Luis Alberto Monge: Un campesino cultivado

Luis Alberto Monge Alvarez

Luis Alberto Monge
Un campesino cultivado

Camilo Rodríguez Chaverri

Un día que fui a entrevistar a don Luis Alberto Monge, le llevé como obsequio tres libros míos de poemas y uno de cuentos.

Como quince días después, lo entrevisté en una emisora. Antes de iniciar, sacó mis libros. Tenía unos cuantos poemas subrayados y otros marcados. Me mostró un poema, cerró el libro y me lo dijo de memoria…

Es un hombre de detalles, y se hace amigo de uno siempre. Sabe ganarse a la gente. Es dulce y simpático por naturaleza, afable y muy ameno. Tengo un mar por horizonte, y me cuesta escoger el punto del paisaje en que detendré mis ojos.

He tenido diez sesiones de trabajo con el expresidente Luis Alberto Monge y me toca comprimir en treinta cuartillas una vida entera llena de proyectos, ilusiones, batallas y victorias.

En medio de un centenar de fotografías y otro centenar de platones, el ex presidente se ha tomado el tiempo necesario para ir desgranando su vida. Se sienta en un trono de madera, con unos mangos para las manos que parecen un par de serpientes con cabezas de felino.

Atrás, un escudo de Costa Rica en paño tricolor, en medio de todo tipo de recuerdos, galardones y reconocimientos que cuelgan casi en todas las paredes de esta casa.

Se toma el tiempo necesario para hablar de la vida, de los artistas que lo han impactado, de lo que vivió en la política y en la vida pública.

Varias veces almorzamos con Chavelita, su recepcionista, y Viria, su asistente. Después de largas tertulias, pasamos a la sala de mimbre, al frente de una piscina que ya casi es virgen de nuevo.

En los corredores exteriores, hay decenas de decenas de pinturas, cuatro obras de Fausto Pacheco, una de Amighetti y todas las obras pictóricas que le han regalado. Se conservan bien, como milagrosamente, como si Don Luis Alberto las pusiera ahí para que puedan mirar el agua y nutrirnos…

Cinco tardes enteras estuvimos en la casa de don Luis Alberto Monge para esta entrevista. Almorzamos con él, con Viria, con quienes integran su pequeño grupo de trabajo y se han ido convirtiendo en su núcleo familiar.

Don Luis Alberto fue paciente, entretenido y gozó mucho recordando su vida, su paso por la función pública, su historia llena de anécdotas e interrogantes.

Habla de su niñez en Palmares, de su paso por el Instituto de Alajuela y por el Mercado Central, donde trabajó y fundó un sindicato; de su amistad con Rodrigo Facio y el Padre Benjamín Núñez; de la influencia de Haya de la Torre en su vida; de Don Pepe y Oduber; de su gobierno, en medio de la aguda crisis, y finalmente de Óscar Arias, José María Figueres y Abel Pacheco.

El texto es pausado y distendido, como don Luis Alberto, quien nos sirvió un té verde, nos contó de su amistad con Mario Moreno, ‘Cantinflas’, y hasta de sus últimos encuentros con Don Pepe. No todo cabe en estas cuartillas, y el resumen en estos casos siempre huele a sangre, a cuchillo que corta un poema, pero he aquí un extracto de nuestro encuentro.

Galería

Luis Alberto Monge nació en Palmares, 100 metros al Este de la Iglesia Parroquial. “Ya no existe la casa. Lo único que tengo es una pintura de ´Chepito´ Ureña. Él se tomó el cuidado de ir a Palmares, habló con mi hermana, vio muchas fotos de la casa, y así me regaló lo único que me queda de esa casa.

“Somos seis hermanos Monge Álvarez y del segundo matrimonio de mamá, tenemos una hermana, Delia Fernández Álvarez, pero igual la gente cree que ella es Monge. Es que mamá murió y ella se crió con mis hermanas.

“Mi papá se llamó Gerardo Monge Quesada y mi mamá Elisa Álvarez Vargas. Yo casi no conocí a mi papá. Cuando él murió, yo tenía 4 años. Tengo recuerdos de él, eso sí, alguna gente se queda impresionada de todas las cosas que recuerdo.

“Él se enfermó, vino a tratarse a San José. Recuerdo cuando hicimos ese viaje. Nos fuimos por unos polvazales terribles, por una ruta de San Miguel de Naranjo

“Cuando eso, a Palmares la cazadora sólo entraba en verano. En invierno, sólo se podía ir a caballo, y se tomaba la cazadora en Naranjo.

“Recuerdo el episodio: me subía en una sillilla a asomarme por la ventana de vidrio.

“Mi papá era un hombre con muchas inquietudes cívicas e intelectuales, pero sin posibilidades de sacarlas adelante.

“Supe por mi hermana mayor que era un tipo muy querido en Palmares. Tenía un cierto liderazgo. Por mis hermanos me enteré de cosas muy curiosas. Por ejemplo, mi padre simpatizó con el Partido Reformista del Padre Jorge Volio Jiménez, el general.

“En alguna ocasión, mi padre vino a visitar a don Ricardo Jiménez y a don Cleto González Víquez para pedir como jefe de una comitiva, mejoras para el Palmares lejano y pobre.

“No tuve abuelos, cosa muy triste, porque cuando somos niños siempre necesitamos abuelos. Mis abuelos paternos se llamaron Prudencio Monge Esquivel y Custodia Quesada, de los Quesada que colonizaron Ciudad Quesada, la villa.

“Ese abuelo acumuló mucha tierra por la zona de Buenos Aires, donde ahora pasa la carretera de Puntarenas, llegando a Palmares. Decidió darle a cada uno de sus hijos un pedazo de sus fincas. Papá lo vendió y se metió a comerciante. Tuvo una pulpería en la entrada del mercado de Palmares. Éramos vecinos de don Luis Estrada Fernández, padre de todos los doctores Estrada; a 100 metros vivía don Mario Urpí, uno de los fundadores de la mata de los Urpí en Costa Rica.

