La amistad que cambió Costa Rica (Figueres y Orlich)
Carlos Revilla Maroto
Introducción
La política costarricense ha tenido alianzas, pactos y traiciones. Pero muy pocas veces ha visto algo como lo que unió a José «Pepe» Figueres Ferrer y Francisco «Chico» Orlich Bolmarcich.
No fueron solo compañeros de partido. No fueron solo socios en la fundación de la Segunda República. Fueron, ante todo, amigos. Una amistad nacida en la cuna, forjada en los años de juventud en Nueva York, probada en las cárceles de la década de 1940 y sostenida hasta el último adiós.
Las fotos que acompañan esta crónica no son el centro de la historia. Son su sombra fiel. Su prueba visual. Lo que los ojos vieron mientras la historia sucedía.
Orígenes ramonenses: una amistad que viene de familia
San Ramón de Alajuela fue la cuna. Allí, a finales del siglo XIX, dos familias de inmigrantes —los Figueres, catalanes; los Orlich, croatas— entablaron una amistad que decidirían sellar por partida doble: una hermana de Pepe se casó con un hermano de Chico.
Pepe Figueres nació en 1906. Chico Orlich, en 1907. Crecieron como vecinos, como primos sin serlo, como hermanos de otra sangre. Esa cercanía infantil los llevó a estudiar juntos la secundaria en el Colegio Seminario de San José, donde profesores alemanes les enderezaron la espalda y la disciplina.
Un dato curioso y poco conocido: en ese colegio fueron compañeros de Paco Calderón, hermano de Rafael Ángel Calderón Guardia. Se dice que fue precisamente Paco quien, años después, instigó a su hermano para que tomara represalias contra Pepe Figueres. El pupitre que compartieron en el Seminario terminó siendo, sin saberlo, el preludio de una de las rivalidades políticas más intensas de Costa Rica.
No era solo afecto lo que unía a Figueres y Orlich. Era una complicidad temprana que décadas después ningún cargo público podría borrar.
Aventura en Nueva York: los años donde maduraron en todo sentido
Pepe Figueres fue el primero en viajar. Se fue a Estados Unidos por su cuenta, a trabajar y a estudiar. Desde allá, sus cartas a Chico eran un llamado constante: venía un mundo nuevo, una libertad que San Ramón no podía dar.
El relato dice que fueron esas cartas —llenas de entusiasmo, de promesas, de aventura— las que convencieron a Chico Orlich de dejar todo y reunirse con su amigo en el norte.
Juntos recorrieron Boston y Nueva York durante cinco años. Allí, lejos de Costa Rica, sin apellidos que los precedieran, los dos jóvenes ramonenses aprendieron inglés, trabajaron, soñaron y, sobre todo, aprendieron a confiar el uno en el otro en tierra extraña.
Esa confianza sería la moneda de cambio más valiosa de sus vidas.
El discurso, la cárcel y el exilio (y un amigo que no pudo salvarlo)
El momento más duro llegó en 1942. Pepe Figueres, que hasta entonces no era una figura política conocida, desde una estación de radio lanzó un discurso feroz contra el gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia. Ese discurso lo lanzó a la política… y lo mandó al exilio.
Fue encarcelado y luego expulsado del país. El exilio era un hecho.
Chico Orlich, que en ese momento era diputado, trató de interceder por su amigo. Habló, gestionó, movió los hilos que pudo. Pero no lo logró. El gobierno calderonista no cedió. Figueres se fue con su esposa.
La política, aquella vez, fue más fuerte que la amistad. O, visto de otro modo, la amistad no pudo contra el poder establecido.
Pero lo que sí hizo Orlich fue mantenerse firme. No abandonó a su amigo en el exilio. No lo negó. No se distanció por conveniencia. Cuando Figueres volvió y lideró la revolución de 1948, ahí estaba Chico, a su lado, no como subordinado sino como socio.
Porque esa fue su genialidad: mientras Figueres era el líder carismático de verbo encendido, Orlich era el político paciente, el organizador, el que tejía redes y sostenía el movimiento cuando todo temblaba. Incluso cuando no pudo evitar el exilio, supo esperar y estar.
Dos presidentes, una misma lealtad
Figueres fue presidente de la Junta Fundadora de la Segunda República (1948-1949) y luego presidente constitucional (1953-1958). En todos esos años, Chico Orlich fue su brazo derecho, su ministro, su operador político.
Más tarde, cuando Figueres ya había dejado el poder, llegó el turno de Orlich. Fue presidente de Costa Rica entre 1962 y 1966. No hubo una «entrega de poder» directa, pero sí hubo algo quizás más valioso: el respaldo explícito, el apoyo político y la amistad intacta durante todo el proceso.
Que dos figuras tan cercanas pudieran transitar ese camino —uno después del otro, sin que la ambición personal rompiera lo que habían construido— es un testimonio silencioso pero poderoso de lo que los unía.
