Esta comedia no es divina

El fraude del 44

Capítulo 22

El fraude del 44

Las elecciones del 13 de febrero de 1944 fueron tal y como se esperaban: el fraude más cínico y descarado de toda la historia de Costa Rica.

Una semana antes, don León Cortés había demostrado su poderío electoral llenando de gente toda la plaza González Víquez en una manifestación de fuerza cuyas proporciones nunca se habían visto. Esto preocupó mucho al Presidente Calderón y pensando que el cortesismo desfilaría hacia la Casa Presidencial para pedir garantías, reunió rápidamente a unos cuantos dirigentes comunistas y les pidió organizar una especie de contra-manifestación por las calles de San José para desviar la atención hacia otro lugar. Esta contramanifestación desbordó sus límites y terminó prendiéndole fuego al club cortesista.

En el día de las elecciones se vieron cosas que no se habían visto antes: con el mayor cinismo se integraron las mesas de votación, no con un miembro de cada partido, que hubiera sido lo razonable, sino que, en las provincias de mayor votación, había en cada mesa dos picadistas y un comunista o dos comunistas y un picadista, y ningún representante del cortesismo. Para disimular un poco esta barbaridad, al cortesismo le dieron, en un par de provincias menores, representación mayoritaria: en las mesas.

Uno de los maravillosos resultados que obtuvieron con esta integración fue que José Figueres, candidato a diputado en el primer puesto de la papeleta cortesista por San José, no saliera electo. Según Calderón Guardia, León Cortés no tenía votos ni para sacar un diputado en la capital.

Pero sólo a León Cortés se le pudo ocurrir poner a Pepe Figueres en el primer puesto de la papeleta por San José. ¡Habrase visto; qué irrespeto a la vanidad del Doctor!

En los pueblos el ambiente era pesimista. El fraude se respiraba desde temprano con sólo ver la actitud de las autoridades, definitivamente parcializadas. Al cerrar las urnas electorales, hubo varios asaltos a las mesas que, según las autoridades sospechaban, habían sido perdidas por el picadismo. Querían alterar sus resultados como los alteraron en casi todo el país por medio de diversos ardides, como la colocación de votos a favor de Picado en el fondo de las urnas antes de empezar la votación y la formación de cadenas con las cuales a un votante le daban en la calle una papeleta ya marcada: debía depositar ésta en la urna y traer afuera la limpia que recibía en la mesa de votación, a cambio de la cual recibía unos 50 colones. También intentaban emborrachar a los cortesistas que se dejaran, porque así no les permitían entrar al recinto de votación.

Hubo miembros de mesas cortesistas que ese día se convirtieron en héroes o mártires o las dos cosas. Timoleón Morera en La Ceiba de Alajuela y Alberto Guzmán, José Mercedes Rivera e Ignacio Guzmán en Llano Grande de Cartago, prefirieron caer abatidos por las balas de los sicarios del gobierno, que entregar las urnas electorales encomendadas a su custodia.

Eran aquellos dorados tiempos en que se gobernaba al estilo del Doctor.

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