De la insurrección a la Segunda República
las proclamas de Santa María de Dota
Las proclamas de Santa María de Dota, fechadas el 23 de marzo y el 1.º de abril de 1948, constituyen un conjunto documental excepcional para comprender la evolución política e ideológica del movimiento encabezado por José Figueres Ferrer durante la Guerra Civil de 1948. Leídas en secuencia cronológica, revelan el tránsito acelerado de un lenguaje insurreccional y urgente hacia una formulación programática y social del proyecto que daría origen a la Segunda República.
No son textos contradictorios, sino complementarios. Cada uno responde a un momento distinto del conflicto y a una necesidad específica: primero, ganar la guerra; luego, explicar para qué se lucha.
La Primera Proclama (23 de marzo de 1948): la urgencia de la insurrección
La Primera Proclama de Santa María de Dota es, ante todo, un llamado directo al pueblo para que se incorpore activamente a la lucha contra lo que Figueres denomina el “gobierno usurpador”. Su tono es interpelativo, casi acusatorio. La pregunta que abre el texto —“¿Está usted haciendo lo que puede por la victoria de la libertad?”— coloca al lector frente a un dilema moral inmediato.
Este documento pertenece claramente a una fase inicial e incierta del conflicto. El Ejército de Liberación Nacional aún no ha consolidado su control territorial y necesita crear condiciones materiales para la victoria. De ahí la exhortación explícita a:
- cortar líneas telegráficas y telefónicas,
- obstruir caminos,
- acorralar jefaturas políticas y resguardos,
- desorganizar al aparato del Estado.
La proclama no oculta el carácter irregular y clandestino de estas acciones. Al contrario, las legitima como deber cívico, democratizando la participación en la guerra. No tener armas no es excusa: cualquier objeto cotidiano puede convertirse en instrumento de lucha. En ese gesto retórico, la violencia se convierte en responsabilidad compartida, no en monopolio de combatientes profesionales.
La Segunda República aparece ya nombrada, pero todavía como promesa movilizadora, no como proyecto definido. Es un horizonte simbólico que justifica el sacrificio inmediato. El texto está cargado de mística, de apelaciones al heroísmo cotidiano y a una especie de fervor casi religioso, pensado para activar voluntades, no para explicar un programa político.
La Segunda Proclama (1.º de abril de 1948): la formulación del proyecto
Nueve días después, la Segunda Proclama de Santa María de Dota muestra un giro notable. El tono cambia de manera radical. Figueres ya no se dirige solo al ciudadano como combatiente potencial, sino como sujeto político llamado a comprender el sentido de la lucha.
El texto comienza defendiendo la legitimidad ideológica del movimiento frente a quienes lo calificaban de reaccionario, burgués o retrógrado. Esa defensa no se hace desde el insulto, sino desde una distinción moral: a la mala fe se le responde con armas; a la incomprensión, con razones. La violencia aparece aquí claramente subordinada a la argumentación política.
El núcleo de la proclama es la cuestión social. Figueres afirma que la guerra armada terminará, pero que inmediatamente comenzará otra: la guerra contra la pobreza. Esta frase redefine el conflicto. La violencia deja de ser fin o virtud, y pasa a ser medio transitorio para alcanzar un objetivo superior: el bienestar del mayor número.
La Segunda República deja de ser una consigna abstracta y se convierte en proyecto político concreto, asociado a:
- justicia social,
- superación de la miseria,
- uso racional de los medios de producción,
- planificación económica,
- participación de economistas y técnicos.
Aquí se anticipan con claridad los pilares del Estado social que emergerá tras la guerra. La proclama sostiene que la pobreza no es inevitable, sino resultado de la diferencia y el privilegio, y que existen medios suficientes para elevar material y espiritualmente a toda la comunidad.
El cierre del texto es igualmente revelador: los soldados de la Segunda República no son glorificados como guerreros, sino como constructores de una patria sin miseria. La legitimidad del Ejército de Liberación Nacional no se basa en su capacidad de combate, sino en su promesa de desaparecer como ejército y dar paso a la institucionalidad civil.
Dos momentos, un mismo proceso
Leídas juntas, las dos proclamas permiten observar el proceso de maduración del discurso figuerista en tiempo real. La Primera responde a la necesidad de sobrevivir y avanzar militarmente; la Segunda, a la necesidad de dotar de sentido histórico y social a esa lucha.
El paso de una a otra no implica contradicción, sino evolución. La revolución no nace completamente formulada, sino que se va definiendo a medida que el conflicto avanza. En ese sentido, Santa María de Dota no es solo un escenario militar, sino un laboratorio político, donde el lenguaje del combate se transforma rápidamente en lenguaje de Estado.
