Manuel Mora Valverde

Entrevista con Manuel Mora Valverde respecto a la Huelga de Brazos Caídos

Oscar Aguilar Bulgarelli entrevista a Manuel Mora Valverde

Nuestro pueblo la calificó con mucho acierto de huelga de “bolsas cerradas” porque no fue una huelga de trabajadores ni de productores, sino simplemente un cierre de establecimientos comerciales pertenecientes a gentes que adversaban al gobierno por la legislación social y concretamente por la promulgación del impuesto sobre la renta. Fue una reacción de los ricos contra la legislación social, contra lo que se podría llamar el nuevo rumbo revolucionario que estaba imprimiéndosele a nuestro país. Por eso a los políticos de entonces, especialmente a don Otilio Ulate, no les fue difícil impulsar y desarrollar ese movimiento. Todas aquellas gentes estaban asustadas, creían que iban a ser arruinadas, que el Gobierno iba a entrar al saco sus haberes pues este era el sentido que la propaganda le había dado, la propaganda del señor Ulate. También creían que la legislación social, el Código de Trabajo y los mismos seguros sociales no eran más que pasos hacia el comunismo. En fin todas las personas que tenían algún bien sentían que ese bien estaba en peligro y eso contribuyó a que los ricos y una parte de la clase media respondieran al llamamiento de Ulate y de una serie de jóvenes que llamaban a la huelga de brazos caídos.

Naturalmente la huelga pudo llevarse a cabo por esa razón, que el Gobierno no hiciera nada para detenerla. En el Gobierno anterior del Dr. Calderón Guardia, al finalizar se había intentado otra huelga de brazos caídos pero el Doctor tenía un modo de pensar y de reaccionar distinto del de don Teodoro Picado. Yo estaba entonces muy cerca del Dr. Calderón, me di cuenta de que el movimiento se iniciaba contra la reforma social, conversé con el Doctor y le sugerí que tomáramos algunas medidas enérgicas al comenzar el movimiento con la esperanza de que así se podía detener sin necesidad de crear una situación que pudiera engendrar actos de violencia en todo caso lamentables. Conocía como conozco hoy, la índole de nuestros ricos y sabía por dónde les apretaba el zapato. El rico nuestro pre­fiere perder la vida que perder cien colones. Cuando pusimos al Resguardo Fiscal alerta y listo para movilizarse y se dictó un Decreto de Ley según el cual, establecimiento comercial que cerraba era sellado, sus mercaderías confiscadas y se le daba al comerciante un documento para que pudiera, en su oportunidad, cobrar esas mercancías y esas mercancías se vendían a los establecimientos que no estuvieran unidos a la huelga. El primer establecimiento que cerró fue la California, en el acto el Resguardo Fiscal llegó, se hizo un inventario y se preparó el documento y se le informó al propietario que no se trataba de robarle nada, sino simplemente de impedir que él sustrajera de la circulación mercancías que el pueblo necesitaba. El propietario dijo que le dejara todo como estaba y que él volvía a abrir y entonces todos los demás comerciantes que estaban comprometidos resolvieron no ir a la huelga y ésta no se produjo cuando sintieron que el Gobierno iba a actuar en esa forma.

