Oscar Barahona Streber

Reseña Biográfica de Oscar Barahona Streber
1916-2004

Paladín de la reforma social

Armando Vargas Araya

Así en Costa Rica como en Guatemala, don Oscar Barahona Streber (1916-2004) descolló por sus hazañas como constructor de instituciones de seguridad social en beneficio de la clase trabajadora: constitucionalización de garantías sociales, códigos de trabajo, seguros de accidentes laborales, regímenes de enfermedad y maternidad o de invalidez, vejez y muerte. Cercano colaborador de los presidentes reformistas don Rafael Ángel Calderón Guardia aquí y allá don Juan José Arévalo Bermejo, fue el primer Gerente General del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (1946-1951). Después prosperó en la actividad particular, a la cabeza de compañías de seguros, hasta presidir la Conferencia Hemisférica de Seguros —entonces una de las asociaciones empresariales más grandes de Latinoamérica— y liderar el Consejo de la Iniciativa Privada de Guatemala.

Tras 25 años de ausencia, el presidente don José Joaquín Trejos Fernández lo integró en 1969 a su gabinete como Ministro de Hacienda y don José Figueres Ferrer consideró prudente mantenerlo en el cargo en su tercer gobierno: esos 22 meses lo definieron como esclarecido gestor de las finanzas públicas en un marco de unidad nacional. Arraigado de nuevo en el país, se dedicó a su profesión de abogado, a sus actividades empresariales, a la consejería financiera, a la dirección de compañías, a la acción política (fue precandidato presidencial en 1972), al ministerio periodístico y al ejercicio de una recia ciudadanía activa. Pero ninguna de las prestigiosas iniciativas de servicio emprendidas en su fructífera vida de casi nueve décadas, se compara con sus éxitos como adalid de la reforma social.

Su señor padre, don Humberto, era nicaragüense de ascendencia hondureña, donde la familia Barahona ha cumplido altas responsabilidades políticas. Por el lado de su señora madre, doña Lía, descendía del insigne inmigrante alemán Herr Ferdinand Streber. Muy joven aun, trabajó como peón en la zona del Pacífico y ahí desarrolló su honda sensibilidad social que lo marcó para siempre. Salido apenas de la adolescencia, abandonó la universidad y participó en el comunismo al lado de su primera esposa, la escritora Yolanda Oreamuno: era tan austera la vida partidaria que a veces la pareja barría el local y aprestaba las sillas para las reuniones. Volvió a las aulas a los 27 años y concluyó la carrera de Derecho. Su amistad con el Dr. Calderón Guardia lo hizo evolucionar hacia la doctrina social cristiana, más acorde con el ser de la nacionalidad costarricense.

Entre otras hombradas, le correspondió redactar los borradores del Código de Trabajo, aprobado por la ley N° 2 de 26 de agosto de 1943, cuyo título duodécimo dice en el artículo 12: «Publíquese por cuenta de la Secretaría del Trabajo y de Previsión Social la exposición y comentarios personales del señor Oscar Barahona Streber sobre los antecedentes legales y significado de todas las disposiciones de este Código, a efecto de que la obra respectiva sirva de información a litigantes y tribunales y contribuya a la mejor difusión de los principios de Derecho de Trabajo en Costa Rica». En 1944 acompañó al ya expresidente Calderón Guardia en su viaje a Nueva York donde, en un raro incidente, le fue sustraído el manuscrito del tratado en dos tomos que preparaba, precisamente mientras se documentaba mejor en la biblioteca pública de Manhattan de la calle 42 y la quinta avenida.

Pasó al país del quetzal resplandeciente por invitación del presidente Arévalo Bermejo y, al lado del actuario don J. Walter Dittel Mora, contribuyó de manera decisiva en la obra de creación y organización del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Hay dos libros fundamentales escritos al alimón por don Oscar y don Walter: Bases de la seguridad social en Guatemala: informe preliminar sobre las posibilidades del establecimiento de un régimen de Seguridad Social (1947, 215 páginas) y Bases del programa de accidentes de trabajo en Guatemala: ensayos sobre la teoría y práctica de la seguridad social (1948, 336 páginas). La prensa chapina recuerda ahora la imaginación política, la eficiencia organizativa, la actuación cristalina y el trato caballeroso del Lic. Barahona Streber en el IGSS. En Guatemala se unió en segundas nupcias y para toda la vida con la distinguida dama doña María Albertina De León Arévalo, quien le sobrevive con los cinco hijos, quince nietos y cinco bisnietos de don Oscar: una auténtica familia de la Patria Grande Centroamericana.