Conclusión
Las proclamas de Santa María de Dota son documentos centrales para entender la Guerra Civil de 1948 y sus consecuencias. La Primera muestra la crudeza de la insurrección y la urgencia del momento; la Segunda revela que, incluso en plena guerra, el figuerismo ya pensaba en el día después.
Juntas, permiten comprender por qué la Revolución del 48 no derivó en un régimen militar ni en una dictadura triunfante, sino en la construcción de un nuevo orden político. La secuencia entre ambas proclamas explica, mejor que cualquier relato posterior, cómo una guerra civil pudo transformarse en el acto fundacional de la Segunda República costarricense.
Análisis general de la Primera Proclama
La Primera Proclama de Santa María de Dota, fechada el 23 de marzo de 1948, es ante todo un llamado urgente a la insurrección popular. A diferencia de la Segunda, no intenta justificar ideológicamente el movimiento ni definir un programa social: su objetivo es movilizar, desorganizar al adversario y crear condiciones materiales para la victoria militar.
Estamos ante un texto de guerra, escrito en un momento de extrema incertidumbre. El Ejército de Liberación Nacional aún no ha consolidado su control territorial, y la prioridad es clara: romper la capacidad operativa del “gobierno usurpador” mediante la acción directa de la población civil.
Aquí Figueres habla menos como estadista y más como jefe insurgente. El lenguaje es directo, apelativo, casi ritual. No hay matices ni concesiones: hay urgencia, apelación moral y una mística de sacrificio inmediato.
CUARTEL GENERAL DEL EJERCITO DE
LIBERACION NACIONAL
PRIMERA PROCLAMA DE SANTA MARIA DE DOTA
Costarricense: ¿Está usted haciendo lo que puede por la victoria de la libertad?
El Ejército de Liberación Nacional está batiéndose brillantemente en el teatro de la guerra.
Usted puede ayudar eficazmente a la jornada patriótica atravesando palos y piedras en los caminos, cortando líneas telegráficas y telefónicas, acorralando sorpresivamente jefaturas políticas y resguardos, intentando por todos los medios desorganizar y desmembrar al gobierno usurpador.
¿Está usted haciendo lo que puede?
Usted dijo una y mil veces que no permitirá una nueva burla a la voluntad popular, usted ha jurado que está dispuesto a contribuir a la formación de una nueva Costa Rica. Cumpla ahora sus promesas y juramentos. No use el pretexto de que no tiene armas. En la más humilde cocina existe un raspadulce, en cada casa de campo hay un chuzo, en cada hogar hay unas tijeras, y en el corazón de cada hombre y de cada mujer de Costa Rica hay un héroe.
Haga usted lo que pueda, sea mucho o sea poco, por respaldar al ejército ahora, y por tener lista y preparada nuestra entrada triunfal a todos los pueblos del país.
Ya vamos; pronto, muy pronto, llegaremos.
Ayúdenos desde lejos y repita esta promesa que se debe propagar de pecho en pecho como una conflagración divina.
Fundaremos la Segunda República.
Santa María de Dota, 23 de marzo de 1948
JOSE FIGUERES FERRER
Comandante en Jefe del Ejército de Liberación Nacional
Análisis del tono y los elementos clave
1️⃣ Interpelación directa al ciudadano
La proclama se abre con una pregunta que se repite como martillo:
“¿Está usted haciendo lo que puede por la victoria de la libertad?”
No es una invitación: es un emplazamiento moral. El lector es puesto frente a su propia conciencia. En la Segunda Proclama, Figueres explica; aquí exige.
2️⃣ Llamado explícito a la acción clandestina
El texto no deja lugar a dudas sobre los medios: atravesar palos y piedras, cortar líneas telegráficas y telefónicas, acorralar jefaturas políticas, desorganizar al gobierno.
Es una convocatoria abierta a la sabotaje y la acción irregular, algo que desaparece por completo en la Segunda Proclama. Esto confirma que la Primera pertenece a una fase insurreccional, no fundacional.
3️⃣ Democratización de la violencia
Uno de los pasajes más fuertes es aquel en que Figueres desmonta el argumento de la falta de armas:
“En la más humilde cocina existe un raspadulce…”
Aquí la violencia se democratiza: cualquier objeto cotidiano puede convertirse en arma, y cualquier persona —hombre o mujer— es llamada a participar. El énfasis no está en la eficacia militar, sino en el compromiso moral.
Este recurso retórico transforma la guerra en deber cívico universal.
4️⃣ Mística del sacrificio y de la promesa
La proclama apela a juramentos previos, a promesas hechas “una y mil veces”. El lenguaje es casi religioso:
“conflagración divina”
“héroe en el corazón de cada hombre y mujer”
Estamos ante una mística de redención nacional, muy distinta del tono racional y programático que aparecerá apenas una semana después.
5️⃣ La Segunda República como promesa, no como programa
La frase final es contundente:
“Fundaremos la Segunda República.”
