OTRA INTENTONA


En diciembre de 1954, vuelve el calderonismo a invadir el país siempre con la ayuda de Somoza. Desde mucho tiempo antes sabíamos en Costa Rica que los «mariachis», estaban preparando un nuevo conflicto, pues era patente la ausencia de personas leales al Dr. Calderón Guardia, que habían desaparécido del país y se tenía conocimiento de que en Nicaragua, en un lugar denominado Coyotepe, cercano a Masaya, donde existía un antiguo cuartel, había muchos costarricenses entrenándose militarmente.

El gobierno de Costa Rica, jefeado por José Figueres, ahora como Presidente Constitucional estaba sobre aviso; pero atado de manos, como estaba, no podía hacer nada; es decir, no podía tomar ninguna medida por los cauces internacionales, porque no se podía demostrar que el gobierno nicaragüense estuviera auxiliando a los enemigos de nuestro país en una nueva aventura internacional de carácter bélico. Había que esperar las acciones militares para así poder recurrir a los organismos como la O.E.A., a efecto de impedir derramamiento de sangre inútil. Mientras esto ocurría, los costarricenses nos preparábamos para lo peor. Se establecieron centros de preparación militar. En San Ramón, Planta La Garita, Planta Electrica, Finca Judas en Cañas y en otros lugares se encontraban contingentes de costarricenses preparándose para la guerra.

Un día de principios de 1955, conmovió a la sociedad costarricense la noticia de que fuerzas calderonistas aliadas con mercenarios nicaragüenses y hondureños, habían cruzado la frontera norte, ocupando diversos lugares estratégicos. De inmediato nuestro gobierno proclamó la alerta general y procedió a enviar hombres en forma extraordinaria. Brigadas especiales portando morteros pesados se apostaron en lugares como El Amo, Cerro El Hacha y fue tomada La Cruz, punto fronterizo de gran importancia, donde se hicieron fuertes nuestras fuerzas y desde donde dirigían su contraofensiva. Sin embargo, hubo combates encarnizados con saldo de muertos y heridos por ambos bandos. Lentamente después de las primeras sorpresas, el panorama militar fue tomando otro cariz, hasta el punto de que, pasadas las primeras escaramuzas, las fuerzas leales, comenzaron a balancear la situación logrando las primeras significativas victorias y pocos días despues los invasores se retiraron derrotados nuevamente.

Debemos mencionar un hecho de mucha importancia que prácticamente inclinó a nuestro favor la balanza. Fue la intervención del organismo internacional O.E.A., que envio asesores militares para orientar a nuestros soldados. Estados Unidos, con base en una resolución de dicho Organismo, vendió al Gobierno de Costa Rica, por la simbólica suma de un dólar, dos aviones de guerra, tipo P-47 que sirvieron para neutralizar la acción de aviones procedentes de Nicaragua y que amenazaban con bombardear San José y puntos claves de la carretera Panamericana y así interrumpir el envío de pertrechos de guerra y alimentos al ejército costarricense que batallaba en el norte. El respaldo que dio la O.E.A., a nuestro gobierno fue decisivo y sirvió de lección a Somoza para que dejara de intervenir en los asuntos internos de otros países del mismo hemisferio. Fue una victoria de orden diplomático, en la que destacó el Lic. Gonzalo Facio, de gran relevancia. Era la primera Vez que la O.E.A. se sometería a prueba para demostrar su eficacia como organismo que serviría para dilucidar los problemas regionales entre naciones de la misma América.

Para el año 1955 durante los sucesos descritos, yo ocupaba el cargo de Jefe Administrativo del Hospital Carlos Luis Valverde Vega de San Ramón. Un día, al inicio de tales hostilidades, el Jefe Político de entonces, Teófilo Herrera Orozco, me llamó para solicitar mi colaboración haciéndome cargo de la dirección de carácter militar de San Ramón. Yo acepté gustoso tal responabilidad con amplias garantías para que pudiera desempeñar a cabalidad mis funciones. Fue así como me correspondió participar de nuevo en una asonada militar. Al tomar el mando, dispuse todo cuanto podía llevar a cabo para mantener segura la plaza de San Ramón, que se convirtió en un sitio de enlace entre San José y el norte, donde peleaban los bravos soldados leales a Costa Rica.