“En ese negocio de mi papá se vendía pan, medicinas, jabones y ropa. Como enfermó, nos vinimos para San José. No sé exactamente qué tenía ni qué le hicieron. Aquí lo trataron los mejores médicos, se dieron cuenta que era un campesino con dinero y lo explotaron mucho.

“Le hicieron una operación quirúrgica, ya se había recuperado y en eso tuvo un fallo cardíaco.

“Mi padre murió de 45 años de edad, dejó una viuda de 28 años, con seis hijos. El negocio de él quedó en manos de los empleados, porque a mamá nunca le permitió trabajar y no sabía qué hacer. Al final, quebró el negocio.

“Entonces, vino la gran tragedia de nosotros. Caímos en pobreza. No había ingresos. El mayor tenía 12 ó 13 años. Era Gerardo, ´Lalo´, y se fue a trabajar en la construcción de la carretera a San Carlos. Eran los años de la Gran Depresión.

“Con el correr de los años, con lo que yo estudié después, me di cuenta que la quiebra del negocio no sólo fue impericia, que fue el crack mundial del 29. Por eso es que, estando yo muy chiquito, los amigos nuestros se iban de Palmares. Recuerdo el caso de la familia de Miguel Quesada, porque una cerca de piñuela era lo que nos separaba. Decían que iban para El General, en Pérez Zeledón. Fue tanta la gente que se fue para allá que fundaron otro Palmares, que ahora es distrito. Muchos eran de Esquipulas de Palmares.

“Otros se iban a la Península de Nicoya y ahí muchos de ellos llegaron a surgir, llegaron a ser finqueros.

“En un pueblo, hay más dificultades. Por ejemplo, cuando yo estaba en la escuela, no había sexto grado en Palmares, ni en Buenos Aires, que era donde mi papá tenía tierras. Iba a hacerlo a San Ramón. Iba por entre barriales. Una tía mía trabajaba en una librería que se llamaba ´La Española´, y sabía que lo que me gustaba era los libros, así que me regalaba hasta diccionarios

“Me tocó vivir parte de esa realidad de pobreza, porque soy el cuarto. El mayor es Gerardo; el segundo, Víctor Julio; entre Víctor Julio y Miriam, que es la tercera, había otro, pero no sobrevivió. Después de mí, la quinta es Carmen Lía, y luego Nautilio, ´Tilo´, que trabajó mucho en cooperativas. Seguro mi papá leyó alguna novela donde venía un personaje con ese nombre.

“Mi padre recibía los periódicos de la época, aunque llegaban atrasados. Hay un episodio muy interesante, que demuestra que mi padre tenía una visión un poquito más avanzada: se lanzó la idea de la provincia de San Ramón, que absorbía a Zarcero, a Palmares. Un sacerdote, Bernardo Gómez, sublevó al pueblo contra la provincia. Los alajuelenses lo convirtieron en un héroe. Lo cierto es que echó a perder la provincia de San Ramón.

“En Alajuela, hay un parque que se llama Parque Palmares, en honor a los palmareños. Cuando ganaron, el Padre repartió plata para triquitraques, pero advirtió para que no les compraran a Mario Urpí, Gerardo Monge y Luis Estrada, porque habían sido traidores.

“Mi papá argumentaba que si había una cabecera de provincia a los 7 kilómetros, aunque fuera por camino viejo, seguramente iba a haber colegio, un gobernador y mayores facilidades. Él estaba seguro de que Palmares se iba a favorecer.

“De esa lucha es que nació mucho clavo entre la gente de San Ramón y la gente de Palmares, pero sirve para ver cómo mi padre estaba por encima de las típicas pugnas entre los pueblos vecinos”.

“Viví en Palmares hasta los 12 años de edad. Al terminar el sexto grado, me fui, porque no me entendía con mi padrastro. Había presentado exámenes para una beca de la Municipalidad de Palmares con la idea de ir al Instituto de Alajuela. Me dieron la beca y estuve los cinco años en Alajuela. La beca era de 45 colones por mes, para pagar comida y alojamiento. Vivía en el Barrio El Carmen. El camino de Alajuela centro a El Carmen era puro barro.

“Ahí estaba la fábrica de aceites y grasas de un migrante mexicano, Tomás Garrido Canabal, quien había sido expulsado de su país porque fundó un movimiento político en Tabasco, un movimiento muy radical, pareciera que de tendencia troskista. Fue todo un personaje de la política mexicana. En su movimiento bailaban alrededor de fogatas.

“Se vino para Costa Rica y montó una fábrica con sus hijos. Uno de ellos se llamaba Lenín. Este Lenín Garrido fue el que luego se convirtió en actor y director de teatro.

“Garrido Canabal se convirtió en uno de los pioneros del desarrollo industrial del país. Su fábrica estaba diagonal a la casa donde yo pagaba un cuartito.

“Con el correr de los años, uno de los hijos de la casa donde yo vivía, Espíritu Santo Salas, fue Ministro de Obras Públicas de don Mario Echandi.

“Antes de eso, se divorció y volvió a la casa de sus padres. Fue en ese momento que convivimos. Espíritu Santo era agrimensor. Se levantaba de madrugada para estudiar y trabajar. Él diseñó la circunvalación. Ojalá que todo ese proyecto se llamara Espíritu Santo Salas. Era una gran persona, de origen muy humilde, un hombre inteligente y batallador.

“Me gradué con puros ´dieces´ en todo. Era buen estudiante porque no tenía ninguna posibilidad de distraerme en alguna cosa. Creo que alguien se robó las notas mías, porque yo las tuve guardadas para que me creyeran.