Pero aquí no se explica qué es, para qué, ni cómo. La Segunda República aparece como símbolo movilizador, no como proyecto definido. En la Segunda Proclama, en cambio, se convierte en categoría política concreta, asociada a bienestar, justicia social y planificación.
Análisis general de la Segunda Proclama
No se trató de un parte militar ni de una arenga circunstancial, sino de un texto programático que deja en claro las pretensiones políticas, sociales y morales del movimiento figuerista cuando la guerra aún estaba en curso.
La proclama cumple una función precisa: defender la legitimidad ideológica del movimiento, responder a las acusaciones de reaccionarismo y definir el sentido último de la lucha. En ese sentido, es uno de los documentos que mejor permiten comprender que la Revolución del 48 no fue concebida como un simple alzamiento armado, sino como un acto fundacional orientado a la construcción de la Segunda República.
Desde sus primeras líneas, Figueres rechaza de manera frontal las etiquetas de “reaccionario”, “burgués” o “retrógrado” aplicadas a su movimiento. No lo hace mediante un debate teórico abstracto, sino estableciendo una distinción moral tajante: esas calificaciones solo pueden provenir de la mala fe o de la incomprensión. A la primera —afirma— se le enfrenta con las armas; a la segunda, con razones.
Esta formulación es reveladora. La violencia no se presenta como virtud ni como objetivo, sino como respuesta excepcional frente a quienes actúan deliberadamente para frustrar la democracia. El énfasis, en cambio, está puesto en la razón, el argumento y la legitimidad ética del proyecto.
La proclama insiste en la composición social del movimiento: trabajadores y estadistas, unidos por lo que Figueres llama “el espíritu del siglo veinte”, definido explícitamente como el siglo del pueblo. No hay aquí una exaltación de élites ni una restauración del orden tradicional. El lenguaje apunta a la modernidad política y a la ampliación de derechos.
Esta afirmación resulta clave para desmontar la idea de que el figuerismo carecía de un contenido social claro. Por el contrario, el documento sostiene que un movimiento “noble, esclarecido y popular” no puede desembocar en un régimen injusto, estableciendo una relación directa entre legitimidad social y justicia política.
El núcleo ético de la proclama aparece cuando Figueres afirma que, una vez terminada la guerra contra la mala fe, comenzará una nueva lucha: la guerra contra la pobreza. Con ello introduce una idea decisiva: la confrontación armada es transitoria, mientras que la verdadera tarea histórica es social.
Esta frase resume el sentido profundo del 48: la violencia no se justifica por sí misma, sino por lo que permite construir después. La revolución no culmina con la victoria militar; empieza con la transformación de las condiciones de vida de la mayoría.
Figueres establece una cadena de legitimidad clara: la victoria del Ejército de Liberación Nacional dará origen a la Segunda República, y la victoria de esta se medirá por “el bienestar del mayor número”. No hay promesa de hegemonía ni de revancha, sino una definición temprana de democracia social.
Especialmente notable es el pasaje dedicado a la economía. La proclama afirma que la humanidad ya dispone de medios de producción suficientes para elevar material y espiritualmente a toda la comunidad, y que la persistencia de la pobreza se debe a la diferencia y al privilegio. Al invocar a los “economistas de la Segunda República” y a la colaboración de los costarricenses de buena intención, el texto expresa una confianza explícita en la planificación, la técnica y la racionalidad económica, anticipando el papel del Estado social que se consolidará después del conflicto.
En su tramo final, la proclama distingue nuevamente entre la mala fe y la incomprensión, e invita a los segundos a abandonar una lucha que, afirma, no va dirigida contra ellos. El cierre es significativo: los soldados de la Segunda República no son presentados como héroes militares, sino como constructores de una patria sin miseria, comprometidos a edificar, no a dominar.
Leída en su contexto, la Segunda Proclama de Santa María de Dota demuestra que el proyecto social del figuerismo no fue una elaboración posterior a la guerra, sino una convicción expresada con claridad en medio del conflicto. El texto desmiente la imagen de una revolución improvisada y confirma que la cuestión social ocupó un lugar central desde el inicio.
Como documento histórico, la proclama permite comprender por qué la Guerra Civil de 1948 derivó en reformas profundas —y no en un régimen militar— y por qué la Segunda República se pensó, desde su origen, como un proyecto de bienestar, justicia social e institucionalidad democrática.
CUARTEL GENERAL DEL EJERCITO DE
LIBERACION NACIONAL
SEGUNDA PROCLAMA DE SANTA MARIA DE DOTA
Nuestro Movimiento Renovador y la Cuestión Social:
En nombre del Ejército de Liberación Nacional, cuya misión es fundar la Segunda República, niego todo derecho a calificar de reaccionario, burgués o retrógrado al movimiento nuestro.
