El Revolucionario

El 8 de febrero de 1948 se realizan las elecciones. La oposición afirma haberlas ganado. Otilio Ulate obtiene oficialmente 54.932 votos y Calderón Guardia 44.438. El recuento que dura hasta el 28 de febrero produce una declaratoria provisional, por el Tribunal Electoral, de triunfo de Ulate, sin haber concluido el escrutinio, por lo que no se le declaró Presidente, ni tampoco se adjudicaron las plazas de diputados que produjo una ampliación mayoritaria de diputados de gobierno y de los comunistas, que ya eran mayoría en el Congreso.

El Magistrado electoral Max Koberg Bolandi salva su voto aduciendo los vicios electorales y porque no se había tenido tiempo de realizar el escrutinio correctamente de los votos.

Los resultados electorales de acuerdo a la legislación de la época debía conocerlos y aprobarlos el Congreso Nacional, que se niega a convocar un nuevo proceso por vicios en el padrón y acuerda nombrar los Designados a la Presidencia, como en 1914 y 1932, entre los que se proponía a Julio César Ovares.

El 1º de marzo el Congreso inicia la discusión del resultado de las elecciones. Este mismo día en un incidente confuso, con fuerzas policiales del gobierno, murió en su casa el Dr. Carlos Luis Valverde Vega, diputado electo, mientras se realiza una reunión de la oposición. El levantamiento militar se había puesto en marcha.

La guerra Figueres la había planificado en todos sus detalles. Desde su exilio había adquirido y almacenado las armas. Su finca La lucha era su bodega militar. El ambiente electoral del año 47 y 48 de violencia, terrorismo y la huelga de julio, que mostró la debilidad del gobierno, la habían definido.

El 1 de marzo el Congreso, dominado por diputados del Gobierno y de Vanguardia Popular, anula la elección de presidente de Otilio Ulate, y mantiene el resultado de diputados donde el gobierno como los comunistas habían aumentado su número de representantes populares.

La guerra al fraude estaba declarada. “Pelear o morir” era el dilema. La finca La Lucha, que ya era un campo de entrenamiento, en los primeros días de marzo concentró una gran actividad.

La base social de la oposición en la guerra eran los sectores medios emergentes, estudiantes universitarios, los pequeños propietarios, el campesinado, algunos sectores urbanos y un sector muy importante de los intelectuales. El gobierno carecía de una base social activa. Los comunistas concentraban su fuerza principalmente en los sectores sindicales y obreros agrícolas que tenían organizados, en algunos sectores urbanos y pequeños grupos de estudiantes.

El 11 de marzo bajo el mando de Figueres se inicia la insurrección militar en las montañas de Dota y Tarrazú. A sus 700 hombres, de grupos irregulares de combate, los llama Ejército de Liberación Nacional, que llegó a tener 1200 hombres, el 22 de abril, terminada la guerra.

Organizó las unidades militares en batallones, dos de ellos el Simón Bolívar y el Francisco Morazán. A esta fuerza se agregó casi un centenar de miembros de la Legión Caribe, que se veía como un ejército internacional, y aunque carecía de estructura, esperaban continuar la guerra en Centroamérica y el Caribe contra las dictaduras luego de derrocar al gobierno de Picado. Recibieron también apoyo de Rómulo Betancourt, con quien ya tenía una estrecha relación, Ramón Grau San Martín, de Cuba, y apoyo militar del gobierno de Guatemala.

Una guerra rápida, de gran capacidad de movimientos por parte de los insurrectos, al estilo de una guerrilla. Los Planes Maiz, Clavel y Magnolia marcaron la estrategia de la guerra. Con ellos se tomarían las principales ciudades del país.

El 12 de marzo había caído la primera ciudad en manos de los insurgentes, San Isidro de El General, y se levantaban San Ramón y San Carlos. El Presidente Picado reconoce la debilidad del gobierno.

El 23 de marzo lanza su Primera Proclama, en Santa María de Dota. Llama a la población a integrarse a la lucha con palos, piedras, realizando actos de sabotaje y desorganizando al gobierno “usurpador”, y anuncia la fundación de la Segunda República.

La Embajada americana aún no había reconocido como electo al Presidente Ulate. Además tenía un doble juego de apoyar tímidamente al gobierno y facilitar el abastecimiento de armas de la oposición insurgente.

El 1 de abril pronuncia Figueres su Segunda Proclama, en la cual declara su guerra a la pobreza, luchar por el bienestar del mayor número, construir una patria sin miseria, y rechaza que a su movimiento se le vea como reaccionario, burgés o retrogrado.

El 7 de abril, cuando Figueres decidió tomar Cartago, marcó el viraje de la guerra, de una defensiva y de posiciones pasó a la ofensiva.

El 11 de abril había caído el puerto del Atlántico, Limón, donde recibió apoyo militar del extranjero. Al día siguiente Cartago a pocos kilómetros de la capital. La batalla de San José, la capital se veía sangrienta.

El gobierno se negaba a convocar y movilizar a la población. Los comunistas estaban en armas con el gobierno pero reclamaban no recibir el apoyo suficiente y cierto sabotaje de parte de los altos oficiales y de algunas autoridades del gobierno, con el suministro de armas y parque.

Siguieron algunos combates importantes que prepararon y presionaron para impulsar nuevas conversaciones, las que pondrían fin al conflicto, que se iniciaron el 14 de abril, al amparo de algunos embajadores radicados en el país, que se reunieron en la Embajada de México, y dio origen al llamado Pacto de la Embajada de México.

