Poemario

Bajo el sol de la victoria

Bajo el sol de la victoria

Rodolfo Castaing

Diario de Costa Rica 1 de mayo de 1948

La Sombra del Caudillo

Cayó, cuando en su vida aparecía, pleno de luz, el toque de la fama y en su pecho encendíase la llama de una justa y sagrada rebeldía.

Cayó cuando su brazo mantenía de este pueblo la cívica oriflama y con ella, a manera de proclama, por sus fueros clamaba y combatía.

Cayó cuando, de honor dando un ejemplo, ofrecía, a la Patria, sin alarmas, arrojar a los viles de su templo;

cuando un crimen, baldón de nuestra historia, arrancóle su triunfo con las armas, pero no los fulgores de su gloria.

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Y esa lumbre, inmortal, que lo ha seguido hasta el sacro recinto en que reposa, es iris de una aurora esplendorosa que resguarda a su nombre esclarecido.

Cuidemos que las sombras del olvido no derramen su esencia tenebrosa ni desciendan jamás sobre la fosa en la que el gran Caudillo está dormido.

Porque haciendo un crisol de su recuerdo, donde puedan fundir los pareceres quienes buscan de lucha un solo acuerdo,

fundiremos, también, la voluntad que, al conjuro de ¡atrás los mercaderes!, se convierta de nuevo en libertad.

Mas, unos cuantos viles, acogidos a leyes que engendrara su ruindad, no sabiendo perder con dignidad, se echaron sobre el pueblo enfurecidos.

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Y en las sombras del mal, estos bandidos, con sus manos teñidas de crueldad, nos robaron la santa libertad al poder de sus armas atenidos.

Pero no iba a triunfar tanta vileza; porque un día brilló José Figueres, como faro de cívica entereza;

y aclamado por hombres y mujeres, devolvióle a su Patria la grandeza y del templo arrojó a los mercaderes!.

Y ese día, radiante de victoria, en que llegue a sentirse el ciudadano, otra vez, de su arbitrio, soberano, será un fasto de espléndida memoria.

Ya no más las audacias de la escoria; ya no más tanto falso puritano; ya no más las ruindades del gusano con rastreos de infame trayectoria.

¡A los vientos de nuevo las banderas! ¡Que desgarre los aires el clarín! ¡Que las almas sonrían placenteras!

Y, al volver a este túmulo sagrado, que nos oiga, en su sueño, el paladín gritar: ¡León Cortés! ¡Hemos triunfado!!.

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Y aquí estamos, epónimo Caudillo, con el pecho en derroche de alegría, pues ya alumbra en la Patria un nuevo día cuya aurora bebió tu propio brillo.

El arado, la pluma y el martillo, otra vez, en gloriosa trilogía, llevarán con su ritmo la armonía a este pueblo de espíritu sencillo.

Porque llenos de cívico fervor en tea convertimos tu memoria para seguir la senda del honor

y empeñando tu nombre en el combate, ante Dios, alcanzamos la victoria, bajo el signo triunfal de Otilio Ulate.

Otilio Ulate

Llevas tú, como el águila caudal, todo el azul del éter en las alas que Minerva te dio; por eso igualas de aquella ave su vuelo original.

Mas no es el tuyo el campo sideral donde el astro fulgura con sus galas, sino el del pensamiento, el cual escalas a través de una prosa magistral.

Confundiendo, al volar con gracia suma, convicciones que en tu alma nada inmola y razones hirvientes como espuma,

tu prestigio en la cúspide tremola; y es que subes tan alto con la pluma, que tu gloria es vivir para ella sola!.

Carlos Luis Valverde

Dichoso tú, que has muerto con los ojos a lo alto, como cumple el que es valiente, sin bajar ante el déspota la frente ni temblar al rugir de sus enojos.

Dichoso tú, que sobre los abrojos de la lucha, te alzaste bravamente, arrancando a la gloria el refulgente sudario que amortaja a tus despojos.

Dichoso tú, que en medio a la metralla, defendiendo tu hogar con alma fiera, formaste de tu pecho una muralla;

y en la cita fatal que se te diera, caíste, para siempre, en la batalla, haciendo de tu sangre una bandera!.

José Figueres

Gloria al hombre, prestigio de un puñado de patriotas, que en cita de valor, nos libró para siempre del dolor por las hordas del crimen provocado.

Gloria eterna al intrépido Soldado, guardián de nuestra enseña tricolor, cuya espada fue el rayo vengador con que el cielo fulmina al renegado.

Gloria a quien, del honor jamás proscrito, lanzó al mundo, con su alma en rebeldía, de Cañas y de Mora el mismo grito;

y en cuya gesta ardió la gallardía que ya en Rivas, rasgando el infinito, bañó de lumbre a Juan Santamaría!

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