Junta Fundadora de la Segunda República

Junta Fundadora de la Segunda República

José Figueres Ferrer
Presidente

 
Don Fernando Valverde Vega
Vice Presidente de la Junta
y Ministro de Gobernación y Policía

Benjamín Odio Odio
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto

Bruce Masís Dibiassi
Ministro de Agricultura e Industrias

Presbítero Benjamín Núñez Vargas
Ministro de Trabajo

Gonzalo Facio Segreda
Ministro de Justicia y Gracia

Alberto Martén Chavarría
Ministro de Hacienda, Economía y Comercio

Francisco J. Orlich Bolmarcich
Ministro de Obras Públicas

Dr. Raúl Blanco Cervantes
Ministro de Salubridad Pública

Edgar Cardona Quirós
Ministro de Seguridad Pública

Uladislao Gámez Solano
Ministro de Educación Pública

Daniel Oduber Quirós*
Secretario de la Junta

* Este cargo fue ocupado, en primera instancia y por un mes aproximadamente, por Gonzalo Solórzano González.

Un mural para nuestra nación
Un Mural para Nuestra Nación
“La Segunda República”

Por qué vino la Segunda República

Cuando se hablaba de la fundación de la Segunda República en aquellos días en que el escarnio y el vilipendio contra la dignidad cívica eran la razón de existencia, parecía utópico, o resultaba utópico el tema, ¿Quienes hablaban de fundar la Segunda República? Unos hombres en quienes el coraje cívico iba creciendo cada día que pasaba y en quienes el sentimiento hacia una cosa nueva y honesta era cada vez más visible. Hombres de pensamiento firme y limpio; jóvenes de las diversas actividades del trabajo en el concierto económico del país; hombres todos avezados en las lides del trabajo y responsables de sus actos. Todos estos hombres que se habían formado en las filas del llamado Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, planteaban cada día la necesidad de una revisión de valores y de hechos; de actos y de génesis. Estos eran los que hablaban de la Segunda República. Estaban convencidos de que ya no era posible remendar más la primera; estaban convencidos de que no era posible pensar en rejuvenecer lo que tanto habían ajado los traficantes de la política y de la civilidad costarricense; estaban convencidos de que no era conveniente intentarlo siquiera, porqué era como edificar un sólido pabellón de resplandeciente mármol y limpieza absoluta sobre ruinas endebles y peligrosas para la seguridad nacional. Era preciso hacer algo para lograr el propósito buscado. Por eso vino la Segunda República. Las gentes desorientadas han querido ver en esto una cuestión puramente ilusoria, pasajera, simplista. Esas gentes no tienen ninguna culpa en seguir pensando como pensaban y actuaban los viejos políticos de la vieja generación electorera. Los hombre de la Segunda República son de otra naturaleza, de otro sentido, de otra fe en el porvenir de la nación.

Recordamos ahora la manera cómo recibían los que gobernaban a Costa Rica antes de la victoria de la revolución encabezada por don José Figueres, la referencia de que se estaba luchando por fundar la Segunda República. Lo hacían con sorna, con rabia a veces, con gesto de incredulidad, con desprecio olímpico. Expresaban que eso era cosa de muchachos irresponsables, de gentes con la cabeza llena de paja y de novelería; cuando no trocaban en anecdótico un gesto gallardo, para referirse a las andanzas de los guerreros de leyenda. En una palabra, hacían mofa de la gesta y de la referencia que era ya una cuestión decisiva, pensada y sentida en el espíritu de todos los combatientes al lado de don José Figueres.

La Segunda República nació de la irresponsabilidad con que condujeron los negocios públicos los dos hombres que se decían los más aptos en la generación de los cuarenta años. Abusaron de la verdad y del honor; de la confianza que el pueblo puso en ellos y de las ansias de reivindicación que este pueblo buscaba en las nuevas generaciones. En esta inopia cívica y política y de honradez ejercida por estos dos gobernantes desorientados, allí nació la Segunda República. No hay medio posible de echarle la culpa a nadie más que a ellos mismos, a los abúlicos y los borgianos que ocupaban la Casa Presidencial. Era una cuestión de honor para los hombres nuevos esto de cambiarle la vestidura a la República, a la vida cívica, a la historia patria, a todo lo que nos habían legado los hombres del pasado, y en forma muy comprometedora para todos los costarricenses dignos y decentes; a la República que nos había entregado, limpia de irreverencia y de claudicaciones, el gran patricio cuyo nombre acaba de ser honrado por el pueblo: don José María Castro Madriz.

Hoy la Segunda República está emergiendo de un horizonte más claro, más puro, más limpio, más ambicioso de realizaciones y de ocupación permanente en los problemas fundamentales de la vida del país. Hoy nos encontramos en plena acción por limpiar todo lo malo y todo los podrido que había y no dejaba ver el diario nacimiento del sol con claridad y con la emoción propia de los acontecimientos más hermosos en la vida de los pueblos y los hombres. Hoy la comunidad costarricense tiene esperanza, tiene fe, tiene confianza. Sabe que un hombre como don José Figueres, a quien se le tuvo siempre como un iluso y un soñador, es realmente el hombre ejecutivo, el que hace y piensa lo que realiza. Pueden decir de él que es un improvisado en cuestiones electoreras y simplemente politiqueras, pero no es un desconocedor e irresponsable en actos de administración y de orientación limpia y generosa de los negocios que realmente producen decencia y progreso para su Patria. De manera que estamos ante hechos consumados y necesitamos apoyar todo lo que hace y tiene por delante para hacer la Junta de Gobierno. No porque sea propiamente un Junta integrada políticamente, sino porque la forman los hombres más puros de la revolución y los más aptos y los más responsables, sin que fuera de la Junta no haya otros hombres que pelearan con tanta devoción y con tanto patriotismo y con tan singular deseo de mejorar a Costa Rica. Unos y otros colaboran en la relización de los planes de mejoramiento y de rejuvenecimiento de la Costa Rica que debemos legar a nuestros hijos. Estamos en la Segunda República porque la fuerza de las circunstancias llevó a estos hombres nuevos de la Costa Rica joven a pensar en ella. Tenemos que cuidarla y que decidirnos a defenderla. Hay muchas acechanzas contra ella. Hay mucha falacia en el ambiente contra ella. Es preciso realizar todo esfuerzo por entregar limpia de la podredumbre en que la encontraron, la República que habrán de gobernar en el futuro los hombre más aptos y más justos y más honestos que el pueblo elija.

Decreto Ley Nº 1

San José, 8 de mayo de 1948
En la Casa Presidencial

1º- Constitúyese un Consejo de Gobierno provisorio de la Nación, que ejercerá sus funciones con el nombre de Junta Fundadora de la Segunda República.

2º- Será Presidente de esta Junta don José Figueres Ferrer, y la integrarán además los sres. Benjamín Odio Odio, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto; Gonzalo Facio Segreda, Ministro de Gobernación y Policía; Alberto Martén Chavarría, Ministro de Economía, Hacienda y Comercio; Uladislao Gámez Solano, Ministro de Educación Pública; Francisco Orlich Bolmarcich, Ministro de Obras Públicas; Bruce Masís Diviasi, Ministro de Agricultura e Industrias; Raúl Blanco Cervantes, Ministro de Salubridad Pública; Presbítero Benjamín Núñez, Ministro de Trabajo y Previsión Social; Edgar Cardona Quirós, Ministro de Seguridad Pública, quedando por consiguiente organizado en tal forma el Gabinete de Gobierno.

3º- La Junta Fundadora de la Segunda República asume los poderes Legislativo y Ejecutivo del Estado.

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