La situación era difícil. Internacionalmente, acababa de producirse el asesinato de Gaitán en Colombia, con la presencia del General Marshall allí. El movimiento armado en el país contribuía a crear una situación de inestabilidad alrededor del Canal de Panamá, que preocupaba a Marshall, ya que en Costa Rica la fuerza armada del gobierno era mayoritariamente integrada por las fuerzas comunistas.

La situación militar en el extranjero se pintaba como el intento de dominación comunista de Costa Rica y se pedía en Nueva York la colaboración para liberar de rojos al país, y se indicaba que se trataba de una invasión rusa en le continente americano, para controlar el Canal.

Somoza era aliado del gobierno, y le propone al Presidente Picado que se traslade con su gobierno al norte del país, solicite su colaboración para enfrentar a Figueres, lo que él haría y de paso acabaría con los comunistas, situación que no acepta el Presidente Picado.

Pero Somoza preocupado por el alzamiento de Figueres, que prometía seguir luchando contra él, decide intervenir militarmente el territorio nacional, para distraer más a Figueres.

El gobierno estaba sumamente debilitado. Otilio Ulate que no había ido a los combates, dudaba de la sinceridad de Figueres y hasta creía que había planeado asesinarlo, por lo que pidió el apoyo y la protección de los comunistas, pues tampoco confiaba en las fuerzas de gobierno. Estos lo llevaron al Palacio Arzobispal donde lo custodiaron durante la guerra.

Desde finales de marzo se habían iniciado conversaciones entre las fuerzas beligerantes buscando una salida al conflicto, por medio de una comisión negociadora, que discretamente trabajaba, incluso buscando una presidencia transitoria de dos años en la figura del Sr. Julio César Ovares. Sectores de los distintos bandos y el jefe de la Iglesia participan en estos esfuerzos.

El 17 de abril el Presidente Picado prácticamente había capitulado. Los comunistas y figueristas logran reunirse en las montañas de Ochomogo, entre Cartago, en manos de los insurgentes, y la capital. Aquí hablan de la situación nacional.

Manuel Mora frente al peligro de una invasión del ejército norteamericano, que había recibido órdenes de movilizarse, y de parte del ejército somocista, le propone a Figueres unirse frente al enemigo exterior. Figueres le dice que la única posibilidad es su rendición y que él garantiza las condiciones que Mora le propone, que se rubrican en lo que se conoce como El Pacto de Ochomogo, de lo cual enteran a los negociadores de la Embajada de México. Las garantías de Mora eran pocas: seguridades para sus hombres, propiedades y bienes, respeto a las garantías sociales y laborales, legalidad para las organizaciones políticas y sindicales, fortalecimiento de los seguros sociales e indemnización sin exclusiones a los partidos políticos.

El 18 de abril el Presidente le entregó el gobierno al Tercer Designado a la Presidencia, el Ing. Santos León Herrera, a quien le comisiona llegar a un entendimiento con las fuerzas rebeldes, y de su parte da por terminada la guerra civil.

El 19 de abril Figueres entrega las condiciones a Vanguardia Popular, que había solicitado, indicando que no abrigaban contra ellos prejuicios ni perjuicios, y que si pudieran actuar conjuntamente lo haría para realizar los ideales más sentidos para la clase trabajadora y el pueblo costarricense.

El 20 de abril Teodoro Picado deja el territorio nacional. Al mismo tiempo se está fundando en Bogotá la Organización de Estados Americanos, la guardia nacional nicaragüense abandona el territorio nacional y el Dr. Calderón Guardia también sale del país.

40 días duró el enfrentamiento que no tuvo al final una solución militar. Dieciocho días duraría el gobierno de transición de Santos León Herrera, entre los que estaban José Figueres, Fernando Valverde, Alberto Martén, Francisco Orlich, Raúl Blanco Cervantes y Bruce Masís

Figueres por su parte había logrado establecer un pacto con Ulate, con el cual se comprometía entregarle el gobierno pero una vez que él gobernara transitoriamente durante 18 meses, prorrogables a 24, situación que Ulate no pudo evitar. El Pacto lo firman el 1º de mayo, de manera que el Presidente Santos León Herrera terminaría el período el 8 de mayo, que le entregaría el mando a José Figueres.

Así se preparó la entrada victoriosa de Figueres a San José y la integración provisional del nuevo gobierno. También se iniciaba una nueva situación de perseguidos políticos y de exilados.

El 24 de abril entra Figueres a San José, recibido eufóricamente.

El 27 de abril Manuel Mora y la escritora comunista Carmen Lyra se asilan en la Embajada de México para salir hacia ese país.

El 28 de abril se celebró la nueva situación con el llamado Desfile de la Victoria, con gritería de ¡Viva Figueres!, ¡Viva la Revolución!, ¡Viva la Segunda República!

La Revolución consolidó a Figueres como la figura política del momento, como el líder indiscutible, como jefe natural, resaltó su gran habilidad personal y política, de estricta disciplina personal, y le dió gran popularidad, prestigio personal y político. Su figura era magnética, carismática y atrayente, como su discurso, su voluntad tenaz.

Así había terminado la guerra, que produjo un saldo de unos 3000 muertos, 99 del Ejército de Liberación Nacional, cerca de 400 del gobierno y aproximadamente 2500 de los comunistas.

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