“Todos los muchachos se peleaban por estudiar conmigo. Yo venía al centro para ir a la biblioteca, y estudiábamos de madrugada debajo de los mangos del parque. De pronto nos caía un mango. Viera qué mangazo. A la gente le gustaba estudiar conmigo, porque me gustaba mucho leer.

“Íbamos al colegio incluso los sábados. Precisamente los sábados, cuando salía a las 11 del colegio, me venía para San José en la cazadora, con la ropa sucia, y trabajaba el fin de semana en un tramo del Mercado Central.

“En el mercado, tenía mi trabajito en un tramo de don Humberto Rojas. Estaba en la esquina noroeste, en la esquina de ´El refuego´, como le decían allá por los años cuarenta. Había mucha prostituta en esa esquina. Yo trabajaba cerquita de un hotel de amor transitorio, que se llamaba ´El trébol´.

“En ese tramo en el que trabajé, vendíamos canastos para las cogidas de café, petates, sombreros de los inditos de Tabarcia, hisopos, tabaco en rama.

“Aprendí a curar tabaco. Lo curábamos con pasas y también le echábamos ciruelas. La gente lo mascaba. Gustaba mucho el tabaco que yo curaba.

“Además, me volví un gran técnico en canastos y petates, y en cigarrillos amarillos. Había gente que seguía prefiriendo la rama bien curada. Con una brocha le pasaba uno un embarrijo con clavo de olor, ciruela y pasa. La verdad es que le sabía muy rico a la gente”.

“Era los agitados años 40. Estaba muy polarizado el pueblo costarricense. Unos estábamos en la Oposición, criticando los fraudes y persecuciones, y otros estaban del lado de esos gobiernos; entre ellos, los más militantes eran los comunistas.

“Los comunistas llegaron al mercado para conversar con nosotros. Tenían una organización muy buena. Se vestían de campesinos y llegaban a discutir con los campesinos de La Uruca y Santa Ana.

“Mi patrón era cortesista, un ferviente seguidor de don León Cortés. Él me daba libre para que me metiera en las discusiones de los camaradas. Como yo estaba metido en los sindicatos, no me podían decir que estaba en contra de las leyes sociales. No por creer que las leyes sociales le hacían un bien al país, podía aceptar yo los atropellos del gobierno.

“Hubo muchos incidentes. El dueño de la Talabartería Mexicana era ´Beto´ Hidalgo. Tenía una pata de palo, y cuando se metía un mechazo le agarraba por andar volando hachazos como un pirata. Recuerdo a muchos personajes como él.

“Los de la oposición éramos muy agredidos y acorralados. Aun así, logramos derrotar la reforma electoral del 43. Y lo logramos a pesar de que la oposición de la época era muy heterogénea, pues abarcaba los sindicatos de la Rerum Novarum, el Partido Acción Demócrata, el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales y los grupos conservadores.

“En el 42 ya hubo fraude, y en el 43 presentaron un proyecto de ley que era como oficializar el fraude. Los de Alajuela veníamos a protestar en el tren. Era lo más barato.

“La profesora Ana Rosa Chacón encabezó la lucha de las mujeres del 15 de mayo. Llegaron hasta la Asamblea Legislativa, y Manuel Mora salió diciendo que no se dejaran utilizar por fuerzas enemigas del progreso, pero que iban a retirar el proyecto.

“A mí me visitaban muchísimos dirigentes del Partido Comunista, entre ellos, el hijo del dueño de una refresquería de ahí, del mercado. Sabían que yo era partidario de las leyes sociales. Pero nunca consiguieron sacar nada de mí.

“Cuando terminé el colegio, me fui para el tramo a trabajar a tiempo completo. Empecé a vivir el calor del momento día a día”.

“Le voy a contar cómo nació lo de ser sindicalista. El 2 de agosto de 1943, en un sermón en la Basílica de Los Ángeles, se hizo el anuncio de que se quería ofrecer una alternativa democrática para los trabajadores.

“Primero me acerqué a la Central del Sindicato Rerum Novarum, cuando acababa de salir de bachiller. Estaba trabajando en el Mercado Central. Busqué al Padre Benjamín Núñez, al costado de la catedral. Era la casa de una señora Carolina Dent, que era una benefactora. Hay una escuela que lleva su nombre. Ella no era partidaria de los sindicatos, pero le prestó la casa al Padre Núñez.

“Llegué del mercado y dije que quería hablar con el Padre Núñez. Le dije que era partidario de las leyes sociales, y que estaba en contra del gobierno de la época y del comunismo.

“Los del campo, por lo general éramos de la oposición, porque teníamos una formación católica y conservadora. Le dije que nací católico pero que no era practicante, y el Padre me respondió que no era una organización confesional. Le dije que queríamos defender a los trabajadores y él me empezó a ayudar.

“Organicé el Sindicato de Empleados del Comercio de San José. Recluté a mucha gente de tiendas vecinas al mercado. Fui secretario general durante mucho tiempo. Todas las noches yo estaba clavado ahí, después del trabajo del tramo”.

“Ganaba 27 colones por semana, y me dieron un mejor trabajo en la Cruz Roja, como oficial mayor. Lo que tenía que hacer era atender la correspondencia y llevar las actas del Consejo Nacional. Tenía que trabajar los domingos, porque el Director General de la Cruz Roja, don Alfredo Sasso, el papá de ‘Chaco’ Sasso, era voluntario, y venía a atender la correspondencia y a realizar trabajos administrativos todos los domingos. Fuimos muy amigos hasta el final de su vida. Me siguió queriendo mucho siempre, a pesar de que proveníamos de mundos muy diferentes. Recuerdo que, por ejemplo, siendo yo diputado, vino a convencerme por parte de las cámaras de que el aguinaldo no era conveniente, y le dije que era el mejor negocio para ellos. Al final, creo que lo convencí.