Costarricense serio como pocos, con sentido positivo de grandeza, a título de ciudadano particular se ocupó siempre de los asuntos públicos. Las recomendaciones de la Comisión Barahona Streber sobre control y ordenamiento del gasto fiscal (2003) siguen vigentes. Aun quien disintiese de sus proposiciones o divergiera con su talante, apreciaba su talento generoso y su patriotismo a toda prueba. Su voz señera será echada muy de menos por los que reconocían el valor referencial de su perspectiva cívica: nació durante la Primera Guerra Mundial y tomó conciencia del mundo con la Guerra Civil Española. Ojalá que pronto aparezca una biografía independiente de su interesantísima vida y una síntesis de sus ideas-fuerza, para que su ejemplo y su pensamiento permanezcan —como él mismo escribió al emprender dos de sus amigos el tránsito a la eternidad— cual «las estrellas que nunca las podremos alcanzar, pero siempre nos servirán de guía».

Algunos pensamientos de don Oscar

Patriotismo. Abandonemos los enfoques egoístas, eliminemos las limitaciones que nos abruman. Pensemos un poco más en grande y con mayor generosidad.

Valores del desarrollo. Todos, especialmente los jóvenes, debemos colaborar en la construcción de una civilización basada en los principios cristianos de justicia social, los que entre otros puntos fundamentales pregonan la subsidiariedad y racionalización del Estado, el cultivo de un lucro sano y de la responsabilidad social de las empresas, la abolición de la codicia y la mutua consideración y respeto entre los dos elementos básicos de la producción: patronos y trabajadores.

Tiempo nublado. En el país lo que abunda es carestía de visión clara y de liderato.

La vergüenza de la pobreza extrema. No podemos vivir rodeados de miseria: porque es un polvorín que puede estallar en cualquier momento y causarnos perjuicios irreversibles; porque la gran masa de destituidos, privados de los beneficios de la civilización, deben y pueden ser vinculados a los esfuerzos para crear una Patria mejor; y porque ignorar tan deprimente realidad contradice los principios cristianos de justicia social.

Un ejemplo para Latinoamérica. Hace algunos meses se produjo un pacto histórico entre la Cámara de Exportadores, la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP) y la Confederación de Trabajadores Rérum Novárum. Por primera vez en todo el continente, una agrupación empresarial y dos de carácter sindical se unieron para luchar por ciertos principios fundamentales como la defensa y desarrollo de la persona humana, la búsqueda del bien común, la protección ambiental, el saneamiento fiscal y la solución al enorme problema de la deuda interna, la mejora de la educación pública, la mayor participación popular en la toma de decisiones, la rendición de cuentas de los funcionarios públicos y otros sanos objetivos, cuya pronta aplicación exige el país. Ese pacto, que es un ejemplo trascendental, se amplió posteriormente con el pleno apoyo del solidarismo; y es de esperar que a él se adhieran, mejorándolo, el resto de las cámaras empresariales y de los sindicatos de trabajadores, como medio eficaz para modernizar el país, sacándolo de las pequeñeces que limitan su progreso y de la profunda crisis que está padeciendo desde hace mucho más de medio siglo.

Unidad nacional. Es necesario que se construya la unidad nacional en asuntos fundamentales, dentro de los más depurados principios democráticos y sin afectar el libre juego de los partidos políticos. Solo así podremos resolver bien los grandes problemas nacionales.

El problema más agudo. La pobreza cada vez más extendida constituye el problema social más agudo de Costa Rica. Hay que abordarlo pronto y bien para resolverlo de verdad. En nuestras ciudades hay cada vez mayor proliferación de tugurios y en nuestros bellos campos, por vía de doloroso contraste, solo prosperan los que tienen bienes de mayor o mediana cuantía. Según estadísticas que he visto, la brecha social se sigue aumentando pues, en números redondos, de 4 millones de habitantes por lo menos 1 millón vive en condiciones de pobreza extrema. El problema día a día se agrava.

Sobre el imperio de la ley. El estado de derecho, base de la democracia, se ha deteriorado en alto grado y sería conveniente iniciar un movimiento para restablecerlo, con la ayuda de todos los costarricenses patriotas y de buena voluntad, que son la mayoría. La reciente resolución de la Sala IV sobre reelección presidencial es reprobable porque cinco magistrados, no electos por el pueblo, dan un golpe de Estado al disponer per se y por la vía interpretativa una reforma constitucional que no está autorizada por el artículo 195 de la Constitución Política, que claramente dispone que esa función solo corresponde a la Asamblea Legislativa. Me parece que el doctor Óscar Arias Sánchez, por sus méritos, tiene el derecho de aspirar a la reelección presidencial, pero no por la vía equivocada, donde unos cinco altos jueces, sin la menor representación política, se atreven a enmendar la Carta Magna de la manera incorrecta e ilegal en que lo han hecho.

