Historia de Costa Rica

Historia de Costa Rica: Capítulo XIII

Carlos Monge Alfaro

CAPITULO DÉCIMO TERCERO

I) Movimientos Sociales y Acción Política

(1924-1970)

1. Movimiento Social en la Comunidad Costarricense

Como lo apuntamos en la Introducción, insertamos en este último capítulo unos apuntamientos relativos a los movimientos sociales y su repercusión en el desarrollo político de Costa Rica, de 1924 a 1970.

El punto de partida es el Reformismo enarbolado por el General Jorge Volio y el de llegada la tarea de la democracia social, obra de los Partidos Reformistas, Republicano Nacional, Social Demócrata, Liberación Nacional y del país como un todo.

Es apenas un bosquejo, una invitación a meditar en los profundos cambios ocurridos en el seno de la comunidad costarricense; en las ideas y posturas de nuestros más destacados dirigentes y de los ciudadanos en general.

El capítulo fue escrito por encargo del Instituto Costarricense de Turismo: por eso, no tiene el necesario engarce con la estructura fundamental del Libro.

Las olas del movimiento social europeo llegaron hasta nuestras playas. La coyuntura histórica que vivía Costa Rica era excelente para quienes deseaban radicales cambios en la vida nacional. Un grupo de jóvenes que había participado con entusiasmo contra los Tinocos pensó que a la revolución armada debía seguir la social. Sus metas apuntaban a producir cambios profundos en las estructuras políticas y sociales, a fijar nuevos rumbos a la historia patria. Para ellos la actitud del Presidente Acosta García no era la mejor porque tendían a poner las cosas en el punto en que habían quedado al ser derrocado el Presidente González Flores. Las ideas estaban en marcha. Encontraron buen marco o cátedra pocos años después en el seno del Congreso de la República.

Las instituciones creadas entre 1914 y 1917 continuaron en vigencia. En 1922 se dio un paso adelante al promulgarse una legislación mediante la cual el Banco Internacional (1914) fue declarado única entidad emisora. El Estado, pues, tomó bajo su tuición y monopolio la función de emitir moneda. Los bancos privados perdieron un privilegio del que disfrutaron desde el siglo pasado.

Con motivo del proceso electoral de 1924, nuevos enfoques y conceptos políticos surgieron. La campaña fue una de las más hermosas, dinámicas y espectaculares de las ocurridas en la historia política de la nación. Los partidos buscaban candidatos capaces de aglutinar vastos sectores ciudadanos. En las tiendas tradicionales aparecieron dos agrupaciones: el Partido Republicano, con don Ricardo Jiménez; y el Agrícola, con don Alberto Echandi Montero. Aparte de éstos, nació el Reformista con ideas sociales muy avanzadas, con un estilo y tono en las ideas y modo de comunicarlas que asustó a los círculos liberales, a los intelectuales que desde la pasada centuria ejercían una especie de cacicazgo cultural. En la nueva entidad partidista militaron jóvenes profesionales y numerosos sectores de obreros y campesinos. Su inspirador fue Jorge Volio Jiménez quien había participado en el levantamiento contra los Tinocos. La pluma y el verbo del reformador social produjeron conmoción en el ambiente, en el pensamiento y en los sentimientos de los ciudadanos, incluso de aquellos que lo combatían.

En 1922 un grupo de ramonenses lo eligió diputado al Congreso de la República. Aprovechó ese estratégico lugar para dar a conocer sus ideas y aspiraciones; empezó una labor crítica de grandes dimensiones; los políticos tradicionales y el funcionamiento de la democracia y sus instituciones fueron los blancos a donde dirigirá sus baterías. Combatió un proyecto de ley de arrendamiento de tierras en el Atlántico. Decía, entre otras cosas, ante los ojos atónitos de los legisladores: “Yo soy la revolución viviente. Yo digo a los obreros: no sigáis a un hombre, sino a las ideas, una bandera”. En la Cámara, Jorge Volio impartió enseñanza a todos los ciudadanos sobre nuevas maneras de hacer política, de aprovechar las libertades y los derechos para sacudir la modorra y la ruina, para poner en marcha una revolución social. Su cruzada parlamentaria remata con la creación de un movimiento ideológico que reclutó a numerosas personas —hombres y mujeres— que seguían al líder a todas partes, que lo escuchaban con respeto y unción. Surgió en torno al ideario una verdadera mística. En derredor suyo se unieron masas de obreros de la capital y provincias, intelectuales inspirados en las doctrinas sociales del momento; ciudadanos honestos que estaban descontentos con el régimen o sistema de vida política. Una frase de Jorge Volio revela los cambios que deseaba ocurrieran en la conciencia y en la sensibilidad de los costarricenses, con el fin de echar las bases de una democracia respetuosa del pensamiento y capaz de mejorar la vida individual y la colectiva, de procurar a todos justicia social y libertad verdaderas:

El Partido Reformista quiere reemplazar los ídolos por los ideales; las querellas personalistas por la fecunda lucha de valores espirituales que amplíe el espíritu de la nación“.