“Todos los domingos, me dictaba cartas para el Comité Internacional de la Cruz Roja, en Ginebra. Allá está, en un edificio, al frente del Palacio de las Naciones Unidas.

“Teníamos muy buena relación con la Cruz Roja Americana. Eran épocas de guerra. Estábamos en medio de la Segunda Guerra Mundial. La Cruz Roja ideó un sistema de mensajes para que los refugiados se comunicaran con sus familiares.

“Recibimos el mensaje de una tica que estaba en Macao. Se había casado con un oriental. El chinito murió y ella quedó abandonada. Tuvimos que mover cielo y tierra para traerla.

“También formamos un matrimonio. Resulta que llegó una nota de un muchacho que estaba en un hospital de lo que después sería Alemania Oriental. Como San José era tan chiquito, yo había visto un rótulo con ese apellido frente a la casa de un cuñado.

“Agarro el mensaje, llego y toco la puerta. El muchacho estaba tuberculoso, se curó, vino y se casó con una prima de él, que vivía aquí. Y todo gracias a un mensaje del Comité Internacional de la Cruz Roja”.

“Estuve en la Cruz Roja durante tres años. Era una Cruz Roja chiquitita, que estaba por donde ahora está el edificio del Seguro Social. Teníamos una pequeña enfermería a cargo de una ex hermana de la Caridad, María Arango Arreola.

“Teníamos grupos de voluntarios. Era una época de mucha mística. La Cruz Roja era pobrecita. Buscábamos plata por todos los pueblos. Era yo el que daba las conferencias en comités juveniles y en grupos locales, y en el Liceo de Costa Rica y en el Colegio de Señoritas.

“En la Cruz Roja éramos apenas como cinco, María Arango, tres choferes con tres ambulancias y yo, que barría y de todo. Teníamos comités auxiliares, muy activos algunos de ellos, por ejemplo, uno de mi paisano, Pedro Súcar, que tenía un magnífico comité.

“Algunos tenían ambulancia. Eso iba descargando un poquito la carga de la oficina central. Había ambulancia en Alajuela y en Heredia. Se fue distribuyendo un poco el trabajo. Una vez la Cruz Roja Americana mandó a un ex oficial del ejército para ver cómo estaba nuestra Cruz Roja y nos regalaron una ambulancia.

“De ahí me consiguieron un puesto de pagador en el Seguro Social. El trabajo me lo consiguió el Padre Núñez, que era de la junta directiva. Fui a hablar a Radio Titania, e hice un ataque muy fuerte contra el comunismo. Entonces, el gerente del Seguro Social recibió instrucciones de que me echaran. Me llamó para contarme lo que ocurría, y yo le dije que si no tenía derecho a hablar de política, mejor me iba.

“Me buscaron un sueldillo de vicepresidente de los sindicatos. En el 48, el Padre Núñez se fue al frente de batalla y yo quedé a cargo de los sindicatos”.

“Mi primer matrimonio fue un tortón a los 17 años de edad. Durante un tiempo fui vendedor, anduve ´polaqueando´. Y mientras tanto fue naciendo una relación muy estrecha con el Padre Núñez. Fue una relación de amigo, de hermano, de maestro. Hubo distanciamientos naturales, de los que se dan en política, pero por suerte no al final de su vida. Incluso, prologué el libro de sus documentos, antes de que muriera.

“Unas veces, la relación era como de discípulo, otras veces como de hermano, y muchas más como de amigos. Cuando se enojaba, yo le decía: ´si me sigue jodiendo, yo voy a escribir las memorias suyas´. Eso lo asustaba porque en algunos momentos fui su confesor.

“Monseñor Sanabria lo preparaba para obispo o arzobispo, pero su descarrilamiento lo bajó de categoría. Es que a la par de su inteligencia y su cultura, tuvo problemitas porque se enamoró.

“Aun así, Monseñor Sanabria siempre lo tuvo como su predilecto. Todos los curas lo respetaron mucho, lo protegieron mucho.

“El papá, don Juan Pablo, era agricultor sin tierra, alquilaba pedacitos o pagaba con parte de la cosecha. El Padre Núñez recordaba episodios muy tristes. Por ejemplo, que una vez no le alcanzó al papá para las cosechas con que tenía que pagar.

“Benjamín le ayudaba a herrar caballos, durante todos los fines de semana, en Turrialba. Eran de Pacayas, y migraron hacia Santa Cruz de Turrialba, la tierra de los poetas Jorge Debravo y Laureano Albán.

“La mamá, doña Mariana, era costurera. Benjamín y su hermano Santiago fueron encaminados a estudiar para sacerdotes porque un curita alemán se dio cuenta de que eran unos genios sin posibilidad de estudiar, y les ofreció que se hicieran curas porque era la única posibilidad que tenían de educarse.

“Eso pasó mucho con los buenos estudiantes. A mí también me ofrecieron hacerme cura, porque creían que no tenía posibilidades de estudiar. Me ofrecieron igual que se lo ofrecieron a Héctor Morera, porque éramos compañeros en el colegio.

“Pero Héctor sí quería. Yo lo conocí desde muy jovencito. Siendo muy chiquillo trabajé en los tabacales del papá de Héctor, quien tampoco tenía tierra, sino que alquilaba, y nosotros dos íbamos a trabajar como los demás peones, siendo un par de carajillos.

“Tenía un poco de frijoles en un terrenillo de Esquipulas, y recuerdo que una vez nos mandó a los dos a aporrear frijoles a pura varilla.

“También un señor le daba un pedacillo de café, y nos mandaba a Héctor y a mí a coger café.

