Una visión humanista del desarrollo

Rodolfo Silva Vargas*

Rodolfo Silva

Durante su gobierno más reciente, don José Figueres, quien nunca había tenido gran inclinación por los asuntos de la administración diaria, quiso delegar aún más en sus ministros y colaboradores cercanos las cosas de detalle. Según él mismo decía, ya estaba “muy viejo” para dedicar su tiempo a esos menesteres que otros podían realizar mejor y prefería aprovechar su experiencia para aconsejar “a los más jóvenes” y… para pensar.

Además de conceptualizar problemas tan críticos para el desarrollo de Costa Rica como la industrialización, la productividad de la agricultura, la defensa de los precios de nuestras exportaciones, la equiparación del bienestar campesino con el de la ciudad, y otros de similar trascendencia, quiso poner sus ideas en blanco y negro y escribió un libro que tituló “La pobreza de las naciones”, claramente iconoclasta de las teorías económicas prevalecientes, que le valió animadas controversias con los economistas profesionales, en cuenta los de su propio equipo de gobierno.

Gran convencido de la necesidad de promover los valores del espíritu, consideraba indispensable que junto al desarrollo material del país debía lograrse a la vez la elevación de la cultura.

Gran convencido de la necesidad de promover los valores del espíritu, consideraba indispensable que junto al desarrollo material del país debía lograrse a la vez la elevación de la cultura. Su famosa frase “para qué tractores sin violines” refleja esta preocupación, que lo llevó durante su gobierno a apoyar constantemente las artes y las letras, particularmente la música, de la que gustaba decir que estaba “años luz más adelantada que la economía”.

Su visión humanista y global del desarrollo gustaba de trasmitirla con simbolismos. Cuando en una ocasión se criticaba como excesiva la construcción de grandes edificios para el Banco Central, la Caja del Seguro Social y la Corte Suprema de Justicia, don Pepe salió al paso diciendo: “están bien, son símbolos que representan nuestra lucha por el desarrollo económico, el mejoramiento social y la justicia, tres grandes aspiraciones de los costarricenses”.

Me tocó acompañarlo por más de dos años en la cartera de Obras Públicas y Transportes. El sueño de don Pepe era hacer caminos a todos los confines del país, para lo cual lanzó su ambicioso programa de maquinaria pesada para trabajar en todos los cantones. Caminos de todo tiempo, transitables todo el año, y no como los barreales que tuvo que pasar él mismo cuando hace 40 años subía a caballo —o con carreta de bueyes— desde El Higuito de Desamparados hasta su finca La Lucha.

A la hora de tomar decisiones importantes, se podía contar con Figueres. Cuando a fines de 1971 la Northern Railway Company tuvo serios problemas laborales, sumados al deficiente mantenimiento del ferrocarril al Atlántico, que llevaron a su paralización, tomó el teléfono y llamó a medianoche a Londres para notificar a los accionistas de la compañía que el gobierno se hacía cargo del ferrocarril. Después se dio cuenta de que, por la diferencia horaria en ese momento eran en Londres las 5 de la mañana.

A raíz de las recurrentes crisis en los muelles de Limón y Puntarenas, debido a las marejadas en el primero y por falta de espacio en el segundo, se hicieron estudios de reubicación que se llevaron al Presidente Figueres. En su casa de Curridabat se dio cita el grupo técnico de consultores portuarios japoneses y funcionarios costarricenses, quienes mostraron al Presidente los planos y estudios que apuntaban a construir el nuevo puerto en la Bahía de Caldera. Después de un par de horas de análisis, don Pepe quedó convencido y así lo manifestó: “estoy de acuerdo, adelante”. Pero con su también tradicional sentido del humor, añadió: “eso sí, déjenme consultar con la cocinera a ver qué le parece. Ustedes saben que en Costa Rica todo el mundo tiene que opinar”. Ante la mirada atónita de los japoneses, se refería así Figueres a la costosa controversia que por 20 años había impedido una decisión al respecto, a la vez que trataba de ilustrar a los visitantes sobre nuestro sistema ultra democrático de llegar (o no llegar) a acuerdo sobre asuntos de interés público.

Así se hicieron caminos y se recuperó el ferrocarril. Así se construyeron los nuevos puertos para la Costa Rica del año 2000. Fueron decisiones de don Pepe Figueres.

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* Texto escrito en París, desde donde el autor representa al BID en Europa.

Tomado de “Figueres 80 años de amor a Costa Rica”.

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