Por primer vez hombres y mujeres participaron en un Partido Ideológico, en que se mudaban el insulto y el ataque a las personas por la doctrina, el análisis de los problemas, la elaboración de proyectos o fórmulas para remediarlos. El proceso electoral para los “reformistas” fue cátedra, cultura política, toma de conciencia sobre las cosas de la República. Los obreros siguieron muy de cerca el permanente mensaje con que Jorge Volio y compañeros los obsequiaban en el periódico y en la tribuna. El mensaje y las ideas de Volio conmovieron el espíritu de la gente; llevaban un contenido tan revolucionario que a los pensamientos enunciados los tuvieron como “cosas de locos”. Los grupos oligárquicos y económicos poderosos se opusieron al Partido Reformista.

Jorge Volio perdió las elecciones; sin embargo, dado lo novedoso de las ideas y el temor que ellas producían, contó con la simpatía y la adhesión de miles de obreros. El Congreso de 1924 contará con la presencia de cinco diputados reformistas, quienes desde esa estratégica posición intervinieron en el nombramiento de Presidente de la República. A falta de mayoría absoluta, tuvo la Cámara, de acuerdo con la Carta Magna, que decidir sobre el asunto de tanta trascendencia.

Los diputados del partido del pueblo votaron por el licenciado Ricardo Jiménez, quien había tenido mayoría relativa.

La pertinaz lucha del Partido Reformista incidió en la política costarricense con importantes inquietudes: era indispensable darle a la democracia política la dimensión social y económica que necesitaba. Surgió como sujeto del quehacer nacional el obrero, el trabajador del campo y de la ciudad. El Partido Reformista, hemos insistido mucho, fue derrotado; pero las ideas, las tendencias, los conceptos y necesidades sociales no se derrotan, se posponen, siguen perneando al conglomerado, moviendo espíritus y voluntades.

Amén de las legislaciones aprobadas por el Congreso en las sesiones ordinarias de 1924 y 1925, aludidas en reflexiones anteriores, conviene hacer hincapié en la idea de implantar el impuesto sobre la renta, objeto de análisis hondo y claro por el Presidente González Flores desde 1914, pero nuevamente encontró escollos insalvables por la actitud de la clase adinerada. Tambien empezó a discutirse la urgencia de purificar el sufragio mediante el voto secreto. Asunto que llamó la atención fue la propuesta de darle el derecho de sufragio a las mujeres, tan costarricenses como los varones.

Por la influencia de las ideas enunciadas y propaladas por el Partido Reformista en el Congreso de 1924-1928, la sociedad costarricense acogerá tendencias socialistas y dará un giro de noventa grados en relación con los principios y estructuras liberales de fines del siglo XIX y comienzos del actual. Empezaba, con resultados no siempre favorables, la cruzada de redención humana anhelada por vastos sectores de la población sobre cuyas espaldas descansaba buena parte de la producción de riqueza.

Si observamos el desarrollo del país de 1914 a 1928, año en que terminó la segunda presidencia de don Ricardo Jiménez, caemos en la cuenta de que la sociedad forjada en el siglo XIX se transformaba en no pocos aspectos. Se tejía en nuestro ambiente liberal un Estado que cada vez se alejaba más del patrón decimonónico. Los trabajadores adquirieron clara conciencia de su significado histórico, del papel que jugaban en la vida política, económica y social del país. No eran meras fichas, ni “clientes”, ni lacayos de los patronos. En efecto, a los tradicionales derechos políticos vienen a agregarse otros, de carácter social, indispensables para mantener la armonía social. En los años 20, de grandes reformas sociales, también se ocuparon los legisladores de racionalizar y humanizar la jornada laboral. Si antes era corriente exigir a un trabajador jornadas de diez y más horas, ahora se aprobó una ordinaria de ocho. Otro aspecto que mereció especial atención y experimentó radicales cambios fue el sistema bancario nacional y la política monetaria. En 1936, siendo Presidente de la República el Licenciado León Cortés Castro (1936-1940), hubo cambios en la organización de los bancos, en el sentido de que el Internacional devino en Banco Nacional de Costa Rica, con departamentos bien definidos, uno de ellos, el emisor, con funciones de Banco Central.

