, y estaría igual o peor que muchos países subdesarrollados, no de América Latina sino del mundo. Quiero recordar a ese don Pepe, esa persona que para la Juventud Liberacionista siempre tuvo tiempo, esa persona de trato afable, siempre dispuesta a contestar una pregunta, a compartir sus pasiones, a sacar de lo mejor de todas las personas.

La vida de don Pepe fue muy polémica, con grandes aciertos y grandes errores; eso es indudable, así son las leyendas. Sin embargo, sus logros, su visión y, sobre todo, su pragmatismo, lo convirtieron en la Personalidad del Siglo XX, elegida por todos los costarricenses. Su fuerte convicción en la forma de ver la vida lo llevó a emprender grandes luchas; así delimitó con claridad el derrotero que nuestra sociedad debía seguir para avanzar. Su ideal social no lo aprendió como otros en la academia, sino en el campo, en la familia, en la universidad de la vida. Así se forjó don Pepe.

Yo recuerdo a don Pepe accesible, hablando de igual forma con políticos, agricultores, académicos, jóvenes, estudiantes y niños. Su trato reflejaba su forma de ser, sencillo pero convencido; siempre educador, pero con una sed insaciable de aprender. Ese es José Figueres Ferrer, el hombre; así quedó en la mente de una joven. Es el recuerdo de alguien que estoy segura que prefería hacer y no hablar. El ingenio de don Pepe y su espontaneidad son memorables; sus respuestas siempre fueron ágiles e inteligentes; no le tenía miedo al cambio, al contrario, señoras y señores, propició las grandes transformaciones de la sociedad costarricense.

El efecto de una revolución es el cambio, don Pepe no era un conformista, no quería mantener el estado de las cosas de entonces; sin embargo, a pesar de ello en él prevaleció siempre el respeto a la Democracia y a la Libertad, al derecho de los ciudadanos, pero sobre todo, al derecho de la búsqueda del bienestar para el mayor número de costarricenses, para todos.

Me alegra mucho que muchos de los adversarios de don Pepe anuncien su conversión al figuerismo; hoy lo ven como estandarte de ideologías y políticas, y como justificación de luchas electorales; pero don Pepe es mucho más que eso. Valga la referencia de que José Figueres vivió inequívocamente de manera congruente con su mente y su corazón; así plasmó en el Partido Liberación Nacional sus esfuerzos políticos. Es claro que aunque don Pepe es de todos los costarricenses, pero él siempre fue y seguirá siendo liberacionista. Este Partido fue uno de sus grandes amores; fue su criatura, su casa. Don Pepe fundó un partido ideológico, un solo partido, el Partido Liberación Nacional. Liberación Nacional hoy se siente honrado de celebrar los cien años del nacimiento de este hombre.

Liberación Nacional fue su laboratorio social: en él celebró sus metas en tertulias, en él sus convicciones se plasmaron en un grupo de jóvenes soñadores, quienes unidos a don Pepe forjaron la Historia de Costa Rica. De don Pepe nació su partido ideológico permanente, el primero, el único que fundó.

Celebramos el Centenario del Natalicio de uno de los genios más grandes que registran la Historia costarricense y la Historia latinoamericana; pero, más que nada, los liberacionistas celebramos su herencia, su ideario, su vida. Si don Pepe no hubiera existido, Liberación no habría nacido. Nosotros nos sentimos orgullosos de este padre y, quiéranlo o no, don Pepe es una leyenda.

Parafraseando al venezolano Arturo Uslar Pietri, en su obra Chúo Gil y las tejedoras cuando escribe: “La mía es tan solo una voz, una voz que teje, una voz que clama”; seamos nosotros esas voces que juntas tejen la sociedad que don José Figueres nos señaló, la que él soñó.

A don Pepe, y especialmente a su familia, solo me queda decir: Aquí estoy, figuerista hasta la muerte, por siempre Figueres.

CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DON JOSÉ FIGUERES FERRER



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