El verdadero legado de don Pepe

Óscar Andrés López Arias

Óscar Andrés López

En esta fecha tan importante para el pueblo de Costa Rica, independientemente del partido político del que se provenga, quiero traer a la presencia de todos y todas ustedes algunas frases de don Pepe, muy importantes para nuestra época.

“No habrá manera de desarrollarnos y salir de la pobreza mientras los pocos negocios grandes de nuestro medio se entregan a las economías foráneas, y nosotros nos quedamos con solo negocios de pobres, mientras en vez de ser propietarios de nuestro propio país nos convirtamos en un ejército de empleados del exterior”- dijo don Pepe.

Además, manifestó: “Para aclarar las cosas hablemos primero de lo que queremos como latinoamericanos; antes que todo nosotros no queremos un nuevo oleaje de colonialismo, como el que ha significado a menudo la propiedad extranjera en nuestros países; no deseamos ser productores de materias primas a jornales bajos; no pueden comprender que si no nos pagan el cacao y el café, no les vamos a poder comprar ni bicicletas.”

Esa injusticia contra nuestros pueblos a la cual don Pepe se refería en esa ocasión, y esa actitud suicida contra nuestro propio crecimiento, se siguen practicando hoy, bajo el nombre de uno de los lemas empedernidos: comercio libre y, cada vez que tratamos de estabilizar nuestros precios a un nivel que permita vivir y progresar, se nos tilda de socializantes, de rosados o de lo que esté de moda.

En segundo lugar, no nos interesan las inversiones privadas extranjeras en empresas de servicio público, como lo decía don Pepe. Diga lo que diga la propaganda de las compañías eléctricas monopolísticas, nosotros estimulamos en muchos otros aspectos la tendencia hacia la integración super-racional; no somos localistas; pero nos negamos a entregar a compañías privadas extranjeras el control de nuestros servicios públicos, que constituyen un sector importante de nuestra soberanía económica, y no deben ser objeto de lucro, sino de bien común, como lo dijo acertadamente don Pepe.

Como una tercera objeción a ese “libre comercio” es lo que decía don Pepe: “Nos resiente la pretensión de algunas especulaciones que aseguran tener por motivo en sus inversiones extranjeras el mejoramiento económico de nuestros países; desconfiamos de las gentes que dicen estar dispuestas a correr riesgos, lo que quieren son negocios gordos; creemos que la manera más sana de reforzar desde afuera la economía de América Latina consiste en pagar un precio justo por sus productos”.

Las frases que acabo de compartirles, compañeras y compañeros diputados, no salieron de una improvisación sobre estos temas; salieron de un hombre visionario, calificativo con el que dio inicio esta sesión, al mencionarle al presidente de la Asamblea, don Francisco Antonio Pacheco, a un visionario, a quien yo, humildemente, incluso califico como un profeta, una persona sin lugar a dudas con un visión más allá de su tiempo.

¿Qué sucede ahora? Que ahora todo mundo se explaya en discursos hermosos y hace semblanzas preciosas de don Pepe, y don Pepe para arriba y don Pepe para abajo, y, no hallan dónde poner a don Pepe. ¿Saben dónde está don Pepe? Para muchos, está en el oscurantismo y en el baúl de los recuerdos. Si cualquier diputado o diputada habla bellezas de don Pepe, pero va a actuar en forma contraria al pensamiento de don Pepe, me van a perdonar, compañeras y compañeros diputados, pero eso es pura paja.

Sería muy bueno que nosotros hiciéramos lo que don Pepe querría que hiciéramos. Si hoy don Pepe estuviera ocupando una curul en esta Asamblea Legislativa, por esas palabras que yo acabo de citar sé que por supuesto él no aprobaría el Tratado de Libre Comercio, un negocio vulgar, vil y descarado de las trasnacionales que quieren quebrar nuestra economía. Don Pepe defendería esta Patria y, si tuviera que volver a las armas, sin duda volvería a armarse, porque para don Pepe es una lucha sin fin esta bandera, que es la de Costa Rica. Esto es una lucha sin fin para don Pepe. Sin embargo, aquí se encuentra gente que dice ser heredera de la ideología de don Pepe, y yo me pregunto dónde están los herederos de don Pepe, de su ideología. ¿Estarán aprobando tratados de libre comercio como el que nos ocupa en esta Asamblea Legislativa?

Queremos honrar en verdad la memoria de don Pepe. Por supuesto que si don Pepe estuviera en vida le dirían loco, lo tratarían de desfasado y le dirían viejito arcaico o incluso anarquista. Así le diríamos más de una de las personas presentes en esta Asamblea Legislativa. Yo se lo aseguro.

También aseguro que más de una persona no sería diputado ni diputada en esta Asamblea Legislativa, porque don Pepe sabía amar a la Patria; sabía entregarse por ella, armarse por ella y luego desarmar un ejército: eso es lo que haría don Pepe. Hablar de don Pepe, de su historia, sus costumbres, sus tractores, sus violines, es algo que todo mundo puede hacer y ¡qué lindo suena!

Aquí hay gente muy experta; parece que se leyeron muy bien la historia de don Pepe; pero don Pepe era más que una historia, don Pepe es una filosofía de vida. Don Pepe sentó las bases de una nueva democracia, de un nuevo estilo de país; no es un desfasado, no es un hombre que está en el pasado; su herencia y su legado perdura en este país, pero estamos a punto de perderlo, de pisotearlo, de manchar la honra de don Pepe, su honor y su memoria, con la aprobación de un tratado de libre comercio, que nos va a convertir en un ejército de empleados de las trasnacionales, como lo profetizó don Pepe en 1952, con esa frase que les repartí hace un rato.