2. La Democracia Social, Décadas 1940-1950

Cambios profundos experimentará Costa Rica durante la década 1940-1950. Si en años anteriores se echaron a andar algunas instituciones con el fin de ajustar la democracia al desarrollo social, ahora el ritmo histórico más acelerado hará impostergable nuevas posturas y medidas que habrán de afectar en sus raíces la existencia nacional. Es posible que la crisis por la ual atravesaba el mundo durante la Segunda Guerra Mundial avanzó bastante en la república costarricense. En el mencionado año, prestó juramento el 8 de mayo como Presidente de la República, el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia. En el mensaje leído ante el Congreso enunció ideas y pro­yectos tendientes a seguir políticas sociales y económicas que trajeron mayor bienestar y felicidad a los trabajadores del campo y de la ciudad. Había en las ideas y en los documentos una clara influencia del socialismo cristiano de la Encíclica de León XIII, conocida con el nombre de Rerum Novarum. Las afirmaciones del mensaje se convirtieron después en proyectos de ley que revelaban el comienzo de un período de constantes y radicales cambios en las estructuras económicas y sociales. En realidad, el Estado en Costa Rica venía manifestando en forma lenta un viraje hacia la izquierda para garantizar la vigencia de una democracia más humana y dinámica; y abandonaba con cautela y hábil estrategia la posición liberal para adquirir una fisonomía y un contenido características de la social democracia. En la década 1940-1950, no pocas ideas, proyectos y metas del Partido Reformista, empezaron a tamizar la vida institucional a conmover la vieja urdimbre y las achacosas estructuras acuñadas en la pasada centuria. En el mensaje del 1o. de mayo de 1940, el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia anunció la idea de reformar la Constitución para ampliarla con un capítulo sobre Garantías Sociales. Dos años después, nuestra Magna Carta se había enriquecido con un texto cuya importancia histórica es semejante a las primeras Constituciones aprobadas en la época de la independencia de España. Aún cuando con la Ley de Accidentes de Trabajo los obreros habían obtenido nuevos derechos, con las Garantías Sociales de 1942 se abrió para los trabajadores todos del país interesante etapa del movimiento obrero costarricense. Aseguraron su personalidad y dignidad como factores decisivos en el proceso de la producción de riqueza y de elementos importantes de la sociedad.

Complemento de la anterior conquista aparece la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social. Los seguros de invalidez, vejez y muerte serán para muchos costarricenses servicios a cargo del Estado, con la triple contribución del Estado, los patronos y trabajadores.

Por esos mismos días se promulgó una de las legislaciones que mayores cambios produjo en las estructuras nacionales y en la economía del país: EL CÓDIGO DE TRABAJO. Se establecieron por parte del Estado, mediante la aludida legislación, las relaciones entre el capital y el trabajo. Los obreros contarán por primera vez, con un conjunto de preceptos que serán respaldo para su seguridad y humano trato. ¡Ya no se podrá jugar con esos artífices de la riqueza nacional como si fueran huérfanos o simples fichas! Laborarán en campos y ciudades rodeados de garantías que les afirmarán como personas y ciudadanos a la vez.

Si los aspectos económico y social ocuparon la atención y decisión del gobierno, no menor fue el interés por llevar adelante ambiciosos programas educativos. Con ese fin se promulgó, el 26 de agosto de 1940, la ley de creación o restauración de la Universidad de Costa Rica, donde la juventud estudiosa encontrará ambiente adecuado para descubrir y desarrollar sus talentos y contribuir en esa forma a impulsar el progreso de las letras, ciencias y artes, así como el desarrollo nacional. La Universidad de Costa Rica se convirtió en poco tiempo en fuerza creadora de primera magnitud en la vida nacional, en factor de promoción del progreso en todos los órdenes: profesionales, científicos y tecnológicos, que enriquecerán los cuadros directores en los campos de la administración y de la producción.

