Esta comedia no es divina

1955

Capítulo 55

1955

Volviendo a la contrarrevolución del 55, don Chico Orlich, y-a al mando de las fuerzas del gobierno en la zona de San Carlos, ordenó un movimiento envolvente que estuvo a cargo de los comandantes Frank Marshall y Domingo García, quienes en forma estratégica obligaron a los invasores a replegarse y a echar marcha atrás en sus aspiraciones de avanzar hacia la Meseta Central.

Mientras tanto, Costa Rica se movía en el campo internacional y· logró que la OEA interviniera ante el gobierno de Somoza, principal alcahuete de los invasores, y una vez comprobada su participación, el gobierno de los Estados Unidos le vendió al de Costa Rica cuatro aviones de caza «Mustang F51» al precio de un dólar cada uno. Y aunque los pilotos costarricenses nunca los habían manejado, Manuel Enrique (Pillique) Guerra y Johnny Victory en un par de días aprendieron a hacerlo y se encargaron de apoyar desde el aire el avance de las fuerzas terrestres del gobierno, que comenzaban a limpiar las zonas de Guanacaste y San Carlos, invadidas por los contrarrevolucionarios.

La presencia de la aviación costarricense bien artillada y manejada con gran audacia sobre el campo enemigo hizo retroceder a toda carrera a muchos de los invasores para refugiarse nuevamente en Nicaragua.

Pero todavía faltaba una batalla dura y brava: la batalla de Santa Rosa, que, al igual que un siglo atrás, significó la expulsión definitiva de quienes desde afuera vinieron a alterar la paz.

En el 56 del siglo XIX, la guerra fue con fusiles de chispa; en el 55 del siglo XX era con aviones de bombardeo. Los invasores perdieron el primero que enviaron a ametrallar las tropas del gobierno. Estas, con muy buena puntería, lograron bajarlo a punta de ametralladora y mortero.

Luego las fuerzas terrestres al mando de Marcial Aguiluz, en la que quizá fue la más sangrienta batalla de ese episodio, logró replegar a los invasores hacia la frontera; pero eso costó la vida a Mario Cordero Croceri, Rodolfo Chavarría Quirós, Eduardo Lobo Cornejo, Álvaro Monge Chavarría y a los periodistas Jorge Vargas Gené y Osear Cordero Rojas. Entre los heridos que se atendieron después de la batalla, se encontraba Andrés Lippa, uno de los héroes del 48.

Por el frente de San Carlos ya todo parecía en calma y LACSA pretendió reestablecer los vuelos regulares enviando un avión de pasajeros a Los Chiles, al mando del Capitán Guillermo (Macho) Núñez, quien en la guerra del 48 se había comportado como un héroe.

Al bajar los pasajeros y la tripulación, fueron sorprendidos por uno de los últimos grupos de invasores que aún quedaban por esa región y quienes, haciendo uso de sus armas, los tomaron a todos prisioneros.

Al día siguiente, el gobierno envió dos aviones con tropas y armamento: uno de ellos al mando de los pilotos Elliott Boza y Ludwig Schlager y el otro al mando de Teodorico (Toco) Zamora y Jorge Alfaro. Al descender las tropas en plan de ofensiva, se encontraron con que los invasores habían cruzado la frontera hacia Nicaragua y se habían llevado a todos los prisioneros. Hubo temor de que los fusilaran y las tropas costarricenses estaban dispuestas a ir a traerlos hasta Managua; pero ya Tacho Somoza, asediado por las circunstancias y la OEA, decidió devolverlos sanos y salvos para evitar más dificultades.

Los aviones F51 desde el aire y las tropas de Frank Marshall por tierra dieron una última barrida por La Cruz, El Amo y toda la zona fronteriza por si aún quedaba algún grupo de invasores.

Habían terminado así las últimas esperanzas del Doctor Calderón Guardia por recuperar el poder. Era el 21 de enero de 1955.

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El Espíritu del 48
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