Santa María de Dota y la memoria del 48

Santa María de Dota y la memoria del 48

Santa María de Dota y la memoria del 48

En el parque de Santa María de Dota hay una placa que no busca glorificar la guerra ni fijar una versión triunfal de la historia. Su lenguaje es contenido, casi solemne, y está atravesado por una idea poco frecuente en los monumentos conmemorativos: la memoria compartida, sin vencedores ni vencidos. Leerla hoy, a más de siete décadas de la Guerra Civil de 1948, sigue produciendo un impacto emocional profundo.

La placa fue colocada en 1997, al cumplirse cincuenta años de la Revolución del 48, y su texto comienza recordando que la patria llamó a sus hijos a ofrendar su sangre para escribir una de las páginas más épicas de la historia nacional. Pero rápidamente introduce un matiz fundamental: “hoy no hay vencedores ni vencidos”. Esa frase, sencilla y poderosa, resume una forma muy costarricense de procesar el conflicto: sin negar el dolor ni la violencia, pero evitando convertirlos en fundamento de identidades irreconciliables.

El texto reconoce el sufrimiento de aquellos días y las vidas truncadas, pero subraya que el consuelo proviene de la convicción de haber construido una Costa Rica diferente. No se trata de una exaltación militar ni de un culto al sacrificio, sino de una afirmación del sentido último del conflicto: el restablecimiento del derecho a elegir libremente a los gobernantes en paz y democracia.

Uno de los pasajes más significativos es el que destaca el vínculo entre marienses y generaleños, unidos “hasta la abnegación” desde 1948. En esa referencia local hay una clave nacional: la Guerra Civil no fue solo un enfrentamiento político, sino una fractura social que atravesó comunidades enteras. Que la placa insista en la unión posterior, “mientras la patria descansa tranquila”, revela una voluntad explícita de reconciliación y de memoria compartida.

Este énfasis se refuerza cuando el texto afirma que Costa Rica sabrá defenderse nuevamente si la patria está en peligro, pero sin glorificar la violencia como valor en sí mismo. La defensa aparece ligada a los valores cívicos, no a la fuerza armada. Esa idea conecta directamente con uno de los legados más singulares del 48: la convicción de que la democracia costarricense debía sostenerse en la educación, la justicia social y la institucionalidad, y no en el poder militar.

El texto complementario que acompaña esta lectura —y que no forma parte de la placa— amplía esa perspectiva al agradecer a todos los mártires, incluso a quienes combatieron en bandos contrarios. Ese gesto es especialmente significativo: reconoce que el sacrificio humano no fue patrimonio de una sola causa y que la reconciliación nacional exigía también humanizar al adversario.

En ese mismo espíritu se agradece a José Figueres Ferrer por dirigir la lucha que conquistó la libertad electoral, pero el énfasis no está en la figura individual, sino en la enseñanza que se extrae de la experiencia: que la libertad solo es verdadera cuando se apoya en la justicia social, y que un país es más fuerte cuando invierte en educación y salud, y no cuando sostiene ejércitos.

La placa de Santa María de Dota no es un monumento grandilocuente ni una pieza de propaganda. Es, más bien, un ejercicio de memoria cívica, que invita a recordar sin odio y a comprender el conflicto como un episodio doloroso, pero fundacional. En tiempos en que la polarización amenaza con vaciar de contenido la palabra democracia, su mensaje conserva una vigencia notable: la patria no se honra exaltando la violencia, sino preservando los valores que hicieron posible superarla.

En detalle

En el cincuentenario de la Revolución del 48

Este es el texto completo de la placa:

EN EL CINCUENTENARIO DE LA REVOLUCION DEL 48

AL CUMPLIRSE MEDIO SIGLO DE QUE LA PATRIA LLAMO A SUS MEJORES
HIJOS A OFRENDAR SU SANGRE PARA ESCRIBIR UNA DE LAS PAGINAS EN
VERDAD EPICAS DE NUESTRA HISTORIA, UN INMENSO DESEO DE RECLAMAR
LA MEMORIA DE ESOS HEROES NOS HACEN POSTRARNOS DE RODILLAS ANTE LA
IMAGEN DE LA REVOLUCION.

HOY NO HAY VENCEDORES NI VENCIDOS, SIN EMBARGO EL DOLOR DE AQUELLOS
DIAS LATE AL RECORDAR LAS VIDAS TRUNCADAS DE NUESTROS SERES QUERIDOS,
Y SOLO NOS CONFORTA EL CLAMOR NACIONAL DE QUE TENEMOS UNA COSTA RICA
DIFERENTE.

CON ESTE ACTO RENOVAMOS EL CARIÑO FILIAL QUE UNE A MARIENSES Y
GENERALEÑOS, UNIDOS HASTA LA ABNEGACION DESDE QUE ERAMOS UN SOLO
PUEBLO EN EL 48 Y POR SIEMPRE, MIENTRAS LA PATRIA DESCANSA TRANQUILA
SABIENDO QUE AL IGUAL QUE EN AQUELLOS DIAS ACIAGOS, SABREMOS
DEFENDERLA CUANTAS VECES ESTE EN PELIGRO

GRUPO DE CABALLISTAS TRES M
SAN ISIDRO DE EL GENERAL

8 DE AGOSTO DE 1997, SANTA MARIA DE DOTA

-o-

Texto al que se hace referencia en el artículo:

Estos cuarenta días de guerra civil son el epílogo de la heroica lucha de un pueblo por restablecer el sagrado derecho de elegir libremente a sus gobernantes en paz y en democracia.

Gracias a todos los mártires que luchando valerosamente dieron su vida para legar a las nuevas generaciones un futuro mejor.

Gracias a los que en bandos contrarios también dieron su vida.

¡Gracias don Pepe por dirigir la lucha que conquistó para todos la libertad electoral!

¡Gracias por enseñarnos que la libertad solo es verdadera cuando está basada en la justicia social!

¡Gracias por hacernos comprender que un país es poderoso si goza de educación y salud y no cuando tiene ejército!

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