IV. EL FANTASMA DEL MIEDO


Con las noticias de los periódicos aguijoneando su angustia, Juan Morales sale a observar por las calles. Es la primera vez que una huelga de no cooperación se declara en el país y no puede atribuirse a falta de fe el que un hombre dude del éxito del movimiento.

El sol está alto en la clara mañana cuando Juan Morales se ve obligado a detenerse, porque la emoción ha llenado sus ojos de lágrimas. El San José que ha mirado es algo diferente de la despreocupada y alegre ciudad cotidiana. Las cerradas puertas del comercio de los Bancos; de las oficinas, dan a la capital una gravedad de siglos. Sin saber exactamente por que, Juan Morales piensa en las piedras y en los cementerios. Comprende que muchos de los que a su lado pasan piensan en la muerte.

-Será la voluntad de sacrificio -se dice- o más bien el temor de ser asesinado como los dos hombres de anoche. O tal vez nada más que el grave ambiente, extraño y nuevo.

Se entera de que sólo unas pocas pulperías pequeñas permanecen abiertas; que los empleados de los Bancos han constituido un Comité de Huelga con representación del noventa por ciento del total, obligando al cierre de las instituciones por falta de personal para atender al público; que se han comprometido bajo juramento a aceptar solidariamente las consecuencias de su actitud, declarando que se juega el destino de la Patria y que ningún hombre honrado y digno puede ceder un ápice. Se entera también de que las empresas de aviación están cerradas.

En los días sucesivos se agregarán a la paralización de actividades el cuerpo médico, las barberías, los teatros, las carnicerías, las telefonistas, el personal del Ferrocarril del Norte, los empleados del tranvía, los dry cleanings, los depósitos de madera, las farmacias, los empleados judiciales, 135 agentes viajeros y los trabajadores de las Compañías Eléctricas.

La policía acantonada en las calles cercanas a la Avenida Central, ha reprimido salvajemente la manifestación estudiantil anunciada en los diarios, disparando los máuseres al cuerpo, a matar.

Las autoridades se han acostumbrado pronto a asesinar, y su saña va en aumento. Al mediodía los gendarmes caen sobre las estaciones radioemisoras al servicio de la oposición, decomisándoles piezas esenciales y dejándolas inútiles. Entretanto, las emisoras al servicio del Gobierno se dedican a propalar falsas noticias, resguardados sus estudios por piquetes de policía fuertemente armada. Y aunque inmediatamente después del atropello los oposicionistas presentan recursos de habeas corpus, se estima que estos no serán conocidos, por la Corte Suprema de Justicia antes del lunes.

El Gobierno ha violado la libertad de pensamiento y de expresión, sin estar suspendidas las garantías constitucionales.

Mientras las estaciones radiodifusoras son clausuradas, el Gobierno desata tremendas balaceras en el propio corazón de la capital. Frente al Diario de Costa Rica son atacados vilmente los ciudadanos que esperaban noticias y observaban los acontecimientos, y algunas balas horadan las paredes del periódico. Al mismo tiempo, policía y jeeps dispara sin piedad sobre las personas que transitan en la cercanía de los Juzgados, hiriendo a varios ciudadanos y asesinando al escribiente de la Alcaldía Primera Civil. El número de víctimas va aumentando. Diez muertos y dieciocho heridos reportan los informes del Hospital San Juan de Dios. Y el alto porcentaje de muertos se atribuye a la horrible circunstancia de que las fuerzas gobiernistas están usando proyectiles de fragmentación. Un hilo de sangre va uniendo a los costarricenses, y el pueblo, en el dolor y el sacrificio, va afirmando su voluntad de triunfo.

Por la noche, Juan Morales escucha nuevos tiroteos. Se entera que cerca de la estación del Atlántico un hombre ha sido herido y que en la vecindad del Hotel Europa los comunistas, ebrios de alcohol y sangre, han atacado a bala a un caballero que acompañaba a su esposa, dejándolo tendido sobre la acera, entre la vida y la muerte.