En síntesis, el gobierno en cuatro años empujó el progreso social como pocas veces se había hecho. Hubo errores y marcados descalabros en lo relacionado con las libertades públicas y en otros aspectos de la administración pública. Gobierno de grandes contradicciones, vivió en permanente crisis, en tensiones fuertes, como pocas registra la historia política del país.

Justamente, al calor de esas coyunturas y sobresaltos surgieron movimientos ideológicos en la misma década 1940-1950.

3. Nace el Partido Social Demócrata

De esa aguda crisis espiritual e institucional surgió el Partido Social Demócrata con el declarado propósito de conciliar la libertad con la justicia social. O sea, asegurar la vigencia plena de las libertades públicas con un sistema vigoroso, coherente y dinámico de seguridades económicas y sociales. No podía descuidarse ninguna institución de las que componen la democracia; tan importante era mantener incólume la libertad como rodear a los ciudadanos todos, principalmente a los trabajadores de todas las zonas de actividad, de condiciones económicas y sociales. La libertad, se creía, implicada adecuado funcionamiento de un orden en el que la desigual distribución de la riqueza no atente contra la dignidad humana. De ahí, pues, el lema esgrimido por el Partido Social Demócrata: libertad con justicia social. Al igual que el Reformismo en 1923, declaró la urgencia de Partidos Ideológicos para garantizar la vigencia de instrumentos específicos que mejoraran las prácticas democráticas y crearan cultura y conciencia política en los ciudadanos. El personalismo había dejado dolorosas huellas en la historia nacional, por lo que se creía más en la fuerza de las ideas que en la magia de los hombres providenciales.

Fundado en marzo de 1945 rápidamente cubrió todo el país con grupos de estudio y de acción política. Efectuó vigorosas campañas críticas dirigidas contra los errores del gobierno, como de asentamiento cuando de aciertos se trataba. Alrededor suyo se articuló poco a poco un movimiento en el que se conjugaron las aspiraciones de mejorar la vida y los derechos de los trabajadores del campo y de la ciudad, con el vehemente deseo de purificar o depurar la democracia política. Con escritos en los periódicos, folletos, libros, discursos, lecciones dirigidas a todos los ciudadanos; con jornadas populares, con reuniones de expertos y académicos, el Partido Social Demócrata contribuyó a afirmar la sensibilidad y la cultura política de los ciudadanos. De esa manera, creó el ambiente, la atmósfera, para hacer grandes cambios en las estructuras políticas del país y crear una democracia social respetuosa de los valores y excelencias humanas.

4. Análisis de la realidad nacional

En la prolongada y persistente cruzada del Partido Social Demócrata nació una escuela en donde se forjaron muchas mentes; se descubrieron y desarrollaron numerosas inteligencias, todas conscientes de la realidad histórica que los hechos demandaban y llenos de coraje para conducir a la patria por nuevos derroteros. Esta juventud salida del crisol social demócrata de 1945 a 1950 formó, a la vez, otras que aumentaron la legión de portaestandartes de nuevos tiempos. Una crisis espiritual como la apuntada tenía que desembocar en tremenda lucha que iba desde la acción callejera hasta la armada en campos de batalla. Las diferencias entre las agrupaciones políticas en realidad venían definiéndose y acentuándose desde 1940; giraban al principio en torno a la urgencia de depurar el sistema y los procedimientos electorales. Largo proceso, matizado con modalidades que iban surgiendo conforme la lucha tomaba esta o aquella dirección.