Bajo el Gobierno de Picado se quiso repetir la experiencia y se logró llenar la causa; pero esta vez ocurrió algo muy curioso. Yo vine a verlo claro varios años después, cuando regresé del destierro. Entonces supe, porque lo publicó, si mal no recuerdo, el propio don Otilio Ulate en la Prensa Libre, por ahí del año 51-52, supe que antes de la Huelga de Brazos Caídos don Otilio Ulate había tenido un entendimiento con don Teodoro Picado a espaldas del calderonismo y vanguardismo que eran los movimientos que apoyaban al Gobierno. Este entendimiento lo logró Ulate aprovechándose del temperamento de don Teodoro, éste era personalmente valiente, capaz de jugarse la vida y eso me consta; pero como mandatario era pusilánime, le tenía horror a ciertas responsabilidades y trataba de rehuirlas siempre. Don Teodoro era un profesor de historia que se metió en la política y de pronto se encontró frente a una situación compleja y trágica y como profesor de historia no pudo manejarla porque para hacerlo tenía que dejar de ser simple trasegador de teorías para ir a manipular hechos. La historia de los libros es de una forma, pero los hechos se convierten en historia y generalmente se presentan en otra forma porque la historia nos presenta problemas generales en la superficie de los acontecimientos, no lo que hay en el subsuelo. Precisamente esta es una de las características del marxismo, que va a buscar las causas de los fenómenos, y no se conforma con estudiar los efectos. La historia clásica estudia los hechos pero no sus causas. He hecho este paréntesis porque noté que se me había ido una frase que podía dar lugar a malas interpretaciones. Dije que la historia escrita es distinta a la historia vivida. Don Teodoro sentía que soplaban vientos de fronda. El capital se movía, hacía reuniones en la bodega de Esquivel y en el Club Unión, hablaban de golpe de Estado, de comprar armas, etc. La campaña subversiva era terrible. Había la impresión de que algo terrible podía venirse y fue en esa ocasión que conversé con don Teodoro. Me dijo que yo tenía bastante contacto con el pueblo, que conocía á nuestros ricos y pobres y creía que lo estaban asustando; pero lo cierto es que don Teodoro se sentía asustado, no por lo que le pudiera ocurrir a él sino porque él no quería que hubiera una tragedia en Costa Rica siendo él Presidente. Ulate le dijo que venía la huelga pero que él le garantizaba que la huelga sería pacífica si él le prometía que la policía y el Gobierno no intervenían. Don Teodoro tuvo la ingenuidad de aceptar y entonces la huelga se produjo y don Otilio pudo decir a sus amigos que podían actuar sin ningún peligro. Esto lo ignoraba el Dr. Calderón Guardia y yo, también lo ignoraba don Miguel Brenes Gutiérrez que en ese momento era Ministro de Hacienda y de Trabajo. Hablé con don Miguel y le dije que eso era un golpe serio para la economía pero que se podía parar, le presenté un plan y decidimos ir a hablar a la Casa Presidencial con don Teodoro pero él no estaba ahí ni se sabía dónde. La huelga se desarrollaba y Teodoro no aparecía. Nosotros llamamos a la gente a la calle en vista de que podía ser necesario tomar medidas para defender al Gobierno porque los ricos envalentonados y envenenados podían convertirse en un verdadero peligro contra el orden público. Si antes no existía ese peligro, en estas condiciones sí. Entonces era Director de Policía el Coronel Tavío, éste hizo muchas cosas malas, a nosotros los comunistas nos han levantando el cargo de haber sido aliados de Tavío, pero aquí hay algo entretelones interesante de aquel período de nuestra historia. Resulta que cuando Teodoro Picado triunfó con nuestra alianza la Embajada de los Estados Unidos le hizo saber su inconformidad y en cierta forma le dio a entender que si quería realmente tomar la Presidencia y mantenerse en ella debía dar algunas garantías y Teodoro las dio, una de ellas fue poner la fuerza pública en manos de una persona de la confianza de la Embajada, otra garantía fue poner el Ministerio de Relaciones Exteriores en manos de otra persona de la confianza de esa Embajada. El Coronel Tavío fue hecho Director General de Policía por recomendación de