Esta comedia no es divina

Rumbo a Santa Rosa

Capítulo 49

Rumbo a Santa Rosa

El día siguiente fue de grandes zozobras. Se supo que la noche anterior los invasores habían atacado Puerto Soley, cerca de la frontera con Nicaragua. Allí había un destacamento de voluntarios gobiernistas entre los que se encontraban Jorge (Cholo) Rodríguez, Max Villalobos, Jorge Lobo Espeleta, Ricardo Benavides, José Luis (Manco) Murillo y otros muchos que resultaría largo mencionar.

Según contaban, fue un ataque sorpresivo, pues los soldados gobiernistas estaban contentos porque habían llegado informes de que el aeropuerto de El Amo ya había sido totalmente rescatado por un destacamento al mando de Frank Marshall, y prácticamente el esfuerzo de Calderón Guardia por volver al poder con el apoyo de Tacho Somoza había fracasado.

Los de Puerto Soley estaban descuidados cuando les cayó encima la fuerza invasora, causándoles varios heridos entre los cuales se encontraban Ricardo Benavides, a quien le inutilizaron una pierna, y José Luis (Manco) Murillo, quien no obstante faltarle una mano, se alistó en el ejército para ir a defender su patria. Estuvo muy mal herido, pero lograron salvarlo.

Al final de la batalla, los invasores se llevaron para Managua 39 prisioneros y en el encuentro entregaron su vida Bernal Vargas Facio, un muchacho Ugalde vecino de Barrio Mercedes de Heredia, otro muchacho Roldán y Eloy Morúa Carrillo, un joven abogado que era toda una promesa para el país, fundador junto con otros del Centro para el Estudio de Problemas Nacionales y hombre de gran valor e inteligencia brillante.

Jorge (Cholo) Rodríguez fue uno de los pocos que logró salvarse de caer prisionero lanzándose al mar. Un día después llegó a Murciélago, en donde dio todos los detalles que pudo sobre lo que había sucedido en Puerto Soley.

Entre otros hechos importantes, ya había intervenido la OEA y una comisión nombrada por este organismo internacional había ido a Nicaragua para jalarle las orejas a Tacho Somoza.

En realidad, con la intervención de la OEA y la toma de El Amo por parte del gobierno, la contrarrevolución había fracasado totalmente. Calderón Guardia se quejaba en Managua de la falta de apoyo en el interior del país; él creyó que una vez atacado el puesto fronterizo de La Cruz, en distintos sectores se fomentarían levantamientos de apoyo a su invasión, pero no sucedió así.

Los reclutas que quedaban en Murciélago no podían regresar por avión, porque el que se había atascado al final del campo de aterrizaje estaba bloqueando la pista y resultaba peligroso aterrizar.

A las seis de la tarde se organizó una caminata en fila india que duraría unas quince horas: se partía de Murciélago y el objetivo era llegar por tierra y entre fincas y caminos peatonales desconocidos para la mayoría, hasta la vieja y legendaria casona de Santa Rosa.

Entre las nueve y las doce de la mañana del día siguiente fueron llegando las tropas a su destino bien cansadas y con una hambre de dos días. Vale que en Santa Rosa los que esperaban eran unos cocineros con unas grandes ollas de tamales «king size» e iguales peroles de aguadulce. Pocas veces Federico se había comido un tamal con tantas ganas.

Luego descansaron toda la tarde y por la noche partieron en vagonetas del Ministerio de Obras Públicas hasta el cuartel del Liberia. Allí durmieron tirados en los corredores hasta el día siguiente, que era 30 de diciembre.

Después de tomar un desayuno bastante bueno, dieron la orden le partir hacia el aeropuerto: tres aviones esperaban allí para trasladar las tropas a San José. El propósito era que los soldados pudieran llegar a tiempo para recibir el año nuevo en unión de sus familias.

Quedaba atrás otra negra página de odio, muerte y violencia, provocada por las desmedidas ambiciones de los políticos.

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