El crimen del Codo del Diablo

El crimen del Codo del Diablo

Carlos Edo. Saborio Alvarado
(Publicado como campo pagado en la La Prensa Libre del 9 de enero de 1993, p.5)

Rafael Ángel Calderón Fournier, aun antes de ser electo Presidente, ha venido solicitando en repetidas ocasiones, no referirse a los hechos del 48, para tratar de olvidar esa época y se terminen los odios que se crearon entonces. Solicitud muy encomiable sería si sus partidarios no se aprovecharan, en toda ocasión, de mencionar “El crimen del Codo del Diablo”, nombre tétrico por sí solo y que, según ellos, fue el único crimen cometido en aquella aciaga época.

Y salgo a mencionarlo una vez más, porque, como lo cité anteriormente, los partidarios de don Rafael Ángel continúan aprovechando cada ocasión para hacerlo y, esta vez, en nada menos que una obra histórica de especial relevancia como lo es “La Historia General de Costa Rica”, editada por Euroamericana de Ediciones Costa rica S.A., bajo la dirección de Vladimir de la Cruz de Lemos.

Como apasionado lector de la historia, tuve el privilegio de que un sobrino me obsequiara la suscripción de lujo de esa obra (suscriptor de honor #1388), de la que he tenido, hasta hoy, la tarea de leerme página por página, los cinco tomos publicados, que creo pocos lectores han tenido la paciencia de hacerlo.

En el tomo IV de esa obra, se describe la época del 40 al 48 (1940-1948) cuya narración le fue encargada a una profesora de historia de la Universidad de Costa Rica, Ana María Botey, quien tiene al menos una decena de títulos académicos; pero que posiblemente no vivió esa época por su corta edad, o que adrede no quiso referirse correctamente a los hechos, para hacer más dramática la narración del crimen del Codo del Diablo y como bien único hecho punible de entonces. Con singular astucia, después de describir los hechos políticos en forma más o menos imparcial, al terminar la narración con la entrega del poder de Teodoro Picado a don Santos León Herrera y luego a Figueres en mayo del 48, la citada profesora, sin relación alguna con lo que venía relatando, salta al crimen de Codo del Diablo, hecho que sucedió en diciembre del 48, sea ocho meses después de finalizar la revolución y como parte de esta, y lo narra como el único crimen de esa época, ya que anteriormente no cita ninguno de los crímenes que cometieron los caldero-comumistas en los ocho años que gobernaron. Si quería comentar del Codo del Diablo, debió escribir también cada uno de los al menos cien crímenes anteriores; comenzando por la matanza de once campesinos en Llano Grande Cartago, el 13 de febrero de 1944, cuando a las dos de la tarde, ese valiente pueblo trató de impedir que 60 comunistas y policías uniformados, votaran con cédulas falsas en ese lugar en forma de “chorreo”.

Luego la historiadora y profesora, debió citar que esa misma noche, en Sabanilla de Alajuela, asesinaron a Timoleón Morera, presidente de la mesa electoral de ese lugar, que se negó a entregar el saco de las papeletas de votación y demás documentos a un grupo de policías y simpatizantes de Picado que lo acechaban. Igual suerte corrieron dos campesinos en Aserrí y otro más en Moravia.

Luego, debió citar que a mediados de 1947, el pueblo decretó una huelga de brazos caídos ante los desmanes del Gobierno, cerrando los bancos, el comercio y fábricas en San José y Cartago, y que una manifestación que recorría las calles de la capital, fue ametrallada por la policía con un saldo de once muertos, incluyendo una niñita de 9 años. Además debió citar que ese mismo día 23 de julio, un estimable comerciante fue asesinado en la tarde al salir de su negocio; y que un empleado judicial fue igualmente asesinado por la policía al negarse a ser detenido por el solo hecho de ser ulatista. Igualmente un muchacho de escasos 16 años que gritó un viva a Ulate, cae muerto frente a la Panadería Musmanni, abatido por una bala del asesino a sueldo del Gobierno, el coronel Juan José Tavío, cubano de la peor calaña que importó Francisco Calderón Guardia con 4 cubanos más, con el fin de amedrentar a los costarricenses.