La verdadera libertad de sufragio había experimentado en Costa Rica contrastes desde tiempo atrás. La tendencia a que el Partido Oficial ganara las elecciones a como hubiera lugar mantenía en vilo a muchos ciudadanos. Maduraron tendencias revisionistas y legiones de jóvenes y personas de todas las edades se incorporaron al movimiento. Aquéllas se organizaron en diversas agrupaciones cívicas que decidieron estudiar el origen de los males que aquejaban a la nación. Muchos documentos valiosos fueron redactados: análisis hondos de la realidad nacional y proposiciones concretas para llevar adelante planes de reforma. Aspiraban, quienes se oponían a los gobiernos, a algo más que a rescatar la libertad del sufragio. Pugnaban, en efecto, por crear una mística, una ideología, una nueva voluntad histórica alimentada y plasmada en las ciencias políticas. Renovar y revisar las instituciones, las ideas y las actitudes de los hombres como aspectos fundamentales de una gran cruzada. A los grupos cívicos siguieron los Partidos. A la palestra y a la lid políticas salieron del campo oposicionista cuatro partidos: Unión Nacional, dirigido por el periodista Otilio Ulate; Demócrata, organizado alrededor de la figura del ganadero y hombre de empresa don Fernando Castro Cervantes; Cortesista Independiente, cuyo abanderado era el agricultor losé Figueres; y el Social Demócrata que surgió de la unión del Centro para el Estudio de Problemas Nacionales y un sector intelectual y juvenil del Demócrata, llamado Acción Demócrata. El otro grupo lo constituía el Partido Republicano Nacional que había llevado a la Presidencia al doctor Rafael Ángel Calderón Guardia y, posteriormente, después de las más discutidas elecciones de Costa Rica, al Licenciado Teodoro Picado, cuatrienio 1944-1948, a quien correspondió bregar con una de las etapas más complejas de la historia política y social de nuestra Patria. Un considerable sector del pueblo acompañaba al Partido Oficial, a causa de las leyes sociales, que no deseaban sufriesen menoscabo alguno. El caudillo era el doctor Calderón, quien creó una mística y un fanatismo extraordinarios. El país acusó una división muy grande de la cual surgieron refriegas callejeras entre oposicionistas y “gobiernistas”. La oposición cada día aumentaba sus filas, adquiría vigor y tremenda fuerza y decisión. Podría afirmarse que no había tregua. Los espíritus vivieron meses y años en tensión; el tono de la época era de guerra civil.

5. Consecuencia de las elecciones del 8 de febrero de 1948

La fragmentación de los grupos opositores al Gobierno de Teodoro Picado y la falta de entendimiento entre ellos constituía una falla muy peligrosa. Entonces, surgió la idea de crear un frente único de lucha; para lograrlo acordaron reunirse en Convención Nacional el 13 de febrero de 1947. Esta escogió al periodista Otilio Ulate Blanco candidato a la Presidencia de la República, quien hizo una vibrante y valiente campaña electoral. Las elecciones se efectuaron el 8 de febrero de 1948, con los resultados siguientes: Ulate, 54 931 votos; Calderón Guardia, 44 438.

El Partido Republicano Nacional no estuvo conforme con los datos a causa, según alegaron sus directores, de que hubo alteraciones en el padrón electoral y negligencia en algunos funcionarios. Días de febril agitación vivió el país; los seguidores del señor Ulate estaban convencidos de que el triunfo era legítimo y que nada ni nadie podría arrebatárselo.

El Tribunal Electoral debía hacer, a más tardar el 28 de febrero, la declaratoria de Presidente de la República, según mandaba la ley. En un clima de incertidumbre, violencia y rumores, se hablaba de revolución. Las cosas subieron de punto al pedir el Partido Republicano Nacional nulidad de las elecciones. El Tribunal no encontró buenas las razones y documentos aportados, y procedió a declarar electo provisionalmente Presidente de la República al señor Otilio Ulate Blanco.

El doctor Rafael Ángel Calderón Guardia dirigió su pedimento al Congreso de la República, que fue convocado a sesiones extraordinarias el 1° de marzo. En ambiente cargado de pasiones y temores los diputados discutieron la solicitud, unos a favor y otros en contra. Al final de las deliberaciones el Poder Legislativo declaró, por mayoría de votos, nulas las elecciones. Los oposicionistas no aceptaron la actitud asumida por el Congreso, pues tenían el convencimiento de que habían ganado las elecciones en buena lid. Acudieron a las armas.

6. Lucha armada y civil de 1948

Entre los directores más activos de la oposición nacional destacó, por sus ideas renovadoras, pensamiento social avanzado y decisión de defender el triunfo, José Figueres. Preocupado como pocos por el mejoramiento integral de la democracia había manifestado su disconformidad desde 1942, en que desde una radioemisora denunció, según sus propias palabras, “el mal gobierno”. A las pocas horas fue extrañado del país. Ahora ante los hechos consumados llamó a filas a todos los oposicionistas para que en alguna forma se levantaran contra el régimen constituido. El 12 de marzo se alzó en su finca “La Lucha”. El mismo día el empresario y agricultor Francisco Orlich abrió un segundo frente en el norte del país (San Carlos). Estos dos frentes produjeron entusiasmo en todo Costa Rica, que incidió en el desarrollo del “frente interno” que se extendió de mar a mar y de frontera a frontera. La parte mayor de la lucha armada se efectuó en la zona montañosa del sur, a lo largo de la Carretera Panamericana y en las serranías y en los valles.