El Gobierno ha armado a tres mil comunistas, con los que ha reforzado el ejercito. Y la noche asombrada del miércoles veintitrés, contempla a unos extraños personajes provenientes de las regiones costaneras que, envueltos en cobijas de lana o algodón, patrullan por las calles de San José. En cada esquina cuatro o cinco, armados de máuser y con fajas de tiros en la cintura, medio ebrios con el guaro que personajes influyentes del Gobierno les repartieran para hacerlos más irresponsables y crueles. La policía permanece concentrada en los cuarteles, ante el temor de represalias por parte de la oposición y lista para ser transportada al lugar en que se presenten los temidos disturbios.

El Gobierno se va encerrando en su miedo, y todo asesinato posterior, toda la intransigencia y la maldad patentes en sus actos, habrán de ser en gran parte producto de ese miedo. Cada disparo no derribará solamente a un hombre: ira contra un fantasma. Y habrá algo ante el Gobierno, invisible, impalpable, pero siempre y en todo presente.

Polígrafos anónimos han reproducido el boletín que el Comité de Huelga redactó al comenzar la noche, y la ciudad se llena de noticias y esperanzas. En la paz de un hogar, turbada sólo por los gritos que en la calle profieren las gargantas de los retenes comunistas, alguien lee el boletín, que ha sido deslizado suavemente por bajo la puerta. Y los ojos, los oídos, las almas van siguiendo una a una las frases esperadas:

“El calderonismo y el Gobierno por medio de sus estaciones de radio, quieren dar la idea de que el movimiento de huelga ha fracasado.

Es falso. La huelga sigue en pie y triunfante. Todo el comercio de San José ha cerrado sus puertas. Los Bancos están cerrados y lo mismo ocurre con las sucursales de provincia.

De Heredia, de Alajuela, de Cartago, de todos los cantones, las noticias son magníficas. El cierre es general Las actividades se están paralizando, y el triunfo será del pueblo. Costa Rica está al borde de recobrar su normalidad, su tranquilidad y su democracia.

El Gobierno envió está mañana piquetes de policía a cerrar las estaciones Alma Tica, Monumental, Titania, Nueva Alma Tica y Sonora. Es decir, todas las estaciones de la Oposición. Por lo tanto, todas las noticias que se digan por radio son emanadas del Gobierno o del caldero-comunismo, y por lo tanto, falsas, porque esas gentes nunca han dicho la verdad. La única verdad es que el movimiento de huelga, que es el movimiento más vigoroso, más patriótico, más hermoso y más decidido que ha emprendido el pueblo de Costa Rica, está triunfante y victorioso.

Lo único que los grupos oficiales han podido hacer contra la huelga, es asesinar. A las cinco de la tarde de hoy miércoles suman ya a diez los muertos en San José. Por eso recomendamos la mayor prudencia y que todos se abstengan de salir a la calle, salvo caso de necesidad, lo mismo que lanzar gritos o silbar a la policía, porque ya la policía está derrotada.

Se ha presentado un recurso de Hábeas Corpus ante la Corte de Justicia para lograr que se reabran nuestras estaciones de radio. La Oposición ha acudido a los Tribunales, porque está dentro de la Ley. El que está fuera de la Ley es el Gobierno, desde que mandó a ametrallar a la ciudadanía de Cartago el domingo veinte, y a la de San José el miércoles veintitrés.

La huelga sigue prosperando vigorosamente. Todas las actividades del país siguen en cierre. Cualquier noticia contraria es falsa. Inventada por el comunismo, por el calderonismo, por el Gobierno, por La Voz de la Víctor, o por La Tribuna. Fíjense las colonias extranjeras en la magnitud del cierre y en la magnitud de la protesta. Así podrán darse cuenta del tamaño de la Oposición. ¿Cuántos establecimientos podría cerrar en circunstancias similares el partido de Rafael Angel Calderón?