Durante una manifestación oposicionista en San Joaquín de Flores, llegó una brigada de choque comunista, y al gritar un campesino un viva Ulate, la canalla se baja de los camiones de la Secretaría de Fomento, hoy Ministerio de Obras Públicas que el Gobierno les facilitaba y persiguen al campesino tratando de librarse de la garroteada que sufría y se refugia en la iglesia, hasta donde llegan los caldero-comunistas y le disparan a quemarropa dentro del recinto religioso. Eso les valió la excomunión del Arzobispo que incluía a su muy querido líder.

Pero sigamos recordándole a la señora profesora de historia las cosas que debió citar y que no quiso publicarlas.

El primero de mayo de 1948, mientras el Congreso con mayoría de diputados Gobierno, electos fraudulentamente en pasados comicios, anulaba la elección de Ulate como presidente que había ganado por más de diez mil votos, el nefasto coronel Tavío se introduce al Hospital San Juan de Dios para detener al Dr. Carlos Luis Valverde, segundo al mando del partido ulatista y al no encontrarlo dentro del hospital, desata una balacera y detiene a don José Ma. Zeledón, director de ese recinto sagrado, sin respetar su edad avanzada y su condición de autor de la letra del Himno Nacional.

Seguidamente con 100 policías y soldados, se dirigen a la casa del Dr. Valverde, quien es asesinado por la soldadesca al tratar de impedir que se registrara su casa, donde estaba alojada su familia y unos diez dirigente ulatistas.

¿Está llevando la cuenta, señora profesora, de las personas que habían sido asesinadas antes del Crimen del Codo del Diablo, y que usted no citó?

Pero sigamos refrescándole la memoria de lo que no sabe o no quiso citar, para poder tener justificación de referirse al crimen del Codo del Diablo como el único y atroz caso de esa época.

Recién iniciada la revolución del 48, las fuerzas del Gobierno capturan cerca del Cerro de la Muerte a Nicolás Marín vigilante de las fuerzas de Figueres, quien es conducido por Tavío a la Casa Presidencial para ser interrogado y donde lo torturan inmisericordemente, cercenándole los órganos y las extremidades; luego lo decapitan y lo meten en un saco y lo dejan tirado en las inmediaciones del Estadio Nacional.

Mientras tanto, en San Isidro de El General, uno de los cuatro que serían asesinados en el Codo del Diablo y que entonces jefeaba un grupo de 60 comunistas de la compañía de Áureo Morales, capturan en su propia casa a siete hermanos de apellido Infante y a su padre y un hermano de éste y son fusilados en un puente en las afueras de San Isidro. Luego ese mismo grupo entra a la ciudad, donde viola a más de treinta campesinas, algunas menores de edad y matan a quienes tratan de evitar esas atrocidades. Luego ametrallan las imágenes en las iglesias (actos que ellos calificaban de gran heroísmo).

Al respecto, “La Tribuna”, órgano oficial del Gobierno, denuncia que los figueristas son los que están cometiendo tales atrocidades; pero tres días después, el mismo periódico informa que el jefe de las tropas del Gobierno en la zona, Carlos Luis Fallas, se vino a San José a denunciar personalmente al Presidente Picado, los excesos que estaba cometiendo su subalterno Aureo Morales.

Otro crimen que el autor del libraco titulado “El 48” describe como el más cruel habido en la revolución, se refiere al fusilamiento de veinte soldados de la Guardia Nacional de Somoza, capturados en la noche de la batalla El Tejar de Cartago que luchaban con las tropas del Gobierno, pero no tomó en cuenta que dos páginas atrás narró que esos nicas de la Guardia Nacional, habían fusilado en El Tejar, a once costarricenses, de las fuerzas de Figueres que habían capturado durante la batalla.

Pero bueno, volvamos al Crimen del Codo del Diablo, objeto del presente comentario.

En diciembre de 1948, cuando ya la Junta de Gobierno tenía ocho meses de gobernar y a pesar de que había decretado una amnistía general por los crímenes de esa época y prohibido las represalias a los involucrados en ellos, los calderonistas invaden Costa Rica desde Nicaragua, con el apoyo de la Guardia Nacional; ya que eran tan valientes que no se atrevían a pelear solos. Una patrulla de la Cruz Roja, de once miembros, un cura que haría de capellán de las fuerzas del Gobierno y un doctor, el Dr. Antonio Facio hijo, se internaron en la montaña en los alrededores de Murciélago, Guanacaste, para estar fuera de la zona militar y son emboscados por los invasores, quienes luego de masacrarlos, los descuartizan. Los “valientes” mariachis no se atrevieron a enfrentarse al ejército de improvisados soldados costarricenses y prefirieron atacar a los miembros de la Cruz Roja que cumplían su humanitaria labor.