Los choques empezaron a menudear; luego hubo batallas en que los “ciudadanos-soldados” de Figueres dirigidos por expertos militares vencieron en varias oportunidades a las fuerzas gobiernistas. Las hazañas y la osadía de la juventud y la mística formada a lo largo de años originaron cuentos increíbles endosados a los héroes. Esto, a su vez, unió más a quienes actuaban en el frente interno. Así las cosas, las metas inmediatas de Figueres fueron tomar San Isidro de Él General y Cartago. La primera de estas poblaciones tenía aeropuerto y la segunda fama de ser un núcleo opositor al gobierno. Planeadas ambas acciones con cuidado e inteligencia se realizaron a la perfección. Otro triunfo fue el asalto y toma de Puerto Limón por un grupo al cual se denominó “Legión de Caribe”.

Conocedor el Presidente Picado de la crítica situación por la cual atravesaban las fuerzas del gobierno en los campos de batalla y en las jornadas cívicas del frente interno; de la paralización de las mayor parte de las actividades, comprendió que estaba a punto de caer. Decidió reunir el Cuerpo Diplomático para que éste tomara bajo su protección la capital, y evitar la batalla de San josé. Al día siguiente, delegados del Cuerpo Diplomático pidieron audiencia a Figueres, que éste concedió. Las conversaciones se llevaron a efecto en Cartago, en el edificio del Colegio San Luis Gonzaga, Cuartel General del Ejército de Liberación Nacional. Figueres entregó a los parlamentarios un documento en el cual pedía rendición incondicional del gobierno y la entrega del poder a tres designados: José Figueres, Alberto Martén y Fernando Valverde Vega. El Presidente Picado rechazó la propuesta. Propuso entonces que entregaría la Presidencia al tercer designado, ingeniero Santos León Herrera.

7. Pacto de la Embajada de México

Para discutir las proposiciones mencionadas, de unos y otros, el Cuerpo Diplomático se reunió en la Embajada de México el 14 de abril de 1948. Aquí surgió el Pacto del mismo nombre. Las cosas no andaban todavía muy seguras para los revolucionarios triunfantes, puesto que el Partido Vanguardia Popular —comunista— tenía a su gente armada y había juga­do papel preponderante en la política oficial desde 1942 y muy especialmente en la lucha armada. El presbítero Benjamín Núñez Vargas, ciudadano vigilante de las libertades y miembro del equipo director del grupo de Figueres, insinuó la posibilidad de que se efectuase una conversación entre Manuel Mora, líder máximo comunista y José Figueres. La cita tuvo lugar en el Alto de Ochomogo, en la noche. Allí Mora planteó los puntos de vista que su agrupación pedía, entre otras cosas, mantener las garantías sociales. Figueres no sólo estuvo anuente sino que manifestó la necesidad de mejorarlas y completarlas. El ejército de Liberación deseaba preparar el ambiente, eliminar resistencias y tensiones; en una palabra, entrar a San José con alegría y optimismo en el futuro.

El 20 de abril de 1948 el Licenciado Teodoro Picado, Presidente de la República, entregó el comando del gobierno al ingeniero Santos León Herrera, tal como se había aceptado en el referido Pacto. El 27 de abril del mismo año entró José Figueres a San José, lo cual constituyó un desfile de la Victoria, que alborozó a miles de corazones.

8. Pacto Ulate – Figueres

Por esos días surgió una crisis dentro de las filas oposicionistas, casi a las puertas de que José Figueres se hiciera cargo de la conducción del país. Hela aquí: un pueblo concurrió a las urnas electorales y había escogido Presidente al señor Otilio Ulate Blanco, quien a su vez, como queda dicho, fue seleccionado en Convención Nacional.

Por otro lado, la revolución armada y civil fue un vigoroso movimiento creado para hacer respetar la opinión de los electores que concurrieron a las elecciones del 8 de febrero de 1948.

Entre los ingredientes del proceso político que venía en marcha desde 1942 había nuevos planteamientos económicos, sociales y educativos, enarbolados por el Partido Social Demócrata e incluso por la proclama del Ejército de Liberación Nacional.