Solo puede juzgársenos así por mala fe o incomprensión. Contra la mala fe, tenemos balas y contra la incomprensión, tenemos razones.
Un movimiento tan noble, tan esclarecido y a la vez tan popular como el nuestro, no podrá jamás implantar un régimen injusto. Aquí están los trabajadores y aquí están los estadistas. A todos los mueve el espíritu del siglo veinte que es el siglo del pueblo.
El día en que terminemos la guerra contra la mala fe, iniciaremos una nueva guerra: la guerra contra la pobreza.
La victoria del ejército será la Segunda República; y la victoria de la Segunda República será el bienestar del mayor número.
El hombre ya tiene medios de producción capaces de colocar en un plano elevado, material y espiritual, a todos los miembros de la comunidad. Los economistas de la Segunda República, en colaboración con todos los costarricenses de buena intención, sabrán aplicar esos medios para que desaparezca el espectáculo de las grandes mayorías empobrecidas, por la diferencia y por el privilegio.
Dejen de combatirnos los incomprensivos. Abandonen esta lucha que, por parte nuestra, va solamente dirigida contra los hombres de mala fe.
Abran todos los costarricenses los brazos a los gloriosos soldados de la Segunda República, que juran sobre la sangre vertida, dedicarse a construir una patria sin miseria.
Santa María de Dota, 1o. de Abril de 1948
JOSE FIGUERES FERRER
Comandante en Jefe del Ejército de Liberación Nacional
Análisis párrafo por párrafo de la segunda proclama
1️⃣ “En nombre del Ejército de Liberación Nacional… niego todo derecho a calificar de reaccionario…”
Aquí Figueres responde directamente a una acusación política muy concreta: que su movimiento era reaccionario o burgués.
No discute el derecho a criticar, sino el derecho a descalificar sin comprender el proyecto.
👉 Es una defensa frontal de la legitimidad ideológica del movimiento.
2️⃣ “Solo puede juzgársenos así por mala fe o incomprensión…”
Este es uno de los pasajes más duros del texto. Figueres establece una distinción moral tajante:
a la mala fe se le responde con armas, a la incomprensión, con razones.
👉 La guerra no se presenta como fin en sí mismo, sino como respuesta a la perversión deliberada del orden democrático.
3️⃣ “Un movimiento tan noble… no podrá jamás implantar un régimen injusto…”
Aquí Figueres introduce una idea clave: la composición social del movimiento: trabajadores, estadistas, pueblo.
No es una élite armada ni una conspiración.
Se define como expresión del “siglo del pueblo”, una fórmula muy potente para anclar el movimiento en la modernidad.
4️⃣ “El día en que terminemos la guerra… iniciaremos una nueva guerra: la guerra contra la pobreza.”
Este es probablemente el núcleo ético de toda la proclama.
La guerra armada es transitoria.
La verdadera guerra —la legítima— es social.
👉 Este pasaje justifica retrospectivamente el 48 como medio, no como objetivo.
5️⃣ “La victoria del ejército será la Segunda República…”
Aquí se establece una cadena de legitimidad:
- victoria militar → Segunda República
- Segunda República → bienestar del mayor número
No se promete poder, ni revancha, ni hegemonía, sino bienestar colectivo.
👉 Es una definición temprana de democracia social, no solo electoral.
6️⃣ “El hombre ya tiene medios de producción capaces de colocar…”
Este párrafo es extraordinariamente moderno.
Figueres afirma que: la pobreza no es natural, sino producto de la diferencia y el privilegio.
Habla de economistas de la Segunda República, lo que revela una confianza explícita en: planificación, técnica, racionalidad económica.
👉 Esto conecta directamente con el CEPN y con el Estado desarrollista posterior.
7️⃣ “Dejen de combatirnos los incomprensivos…”
Aquí hay un llamado a la desescalada moral, no militar.
Figueres distingue nuevamente entre: quienes actúan por mala fe, y quienes simplemente no comprenden.
Es una invitación a reintegrarse al proyecto nacional, no a ser eliminados.
8️⃣ “Abran todos los costarricenses los brazos a los gloriosos soldados…”
El cierre es simbólico y profundamente político.
Los soldados no son celebrados como guerreros, sino como: constructores, juramentados, servidores de una patria sin miseria.
👉 El héroe del 48 no es el combatiente armado, sino el ciudadano del después.
Conclusión interpretativa
La Segunda Proclama de Santa María de Dota demuestra que el figuerismo no improvisó su proyecto social después de la guerra.
Ese proyecto ya estaba formulado en plena confrontación, con una claridad notable.
Es un texto que: desmiente la idea de un Figueres meramente militar, prueba la centralidad de la cuestión social, y sitúa la Revolución del 48 como acto fundacional de un Estado social, no como simple golpe armado.
Como documento, merece estar en el centro del archivo, no en los márgenes.





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