Dentro del esquema organizativo militar establecido Por el Alto Mando del Gobierno, fue establecido un lugar denominado Judas, que es una finca aledaña a Cañas, Guanacaste. Allí estaban acampados contingentes leales que recibían instrucción militar y los preparaban para enviarlos al frente.

Yo tenía, además de los asuntos propios de la seguridad de San Ramón, que cuidar de la manutención de la gente de Judas, debiendo proporcionarles alimentos y vituallas. De esta manera, en cuatro ocasiones, dirigí sendos convoyes de vehículos cargados de granos, frutas y pertrechos de diversa índole, necesarios para el sostenimiento de la gente de Judas. Ocasionalmente, en dos fechas, tuve la oportunidad dc presenciar el ataque de aviones enemigos al campamento de Judas. Dichos aviones provenían de Nicaragua y tenían como objetivo el bombardeo y ametrallamiento del campamento. Vi como nuestros soldados repelían el ataque con gran eficacia y valentía usando para ello rifles corrientes.

Cómo en ocasiones anteriores, San Ramón sirvió con gran eficacia la atención y cuidado de los contingentes que dcbían pernoctar en esta ciudad, procedentes de San José y enviados a Guanacaste. Aquí comités especiales cuidaban del alojamiento en la Escuela Jorge Washington. La comida era preparada por mujeres instaladas en los galerones de la Iglesia, lo que también hacían con los voluntarios que prestaban servicio en la vigilancia de la ciudad.

Los dueños de vehículos los facilitaban para hacer patrullaje o para operaciones, como recoger alimentos o patrullar la carretera o calles de alguna importancia, como las que conducen a Naranjo, Palmares y Zarcero. Toda la ciudadanía, sin diferencias de ninguna clase, se aglutinó alrededor de una causa común, que era la de mantener la integridad territorial de nuestra Patria, así como, lo más importante, salvar a Costa Rica del inmenso peligro que sobre ella se cernía de perder la libertad y democracia que tanto había costado a nuestros abuelos. Así transcurrieron algunos días, llenos de incertidumbre; pero al fin, por la decisión de nuestro Gobierno y la ayuda internacional, llegó a su término la aventura provocada por mercenarios con la ayuda de Somoza.

Costa Rica regresó a la calma, sin poder evlitar el dolor de algunos hogares costarricenses que perdieron a sus seres queridos o el tener que cuidar a los heridos que nos causaron los invasores.

Entre los muertos que lamentablemente tuvimos que llorar se encontraban varios elementos de la Cruz Roja, entre ellos, el Dr. Antonio Facio y compañeros, ametrallados en El Amo.

Por el bando contrario, murieron en acción Rafael Ángel -Loca- Quesada, Miguel Ángel -Pepo- Lobo y algunos más cuyos nombres escapan a mi memoria. También cabe mencionar que otros personajes del bando calderonista se ausentaron, algunos para siempre, de San Ramón, como ocurrió con Marcelino Villegas Valverde, cuyo paradero jamás se supo; Nautilio Cordero, quien regresó a Costa Rica, pero no a San Ramón, dejando aquí a esposa e hijos; Fernando López González quien se trasladó a Panamá, regresando años después al lado de los suyos. Otros regresaron y se incorporaron a la vida normal con sus familiares y haciendas. Tal es el caso de Martín Quesada Muñoz, José Manuel -Chanel- Paniagua Rojas, Joel Rodríguez Alvarez, Miguel Ramírez, Rolando Orlich Ramírez y algunos más. Desde entonces viven tranquilos, sin molestias y sin consecuencias legales de ninguna especie.

Así regresó Costa Rica a su vida de eterna democracia y libertad. Esperamos que por siempre jamás.

Para concluir este esbozo diremos que donde existió el Cuartel del Frente del Norte, en la finca La Paz, hoy convertida en parcelas donde viven muchos agricultores, fue fundado el Partido Liberación Nacional en el año 1951, según consta en diversos escritos y conmemorado por un monolito, donde están consignados en una placa de bronce los nombres de sus fundadores, entre ellos: José Figueres Ferrer, Francisco Orlich Bolmarcich, Fernando Valverde Vega, los tres ramonences, Daniel Oduber Quirós y otros líderes prominentes del partido.

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