“Tengo muy presente en la memoria cuando Héctor Morera entró al Seminario. Los papás de los estudiantes de las zonas rurales sólo podían venir cada dos o cada tres meses, pero yo sí iba a visitar a mi amigo Héctor todas las semanas, todos los domingos. Eso le impresionó mucho a Monseñor Arrieta.

“Y el domingo en la noche me iba para Alajuela. Siempre fuimos muy amigos, aunque después tomamos caminos muy diferentes. Me alegré mucho cuando lo nombraron obispo de Tilarán. Antes era coadjuntor de Puntarenas. A los 75 años, los obispos tienen que presentar su renuncia, pero, bueno, él sigue trabajando como desde los primeros años, cuando era un recién ordenado pichón de cura. Siempre ha sido muy humano. Es un tipo que siempre pudo comunicarse directamente con sus feligreses. Es mal hablado como todos los palmareños. Hay un pueblo en México famoso por los mal hablados. Aquí es Palmares.

“Figúrese qué torta si hubiera aceptado yo seguir los pasos de Héctor, qué enredos para la iglesia”, dice don Luis Alberto, muerto de risa.

“Nos persiguieron mucho. Teníamos que cambiarnos de casa. Armando Arauz andaba conmigo en esas.

“Dormíamos en la Talabartería Mexicana, hasta que la señora, que se llamaba doña Berta, se asustó porque nos buscaban. También dormíamos en un cuarto de calle 12, que era del Padre Mardoqueo Valera.

“El embajador de Argentina, de apellido Campodónico, tenía interés en el movimiento sindical. Ya en todas las embajadas tenían los agregados obreros que había puesto Perón por todas partes. El embajador había oído en la Casa Presidencial que querían que me agarraran vivo o muerto, y me recomendaba que saliera del país.

“Armando y yo habíamos hecho un intento por entrar al frente. Nos concentraron a 50 hombres detrás del Leprosario Las Mercedes, en El Manzanal, que era de las monjitas españolas, franquistas y partidarias de Figueres a matar.

“Nos mandaron a decir que nos habían descubierto. Aparecí a las 5 y 30 de la mañana por unos potreros de Curridabat. Me comuniqué con el frente cuando me dijeron lo de la Embajada de Argentina, y me fui a Panamá con una clave para comunicarme por radio con la gente de la guerrilla de Figueres.

“Después, me mandaron para Argentina, y realicé una maratónica de 50 discursos esclareciendo lo que estaba viviendo Costa Rica. Llegué al país cuando el gobierno había caído.

“Me metí muy jovencillo a la política. En el segundo año del colegio ya estaba en choques con la policía y las brigadas comunistas, y estuve en las manifestaciones de abril y mayo de 1943. En Alajuela encontramos un apoyo a nuestro movimiento pero era fuerte el calderonismo.

“Para el 44, el cortesismo llegó a convertirse en una fuerza de un poder rural impresionante. Había lugares donde León Cortés tenía 70 votos y Teodoro Picado ninguno”.

“Es que el pueblo de Costa Rica, sobre todo el rural, ha sido muy anticomunista. El comunismo sólo sacaba votos en las zonas bananeras y con los muelleros. En las áreas rurales nunca lograron sacar diputados. Por ejemplo, Luis Carballo era de Naranjo, pero no salió de diputado por Naranjo, salió por la capital.

“Ya yo sabía de don Pepe porque ya estaba involucrado en esas luchas de esos años. Cuando a don Pepe le interrumpieron su transmisión en la radio, ya yo sabía muy bien quién era, porque él venía de San Ramón, era vecino de nosotros, y yo había oído hablar de él y de Toño, su hermano.

“Todos nuestros grupos se solidarizaron con él. Ya habíamos organizado el movimiento Acción Demócrata, dirigido por don Alberto Martén, quien era el líder más importante, y se integraron el doctor Fallas y el doctor Valverde.

“Alberto Martén era el líder más prominente de este movimiento, así como Rodrigo Facio era el líder en el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales.

“Después nos fusionamos, en el año 45, y estuvimos unidos ya en las elecciones para diputados constituyentes, que fueron en diciembre del 48, cuando se declaró la composición de la Asamblea Constituyente y vino la primera invasión.

“En esas elecciones del 46, el partido de don Otilio Ulate sacó una inmensa mayoría de votos.

“El siguiente paso histórico, después de la Revolución del 48, fue la Constituyente, donde hubo un impulso de un partido integrado por buenas personas que no pertenecían a los partidos. Fue un rejuntado muy interesante. Estaban don Juan Trejos, el papá de José Joaquín Trejos; don Lico Jiménez, el papá de Jiménez de la Guardia; Mario Alberto Jiménez; el señor Tovar…

“El Partido Social Demócrata sacó cuatro diputados titulares, Rodrigo Facio, Fernando Fournier, Rogelio Valverde Vega y yo, y dos diputados suplentes, Carlos Monge Alfaro y Rafael Carrillo.

“Durante todo este tiempo, estuve muy cerca de la Junta Fundadora de la Segunda República.

“El Padre Núñez era ministro de Trabajo, y formé parte de la comisión para redactar un nuevo código de trabajo. También estaba en la comisión Rodrigo Madrigal Nieto por parte de los empresarios, porque era el abogado de la Cámara de Industrias”.

“Rodrigo Facio fue mi maestro. Yo iba a las clases y conferencias del Partido Socialdemócrata, en la calle central, por la Iglesia de la Dolorosa, en los altos de una panadería. Me apuntaba en todas las clases y conferencias.

“Y me matriculé en la Escuela de Servicio Social, que estaba adscrita a la escuela de Ciencias Económicas, cuyo decano era don Rodrigo Facio.