EL COMITE DE LA HUELGA

23 de Julio de 1947. (8:00 p. m.)

La huelga se consolida y extiende mientras el Gobierno y sus aliados, los partidos calderonista y comunista, buscan en toda forma el medio de terminar con el movimiento cívico. La gama de tentativa es amplia y comprende desde el asesinato a sangre fría hasta el intento de persuasión; de la falsa noticia propalada por radio y prensa oficial, hasta la ensañada persecución de dirigentes y militantes oposicionistas; del castigo impuesto al margen de la ley, hasta la amenaza policíaca; de las conferencias con elementos que buscan la conciliación, hasta el saqueo de establecimientos comerciales.

Ante la ineficacia de sus tentativas, el oficialismo trata de desatar el terror, para hacer desistir a los oposicionistas de su empresa, sin percatarse de que lo que hace es proyectar su propio miedo a sus actos. Cuanto más violentamente proceda el Gobierno, tanto menor será en realidad su fortaleza física y moral. Cada acto, cada gesto, será la convulsión de un monstruo pernicioso herido a muerte. Y entre estertores, el tres de agosto se verá obligado a pactar, otorgando por la fuerza de las circunstancias lo que doce días antes no quiso dar por bien.

En la tarde del jueves 24 circula el segundo boletín a mineógrafo del Comité de Huelga:

“El Comité de Huelga informa a la ciudadanía costarricense los últimos acontecimientos relacionados con el movimiento cívico de desobediencia civil.

La Huelga sigue en pie en todo el territorio de la República. Los últimos informes llegados de Guanacaste son satisfactorios: Liberia está en estado absoluto de paro. La situación en las demás provincias sigue igual. Sólo unos cuantos negocios de calderonistas permanecen abiertos y se levanta una lista de ellos como enemigos de la causa nacional.

El hecho más significativo es el de la permanencia en todas las esquinas de la capital, San José, de grupos comunistas armados de carabina y máuseres. El Ferrocarril al Pacífico ha estado transportando hacia la capital a los muelles de Puntarenas, comunistas y todos los militantes de ese partido totalitario para armarlos y tirarlos contra la ciudadanía indefensa, que se mantiene tranquila y sin provocar.

Todos los comunistas de Costa Rica están armados. La policía está reconcentrándose en los cuarteles, patrullando las calles de las ciudades y resguardando ciertos edificios importantes. Pero el hecho sobresaliente es la permanencia en las esquinas de grupos militares, milicianos de caras extrañas, comunistas todos.

El Club Comunista de esta capital está atestado de elementos armados por el Gobierno con ametralladoras y máuseres. Durante los días de huelga se han oído constantes tableteos de ametralladoras y disparos efectuados desde ese local, y es posible que varios de los muertos y heridos hasta el momento lo hayan sido por causa de esos disparos. Durante el día de ayer han ocurrido varios ataques a la ciudadanía indefensa por elementos armados que patrullan las calles y que permanecen en las esquinas. Estos ataques sangrientos son dirigidos por comunistas.

Desde una cantina por el Hospital San Juan de Dios, su propietario, un conocido elemento comunista, dispara con su carabina máuser contra quien se le ocurre. De tiempo en tiempo se paran ahí los jeeps del Gobierno para informarse.

La sensación que priva en el ambiente es la de que el grupo comunista de nuestro país está colaborando y dirigiendo las masacres ocurridas hasta este momento.

Recuerde que todas las noticias de radio provienen de las estaciones del Gobierno. Las estaciones Alma Tica. Nueva Alma Tica, Monumental, Titania, y Sonora fueron clausuradas ayer por piquetes de policía. No haga caso a rumores. La huelga sigue prosperando. Los Bancos siguen cerrados y no abrirán. Los empleados bancarios han firmado pliegos de solidaridad mutua.

EL COMITE DE HUELGA

San José, Costa Rica, Jueves 24 de Julio, (3:00 p. m.)

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