Discurso Uladislao Gámez en el acto de Abolición del Ejército

Abolición del ejército

Señor Uladislao Gámez Solano
Ministro de Educación Pública
Acto de la Abolición del Ejército
1º de diciembre de 1948
Cuartel Bellavista

El hecho es simbólico y el símbolo es supremo. La misma aurora que encendió la luz aquel 12 de marzo, también prendió en fulgores a este nuevo día. El sol radiante de hoy trae en sus rayos la misma vibración el mismo mensaje de libertad. Aquella voz que proclamó el grito de libertad en las montañas del sur, grito que recogieron las cimas y colinas de todos nuestros campos, que encendió de civismo el corazón de todos los hombres de la república, esa misma voz nos da hoy el mensaje de civismo y amor. Aquel brazo nervudo que levantó en alto la espalda de justicia llenándola de fulgores como símbolo profético de una nueva Nación, de nuevo empuña hoy esa misma espada para que sus destellos iluminen el sendero de nuestra juventud. Aquellos hombres que lucharon por una Patria libre, entregan hoy este cuartel para que sea depósito sagrado de toda nuestra historia.

Aquí los pueblos, los hombres, podrán venir a vivir toda la vida de la nación. Los días ya pasados; las horas del presente y las ansias de un futuro soñador. Campo por especial ha de ocupar en el Museo este hecho que presenciamos; las fuerzas de las armas entregando su cuartel para que la fuerza de la cultura entre triunfante en él.

Estas espadas son sagradas porque tomaron sus filos en la fuerza de una idealidad que con este hecho se está cumpliendo.

El señor Ministro de la Guerra y de Seguridad Pública proclama la supresión del Ejército para dar más fuerza al presupuesto de educación. Bendita la hora en que tales palabras se pronunciaran.

Benditos los labios y el pensamiento que las forjaron.

Jóvenes: hacernos dignos de gesto tan noble, de principios tan sagrados es nuestra obligación. Reciban ustedes con el corazón lleno de entusiasmo el campo que los ejércitos les entregan. Que aquellos hombres que nos dieron libertad estén seguros de la fuerza que damos a nuestro espíritu cultivándolo, también sabemos darla a nuestros brazos, y a nuestro entusiasmo para ponernos hombro a hombro a su lado cuando el llamado de la Patria, nos lo pida. Al suprimir su Ejército la Junta de Gobierno, le está indicando al país que descansa totalmente sobre la confianza popular. Debemos hacernos dignos de tal confianza y estar listos a defender los principios fundamentales de la República.

La luz que irradiaron esas espadas el 12 de marzo fue luz de sabiduría y levantadas en alto como antorchas fulgurantes de civismo, nos hacen oír hoy el más bello canto de libertad y el eterno mensaje de decoro que entonces proclamaron.

FUENTE: Disuelto el Ejército Nacional. En “La Prensa Libre”, miércoles 1º de diciembre de 1948, pp. 1, 3, 6.


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