Nosotros deberíamos hablar menos de don Pepe y actuar más como lo haría don Pepe. Yo también pude haber sacado de Internet muchas cosas de don Pepe y bajar la biografía de don Pepe, y decir que don Pepe vivió en San Ramón. Pero No. Esto es una lucha sin fin, existe una bandera que nosotros tenemos que defender, la misma que defendería don Pepe, si estuviera aquí presente.

Yo hago un llamado a los herederos de don Pepe, a quienes dicen ser socialdemócratas o social lo que sea, pero se declaran herederos de la ideología de don Pepe. Les pregunto dónde están. Aprobando tratados de libre comercio, como el que tanto nos avergüenza. ¿Así decimos ser seguidores de don Pepe? ¿Cómo calificaría usted a don Pepe, si él estuviera acá en esta tarde? ¿Lo calificaría de viejito loco o de viejito aturdido por los años? Seamos más consecuentes con ese legado de don Pepe. Todo mundo habla del legado de don Pepe. ¿Dónde están… dónde estamos los seguidores del legado de don Pepe? Llevándoles la contraria a sus ideas, pese a lo mucho que este señor se forzó por construir una patria solidaria, libre e independiente, donde nosotros fuéramos una comunidad grande y organizada, autosuficiente, que nacionalizara los bancos, creara el Consejo Nacional de Producción, defendiera a Costa Rica y después entregara el poder.

No. Yo quiero que usted, que me escucha -y no estoy generalizando sobre nadie- no diga ser seguidor de don Pepe, demuéstrelo con sus hechos; la prueba de fuego la tenemos en la aprobación de un tratado de libre comercio, avergonzantemente mal negociado por politicastros, que luego se metieron a empresarios, como Anabelle González, Alberto Trejos y el actual señor Marco Vinicio Ruiz; politicastros, metidos a empresarios y empresarios metidos a politicastros.

Esos también deben estarse desgarrando las vestiduras por don Pepe, por lo menos en teoría, porque en la práctica no les interesa. No les interesa el Estado social de don Pepe; no les interesa la Patria que don Pepe nos heredó. Lo único que les interesa es convertir la cosa pública en un negocio, beneficiarse del erario, hacer negocios con el Estado.

¿Eso haría don Pepe? don Pepe, si estuviera aquí, estaría repartiendo guayabo, y ustedes saben a lo que me refiero, porque esa era otra de sus frases. Probablemente, aquí en esta Asamblea, nos estaría dando guayabo a todos nosotros, a los cincuenta y siete diputados, para que aprendiéramos a amar más esta Patria, porque con el cuento del neoliberalismo y la globalización, lo que estamos haciendo es pisoteando la imagen, la memoria y la historia de don Pepe.

¡Qué flaca memoria! En 1948, don Pepe defendió esta Patria y, por cosas menores que las que están pasando ahora en Costa Rica, hubo una guerra civil liderada por don Pepe. Les aseguro que estaríamos a las puertas de una segunda guerra civil al estilo de don Pepe, si él estuviera presente, porque, por cosas inferiores a estas, don Pepe se socó la faja, se amarró los pantalones y dijo: “Esto es por Costa Rica”.

Sin embargo ustedes, compañeras y compañeros diputados, tienen la oportunidad histórica de honrar la memoria de don Pepe para siempre, defendiendo la Patria de un tratado de libre comercio que va a perjudicar más a los pobres, a ampliar más la brecha entre pobres y ricos, a hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Un tratado no al estilo de don Pepe, porque don Pepe lo habría revisado con lupa y se habría dado cuenta de que no le conviene a este país.

Así que, si usted se dice socialdemócrata, socialcristiano o social lo que sea, actúe más como lo haría don Pepe y hable menos de don Pepe. De todas maneras, a don Pepe, sus actos y sus hechos, lo defienden y hablan bien de él por sí mismos. En cambio, ahora nos toca a nosotros ahora, como herederos de la política nacional y políticos de este tiempo, seguir las huellas trazadas por don Pepe y hacerlo sin ninguna vergüenza, puesto que es un honor seguirlas.

Don Pepe, nos honra seguir sus pasos y seguir sus huellas. Si aquí hay diputadas o diputados que quieren entregarles la Patria a las empresas trasnacionales, también aquí, existe por lo menos un diputado, que empuña un bastón y dice que esto es una lucha sin fin, la lucha sin fin que emprendió don Pepe.

Yo no sé cuántos de ustedes van a unirse a este clamor por la memoria histórica del principal costarricense del siglo XX. Don José Figueres Ferrer, en este momento, les estaría diciendo a los diputados: “Por favor, no aprueben un tratado como ese. No vaya usted contra su madre, su Patria.” Sin embargo, ahora hablamos bellezas de don Pepe, sin preguntarnos si estaríamos verdaderamente dispuestos a actuar como él haría o si simplemente vamos a evocar la historia y a calificarlo como un atraso, porque él era contrario a todas esas olas galopantes, olas privatizadoras y neoliberales. Seamos personas valientes; hablemos más con nuestros hechos y menos con nuestras palabras.

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Conmemoración del centenario del nacimiento de don José Figueres Ferrer

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