El régimen constitucional estaba roto al desconocer el régimen constituido. ¿Cómo salir del callejón? ¿A dónde se iba a colocar al Presidente Electo en el ordenamiento de la política y del gobierno inmediato? Una alternativa era condonar la elección del señor Ulate, instaurar un gobierno de facto, llamar a Constituyente y luego a nuevas elecciones presidenciales. Otra, aprobar el funcionamiento de un gobierno de facto por un tiempo determinado, convocar a Constituyente; y luego, con marco jurídico constitucional, llamar al Presidente electo para que rigiese los destinos de Costa Rica durante cuatro años período para el cual lo escogió el pueblo. Muchos rumores corrieron en esos días; cada cual agregaba un poquito de salsa a la comida. Las mujeres hicieron un desfile con banderas blancas por las calles de San José en apoyo de los derechos otorgados por el pueblo al señor Ulate. Al fin, se firmó el llamado convenio Ulate-Figueres, por medio del cual al país lo gobernaría una Junta durante 18 meses, a partir del 8 de mayo de 1948 y terminaría el 8 de noviembre de 1949. Además, se convocaría a elecciones para Constituyente y regularizaría así la vida institucional de Costa Rica.

9. Gobierno de Facto de la Junta

El 8 de mayo José Figueres prestó juramento de Presidente de la Junta Fundadora de la Segunda República y con él los Ministros.

La Junta de Gobierno, por decreto-ley N° 2, dejó sin efecto la Constitución de 1871, con excepción de las garantías individuales, sociales y nacionales. Nombró una comisión encargada de redactar un proyecto de Carta Magna. Después de varios meses de arduo trabajo redactaron un valioso documento, remitido para su estudio a la Junta de Gobierno. Esta convocó a elecciones para Constituyente el 3 de setiembre de 1948. El pueblo acudió a las urnas a votar por listas nacionales y escogió a 45 propietarios y 15 suplentes. La instalación se llevó a cabo el 15 de enero de 1949. La Carta fue promulgada el 7 de noviembre del mismo año.

El principal objetivo de la Junta de Gobierno, al hacerse cargo de la superior conducción de la “res pública”, fue restaurar el orden en todas las zonas de actividad; estimular y orientar la producción, agricultura, ganadería e industria, mediante instituciones dinámicas, bien estructuradas; llevar adelante programas inspirados en principios y metas enunciados por diversos medios y grupos de acción cívica desde hacía una década; multiplicar las seguridades a los ciudadanos para que sus votos fuesen sagradamente respetados, ayudar a los trabajadores del campo y de la ciudad a desenvolver una vida digna y solidaria; mejorar las instituciones públicas creadas en pasadas administraciones sobre todo aquellas que buscaban mejorar la condición social y la calidad humana de los ciudadanos; garantizar, por medio de organismos especiales, las inversiones públicas tendientes a fomentar la producción, el mejoramiento de la familia, la educación, etc.; presentar fórmulas para distribuir con justicia y democráticamente el ingreso nacional; restaurar el orden constitucional con una Carta Política moderna que respondiese a la evolución de las ideas, de las ciencias y de los conceptos políticos, al par que a las demandas del pueblo de Costa Rica.

De acuerdo con el ideario del Ejército de Liberación Nacional —hijo del programa del Partido Social Demócrata— y lo proclamado en los momentos en que se obtenía el triunfo militar y cívico, la Junta respetó las instituciones de carácter social fundadas en el período de 1940-1948; garantías sociales, Caja Costarricense de Seguro Social, Código de Trabajo, etc. Ahora bien, punto esencial de la política del Presidente Figueres fue promover la agricultura y la ganadería, actividades primordiales de la producción e indudables fuentes de riqueza. Ello explica el nacimiento, a los pocos meses de hacerse cargo del gobierno, del Consejo Nacional de Producción. Entre los decretos-ley puestos en vigencia por la Junta hay uno que significó una verdadera revolución: nos referimos a la NACIONALIZACIÓN DE LA BANCA, el 21 de junio de 1948. De los considerandos, el 4° lo juzgamos capital. Dice:

4° Que las grandes ganancias de los bancos, garantizadas por el Estado y por el ordenamiento social, no es justo que pertenezcan a los accionistas que representan una parte exigua del capital movilizado, sino que deben convertirse en ahorro nacional, cuya inversión debe ser dirigida por el Estado.

El Decreto dice en su artículo 1°:

Nacionalízase la banca particular. Sólo el Estado podrá movilizar, a través de sus instituciones bancarias propias, los depósitos del público“.

Nuestro país dio un extraordinario paso en el desenvolvimiento de un régimen social demócrata y en la afirmación de una línea político-económica de carácter socialista.