La indignación nacional por ese hecho no se hizo esperar. Tres días después, son sacados de Limón los cuatro prisioneros que serían asesinados en El Codo del Diablo; incluyendo al jefe comunista que comandaba al grupo que asesinó a los hermanos Infante en San Isidro de El General y que cometió toda clase de desafueros en esa zona. Un hecho muy lamentable que no trato de justificar; pero las pasiones son incontenibles cuando la indignación se desborda, como había sucedido después de la masacre de los miembros de la Cruz Roja en Murciélago, tres días antes.

“La Contrarrevolución”, como llamaron los calderonistas esa invasión, no termina ahí.

El 24 de diciembre (1948) en horas de la mañana, los dirigentes calderonistas y Somoza firmaron un acuerdo de paz ante los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) que medió para finalizar el conflicto que estaba a punto internacionalizarse por la intervención de Somoza y la amenaza de varios países americanos de enviar fuerzas militares para apoyar el Gobierno de Costa Rica. Con ese pacto, se daban por finalizadas las hostilidades, tanto de parte de Somoza, como de parte de los calderonistas. Pero en la noche del 25, una compañía de los entonces invasores y acompañados por 200 guardias nacionales, sin cuyo apoyo no se atrevían a pelear, cruzan la frontera y atacan una compañía de la fuerza de Costa Rica acampada en Puerto Soley, matando a 16 costarricenses y apresando a otros 40, que luego son conducidos a Nicaragua, los que hubieran sido masacrados de no producirse el milagro de que en ese momento llegaron miembros de la OEA y ordenaron a Somoza devolverlos de inmediato a Costa Rica.

Todavía podría citar la nueva invasión de 1955, donde fueron apresados y fusilados nueve costarricenses por la Guardia Nacional que acompañaba a los “valientes” invasores que de nuevo no aceptaban el haber sido derrotados en dos elecciones y dos campañas militares.

Gracias señora profesora, por haberme permitido hacer esta narración y si necesita más pruebas, con mucho gusto se las puedo proporcionar.

Reseña de los hechos acaecidos en el Codo del Diablo

 
El crimen del Codo del Diablo

En diciembre de 1948, durante el período que se conoce como la “contrarrevolución”, se decidió que un grupo de prisioneros que se encontraban en la cárcel de Puerto Limón debían ser trasladados a San José. Entre ellos estaban: Federico Picado Saénz, Tobías Vaglio Sandí, Lucio Ibarra, Octavio Saénz, Narciso Sotomayor Ramírez, Alvaro Aguilar Umaña (republicano, fue confundido con otro vanguardista de igual nombre) y Octavio Saénz. El viaje a San José se hizo en el Motocar 156 de la Northern Railway Company, y salió de Puerto Limón a las 7.30 p.m. del 19 de diciembre de 1948, con los prisioneros.

Los custodios de los presos fueron: Manuel Zúñiga Jirón, Capitán; Luis Valverde Quirós, Subteniente; Clarencio Aulud Alvarado y Hernán Campos Esquivel.

El crimen ocurrió en la milla 41, cerca de Siquirres, en el lugar denominado “Codo del Diablo” (famosa curva cerradísima que debía dar el ferrocarril.), el motocar iba conducido por Narciso Sotomayor, de la Legión del Caribe, conocido como Matatigres.

Al empezar a bordear el Cerro del Diablo el motocar se detuvo. El capitán Manuel Zúñiga Jirón, al mando del grupo ordenó a los presos bajarse y apartarse unos cuantos metros. Una vez hecho esto procedió con una ametralladora Niehausen a matar a las víctimas. Los presos Picado y Sáenz, fueron rematados con tiros de revólver por Luis Valverde.

El siguiente trabajo consiste en una aproximación sobre lo ocurrido el día 19 de diciembre de 1948.

El crimen del Codo del Diablo

Ver también: Asesinato de Codo del Diablo por Carlos Luis Fallas (Calufa)

Galería

Avance de la película “El Codo del Diablo”

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