Como nieto de dos excombatientes me siento muy orgulloso de la historia que conllevó la guerra. Mi abuelo Manuel Hidalgo Hidalgo me cuenta que su participación en la guerra no fueron mas que pasiones, fríos y calores… y una balacera de una hora que terminó al darse cuenta que se bailaban entre los mismos. De mi abuelo Carlos Azuola Castro (que en paz descanse) no se mucho mas que perdió a uno de sus mejores amigos en la guerra.

Sea cual sea la historia de ambos, esa llama en el corazón que los llevo a luchar por la Costa Rica en la que yo vivo hoy, se encendió en el mio y fue la herencia más grande que me pudieron dejar. Le prometo hoy al recuerdo del 48 que mientras viva, ese espíritu seguirá en mi y nunca se apagará.

¡Viva pepe y vivan sus hombres!