Dos velocidades. El desarrollo tecnológico marcha en veloces ascensores y que la mente humana camina por las escaleras o a pie.

Contra las privatizaciones. El Gobierno debe reflexionar sería y profundamente sobre los inconvenientes políticos y sociales que tiene la pretendida venta de activos estatales. En teoría, esa venta es necesaria como parte de la reforma y simplificación del Estado, y del esfuerzo que se debe hacer para resolver el monstruoso problema de la deuda interna. Pero la práctica ha demostrado que se está siguiendo un camino políticamente equivocado, y que han surgido escollos casi insalvables para quienes persistan contra viento y marea en la venta de esos activos. En el resto de América Latina han ocurrido casos que han dejado huellas lamentables, por la forma precipitada en que se han hecho tales ventas, por el afán de lucro desmedido que en muchos casos han tenido los compradores, por la corrupción imperante en los sectores público y privado y por no haber promulgado, como cuestión previa, una buena ley reguladora de las condiciones estrictas a que debieron sujetarse esas operaciones. En suma, la venta de activos estatales ha quedado “satanizada”. No es admisible sostener que la venta de empresas estatales es indispensable para resolver el grave problema de la deuda interna. Hay otras maneras de lograrlo. Ir a contrapelo de la opinión pública es un mal negocio político, sobre todo en una nación que aspira a ser verdaderamente democrática.

La ambición y la codicia. El valor de las acciones de grandes compañías del país más poderoso del mundo ha caído a niveles muy bajos, lo que ha afectado a millones de ahorrantes y ha hecho perder la tranquilidad a millones de trabajadores que han visto desestabilizadas sus jubilaciones y pensiones de vejez. La confianza en las inversiones se ha minado y la causa fundamental es que centenares de ejecutivos ya ricos, en millones de dólares, a impulsos de su codicia y ambición anticristianas, han maquillado la contabilidad de sus empresas para aumentar dolosamente el precio en bolsa de esas acciones y venderlas por mucho más de lo que valen. Los casos de Enron, WorldCom, Xerox y docenas de otras compañías están en un barranco de desprestigio, lo que ha repercutido en la situación financiera, debilitándola, de gigantes como Bell South, Citigroup, AOL Time Warner y numerosas empresas más.

Dos estrellas luminosas. Mi amistad con don José Figueres Ferrer nació en 1946 cuando él fue exiliado y vivió en Guatemala unos meses en la pequeña pensión que tenía doña Erlinda de Urrutia, tía de mi señora esposa. Luego, con ocasión de las frecuentes visitas que mi esposa y yo hicimos a Costa Rica, continuamos entreteniéndonos en conversaciones que teníamos en La Lucha, durante las cuales aprendí mucho, inclusive a quererlo cuando me mostró el monumento que él construyó en esa propiedad suya: “En memoria de los caídos de ambos bandos”. El Dr. Calderón Guardia y don José Figueres Ferrer fueron como luminosas estrellas, muy difíciles de alcanzar, pero que siempre nos servirán de guía.

Justicia y paz. No habrá paz mientras imperen injusticias. Es indispensable que en Costa Rica los gobernantes enfaticen más el combate de la pobreza extrema y las desigualdades sociales y, además, que se haga un gran esfuerzo por proteger y desarrollar vigorosamente al sector campesino y al hombre del campo: origen y fundamento de nuestra nacionalidad.

La Costa Rica rural. Es impostergable dar atención preferente a la promoción y desarrollo del sector agropecuario, así como al bienestar del hombre del campo. Los países en proceso de desarrollo deben comprender el peligro que significa el atraso de ese sector, que puede conducir a la frustración del desarrollo económico y social y a condiciones explosivas de consecuencias imprevisibles. Es indispensable tomar medidas que conduzcan a disminuir las distancias entre los distintos sectores de la economía, destinando recursos suficientes para financiar en el sector rural cada vez más planes de vivienda, la multiplicación de centros de enseñanza para capacitar al hombre y a la mujer campesinos en las labores que les son propias y los programas tendientes a la protección de su salud, a la asistencia técnica, al mejoramiento de la tenencia de la tierra, a la organización de sus mercados y a mayor acceso al crédito, entre otros fines.