“El Padre Núñez fue maestro por un lado, con todo lo que tenía que ver con el trabajo y la pobreza, y con Rodrigo Facio se da la entrada mía a la línea de fuego en la Asamblea Constituyente. Yo fui el diputado más joven en esa asamblea, y fue muy benevolente para mí, porque Facio era mi compañero y mi orientador.

“Me dijo que me tocaba hacer la defensa del Capítulo de las Garantías Sociales. La idea nuestra era ampliarlas y fortalecerlas. Por eso, el capítulo se llama ´Derechos y Garantías Sociales´. Presentamos muchos artículos nuevos, y con respecto a la reforma del 43, no sólo la respetamos, sino que la ampliamos y la fortalecimos.

“A Facio lo escuchaba primero en el partido y luego en las conferencias y reuniones. Hay un libro esclarecedor, que se llama ´Rodrigo Facio y la Asamblea Constituyente del 49´, de Óscar Castro Vega.

“En el prólogo digo que en la Asamblea Constituyente había una constelación de figuras, pero sin duda que la gran figura fue Rodrigo Facio. Por ejemplo, pasó tres sesiones enteras desarrollando la tesis ´el poder de facto y el poder constituyente´

“Me acerqué mucho a él. Fui a verlo para que él fuera candidato para la campaña de 1958. Ya era rector de la Universidad de Costa Rica. Yo le dije, ´mire, para que el partido se proyecte, necesitamos que usted se meta´. Me dijo que don Chico Orlich y Daniel Oduber no lo iban a ver bien, y que no tenía dinero para hacer una campaña política. Sin embargo, al final me dijo que él aceptaba que era un compromiso con la historia, y que sí debía meterse.

“Le dije que había que actualizar su libro ´Estudio sobre la economía costarricense´. Un día llegué a almorzar al Holland House, donde íbamos mucho, y estaba ahí. Él estaba en uno de los consejos del Banco Interamericano de Desarrollo, en Washington, y me confesó que eso de irse al banco era para hacerse sus cinquitos, o sea, que ya estaba pensando en unos ahorros para meterse en campaña.

“Vino de gira a América Central, me dijo que estaba revisando el libro, se fue a El Salvador, le dio un infarto en la playa y no llegó a tiempo al hospital. ¡Qué pérdida para el país!

“Rodrigo tiene otro libro que es impresionante. Es un libro que contesta a los ataques de que somos aislacionistas. Se llama ´Trayectoria y crisis de la Federación Centroamericana´”.

“En el 48, yo estaba entre quienes creíamos que era necesario un período revolucionario. El mismo don Otilio lo aceptó en el Pacto del 1 de mayo del 48. Estaba muy tirante la situación. Jaime Solera habló con Otilio y con Don Pepe para que se reunieran. De ahí nació el Pacto Ulate Figueres, los 18 meses prorrogables de la Junta Fundadora de la Segunda República y la Asamblea Constituyente. Todo esto se dio porque don Otilio estaba convencido de que iba a tener que gobernar con diputados enemigos.

“La etapa de la Junta Fundadora de la Segunda República tuvo muchos errores, pero fue la etapa más fructífera que tuvo Figueres. Surgen el ICE, la nacionalización bancaria, y centenares de decretos ley que convalidó la Constituyente.

“Entre los errores, pusieron un impuesto al capital que generó una reacción nacional tremenda, que era para financiar los costos de la guerra. Bajó la popularidad de Figueres y hubo que derogarlo.

“Otro de los errores fue que don Pepe se comprometió demasiado con una gente enemiga de la dictadura Somoza, como Chendo Argüello, y luego escribieron libros contra Figueres. La posición nuestra siempre ha sido contra las dictaduras, pero la gente que buscaba Don Pepe no siempre era la mejor.

“En el tiempo de la Asamblea Constituyente fui el diputado más agresivo en defensa de la Junta de Gobierno y de sus políticas. Isaac Felipe Azofeifa decía que el más joven era el que había dado la talla”.

“Para cuando el Cardonazo, me tocó ayudar de nuevo. El Padre Núñez me llevó a una reunión. Don Pepe me dijo ‘vaya y cierre el Correo. Controle las conversaciones entre los cuarteles y el Club Unión’.

“Entonces, me fui a cerrar el correo, y a ordenar que se controlaran las llamadas. Don Pepe me dio una pistola y me dijo, ´si llegan ellos primero, mejor entréguese´. Me voy, y la verdad es que era poco conocido para los ex combatientes. Me avisaron que me mandaban a llamar a la oficina de un comandante que había llegado, de parte de Figueres, pero jamás se imaginaron que yo había ido a tomar el correo con una escuadra.

“Carlos Gamboa llegó y le dijeron que lo que había era un tipo raro, un flaco, que no lo habían reconocido. Entonces fueron a buscarme, y ahí estaba yo. El flaco era este mismo Luis Alberto Monge. Don Pepe quedó muy agradecido de aquello.

“Poco después, nos dimos cuenta que se habían atrincherado en el anexo al Hotel Costa Rica. Llegó Frank Marshall, que era suicida y empezó a balearlos por todas las ventanas. Rapidito se terminó todo…”.

“Terminando la Asamblea Constituyente, me fui con un contrato con la Organización Internacional del Trabajo, en el año 50. Vivía en Ginebra. Tenía un contrato de seis años, pero no quería desligarme de América. Renuncié a los 3 años. Quería venir a incorporarme a la campaña de Don Pepe. Al director general de la OIT no le pareció, y me dijo que ningún funcionario de mi edad tenía la posición que yo tenía.

“Me dijo, ‘¿cómo es posible que se quiera ir?’, y ya cuando vio que no me iba a convencer, se sonrió, y me dijo que entonces necesitaba que le diera seis meses de preaviso.

