José Figueres Ferrer y su papel en la educuación costarricense

Elsa Grettel Ortiz Álvarez

Opinión

Yo quiero referirme a don José Figueres Ferrer, conocido cariñosamente como don Pepe, y su papel en la educación costarricense. Cuando miro hacia atrás y busco el legado de este ex Presidente, quien sin ser cartaginés, siempre tuvo a mi tierra como suya, en sus luchas ideológicas y en sus luchas por la libertad, veo hoy el presente y el futuro de todas las generaciones que tenemos pendiente en nuestros labios esa frase sencilla, pero profunda: ¡Gracias, don Pepe, por haber pensado siempre en el bienestar del mayor número!.

En cuanto a la educación pública universitaria, don José Figueres creó, en sus gobiernos, dos importantes universidades: la Universidad Nacional, en 1973, y el Instituto Tecnológico de Costa Rica, en 1971.

Además, muchas escuelas y colegios también recibieron su apoyo; en su propia finca había una escuela para los hijos de sus peones, hoy muchos de ellos profesionales de gran valía.

Don Pepe decía que los problemas sociales, tienen un fondo económico: para acabar con la miseria, hay que producir abundancia. “El hombre actual posee los conocimientos necesarios para producir la abundancia; pero los conocimientos no se entregan por sí solos, ni se heredan; hay que estudiarlos”.

El papel del estudio consiste en impulsar la reforma social. Don Pepe lo ratificaba así al considerar que las instituciones públicas, como los bancos, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), y sus instalaciones, no solo serían valiosas por la energía que suministraban, sino por la cantidad de tecnología que ahí se estaba cultivando.

El propio ICE, en sus primeros años, tenía que importar los planos eléctricos, porque, según las palabras del propio don Pepe, existía una tendencia foránea inconsciente a desbalancear nuestra cultura: los costarricenses se rebajaban a simples faenas agrícolas.

Hoy, Costa Rica prepara a miles y miles de estudiantes en áreas de la ciencia y la tecnología, las artes y los oficios, y en las ingenierías roductoras de gran avance y conocimiento; sin embargo, antes que empresarios, muchos de nuestros jóvenes profesionales han cedido su lugar como patronos y emprendedores independientes, y se han convertido en la nueva clase obrera del siglo XXI, hecho que se ha marcado sensiblemente con la llegada de las grandes trasnacionales, cuya grandeza aplasta las pequeñas y medianas empresas nacionales.

En los últimos años de vida de don José Figueres Ferrer, las diferencias educativas ya eran evidentes: el país presentaba entrabamientos y resquebrajaduras, pues, antes de que se generalizara la educación, como era su sueño, las brechas entre las instituciones de educación pública y privada, en los niveles de primaria y secundaria, eran sustancialmente profundas.

Es de conocimiento general el crítico estado de la educación pública costarricense, muy debilitada, tanto en lo cualitativo, como en su infraestructura. Los maestros ya no son estimulados ni apreciados, como otrora solía suceder. La falta de respeto y la falta de vocación, disciplina y recursos económicos, son los elementos que más han desmejorado la calidad de la enseñanza.

En Cartas a un ciudadano, don Pepe se refería al movimiento de Liberación Nacional, como a aquel que concedía mucha importancia al crecimiento económico y al ingreso nacional; de acuerdo con su visión, se podría repartir la riqueza con sentido de justicia social. Hoy este ideal divide a Costa Rica y la enfrenta con las propuestas del neoliberalismo globalizado, multiplicador de la pobreza y la desigualdad, sobre todo, para quienes no han podido acceder a la educación, como peldaño de superación dentro de la sociedad.

Don Pepe quería ver en los costarricenses un pueblo con mayor producción, con una equitativa distribución de la riqueza; pero ese sueño quedó truncado; desde hace más de veinte años atrás los gobiernos que sucedieron al suyo les han negado, a los costarricenses de las clases pobres y de la clase media, la inversión social; es un hecho que Costa Rica ha perdido su norte; los emporios productivos de las trasnacionales tampoco han permitido que nos orientemos hacia él. La pobreza no disminuyó; por el contrario, aumentó y hoy afecta a aproximadamente un millón de habitantes, entre costarricenses y extranjeros residentes en este suelo querido.

Parafraseando el precepto bíblico citado por don Pepe en el libro La pobreza de las naciones, él cita: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico vaya al cielo.” Don Pepe explicaba el sentido metafórico de aguja, como puerta pequeña ubicada en las ciudades antiguas. Yo lo aplicaría hoy, en relación con el problema educativo contemporáneo, de la siguiente manera: Por cierto, es más fácil, hoy en día, que el hijo de un rico pueda entrar por la puerta de cualquier escuela, colegio o universidad privada, que un pobre de zona urbana marginal o de pueblo rural, si el Gobierno no abre las puertas verdaderas de los centros educativos generalizados, centros públicos gratuitos, que realmente retengan al estudiantado, otorgándole el dinero correspondiente a becas, así como a los subsidios familiares decorosos, en forma oportuna y responsable, y construyendo infraestructura adecuada. De lo contrario, la nación costarricense seguirá los pasos de muchas naciones pobres.

Finalmente, coincido con este gran estadista costarricense a quien hoy honramos, en que: el hombre de nuestro tiempo se educa para la producción, como su antepasado se educaba para la guerra. Ambos, como medios, no como fines; ambos dejan huellas en el alma de la persona. La educación, como la batalla, genera disciplina, esfuerzo, sacrificio y lágrimas. La guerra y la educación son metas y fuentes de superación: “la primera, termina cuando hay un pacto de paz; la segunda, cuando el ser humano la percibe como el escaño para superar la pobreza”.

Ayudemos todos a los más necesitados para que suban ese escaño. Liberemos a nuestro pueblo del yugo de la ignorancia y la explotación. Ofrezcamos las puertas hacia el conocimiento y no las puertas que obligan a muchos a lidiar con el hambre y la mendicidad.

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Conmemoración del centenario del nacimiento de don José Figueres Ferrer

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