En estos meses la Junta de Gobierno gozaba de popularidad. Muchos ciudadanos cansados de una república pletórica de fallas, sin haber experimentado cambios radicales; y otros, que habían luchado incansablemente por lograr nuevas orientaciones para la historia nacional, vieron en el decreto-ley aludido algo bueno para el país.

La obra de la Junta de Gobierno la juzgamos excelente: en 18 meses hubo de atender el desarrollo nacional en circunstancias en que el país se encontraba deteriorado en muchas líneas, consecuencia de una lucha larga y apasionada. Así, de crisis en crisis, de sobresalto en sobresalto, logró traer equilibrio principalmente entre las fuerzas productivas y en el desenvolvimiento de la cultura y la educación. Se trataba de poner en marcha un país que sin preterir lo valioso del pasado echara los cimientos de una república y una democracia más humana, que garantizara la excelencia y la dignidad del hombre. Nuestro país, a esa altura del desarrollo histórico de América Latina, apareció como progresista, apto para hacer experiencias político-sociales de tipo socialista, sin desmerecer ni atentar contra la libertad. Antes bien, el objeto era armonizar los valores fundamentales en que se asienta la vida humana: la libertad y la justicia social. Si por un lado se nacionalizaba la banca, por otro se hacían esfuerzos por mejorar el régimen del sufragio.

10. Otilio Ulate, Presidente de la República; 1949-1951

Aprobada la Constitución Política en noviembre de 1949, la Junta de Gobierno entregó las riendas del Estado al Presidente Electo, señor Otilio Ulate Blanco. El estilo y forma de gobierno cambiaron al pasar las funciones de un equipo a otro de personas. Naturalmente que después de 18 meses de ocurridos los hechos dolorosos y heroicos de marzo-abril de 1948, parte de las aguas volvieron a su nivel. La Junta entregó un país listo para desenvolverse dentro de un marco jurídico nuevo y bien ordenado.

El gobierno del señor Ulate promovió la armonía de la familia costarricense, pero continuó con el desarrollo de las instituciones creadas por la Junta; elaboró proyectos de ley para transformar las estructuras legales de acuerdo con lo estatuido en la Constitución de 1949; estimuló la agricultura y la ganadería; se echó a andar el Banco Central y una nueva ley de bancos, así como el Consejo Superior de Educación.

Al finalizar el gobierno de don Otilio Ulate, las diferentes agrupaciones políticas empezaron a afilar sus armas, a aceitar sus instrumentos con el fin de participar en la justa electoral. Aparecen en escena, el Partido Liberación Nacional, fundado el 12 de octubre de 1951; el Demócrata, compuesto de “antiliberacionistas”.

En la primera de las citadas agrupaciones políticas se refundió el Social Demócrata, cumplida ya su misión histórica. Sus principios, ideales, metas, continuaron como aspectos sustantivos de Liberación. Figueres obtuvo en las elecciones efectuadas en febrero de 1953, 123.444 votos; el candidato del Partido Demócrata, señor Fernando Castro Cervantes alcanzó a 67.324 votos.

11. José Figueres Presidente Constitucional. 8 de noviembre 1953-8 de mayo 1958

El nuevo período de don José Figueres empezó el 8 de noviembre fecha en que expiraban los cuatro años de la administración Ulate —y terminó el 8 de mayo de 1958; o sea abarcó cuatro años y medio. El Presidente Figueres continuó con la creación de instituciones autónomas, llevó adelante programas de fomento de la producción y de estímulo a la educación pública. La Asamblea Legislativa aprobó la Ley Fundamental de Educación, redactada, después de largos meses de estudio, por el Consejo Superior de Educación.

Un año antes de terminar el gobierno empezaron a moverse las aguas de la política. En la Asamblea Legislativa surgió el principal opositor a Figueres, el Licenciado Mario Echandi Jiménez. En el seno del Partido Liberación Nacional hubo escisión: un grupo de apreciables ciudadanos miembros de esa entidad política encabezada por el Licenciado Jorge Rossi formaron una agrupación aparte bajo el nombre de Partido Independiente. Los resultados de la justa electoral fueron los siguientes: Mario Echandi Jiménez, candidato del Unión Nacional, 102.851 votos; Francisco J. Orlich, del Liberación Nacional, 94.778 votos; y Jorge Rossi Chavarría, del Independiente, 23.910 votos.

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