II. UN MARTES A LAS NUEVE DE LA NOCHE


Al recordar los hechos del domingo y del lunes, Juan Morales busca en los periódicos del día el telegrama del Presidente de la República al Jefe de la Oposición, y la respuesta de éste. Lee:

Casa Presidencial, 21 de Julio 1947, 11 y 45.

A don Otilio Ulate, San José.

Enterado de la convocatoria que se ha hecho para que elementos de su partido celebren en San José hoy una manifestación y un desfile, me adelanto a recordarle que de acuerdo con el Código Electoral están, prohibidos los desfiles políticos. Creo que usted debe dar instrucciones a sus partidarios para que se respete la prohibición del Código. De lo contrario usted asumirá las consecuencias que sobrevengan si las autoridades de policía se ven obligadas a intervenir en resguardo del orden y cumplimiento de las disposiciones de la ley. Atentamente,-TEODORO PICADO.

—o—

Licenciado don Teodoro Picado San José.

Las consecuencias de lo que sobrevenga debe asumirlas usted o su candidato según quien sea el responsable de que anoche se disparara con ametralladoras y fusiles, y se lanzaran gases lacrimógenos contra una ciudad indefensa. Personalmente oí de las Hermanas Terciarias en el Hospital de Cartago cómo ellas mismas sufrían los efectos de los gases mientras ayudaban a la atención de los heridos hechos por la policía. Si el Código Electoral le sirve a usted para amenazar a la Oposición injustamente agraviada, las más elementales leyes humanas lo deberían obligar a impedir que la policía le rompiera el cráneo a un joven, como en el caso de don Fernando Volio hijo, por haber acudido en ayuda de su padre y con los puños vacíos mientras la policía lo flagelaba en el suelo. Ningún código del mundo autoriza a ningún gobernante para hacer disparar ametralladoras y rifles sobre una ciudad que no tiene armas, por sus opiniones políticas. Su candidato hace reuniones y desfiles cuando le viene en gana; su policía lo acompaña y el Código Electoral no autoriza que se descargue el black jack sobre los ciudadanos ni que se ofenda como aquí en Zarcero, a las señoras, para todo lo cual usted se hace de la vista gorda, en tanto que nos amenaza cuando, con el corazón herido, nos alistamos para hacer una protesta cívica por la sangre que usted o su candidato hicieron correr en Cartago. El camino de mi deber me lo marca mi conciencia y le ruego no imponerse tarea de decirme qué es lo que yo debo hacer, sino preguntarle a su propia conciencia qué es lo que usted debe hacer como gobernante. Le ruego además, imponerse del telegrama que le dirijo a don Mario Echandi para que conozca la actitud que asumo en estas circunstancias. Atentamente,-OTILIO ULATE.

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Señor don Mario Echandi:

Rogándole reunir comités directivos en sesión permanente y delegando yo en ellos mis funciones por imposibilidad de estar temprano de regreso, sírvase someter a consideración siguiente telegrama: (el dirigido a Teodoro Picado). Mi opinión es que manifestación se lleve adelante si comités consideran llegado ya momento de enfrentar resolución popular a la violencia oficial. Caso contrario puede ser más eficaz promover para dentro de tres o cuatro días gran movimiento nacional desobediencia y brazos caídos. Simultáneamente sugiero que por conducto de don Juan Dent se interpele al gobierno sobre si al amenazar a la Oposición por manifestación de protestas contra atentado criminal de la República anoche en Cartago está dispuesto a dar garantías en aquella ciudad y resto República y ejercer sanciones y cuáles son específicamente las garantías y las sanciones. Afmo.,-OTILIO ULATE.

Por los diarios se había enterado la gente de un memorandum, suscrito por el Presidente y resultado de la conferencia sugerida por el Jefe de la Oposición. Decía así:

Memorandum para don Juan Dent.

1) Insisto en que los desfiles políticos son prohibidos en esta etapa de la campaña política. No obstante ello, en obsequio a mi deseo de que no se produzcan choques de los manifestantes con la policía, y de acuerdo, con los deseos de usted, he dado instrucciones a las autoridades para que toleren dicho desfile de la explanada de La Soledad hasta el edificio del «Diario de Costa Rica», donde habrá de terminarse, para evitar mayores trastornos u oportunidad de rozamiento con los demás partidos.

Es entendido a su vez, que los oradores y dirigentes de la manifestación tratarán por todos los medios que estén a su alcance de evitar que los manifestantes ataquen propiedades de sus adversarios políticos o tengan incidentes con éstos.

2) En lo que toca a la situación de Cartago debo advertir que la policía permanece reconcentrada, no obstante que los ulatistas han asaltado el club calderonista y han detenido un camión que traía para esta capital la leche de los señores Francisco Calderón, Joaquín Aguilar Esquivel y Fernando Esquivel. Procuro designar un primer comandante que, a mi juicio, inspire confianza. Debo advertir que el Coronel Vaglio desempeña su cargo interinamente.

TEODORO PICADO

Cuando el permiso llegó a conocimiento de los oposicionistas, ya el desfile en disputa había recorrido toda la Avenida Central y comenzaban a llenarse de gente las calles cercanas al «Diario de Costa Rica».

La huelga nacional de brazos caídos fue proclamada oficialmente por la Oposición, a las nueve de la noche del martes veintidós de julio, después de una reunión de cuatro horas de los miembros de los comités, del Partido Unión Nacional y de los diputados oposicionistas. Se había deliberado largamente y a pesar de estar todos de acuerdo en la idea de un paro general, un grupo lo quería inmediato, mientras que otro había sugerido el previo nombramiento de un comité organizador el cual habría de fijar el momento en que la huelga debiera producirse.

El primer criterio prevaleció y en la decisión tuvieron peso las manifestaciones de los Jefes de Acción del Partido en Alajuela y Heredia, quienes garantizaron que en sus ciudades todo estaba listo para un paro inmediato. Vehementemente, una delegación de Puriscal insistió en la huelga inmediata y grupos de ciudadanos, de todas las clases, invadieron el edificio del Partido a un solo grito:

-¡Huelga! ¡Huelga!

Miles de ciudadanos, congregados por las sirenas de los periódicos al servicio de la oposición, leyeron entusiasmados la noticia escrita con grandes caracteres en las pizarras:

-¡Huelga! ¡Huelga!

Y hacia todos los rumbos de la ciudad capital partieron improvisadas manifestaciones de júbilo. En una de ellas iba Juan Morales cuando la policía hizo fuego.

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