Para eliminar la pobreza. Estimo que para abatir de verdad el nivel de pobreza extrema es indispensable crear un ambiente de confianza, que no existe plenamente; elaborar y aplicar un plan integral de reactivación de la economía, que incluya el establecimiento de nuevas fuentes de empleo que no se ven todavía; lograr estabilidad fiscal consolidada, con eliminación del gasto público corrupto e innecesario como recomendó en vano la fenecida Comisión del Gasto Público en sus informes números 1 y 2; implantar un régimen monetario sano que dé mayor poder adquisitivo a la moneda, en lugar del obsoleto sistema de minidevaluaciones; reducir en mucho la inflación y los aún altos tipos de interés, lo que estimulará la producción; mejorar y modernizar la estructura vial y portuaria del país, lo que, si se hiciera, produciría, entre otros efectos, incentivar el turismo y más fuentes de empleo; y, en general, emprender esas y otras realizaciones en forma total y ordenada.

El Congreso. El máximo problema político del país está en la Asamblea Legislativa y en la manera de elegir a los diputados.

Ciencia, tecnología y derecho laboral. El concepto de lucha de clases es obsoleto y se va borrando por el gran desarrollo tecnológico del mundo contemporáneo. La producción y la productividad están creciendo aceleradamente y así como la Revolución Industrial trajo nuevos conceptos, más humanos y más justos y una mejor normativa para la participación de todos en los frutos de la riqueza, la Revolución de la Informática y ese gran desarrollo de la tecnología están introduciendo otras ideas complementarias, conducentes a mayor equidad colectiva. Las relaciones de trabajo en los albores del siglo XXI no pueden ser iguales a las que imperaron en el país cuando concebimos la reforma constitucional de las Garantías y el Código de Trabajo y ayudamos a redactar la Ley Constitutiva de la Caja Costarricense de Seguro Social. Reformar el Código de Trabajo me parece necesario, pero hay que hacerlo por la vía de la sensatez y de la ancha puerta que al mundo contemporáneo le está abriendo su revolución tecnológica e informática, que equivale a un progreso generalizado a pasos gigantescos. No podemos dejar de ser optimistas ni permitir que el reloj se nos pare o que seamos incapaces de entender la dinámica realidad que afortunadamente vivimos.

El seguro de riesgos del trabajo. Es frecuente la confusión sobre el destino que debe darse a la protección relativa a accidentes de trabajo, cuya administración se asignó al Banco de Seguros, hoy Instituto Nacional de Seguros, desde que en 1924 un talentoso diputado, don Julio Padilla, tramitó y logró la aprobación de la respectiva ley. Esa cobertura corresponde a la Caja Costarricense de Seguro Social. No es cierto que los riesgos del trabajo sean seguros típicamente comerciales y que no tengan ninguna dosis de solidaridad. Es exactamente lo contrario, como lo dispone el artículo 73 de la Constitución Política.

Guerra a la miseria. La guerra contra el harapo y la marginación social merece mucho mejor suerte. Hay que emprenderla pronto, antes de que sea demasiado tarde. La lucha debe ser global y a fondo. El cáncer no se cura con aspirina.

Obras publicadas

Aspectos teóricos y prácticos de los riesgos profesionales: explicación de las reformas que introdujo el Código de Trabajo vigente a la ley n° 53 de 31 de enero de 1925 sobre reparación por accidentes de trabajo; texto de los artículos de ese mismo cuerpo de leyes que se relacionan con dicha materia y de la ley derogada de que se ha hecho mérito. Con Harry Zürcher Acuña. San José, 1943 – 152 páginas.

Bases de la seguridad social en Guatemala: informe preliminar sobre las posibilidades del establecimiento de un régimen de Seguridad Social. Con J. Walter Dittel. Editorial Ciudad de Guatemala, 1946 – 215 páginas.

Bases del programa de accidentes de trabajo en Guatemala: ensayos sobre la teoría práctica de la seguridad social. Con J. Walter Dittel. Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, 1948 – 336 páginas.

Pensamiento y acción: historia documental de una gestión hacendaria con sentido de desarrollo económico, cultural y social. Covao, 1971 – 415 páginas.

Memorias y opiniones: aspectos de la verdadera historia de la Reforma Social en Costa Rica y Guatemala y del pasado, presente y futuro de la situación económica y fiscal de Costa Rica. Editorama, 1996 – 361 páginas.


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