Período de transición

En cumplimiento del Acuerdo Preliminar (Pacto de la Embajada de México), con el que concluyó la Guerra Civil, se llamó al Tercer Designado a la presidencia, el Ing. Santos León Herrera para que la ejerciera durante los pocos días que faltaban para completar el periodo constitucional del lic. Teodoro Picado.

En las negociaciones previas a la firma del acuerdo, el lic. Teodoro Picado le escribió al Ing. Santos León Herrera la siguiente carta:

San José, 14 de abril de 1948

Señor
Ingeniero Santos León Herrera
Sus Manos

Mi querido y respetado don Santos:

El Padre Núñez y Pancho le explicarán el sacrificio que el país exige de usted y las gravísimas circunstancias que lo ameritan. Ud. le ha prestado a la República los mejores servicios en una vida aureoleada de extraordinaria rectitud y honradez. Ahora le pido uno nuevo.

El excelentísimo Sr. Nuncio Apostólico, los Excelentísimos Sres. Embajadores de México, Panamá y Estados Unidos, y el Excelentísimo Ministro de Chile, que tan dignamente representan a todo el Honorable Cuerpo Diplomático, le dan a esta gestión el amplio respaldo moral que sus personalidades y su alta representación le conceden. Desde luego, eso significa que en los pocos días que habrá de servir usted a esta Patria, tan infortunada en estos últimos tiempos, contará con sus invaluables simpatías y apoyo.

Confío en que usted no habrá de negarle a Costa Rica, a la que debemos todas nuestras devociones, la prueba de patriotismo que le demanda y me suscribo su afectísimo y sincero amigo,

(f) Teodoro Picado

Don Santos León como Designado en Ejercicio de la Presidencia, gobernó el país durante 18 días, del 20 de abril de 1948, al 8 de mayo del mismo año. El 21 de abril, se publicó en el último número del periódico La Tribuna la siguiente proclama de don Santos León Herrera:

Conciudadanos:

Obedeciendo al imperio de la ley me hago cargo del Poder Ejecutivo en estos instantes supremos de la vida de la república.

Muy breve será mi paso por esta posición, no más que el que me señalan los cánones constitucionales, y solamente el cumplimiento de mi deber indeclinable y los propósitos de servir en esta dolorosa oportunidad al restablecimiento de la paz y de la concordia entre los hijos de la patria han podido forzarme a aceptarla.

No traigo otro mensaje que el de la paz. Que cese ya la matanza y el odio entre los hermanos y que cooperemos todos a restañar las heridas sangrantes y a encarrilar a nuestra querida patria por el camino de la restauración y el trabajo. Desgraciadamente la última contienda política trajo las funestas consecuencias que hoy todos lamentamos; pero en la urgencia de esta hora perderíamos el tiempo volviendo los ojos hacia atrás ya que lo hecho y pasado nadie podrá remediarlo. Invito cordialmente a mis compatriotas a que piensen en el momento presente y en construir un porvenir conveniente y satisfactorio para todos, especialmente para restaurar con la paz verdaderas instituciones republicanas democráticas en cuyo ejercicio nuestra Patria fue próspera y feliz.

Después de la tormenta fatal que ha azotado a la república nuestro deber ineludible es el de acudir a sus más premiosas necesidades y a reparar los más graves daños causados. Exhorto a todos los buenos hijos de este país a colaborar en esta obra que el destino nos presenta con su mejor voluntad y su más sano patnotismo. La patria es inmortal y a su servicio todos nos debemos. Los deberes que con ella tenemos nos mandan deponer odios y rencores y a rendir las armas ante su altar sacrosanto para propiciar una paz feliz y fecunda.

En este propósito prometo consagrar todos mis esfuerzos desde este momento. También a la reafirmación del credo democrático continental americano, así como a las buenas relaciones del país con las naciones extranjeras haciendo hincapié en lo que respecta a las naciones vecinas y hermanas en que cumpliremos en forma cabal los compromisos que aseguran que nuestro territorio no será nunca propicio al fomento de actividades que en forma alguna puedan amenazar su paz interna.

No puedo ocultar que me impongo un sacrificio personalmente penoso al abandonar mi tranquilidad y mi alejamiento de los vaivenes políticos, pero muy bien empleado lo dare si logro restablecer la paz y el orden entre los costarricenses con la suprema determinación de entregar el poder, que circunstancialmente se ha puesto en mis manos, al ciudadano que se escoja para sustituirme.

Mi breve paso por el Poder Ejecutivo cumpliendo con la Constitución, no será otra cosa que el tender un puente entre el ayer desventurado que hemos tenido con la guerra civil que termina, y el mañana de paz y de recuperación nacional. Si logro cumplir este propósito quedaré por siempre satisfecho.

Al exhortar de nuevo a mis compatriotas a la paz y a la cordialidad, al llamarlos a la fraternidad que nunca debió haber desatado sus lazos de bien entre nosotros, debo rendir público tributo de gratitud en nombre de la Nación al Honorable Cuerpo Diplomático acreditado en nuestra Patria, cuya oportuna mediación de tanto ha servido para poner termino a la lucha fraticida que tan graves lesiones ha producido a Costa Rica.

