Figueres: El hombre que abolío el ejército

Acerca de la conmemoración de la abolición de la abolición del ejército de Costa Rica

Luis Fernando Barboza Blanco*

Este año cumplimos otro aniversario de abolición del ejército en nuestro país, con ello, nos hemos librado de los totalitarismos ideológicos, de derecha o de izquierda, donde la represión es la primera acción de esos grupos y con ello, sufrir la pérdida de valores humanos, religiosos y de libertad.

Muchos regímenes políticos han exaltado ídolos humanos e ideologías que enferman las mentes de nuestros (as) jóvenes, donde el centro es ese presunto líder, y todo gira sobre él, donde la toma de decisiones son específicas y de acato obligatorio, sin consulta popular, “su palabra y basta”.

Es responsabilidad de la ciudadanía velar por que las actures y venideres generaciones no experimenten esos regímenes, que fomentan la acumulación del poder económico en un grupito muy pequeño o en un solo dictador.

Les comparto, un pequeño extracto del artículo titulado: Abolición del ejército en Costa Rica (2004):

José Figueres Ferrer tuvo la fortaleza y presencia de ánimo suficientes para, con decisión y valentía, tomar la esencial medida de prescindir del ejército como institución permanente.

La experiencia en Latinoamérica había demostrado que una milicia no sólo era onerosa en lo económico, sino nefasta en lo social y político, pese a eso no fue nada fácil para don Pepe materializar el sueño de que Costa Rica se desarrollara fuera de los límites que impone la manutención de un cuerpo bélico.

En cierta ocasión en que conversamos con el caudillo en la finca La Lucha sin Fin, en compañía de don Guido Sáenz, nos contó que convencer a más de uno las bondades de eliminar la fuerza militar, fue ingente tarea.

El singular hecho adquiere mayor dimensión porque la idea la sugirió recién pasada la revolución y se trataba de descartar nada menos que a la facción triunfadora, la cual se había convertido en Ejército Nacional.

Gracias a Dios privó el criterio de don Pepe y un glorioso 1° de diciembre de 1948, la Junta Fundadora de la Segunda República abolió el Ejército Nacional.

De entonces en adelante todo ha sido como lo imaginó don Pepe. Los dineros que antes se empleaban en pagar el salario a oficiales y rasos sirven ahora para remunerar mejor a más maestros y profesores que en lugar de esgrimir armas blanden tiza, lápices, cuadernos y libros. Se han multiplicado los hospitales y clínicas y los cuarteles han cedido su espacio a museos y casas de la cultura.

Las fechas patrias se conmemoran con vistosos desfiles en que los protagonistas son estudiantes y no soldados. El pueblo puede manifestar su opinión con la seguridad de que efectivos militares no lo callarán a punta de bayoneta. Cada cuatro años podemos acudir a las urnas electorales a elegir a nuestros gobernantes sin temor de que las elecciones sean distorsionadas porque el ejército quiera sentar sus reales en el resultado. No perturban nuestro paisaje tanques, buques o aviones de guerra, tampoco cañones o ametralladoras de sitio.

Nuestro niños juegan en plazas, parques y calles sin que los maltraten a ellos o a sus familiares, militares cuya pasión es la guerra y la única sensibilidad que poseen es el afecto que sienten por su arma.

Desde luego que tenemos problemas como todo país, pero ninguno que haya sido provocado o incrementado, por un ejército que se inmiscuya en asuntos que no son de su competencia. Todo esto gracias a que un patriota visionario y humanista insigne, pensó, propuso y plasmó una idea cuyos efectos positivos para este pequeño país son formidables y nos convirtió en ejemplo para otras naciones del mundo.”

Finalmente, cuenta la historia, que don José Figueres (don Pepe), quiso fortalecer en primera instancia el ejército nacional y sus asesores, le recomendaron la abolición y gracias a Dios, don “Pepe”, siguió la recomendación de sus asesores, en buena hora de la decisión, !vivan siempre el trabajo, la paz y la libertad por todas nuestras generaciones!

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Máster

Fuente citada: Biblioteca Nacional (2004). Abolición del ejército en Costa Rica. Departamento de Investigación y Bibliografía, de la Biblioteca Nacional: Miguel Obregón Lizano.

Comenario publicado originalmente en la revista Historia y sociedad de la UNED.

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