Con motivo de mis ochenta años

Con motivo de mis ochenta años

Telégrafo

Roberto Castro Chaves

En razón de mi cumpleaños, el amigo Peñita me indujo a escribir un recuerdo que, a través de mi vida, ha sido la guía para defender y fortalecer al Partido Liberación Nacional y sus logros, que aún continúan sin concluir, pero que lo enrumbaremos más y mejor.

El 30 de marzo de 1948 cumpliendo mis siete años, estaba en el patio de mi casa en San Isidro de San Ramón, para los que han pasado por el lugar en la esquina que forman la calle que se enrumba a Palmitos de Naranjo y la que se dirige a Buenos Aires de Palmares. La tarde y juego de bolinchas con mi padre, Enrique Castro Montero, fue interrumpido por el ruido de motores de jeep, que se aproximaban a nuestra casa desde San Ramón. El momento fue interrumpido por el grito de papá que exclamó “mariachis” y se puso alerta. Seguidamente aparece un Jefe Militar y sus soldados, fuertemente armados, mi padre huye no sin antes ordenarnos métanse a la casa; y el “gorila militar” haciendo uso de un arma calibre grueso, le disparó a mi padre que no cesó de correr hasta alcanzar un cerco de piñuela, que separaba la calle con un hermoso cafetal donde desapareció a la asustadiza mirada de mi madre y la mía, y lógicamente a la de “Monchita” que así apodaban al militar. (Ramón Aguilar).

La razón era simple, mi padre formaba parte de los grupos externos; dos regionales que recuerde: “Los Castro” en San Isidro y “los Corrales” en Palmitos de Naranjo: Estos se encargaban de practicar sabotajes contra puntos estratégicos para debilitar la acción gubernamental. Talvez los que cuentan con más “juventud acumulada” recordarán que el puente sobre el Río Grande ubicado entre Naranjo y Sarchí, fue dinamitado y aunque no se derribó totalmente, fue dañado considerablemente lo que no permitía el paso de vehículos pesados, esa fue obra de los Corrales. La persecución a mi padre fue realizada dado que él sus hermanos, por instrucción de don Chico que estaba acampado en La Paz, se encargaron de cortar la línea telegráfica, medio oficial de comunicación, 200 metros antes y 200 después del puente del Río Grande ubicado entre San Isidro y San Ramón centro. Ese corte, así como la eliminación de los aisladores y postes telegráficos, tanto como la telaraña que los Castro realizaron del alambre entre los los árboles que estaban en las orillas del río, ocasionaron la eliminación de comunicaciones oficiales entre el Valle, San Ramón y por ende con Puntarenas y Guanacaste, pues la red central del medio fue la que mi familia interrumpió.

Recuerdo inolvidable para un niño de siete años, pero acicate para continuar con la lucha iniciada por don Pepe, don Chico y tantos patriotas democráticos, que nos guiaron hasta el punto político donde nos encontramos; continuaremos indefinidamente la lucha, hasta que propios y extraños entiendan que la Segunda República no es un producto de un obsequio casual, es el producto de un conflicto que costó muchas vidas y pérdidas materiales de ambos bandos, nuestros hermanos, pero que si no concientizamos y comparamos los momentos históricos, no podemos enderezar por los medios democráticos la situación actual, corremos el riesgo de perder nuestros avances sociales y políticos.

Saludo Cordial para los compañeros que se dignen observar una pincelada, de los complejos acontecimientos históricos de 1948.

Abrazos

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