Reitero por este medio a los costarricenses mis firmes propósitos -al asumir las delicadas funciones que en esta hora me veo obligado a servir en bien de la Patnia- de hacer una obra de conciliación, de paz, de armonía y de absoluta concordia entre los ciudadanos todos sin distingos políticos de ningún género; y sólo me permito rogarles, en bien del país, ser colaboradores decididos y eficaces en este camino generoso que bien necesita en esta hora de sufrimiento nuestra querida Costa Rica: es una obra de cooperación de gobernados y gobernante. Saludo a mis compatriotas con el mayor cariño.

El Presidente en Ejercicio procedió a integrar su gabinete con personas procedentes del bando triunfante en la Guerra Civil, y su periodo fue de transición hacia lo que sería la Fundación de la Segunda República y su Junta de Gobierno. Este periodo de 18 días creó alguna confusión en los costarricenses y para despejarla, José Figueres hizó publicar el 23 de abril en el Diario de Costa Rica el siguiente comunicado:

Ejercito de Liberación de Costa Rica.
Comandancia General.
Cartago, 22 de abril, 1948.

El Comandante en Jefe del Ejército de Liberación declara:

1. Nuestro Ejército permitió que se organizara un Gobierno provisorio para pocos días, a solicitud del Honorable Cuerpo Diplomático, para evitar una toma sangrienta de San José, por la fuerza.

2. La prensa del país no ha estado bien informada y ha pintado una situación ambigua que no existe.

3. La misma organización que alcanzó la victoria asumirá el mando del país, y garantizará a los ciudadanos una rápida reorganización nacional y el establecimiento de la normalidad.

4. Luego se empezará a poner en ejecución los grandes planes constructivos de la SEGUNDA REPUBLICA.

JOSE FIGUERES
COMANDANTE EN JEFE

También don Santos León, quizo despejar las dudas sobre quien o quienes serían sus sucesores y mandó a publicar la siguiente declaración el 1ero de mayo de 1948:

El Congreso de la República que constitucionalmente debería reunirse hoy primero de mayo para iniciar sus sesiones ordinarias, no podrá hacerlo por estar desintegrado a causa de haber sido anuladas las elecciones del ocho de febrero último. Esto le crea al país una situación de aguda anormalidad porque nos encontramos ante estos hechos consumados: unas elecciones anuladas por el Congreso, único Poder que podía hacerlo, y la falta del mismo Congreso a su función constitucional de reunirse el primero de mayo para designar legalmente a la persona a quien debería entregar la dirección del Poder Ejecutivo la que lo tiene en estos momentos.

Ante tal situación, y dada la gravedad y delicadeza de la misma en vista de que se acerca el día en que deba legalmente hacer el traspaso de la Primera Magistratura de la nación y que no me han designado sucesor ni las juntas populares ni el Congreso Constitucional, me adelanto a decirle al país que, procediendo conforme a los dictados de mi conciencia y a mis deberes de costarricense, dejaré el poder el ocho de mayo en curso, en la hora precisa en que expira mi nombramiento pues de ninguna manera aceptaría constituírme en gobernante de facto. Pero como tampoco tengo atribuciones, que no me las da la Constitución de la República para testar el depósito que la nación y las circunstancias han puesto en mis manos, he elegido el camino que me parece más cuerdo y más ajustado no sólo a la realidad presente sino también el que mejor resguarda los más altos intereses del país que están sobre cualesquiera otros.

Así, es mi determinación que anuncio por este medio, la de entregar el poder público que ahora retengo en mis manos, a los miembros de mi actual gabinete para que ellos busquen y encuentren el camino que rehaga la vida institucional de la República.

Tomo esta determinación porque hay otro hecho consumado y tangible que todos los costarricenses tienen a la vista: el movimiento revolucionario que se inició en los primeros días del mes de marzo anterior triunfó ampliamente, obligó la caída del gobierno y el Gabinete que me rodea esta integrado por los miembros más destacados y los personeros más representativos de ese movimiento. Natural es que sea, pues, a la revolución triunfante a quien deba entregar el poder que puso en mis manos la representación nacional ahora desintegrada y ausente.

Vuelvo los ojos a todos lados y no encuentro otro hombre o a un grupo de ciudadanos que en los momentos actuales tenga mejores credenciales que las que tiene el grupo revolucionano que es a la vez dueño de las fuerzas que pueden mantener el orden y restablecer la paz. Se comprenderá que es lógico mi procedimiento y que me es obligatorio anunciarlo al país para que este no espere entre dudas que puedan llevar graves peligros en sus entrañas hasta el último momento, es decir, al término de mi periodo legal y mi retiro del puesto que el Destino me senaló en esta hora suprema de Costa Rica.

SANTOS LEÓN HERRERA

El 8 de mayo de 1948 al mediodía, la Junta Fundadora de la Segunda República presidida por José Figueres Ferrer recibió el poder y asumió el control del país.

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