la Embajada, era la garantía que daba don Teodoro para poder llegar a la presidencia, frente a sus aliados: los comunistas. Durante el período de Gobierno de don Teodoro, con mucha frecuencia tuvimos dificultades nosotros los comunistas con la policía, más que los ulatistas y los opositores. Nosotros cometimos muy a menudo el error de ocultar esas cosas para no diluir el Gobierno, para no darle armas al enemigo, para poder llevar adelante nuestra reforma social sin conmociones dentro del Gobierno, y este fue un error y tuvimos dentro del Gobierno muchos otros choques y los mantuvimos en secreto y eran cosas que debíamos haberlas dado a conocer. Lo cierto es que Tavío fue siempre adversario nuestro, era el hombre puesto por la Embajada para controlarnos. Muchas de esas cosas logramos contrarrestarlas por medio de amigos sinceros, aliados leales. El propio Teodoro Picado a veces se veía en dificultades para deshacer actos de su propio hermano, Ministro de Seguridad Pública: don René Picado. Este era persona de la confianza de la Embajada. Digo esto para poder entender lo que sigue. En un momento determinado Ulate y sus amigos hicieron una manifestación de estudiantes. Tavío actuó contrariando órdenes concretas del Presidente Picado, según éste me lo dijo en presencia del propio Tavío. Lo mismo había hecho Tavío aquella noche cuando asaltó la casa del Dr. Valverde, aquella noche trágica que todos recordamos. Tavío no tenía instrucciones de asaltarla, la asaltó por su cuenta. Don Teodoro, le increpó después en mi presencia y él reconoció que se había visto obligado a asaltarla porque desde la casa le habían disparado. Las órdenes que Tavío había recibido fueron de que simplemente rodeara la casa y le avisara al Dr. Valverde por teléfono; se mandó a rodear la casa porque se creía que había gente armada. Esto fue lo que don Teodoro Picado le dijo pero Tavío hizo otra cosa. En esta manifestación de estudiantes igual, él por su cuenta disparó e hirió a un estudiante, no recuerdo si lo hirió solamente o si el estudiante se murió. Esto fue lo que movió a don Teodoro a dar un paso muy serio. Le hizo saber a Ulate que quería llegar a un arreglo y no había ninguna razón para eso porque realmente hasta ese momento no tenían más que un cierre de establecimientos comerciales, esa manifestación de estudiantes con un estudiante herido no era todavía un alzamiento popular; pero de todas maneras don Teodoro sintió que se le venía el mundo encima y llegó al entendimiento con Ulate y nos llamó al Dr. Calderón Guardia y a mí a la Casa Presidencial. Fue la primera noticia que tuvimos que don Teodoro había vuelto a aparecer. Don Miguel Brenes Gutiérrez estaba muy indignado con don Teodoro y por su actuación se distanció.

Habríamos podido parar la huelga sin perjudicar a nadie, sin romper las libertades públicas, los derechos individuales, pero no se pudo por las razones que he explicado. Pues bien, don Teodoro nos llamó y nos dijo que había llegado a un entendimiento con la oposición, con don Otilio Ulate. El entendimiento era que la huelga se iba a terminar y se le iban a dar garantías electorales a don Otilio Ulate. Yo le dije que nuestro grupo era el más interesado en que hubiera garantías electorales y que el Gobierno nunca le había negado garantías a don Otilio y que entonces qué sentido tenía todo esto. Me dijo, ustedes quieren unas elecciones puras, sí, le dijimos el Dr. Calderón y yo. Pues vamos a hacer un experimento, el Gobierno va a garantizar la libertad electoral y la oposición va a garantizar la pureza del sufragio. Para eso la oposición va a manejar el mecanismo electoral y nosotros vamos a mantener la fuerza pública. Pero ¿cómo va a manejar la oposición el mecanismo electoral? le preguntamos. Pues yo me he comprometido dijo, a integrar el Tribunal Electoral con personas designadas por don Otilio o de la confianza de él. Advierto que aquel era el primer Tribunal Electoral que se iba a integrar en Costa Rica porque el nuevo Código Electoral iba a aplicarse por primera vez en esas elecciones que venían. Advierto que ese Código Elec­toral que está vigente todavía fue hecho por nosotros los comunistas y prácticamente