“Vine, y me metí a la campaña de don Pepe. Encontré un poquito cerradas las puertas. Había gente que creía que yo era comunista. Don Pepe y Daniel insistían en que fuera a los actos públicos. Iba a hablar a los barrios y los pueblos, pero había gente cercana a ellos que estaba como celosa, que no veían bien que estuviera al lado de los principales líderes del partido.

“En eso me ofrecieron aspirar a la Secretaría General de la ORIT, la Organización Regional Interamericana de Trabajadores. Me fui a Río de Janeiro al congreso de la ORIT, me postularon los mexicanos y hablamos con la AFL-CIO, la central sindical de Estados Unidos.

“La sede estaba en La Habana y dije que no aceptaba irme a la isla por la dictadura de Batista. Los cubanos empezaron a tratar de quitarme votos. Aun así, yo ganaba, pero no quería ganar con una división interna. Claro, los mexicanos felices que aceptara México como sede.

“Al final ganamos y abrimos las oficinas de la ORIT en México. Hicimos una gran labor en una época muy difícil, mientras estaban en el poder los dictadores Pérez Jiménez, Batista, Somoza, Trujillo, Carías y Odría.

“Dimos una gran batalla por la democracia, donde tuvieron una destacada participación Rómulo Betancourt, Víctor Raúl Haya de la Torre, don Pepe Figueres, Luis Muñoz Marín y Eduardo Santos. Todos me apoyaron tanto…”

“Fundé la revista Combate. El diputado Norman Thomas, el socialista norteamericano, me conseguía los recursos con fundaciones americanas. Y la dejé cuando me vine para Costa Rica, para ser diputado.

“Ese tiempo me dejó grandes lecciones de los principales líderes políticos del continente. Por ejemplo, me marcó mucho mi relación con Haya de la Torre, que es el principal ideólogo político de América Latina, y el más original. Todos los movimientos políticos nuestros están influidos por el pensamiento del APRA, sobre todo lo del espacio-tiempo histórico y las teorías de la relatividad en la política. Dolorosamente, a Haya de la Torre el ejército nunca le permitió ser presidente.

“La ORIT hizo una gran campaña cuando Haya estaba asilado en la Embajada de Colombia, y se logró una reforma del convenio de 1933, con el dictador Odría. La tesis nuestra fue expuesta en todos los foros internacionales. Lo que hicimos fue defender el derecho de asilo. Hubo una reunión en Caracas, y se integró en el convenio del asilo un concepto que no estaba, y era que se decía que no eran perseguidos políticos sino delincuentes comunes, lo que no era cierto. Emitimos un concepto que ha servido de mucho, y es que ´la calificación del asilado corresponde al país asilante, no al país que lo persigue´.

“Haya de la Torre pasó casi cinco años encerrado en la embajada, sin poder salir. Cuando, al fin lo dejan salir, llega a México. Ya había vivido en México en los años 20 y 30. En el aeropuerto lo esperaban los periodistas, y dijo que quería pronunciarse desde la ORIT, desde mi oficina, porque fue la ORIT la que había ganado esa batalla.

“Haya de la Torre había trabajado con Vasconcelos en el Ministerio de Educación. Es más, él fundó el APRA en México, en 1923. Sus principios son proclamados en México.

“Recuerdo que don Eduardo Santos tenía casa en París y le pagaba los pasajes a Haya de la Torre para que fuera a visitarlo. En dos ocasiones, coincidimos en París.

“El día después de su declaración, le di un almuerzo en la casita mía en México. Lo vi tomarse unos tragos, y me dice, ´Monge, usted sabe que yo memoricé mucho a Shakespeare´. Empezó a recitarme páginas y pasajes enteros de las obras del más grande maestro del teatro. Me contó que cuando lo metieron a la cárcel la primera vez, después de una huelga estudiantil, hacía todos los personajes de Shakespeare él mismo. Me asombró la memoria, el talento y la sensibilidad de Haya.

“Con otra persona con quien tuve una relación muy estrecha fue con Don Rómulo (Betancourt). Varias prominentes figuras del movimiento sindical venezolano trabajaban conmigo, y eran muy superiores a mí en experiencia. Fue a través de ellos que cultivamos una relación cercana.

“Don Rómulo me metió en misiones delicadas. Una vez, me metí clandestino a Venezuela. Yo estaba en Montevideo, Uruguay. Empezó a buscarme, y hablamos ya cuando iba para una reunión en Río de Janeiro. Después, venía de paso por Costa Rica camino a México. Don Rómulo me dijo que me fuera a Puerto España, que me iba a esperar Vicente Gamboa Marcano. Me dio un manifiesto contra la dictadura. Mi encargo era llevarlo. El contacto mío era un taxista de Miraflores. Me di cuenta que estaba siendo vigilado, así que pensé en devolverme de inmediato. Ya andaban tras mis pasos.

“Pero, vea cómo me salvé yo. Al subir al avión en Puerto España, vi a un reguero de venezolanos, que no eran otra cosa que una delegación de ganaderos que venían de Curitiba. Conté que era de Costa Rica, y que iba para Caracas a pasear.

“En el avión me dicen, ´usted tiene pasaporte diplomático, yo compré unas cosillas para mi esposa y mis hijos, ¿por qué no me las lleva?´. Yo le dije que sí. Y en el aeropuerto los estaba esperando el Ministro de Agricultura. En medio del recibimiento oficial, agarraron las valijas mías con las de todos los ganaderos, y ahí era donde venía el manifiesto.

“Al final, sí me reuní con el taxista. Después de darle el manifiesto en Caracas, me fui para Maracaibo, y no llegó al hotel la persona que me dijeron que llegaría ahí. Capaz que lo mataron. Agarré el avión para Costa Rica y llegué sano y salvo. Con Don Rómulo estreché la relación cuando estuvo exiliado acá”.

