Discurso

CULTURA Y ECONOMIA

José Figueres Ferrer

La Nación, 11 de Mayo de 1948. p.10

Conceptuoso y patriótico discurso pronunciado el domingo en Cartago por el señor don José Figueres, Presidente de la Junta de Gobierno.

“Agradezco a los cartagineses esta distinción que hoy nos confieren, al aviador Guillermo Núñez, al Presbítero Benjamín Núñez y a mí, haciendo que nos condecore por las propias manos de don Otilio Ulate Blanco. Interpretó nuestro sentir el señor Ulate cuando dijo hace un momento que este honor lo recibíamos en nombre de todos los oficiales y soldados del Ejército de Liberación Nacional.

Los méritos del aviador Núñez no han sido todavía suficientemente encomiados. Es cierto que Núñez volaba con pericia, y es cierto que Núñez peleaba en tierra con denuedo. Pero esas no eran sus más valiosas contribuciones a la campaña. Yo debo recordar con respeto sus aportes en la tarea más difícil de todas: el planeamiento de las operaciones. Núñez pensaba.

Respecto al otro homenajeado de hoy, el Presbítero Benjamín Núñez, todo lo que se diga es poco. Sus capacidades nunca fueron inferiores a sus virtudes.

Estos dos jóvenes que por casualidad llevan el mismo apellido, Núñez el aviador estratega y Núñez el Presbítero sociólogo, son hombres que vuelan muy alto. Los dos acogieron con entusiasmo, desde el principio, la máxima que yo daba al ejército naciente: “Esta guerra la debe ganar el cerebro”.

Los demás aviadores de nuestras fuerzas aéreas son también dignos de muy especial mención de los anales de la Guerra de Liberación Nacional. Yo quiero pronunciar aquí sus nombres con la mayor veneración, y con el ruego de que Costa Rica los recoja entre la lista de los héroes distinguidos: Otto Escalante, Manuel E. Guerra, Juan Victory, Francisco Vanolli, Teodorico Zamora, Fernando Cruz, Mario Lizano y James Shearer Sáenz.

Cartagineses: acabo de enterarme con gran satisfacción, que don Orontes Gutiérrez se ha dignado aceptar la posición de gobernador de la Provincia de Cartago. En estos momentos, en donde los cargos públicos deben ser un sacrificio, y en que cada funcionario debe ir más allá del estricto cumplimiento del deber asignado, ejerciendo si es posible una función paternal sobre un pueblo sufrido, yo considero una bendición para Cartago, el tener en el más alto puesto de la Provincia, a don Orontes Gutiérrez.

Quiero recordar a ustedes una comparación que les hice la noche en que se inició la Huelga Nacional de Julio de 1947, aquí en la ciudad de Cartago. Siento que esa comparación no es de un tono elevado, ni del buen gusto literario que las circunstancias de ahora requieren. Pero me permitiré recurrir a ellas porque tiene un gran valor ilustrativo. Les decía que, en la pelea iniciada por el pueblo de Costa Rica contra el régimen que lo afligía, la Huelga Nacional fue solamente el primer “round”. Pues bien, en esa gran pugna por la redención de nuestra patria, nosotros debemos considerar ahora que la Guerra de Liberación fue nuestro segundo “round”. Es decir, que la lucha está en pie. Que debemos librar, con igual pericia y sacrificio el tercer “round”, que debe ser el final. La etapa final de nuestra lucha debe ser, cartagineses, la reorganización nacional.

Esa gran labor debe de tener una meta, una orientación. Y esa orientación me acaba de ser sugerida, incidentalmente, por un ramo de flores que me obsequiaron en el camino.

Esas flores son magnolias. La magnolia no florece sobre las plantas débiles, ni sobre los arbustos de mediana estatura. No se da su hermosura sino en la corona de un árbol grande y fuerte. Y así es la cultura. Así es la cultura colectiva de las naciones. Solamente puede florecer sobre una estructura fuerte, sobre una economía poderosa, sobre la abundancia.

Para que un pueblo sea culto, necesita los medios materiales, necesita el trabajo que los produce, necesita la máquina, necesita la organización eficiente. La cultura general es la flor de la riqueza colectiva.

Las raíces del árbol de magnolia, su tronco, sus ramas y sus hojas, no son sino medios necesarios para producir la flor. Así la organización de los países, la técnica, el esfuerzo, la riqueza, deben ser solamente la estructura donde se levanta el tallo vigoroso que soporta la gran flor de la cultura nacional.

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