impuesto por nosotros fue hecho con la experiencia nuestra pues habíamos sufrido muchas arbitrariedades electorales en los años anteriores de nuestra lucha política y queríamos garantizarnos a nosotros mismos el futuro y por eso nos empeñamos en que se diera un Código Electoral capaz hasta donde fuera posible de impedir una serie de fraudes de los que nosotros habíamos sido víctimas. De manera que ese Código Electoral es obra nuestra, pero no sólo en cuanto a que nosotros lo redactamos, lo redactó el Lic. Luis Carballo y luego nosotros colaboramos un poco con él, sino también en el sentido de que nosotros tuvimos que luchar para que nuestros aliados lo aceptaran. Entonces se iba a integrar por primera vez el Tribunal Electoral y don Teodoro se comprometió con don Otilio a integrarlo de acuerdo con él. El Dr. Calderón cuando oyó esto protestó y dijo que él no lo aceptaba pero inmediatamente se produjo una situación prácticamente de choque y yo intervine para calmarlos. El Dr. pensó un poco el asunto y luego le dijo a Teodoro que cómo era posible que el partido del señor Ulate donde militaban gentes acostumbradas a hacer fraudes en todas las elecciones pasadas de Costa Rica, cómo se les iba a entregar el Tribunal Electoral. Yo le dije a don Teodoro que nosotros estábamos de acuerdo en garantizar la pureza del sufragio; pero en garantizarla nosotros, en cambio, no creemos que la gente del señor Ulate nos pueda garantizar la pureza porque en Costa Rica el fraude electoral ha venido a ser una especie de deporte. Nuestros políticos lo llevan a cabo con toda naturalidad, aquí hay una escuela de fraude y aquí hay profesionales del fraude como no los hay en ningún otro lugar de América Le dije a don Teodoro que francamente nosotros los comunistas sabemos que sólo nosotros podemos garantizar la pureza electoral. Si usted quiere que le hable con claridad nosotros no creemos ni en ustedes, nuestros aliados. De manera que no estamos de acuerdo. Entonces don Teodoro completó la explicación y nos dijo que el compromiso era que los diputados que apoyaban al Gobierno debían firmar un pliego comprometiéndose a aceptar el fallo que dé el Tribunal que se iba a nombrar. Yo también protesté de eso. Nos disolvimos en esas condiciones; pero más tarde don Teodoro me llamó de nuevo y me dijo que ya el Dr. Calderón había aceptado, y yo le manifesté que había consultado con los compañeros de Partido y no aceptábamos eso, no firmamos ese pliego. Después don Teodoro consultó con Ulate y éste estuvo de acuerdo en que ese pliego lo firmaran únicamente los diputados calderonistas que eran 27, los comunistas éramos 6, si hubiéramos firmado todos, hubieran sido 33 firmas pero nosotros nos mantuvimos en esa posición pues considerábamos que el precedente era pésimo y además no considerábamos digno que nos sometiéramos a semejante humillación, que nos comprometiéramos a aceptar un fallo de un Tribunal que todavía no se había nombrado y eso bajo la presión de una huelga que no tenía las proporciones ni las posibles consecuencias que don Teodoro, en su gran fantasía, le estaba atribuyendo. Lo cierto es que ese pacto se consumó y los 27 diputados firmaron. Luego se integró el Tribunal Electoral conforme a lo prometido. Naturalmente fueron personas honorables las que lo integraron: don José María Vargas, don Gerardo Guzmán, don Max Koberg, personas honorables pero ingenuas, sin ninguna experiencia política, sin ninguna malicia y además un poco también envenenados especialmente don José María y don Gerardo, por la campaña que se había hecho y porque probablemente con su estructura mental conformada en los principios clásicos del derecho, sentían que nosotros con el Código del Trabajo, con el Seguro Social y con el Impuesto sobre la Renta estábamos poniendo en peligro el orden social. Con este Tribunal ocurrió lo contrario de lo que sus integrantes esperaban porque toda la clase del asunto estuvo en el nombramiento del personal subalterno que era el que iba a dirigir las elecciones, y ese personal subalterno fue todo nombrado por el señor Ulate y ahí fueron todos los viejos profesionales, salvo pocas excepciones, de las maquinaciones de nuestra política.