(Aquí pueden ir las fotos de las placas. Cada placa es un recordatorio de bronce de que esa amistad también fue institucional, pública, reconocida.)
El último adiós: Pepe cargando el ataúd de Chico
El 29 de octubre de 1969 murió Chico Orlich. Y al funeral, como era inevitable, llegó Pepe Figueres.
Pero no llegó como expresidente para hacer acto de presencia. Llegó como lo que siempre fue: su amigo. Y en las imágenes que sobreviven de ese día —en las fotos que usted tiene y que pocos conocen— se ve a Pepe Figueres cargando el ataúd de Chico Orlich entre otros dolientes.
Su cara no es la cara del político que cumple un protocolo. Es la cara de alguien que pierde a un hermano. Hay una tristeza allí que no necesita explicación. Se ve. Se siente. Se hereda.
Ese día, Pepe no cargaba solo un féretro. Cargaba décadas de cartas, de viajes, de batallas, de silencios cómplices, de desacuerdos perdonados, de lealtades nunca firmadas en ningún papel.
Conclusión: lo que la historia oficial a veces olvida
Costa Rica recuerda a Figueres como el estadista que abolió el ejército. Recuerda a Orlich como el presidente que dejó tres legados imborrables: el Hospital de Niños, que sigue atendiendo a los más pequeños; el ITCO (hoy INDER), que hizo una reforma agraria sin balas, con tierra y dignidad; y el MERCOMUN, la semilla de la integración centroamericana que, aunque evolucionó hacia el CAFTA, cambió para siempre la relación comercial del país.
Pero la historia oficial, con sus fechas y sus decretos, a veces olvida contar que esos dos hombres se querían como hermanos.
Y no es un dato menor. En un oficio donde la lealtad dura lo que dura una convención, ellos fueron fieles desde desde su infancia hasta la tierra del cementerio.
Las fotos que acompañan este artículo no son un adorno. Son el rastro visible de una amistad extraordinaria. Y mirarlas con calma, sabiendo lo que saben, es entender que Costa Rica no se hizo solo con leyes. También se hizo con abrazos. Con cartas desde Nueva York. Con un amigo que está en las buenas y en las malas. Y con un expresidente que, a sus sesenta y tantos años, carga el ataúd de su mejor amigo.
Eso no se vota en la Asamblea Legislativa. Eso se siembra en la infancia. Y estas fotos son la cosecha.
Datos interesantes
Vecinos de cuna. Las casas donde crecieron Pepe Figueres y Chico Orlich en San Ramón estaban separadas por pocos metros. Se conocieron antes de aprender a caminar.
Un matrimonio que los hermanó aún más. Una hermana de Pepe, Maruja Figueres, se casó con un hermano de Chico, Tulio Orlich. Así, siendo amigos, también se volvieron parientes políticos.
El portero del aula. En el Colegio Seminario de San José fueron compañeros de Paco Calderón, hermano de Rafael Ángel Calderón Guardia. Paco se apostaba en la puerta del aula y no dejaba entrar a nadie… hasta que llegara Figueres.
En Estados Unidos. Figueres viajó primero, en 1924. Orlich lo siguió después, probablemente impulsado por las cartas de su amigo. Ambos compartieron años en Boston y Nueva York, pero no hicieron el viaje juntos desde Costa Rica.
La reverencia a Boston. Don Pepe decía que si volviera a Boston, iría a la biblioteca pública y le haría una reverencia. Porque allí, en esos años de juventud, había leído a los clásicos. Allí encontró el conocimiento que en Costa Rica aún no podía tener. Un gesto de gratitud que define mejor que cualquier discurso al hombre que fue.
Socios en «La Lucha sin Fin». A su regreso de Estados Unidos, fundaron juntos la Sociedad Agrícola Industrial San Cristóbal S.A. Con ese respaldo, Figueres adquirió una finca en San Marcos de Tarrazú que llamó «La Lucha sin Fin». Orlich fue su socio. Después, Orlich le vendió su parte.
El discurso que lo cambió todo. Antes de 1942, Figueres era un ciudadano casi anónimo. Su discurso radial contra el gobierno de Calderón Guardia fue su debut político… y le costó la cárcel y el exilio. Orlich, como diputado, trató de interceder por él, pero no lo logró.
El freno de mano. Quienes los conocieron cuentan que Orlich era el único capaz de decirle «no» a Figueres cuando este se dejaba llevar por su carácter impulsivo. Mientras Figueres era el estadista carismático, Orlich era el político prudente.
El último adiós. El 29 de octubre de 1969, Pepe Figueres cargó el ataúd de Chico Orlich en su funeral. Las fotos de ese día muestran en su rostro una tristeza que no necesita palabras.




