Miguel Ruiz Herrero
1924 – 2016
De héroe del 48 a conspirador contra Figueres
La historia costarricense del siglo XX está llena de personajes que cruzaron las líneas del bando en el que militaron. Pocos casos son tan extremos como el de Miguel Ruiz Herrero (1924–2016), un militar que comenzó su carrera en las filas del Ejército de Liberación Nacional de José Figueres y terminó siendo uno de los conspiradores más activos contra el figuerismo, participando en al menos tres intentos de desestabilización: el Cardonazo (1949), la invasión de 1955 y un atentado contra Daniel Oduber (1967).
Nació el 6 de enero de 1924, hijo de Miguel Ruiz Herrero y Adriana Herrero Díaz Granados. Poco se sabe de su juventud, pero su perfil militar se forjó en la Guerra Civil de 1948, cuando con 24 años combatió en el Ejército de Liberación Nacional que llevó a José Figueres al poder tras derrotar al gobierno de Teodoro Picado y a los calderonistas.
Tras el triunfo, Ruiz ascendió rápidamente en la estructura militar del nuevo régimen. Llegó a ocupar el cargo de jefe del Servicio de Inteligencia Militar y, más tarde, fue nombrado director bancario, un puesto de alta confianza política.
Apenas un año después del triunfo figuerista, estalló el Cardonazo, el cuartelazo del 2 de abril de 1949 liderado por Edgar Cardona Quirós, el propio ministro de Seguridad Pública de la Junta Fundadora de la Segunda República.
Los alzados exigían la nulidad de dos decretos-ley clave del gobierno figuerista: la nacionalización bancaria y el impuesto del 10% al capital. Además, pedían la destitución de los ministros Alberto Martén y el padre Benjamín Núñez, a quienes acusaban falsamente de comunistas.
Entre los conspiradores más activos, las crónicas de la época mencionan al mayor Miguel Ruiz Herrero. Según el libro El Cardonazo de Guillermo Villegas Hoffmeister, Ruiz fue uno de los «traidores» que participó directamente en la toma de cuarteles.
El cuartelazo duró aproximadamente tres días. Hubo 9 muertos y 30 heridos. Ruiz fue capturado y enviado a la antigua Penitenciaría (hoy Museo de los Niños), pero salió libre meses después gracias a una amnistía general.
Ruiz no escarmentó. Para 1955, se había convertido en uno de los comandantes de campo de la invasión calderonista que buscaba derrocar a Figueres. Si bien el grueso de los invasores eran costarricenses leales a Rafael Ángel Calderón Guardia, contaron con el decisivo apoyo militar de dictadores de la región, incluido Somoza.
El plan era ambicioso. La noche del 10 de enero de 1955, Ruiz reunió a unos 60 conspiradores en Santa Clara, en la Zona Norte, donde esperaban que un avión lanzara en paracaídas armamento para 150 hombres: 8 ametralladoras semipesadas, 30 livianas, fusiles, granadas y munición. Pero la operación fue un fracaso: solo cayeron dos paracaídas con 2 ametralladoras pesadas, 2 livianas y 14 fusiles.
Ruiz declaró después: «La desilusión fue general».
A pesar del revés, el 12 de enero de 1955 lideró la toma del Resguardo de Villa Quesada (hoy Ciudad Quesada). Entró primero al edificio con un grupo selecto, tomó por asalto el puesto sin disparar un solo tiro e hizo prisioneros a los guardas.
Pero la victoria fue efímera. Las fuerzas leales al gobierno, al mando de Frank Marshall, contraatacaron y recuperaron la ciudad. Ruiz huyó a las montañas con dos hombres. Fue capturado días después en Cirrí de Naranjo, ya en la Meseta Central.
El 19 de enero de 1955, interrogado en la Dirección General de Detectives, Ruiz hizo revelaciones explosivas sobre la conspiración, los personajes involucrados y el apoyo internacional que recibieron. Sus declaraciones fueron publicadas por el periódico La Nación.
Ruiz no se retiró de la conspiración. Según fuentes históricas siempre se le atribuyó su participación en atentados, como el de 1967 en contra de Daniel Oduber en el Parque Morazán.
Para entonces, Oduber era una de las figuras más prominentes del Partido Liberación Nacional y sería presidente de Costa Rica entre 1974 y 1978. Que Ruiz estuviera vinculado a un atentado contra él confirma que su enemistad con el figuerismo fue vitalicia e irredenta.
Pese a su activa carrera conspirativa, Ruiz no pasó largas temporadas en prisión. Las amnistías políticas de la época le permitieron vivir muchos años en libertad.
Falleció el 24 de julio de 2016, a los 92 años, en Costa Rica.
Miguel Ruiz Herrero representa un caso único en la historia costarricense: el de un hombre que luchó junto a Figueres en 1948 y que, apenas un año después, comenzó una carrera de conspiración que incluyó un cuartelazo, una invasión extranjera y un atentado contra otro líder liberacionista.
Su historia es un recordatorio de que las lealtades en tiempos de revolución son frágiles, y de que los mismos que ayudan a construir un nuevo orden pueden terminar siendo sus enemigos más peligrosos.