Luego, las elecciones fueron fraudulentas, nosotros estamos completamente convencidos de eso. Estando yo en México desterrado me enteré de que aquí se iba a iniciar un proceso contra los diputados que habían votado por la nulidad de las elecciones de don Otilio Ulate. Advierto que votamos por la nulidad de las elecciones pero nosotros no violamos ningún pacto como se ha dicho, nosotros nos habíamos negado a firmar ese pacto, los que lo violaron fueron los 27 que lo habían firmado. Nosotros votamos en la Asamblea por la nulidad de las elecciones; pero antes en nuestras negociaciones con el Dr. Calderón Guardia nos habíamos opuesto a esa nulidad. Ya acordada la votamos pero nos habíamos cpuesto, no porque creyéramos que las elecciones habían sido limpias, sino porque ya dado el pronunciamiento por el Tribunal consideramos que lo mejor era aceptarlo, en vista de que íbamos a mantener la mayoría en el Congreso, íbamos a nombrar la Corte Suprema de Justicia, íbamos a nombrar la Oficina de Control. Nosotros pensamos que eso era lo mejor aunque las elecciones hubieran sido fraudulentas, éste era un camino que podía llevar a una guerra civil. Si ya el Tribunal declaró a Ulate y nosotros desconocemos eso puede haber pretexto para la guerra civil, como ocurrió. En fin nosotros votamos sin violar ningún pacto; pero hubo fraude. Recuerdo que el Partido del Dr. Calderón, en vista de las pruebas del fraude pidió ante el Tribunal Electoral, de acuerdo con el Código, la nulidad de las elecciones y éste se negó a pronunciarse siquiera. Yo hablé con el señor Guzmán y le dije que ellos de acuerdo con el Código estaban obligados a pronunciarse y que le pedía que se pronunciaran en cualquier sentido, aunque fuera reventando la demanda, pero que lo hicieran porque de lo contrario, de acuerdo con la Constitución le correspondía a la Asamblea y si ellos se negaban sería una violación de la Ley y los diputados estaban autorizados para violar el pacto. Don Gerardo Guzmán no quiso hacerme caso, en cambio don Max Koberg sí entendió que yo no estaba maniobrando contra nadie sino estaba tratando de salvar la paz de Costa Rica. Por eso don Max Koberg sí dio un pronunciamiento, pero el Tribunal por mayoría se negó a pronunciarse sobre la demanda de nulidad y declaró electo a don Otilio Ulate. [Años después,] estando yo en México supe que se iba a establecer un proceso contra los diputados, entonces yo puse un telegrama al Presidente Figueres con copia para el ex-presidente Ulate, ese telegrama lo publicó el Diario de Costa Rica, y le dije que sabía que se iba a hacer un proceso contra los diputados que habían decretado la nulidad de las elecciones de don Otilio Ulate y que yo estaba fuera del país no por mi voluntad sino porque había sido echado y no tenía temor de regresar a Costa Rica, y que si ese proceso se va a llevar a cabo pedía que se me dejara entrar para defenderme y probar que las elecciones habían sido fraudulentas. Por supuesto, no se me dejó entrar. Calculo que el fraude fue más o menos de unos 20 ó 25 mil votos, lo suficiente para impedir que Calderón Guardia llegara. Pero en fin terminemos esta conversación, se me pidió que hablara de la huelga de brazos caídos y me pareció interesante que se entendiera cómo esa huelga se llevó a efecto después de las elecciones de 1946 y realmente fue un “espantapájaros”. La huelga no fue el movimiento popular que se ha querido describir, fue un cierre de establecimientos comerciales que no envolvía desde el comienzo ningún peligro político; pero con ese cierre se asustaron muchas gentes y los pájaros volaron asustados y el campo quedó vacío y los adversarios hicieron lo que les dio la gana.



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