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Petición nombramiento designados a la presidencia abril 48

Propuesta de Figueres, Martén y Valverde para que se les nombre Designados a la Presidencia

El Lic. Teodoro Picado y los actuales tres Designados a la Presidencia de la República presentarán inmediatamente al Congreso la renuncia de sus respectivos cargos. El Congreso elegirá acto continuo los siguientes Designados a la Presidencia: 1o) Don José Figueres 2o) Lic. Alberto Martén 3o) Don Fernando Valverde. El primer Designado ejercerá inmediatamente el Poder Ejecutivo y recibirá la entrega de todas las fuerzas armadas del gobierno. El nuevo gobierno otorgará amnistía general por delitos políticos, y respetará las vidas y haciendas de sus adversarios, salvadas las responsabilidades civiles que puedan ser declaradas por los tribunales. El asilo diplomático será respetado conforme a los tratados y prácticas internacionales. El gobierno licenciará a la tropa que considere conveniente, otorgándole las facilidades materiales necesarias para reintegrarse normalmente a la vida económica de la nación, y tomará todas las medidas indicadas para restablecer el orden público y la paz social. Se declara tregua general mientras se cumplen los extremos del presente convenio. El nuevo gobierno garantiza, la vida y hacienda del Lic. Teodoro Picado.

Cartago, 13 de abril de 1948

(f) J. FIGUERES (f) A MARTÉN (f) F. VALVERDE

Memorándum del Presidente Picado

Impuesto el suscrito Presidente de la República del memorándum de esta fecha, que suscriben los señores don José Figueres, don Alberto Martén y don Fernando Valverde, son sus primeras expresiones las de una sincera gratitud para los distinguidos Miembros del Cuerpo Diplomático, que con tanta atura han mediado en la presente guerra civil con el objeto de encontrar una solución patriótica evitando que se derrame más sangre costarricense. Esas expresiones de profunda gratitud deben recibirlas en especial el Excmo. señor Nuncio y los Excmos. señores Embajadores, que con riesgo de su seguridad personal no han vacilado en arrostrar los mayores peligros con el objeto de encontrar una fórmula ventajosa para las primordiales consideraciones de humanidad que los han guiado.

El Memorándum referido comprende extremos y compromisos que, a juicio del suscrito, traducen con éxito el pensamiento conciliatorio que ha animado a los respetables amigos Diplomáticos que han intervenido en este grave problema nacional.

Sin que le guíe al que esto suscribe ninguna pasión de mal linaje contra las personas a quienes habría de elegir el Congreso Primero, Segundo y Tercer Designados, conforme al citado memorándum, a saber señores: Figueres, Martén y Valverde, estima que su nombramiento no sería prenda de paz para la familia costarricense y que los propósitos de conciliación y armonía que deben ser rectores de la política nacional en estos momentos no se lograrían, y que antes bien por el contrario, se envenenaría la extraordinaria agitación pasional que sufre la República.

Se complace en reconocer el firmante el alto valor de la garantía que el Cuerpo Diplomático le prestaría a un arreglo político como el que se bosqueja, pero desgraciadamente fuertes sectores de la opinión nacional, inclusive muchos que corresponden a las filas oposicionistas no tendrían la sensación de que las personas llamadas a ejercer las Designaturas, aun por breve tiempo, pudieran desarrollar la política de fraternal armonía que el país requiere más que nunca en estos momentos.

La reacción que un arreglo de esta clase produciría en el país sería de consecuencias imprevisibles y de peligrosas resultancias, y el que habla se ve obligado a decirlo así con la mayor franqueza teniendo ante sí nada más que los intereses nacionales como único plano de su actividad en los cortos días que le faltan para cumplir su período presidencial.

Por otra parte, la elección de Designados correspondería hacerla a los señores Diputados y éstos, cuya tendencia es la de buscar fórmulas sanas y viables de convivencia ordenada y pacífica, probablemente se resistirían a nombrar personas de acusados ángulos políticos, y que han figurado como jefes de un movimiento armado.

Es, pues, el pensar claro y definitivo del exponente, que en las actuales circunstancias, el Poder debe recaer en personas que no hayan vivido en el mundo de pasiones que han alterado el ritmo de nuesta vida. Al efecto se hace recuerdo de la etapa histórica que siguió al período de mando ejercido por don Federico Tinoco Granados, que dividió hondamente a los costarricenses. Parecía que nuestro pequeño país iba a sumergirse en un mar de odios y de rencores, pero las figuras próceras[sic] de don Juán Bautista Quirós, don Francisco Aguilar Barquero y don Julio Acosta aplacaron los espíritus, desarmaron a los violentos y restablecieron la tradición fraternal a la que debe nuestro país los progresos obtenidos.

No puede ser propósito de quien redacta estas Líneas sacar ventaja alguna ni en provecho propio ni en provecho ajeno, en los pocos días que le restan para llegar al 8 de mayo. Un compromiso de honor con su propia conciencia y el afán de cumplir con su deber son las únicas determinantes que lo han llevado a no renunciar el ejercicio de la Presidencia. Pero si ese paso hubiera que darlo para bien del país, lo daría con júbilo, ya que fuera de la satisfacción de servir a sus conciudadanos tendría la personal de quitarse un abrumador peso de sus espaldas. Cree que para el desempeño de la Primera Designatura de los días que vienen debe escogerse una persona que avale la paz del país y suavice las asperezas de la enconada contienda que tanta sangre le cuesta a Costa Rica. Son muchos los nombres de ciudadanos distinguidos pertenecientes a distintos bandos políticos que se han señalado como los más aptos para pacificar el país y, sin que esto constituya agravio para ninguna de las tres personas que en el memorándum aludido se indican, bueno es recordar que los jefes de movimientos armados, por la índole misma de su actuación, no pueden darle al país la sensación de equilibrio que éste necesita para su bien.

Cree, pues, el autor de estas lineas que debe buscarse para ejercer las Designaturas personas cuya participación en la actual contienda política haya sido de tal índole que inspire la impresión de que realmente queremos volver todos a una vida en que el olvido de pasados errores y el perdón de recíprocas ofensas sea una promesa de bien y de prosperidad.

Casa Presidencial, 13 de abril de 1948.

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