La amistad entre don Pepe y don Chico

Don Pepe y don Chico

La amistad entre don Pepe y don Chico

Carlos Revilla Maroto

Más allá de los protocolos, las batallas militares y los pactos de poder, la relación entre José Figueres Ferrer y Francisco J. Orlich Bolmarcich —los recordados don Pepe y don Chico—, tuvo un cimiento puramente humano, en una amistad que resistió el fuego de la guerra, el frío de las derrotas y el choque de dos temperamentos opuestos. No eran solo aliados, eran, en la extensión más noble de la palabra, hermanos.

El crisol de San Ramón y el Seminario

La historia comienza en la década de 1920, bajo el cielo de San Ramón, la ciudad que ambos llamaron cuna. Fue en ese ambiente provinciano donde coincidieron don Pepe (nacido el 25 de septiembre de 1906) y don Chico (nacido el 10 de marzo de 1907). Desde niños, en la escuela, se hicieron grandes amigos. Sin embargo, su vínculo académico no se quedó en las escuelas ramonenses. Ambos viajaron a la capital para ser compañeros de estudio en el Colegio Seminario de San José, donde la disciplina y la formación de la época terminaron de sellar una complicidad que venía desde la infancia.

Ambos eran hijos pródigos de la misma tierra; el padre de Figueres, el Dr. Mariano Figueres, era un emigrante catalán y reconocido médico, mientras que Orlich, también hijo de emigrantes, forjaba su camino como un joven emprendedor con la firma FJ Orlich & Hnos Ltda.

Per compartían mucho más que el código postal; ambos vibraban con la agricultura y los negocios. De hecho, su vínculo fue tan estrecho que la mítica finca «La Lucha Sin Fin» fue originalmente una compra en sociedad entre ambos. Años después, Figueres le compraría su participación a Orlich, pero el proyecto nació de ese capital y esa confianza compartidos.

Don Pepe y don Chico

Compañeros en el Colegio Seminario.

Autodidactas en el Norte

Un hito fundamental, después del colegio, fue su travesía a Estados Unidos. No fueron solo a pasear; fueron a trabajar duro y a devorar conocimiento. Lejos del terruño, se amarraron como compatriotas. Mientras don Chico se empapaba de la visión empresarial, don Pepe se convertía en el intelectual autodidacta legendario. Su verdadera universidad fue la Biblioteca Pública de Boston, donde pasó horas de estudio riguroso, formándose para la transformación que vendría a proponerle a Costa Rica.

Lealtad en la pólvora y el asfalto

De regreso, la amistad se templó en la adversidad. La convicción de que el país necesitaba un cambio profundo los llevó al campo de batalla en 1948. Mientras don Pepe dirigía la Revolución desde el frente sur, don Chico arriesgó su patrimonio y su vida abriendo el frente norte. No buscaban garantías, buscaban libertad. Quienes los conocieron aseguran que la lealtad de Orlich era absoluta, seguía a Figueres incluso cuando las decisiones del caudillo parecían temerarias.

Don Pepe y don Chico

El cotidiano de la confianza

La relación se vivía en los detalles. El Partido Liberación Nacional nació precisamente en la finca de los Orlich en La Paz de San Ramón. Las anécdotas cuentan que don Pepe llegaba a la casa de don Chico a cualquier hora, sin previo aviso, y siempre encontraba la puerta abierta. Cuando Figueres fue presidente en 1953, don Chico fue su ministro de Obras Públicas, pero más que un subalterno, era su escudero y el único capaz de decirle las verdades incómodas.

Don Pepe y don Chico

La revancha de 1962: El triunfo sobre los colosos

En 1958, la derrota electoral ante Mario Echandi, provocada por la división interna con Jorge Rossi, fue un trago amargo. Pero don Pepe no dejó solo a su hermano. Lo sostuvo desde la presidencia del partido y lo impulsó para la revancha.

En 1962, la victoria de don Chico fue un hito histórico: logró vencer en las urnas nada menos que a Rafael Ángel Calderón Guardia (ya de regreso en el país) y a Otilio Ulate Blanco. Fue la validación democrática definitiva del proyecto que ambos habían soñado décadas atrás en Boston y San Ramón.

Don Pepe y don Chico

Un final de beneméritos

Don Chico se marchó temprano, el 29 de octubre de 1969. Don Pepe, que lo sobreviviría veinte años más, siempre habló de él con un respeto que rayaba en la devoción. En sus memorias, lo llamaba sencillamente «mi gran amigo», reconociendo con humildad que, sin el brazo firme de Orlich, la Revolución del 48 habría sido un sueño imposible.

Nacieron con escasos cinco meses de diferencia en el mismo San Ramón, sirvieron al país como máximos jerarcas y hoy descansan bajo el mismo título de Beneméritos de la Patria. Una distancia de apenas trece años en sus declaratorias (Orlich en 1977 y Figueres en 1990) confirma lo que la historia ya sabía, que sus nombres están destinados a aparecer siempre juntos en el libro de oro de Costa Rica.

Chico y Pepe

En este par de acrílicos sobre lienzo, ambos ex presidentes fueron representados de manera caricaturesca y muy sintética. Mediante líneas y pequeñas superficies planas monocromas con pigmento negro sobre lienzo, el artista plasmó los rasgos distintivos de los fenotipos de los personajes, lo que permite reconocerles como tales.

El rostro de don Chico fue realizado mediante una composición cerrada, por el contrario, el rostro de don Pepe fue plasmado mediante una composición abierta. En ambos casos se muestran elementos esenciales que les caracterizan, así como se perciben con gesto amigable, quizá hasta simpático.

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Un pensamiento sobre “La amistad entre don Pepe y don Chico

  1. Francisco Flores

    Apreciado Carlos. Esa semblanza es un breve intento biografíco que merece más desarrollo. Creo sinceramente que hay que hacer un intenso trabajo de archivo y biblioteca para poder caracterízar esa amistad. Don Pepe fue empresario y luego político y don Chico político y siempre empresario. Pero sus origen dista de estar cerca, uno vino de raíces eslavas y el otro catalán. La próximidad de vecindad y nacimiento es un dato muy curioso y como no lo fue su comunidad de aprendizaje que los llevo a estudiar inglés por correspondencia y madurar su aventura en los Estados Unidos. Si efectivamente buscamos, encontraremos los elementos que fraguaron ese vínculo político y empresarial entre ambos. Saludos cordiales. Chico

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