Un político moderno

Janina del Vecchio Ugalde

Janina del Vecchio Ugalde

José Figueres Ferrer, a quien todos llamábamos familiarmente “don Pepe”, festejaría en estas fechas sus cien años. En un siglo ha habido muchos dirigentes políticos; algunos yacen ya en el olvido; pero don Pepe, en cambio, tiene la particularidad de agigantar su figura conforme pasa el tiempo. Sus cualidades de orador, de hábil político, autodidacta y extraordinario negociador, así como su buen humor, le valieron un lugar en el corazón de todos los que lo conocimos. Nos queda la leyenda de un hombre; nos queda la leyenda de un dicharachero culto, de un humanista, entregado al servicio de su Patria, de quien no exagero al reconocerlo como principal arquitecto de la Segunda República.

El liderazgo político llevó a don Pepe a culminar con éxito la guerra civil de 1948 y a ocupar la Presidencia de la Junta Fundadora de la Segunda República, entre mayo de 1948 y noviembre de 1949. En ese período, ejerció el poder y tomó importantes medidas que configuraron el perfil de esta Segunda República; la principal de todas fue la proscripción del ejército, hecho que, según casi todos los historiadores de la vida nacional, marca el punto culminante de la historia de nuestro Estado social de Derecho, puesto que le ha permitido al país invertir en educación y cultura, y no en ejército ni en armas.

La Revolución de 1948, realizada por el Ejército de Liberación Nacional, se levantó sobre tres grandes pilares: la lucha contra la corrupción, la lucha por el sufragio y la lucha contra la pobreza. Los otros dos períodos gubernamentales de don José Figueres Ferrer como presidente constitucional de Costa Rica le permitieron consolidar una vasta obra pública.

Don Pepe fue un ciudadano ejemplar, un visionario, un caudillo, cuya huella incidió, directa y positivamente, en la construcción de este país de oportunidades. Su pensamiento ágil, profundo y dinámico, se mantuvo siempre acorde con el rumbo de los tiempos. Hoy, al igual que nosotros, él estaría hablándoles a los costarricenses de una socialdemocracia con instrumentos modernos.

Yo tuve el privilegio de conocerlo cuando me desempeñaba como académica de la Universidad de Costa Rica, y más de cerca aún en las actividades políticas del Partido, al que me honra representar en esta Asamblea Legislativa. A los jóvenes que no tuvieron ni tendrán ya esa oportunidad, les digo que el mayor privilegio lo tienen ellos en el día a día, porque gracias a la obra de don Pepe disfrutan la tranquilidad de no tener que prestar servicio militar, no se les impone ver al ejército por las calles y pueden disfrutar de la vasta obra cultural que este ilustre costarricense nos legó.

Hoy, vivimos en la Costa Rica visionaria de don Pepe, quien nos heredó las tres grandes banderas que siguen siendo estandarte de Liberación Nacional para alcanzar el desarrollo solidario de cada habitante de nuestra Patria: la libertad electoral, la lucha contra la corrupción y la lucha contra la pobreza.

Como socialdemócrata, hoy yo le digo a don Pepe: hemos aprendido y hemos asimilado su legado y, ubicando su pensamiento en la modernidad actual, estamos listos para llevar nuevamente a nuestra querida Patria hacia esa sociedad de oportunidades, que él nos trazó y con tanto empeño y energía planeó.

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Conmemoración del centenario del nacimiento de don José Figueres Ferrer


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