HUELGA DE BRAZOS CAIDOS


Ante el tremendo panorama descrito, los jerarcas de la oposición trataron de agotar el último recurso de tipo pacífico para lograr las ansiadas garantías eiectorales que el pueblo ansiaba. Fue así como en agosto de 1947 poco después de lo ocurrido a las mujeres la dirigencia oposicionista llamó al pueblo a una huelga de brazos caídos. El llamado tuvo un eco resonante, pues la población casi íntegra se sumó al movimiento. Desde la juventud, hasta los ancianos; hombres y mujeres, todos de diferentes estratos sociales proclamarón el camino escogido, como única solución para poner fin a la difícil situación a que se había abocado el país. Los bancos clausuraron sus puertas, el comercio, desde los grandes almacenes, hasta la más humilde pulpería, cerraron sus puertas; las empresas de transporte remunerado de personas, en forma unánime, mantuvieron sus unidades paralizadas; talleres de todo tipo y en fin, toda clase de actividades mantuvieron suspendidos sus trabajos. El éxito del movimiento fue absoluto, total y aplastante. El gobierno no tuvo otra alternativa que buscar una transacción y así fue como se logró una entrevista con los dirigentes de la oposición, siendo entonces que se consiguió una promesa del Gobierno para tramitar rápidamente la promulgación de un código electoral y la instalación de un tribunal supremo de elecciones.

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