“Recuerdo cuando fracasó una acción contra Somoza, que encabezaba Pablo Leal. Todo se organizó desde aquí. Había un congreso del partido, y ahí iba a estar toda la oficialidad de la dictadura. Los responsables del atentado llegaron hasta las afueras de Managua, pero murió el ministro de Agricultura y suspendieron el congreso.

“Mientras tanto, los del atentado creyeron que los estaban siguiendo y resulta que eran unos oficiales de tránsito. Ellos no se dieron cuenta, mataron a los oficiales y entonces se jodieron solos.

“En esos años, hubo grandes presiones para que se fueran de aquí Juan Bosch y don Rómulo Betancourt. Hicimos todo lo que se pudo, pero al final hasta hubo gente del partido que se portó mal con ellos.

“Otro momento importante, y del que aprendí mucho, fue cuando me fui para Puerto Rico. Me dieron una casita en El Dorado, que es una playa bellísima. Yo andaba con un manifiesto debajo del brazo pidiendo la independencia de Puerto Rico. Me llevaron a hablar con Luis Muñoz, y rectifiqué.

“Entre los dirigentes de los trabajadores había unos independentistas, otros estadistas, y otros que eran partidarios del Estado Libre Asociado. Y por estar yo apoyando la independencia, los dividía, los ponía a pelear.

“A partir de mi rectificación, tuve grandes conversaciones con Luis Muñoz Marín. En una de ellas estaba Ted Kennedy, el senador, y le pidió que nos contara cómo es que había tenido tanto éxito electoral. Muñoz Marín hizo el Puerto Rico nuevo. Empezó como poeta cuando era independista, y luego ideó lo del Estado Libre Asociado.

“En una de esas, nos vamos caminando, Ted Kennedy, don Rómulo, Muñoz y yo. Nos metemos a un bar, donde estaban unos poemas de Rivera, y nos sentamos en la barra a tomarnos un trago. A cada rato Ted decía que en Estados Unidos tienen una gran admiración por este hombre que se reeligió las veces que le dio la gana. Al final, estuvo 12 años.

“Viví intensamente esos años. Mucha de mi gente en la ORIT eran exiliados del movimiento sindical de Venezuela y de Perú. Formamos una escuela política muy importante”.

“Posteriormente, fui diputado de oposición en el gobierno de don Mario Echandi. Es una etapa en donde estaba debutando como diputado propiamente dicho, porque en la primera ocasión fui diputado de la Constituyente. En esta etapa, saco adelante la Ley del Aguinaldo, el Régimen de Relaciones entre productores, beneficiadores y exportadores de café, la Ley de la Propina, cuyo espíritu original era entregarles el diez por ciento sobre el monto de la cuenta.

“Con respecto a lo del aguinaldo, conocí y viví casos de padres que no tenían nada para darle a los chiquillos en Navidad. El Padre Benjamín Núñez me contó que a él lo único que le daban era un caramelo.

“Yo sabía del dolor de los niños que no reciben un regalo en Navidad, pero, sobre todo, sabía del dolor de los padres. Lo que hicimos fue crear el aguinaldo para los empleados privados. Ya existía para los empleados públicos, porque lo había establecido así don Otilio. Yo lo quería para todos los empleados. El proyecto de ley generó un debate muy fuerte”.

“Las cámaras empresariales se opusieron, y presionaron mucho a don Mario Echandi. Don Mario me lo vetó, y mandó una propuesta distinta, que consistía en generar una participación de los empleados en las utilidades. En México no resultó realista, porque, como tenían que compartirlas, entonces las empresas casi no reportaban utilidades.

“Hubo forcejeos y negociaciones. No era un veto total. Don Mario hace una nueva propuesta y la devuelve, por medio de don Luis Demetrio Tinoco, un gran hombre, ministro de Educación del Doctor Calderón, y secretario de la Presidencia de don Mario.

“Entre lo que iba y lo que venía, lograron quitarme los votos de los diputados de la Unificación, que eran Memo Villalobos Arce, Nago Hernández, Guillermo Jiménez Ramírez y Rolando Laclé.

“Los llamo y les digo ´¿cómo ustedes, que son del gobierno de las reformas sociales, se oponen al aguinaldo?´. Era un poquito de celo político. Ellos sabían que el aguinaldo me iba a dar fama.

“Alejandro Morera Soto era diputado del calderonismo y se oponía. Me reuní con él. Me dijo que esa ley iba en contra de los agricultores, y le expliqué que no era para los cogedores. Además, mi hermano Víctor Julio había sido jugador cuando Alejandro era capitán del equipo. Eso me ayudó mucho.

“También se oponía Sancho Robles, porque dijo que era muy difícil para los lecheros. Me comentó que él estaría de acuerdo si lo hacíamos escalonado. Le contesté que lo que podía ofrecer era mi palabra de honor de que iba a presentar el proyecto de reforma de la ley para hacerlo escalonado.

“Cuando don Mario estaba festejando que yo no había logrado sacar adelante el aguinaldo, le llegó el bombazo. Fue tal el boom y el éxito del aguinaldo, que nadie se volvió a interesar en el proyecto que yo presenté, como había prometido, para ponerlo en práctica paulatinamente. Finalmente se quedó tal y como estaba.

“En esos años, Marcial Aguiluz y Enrique Obregón eran diputados de mi partido. Después, Marcial se fue con Pueblo Unido, pero nunca fue comunista. Simplemente tenía una gran vocación de defensa de los trabajadores. Y Enrique fundó lo que él llamaba la izquierda democrática.

“Marcial y Enrique estaban muy enojados por lo que yo había aceptado con respecto al aguinaldo, pero les dije que había que salvar la institución del aguinaldo en sí.

“La otra gran ley la negocié con don Mario Echandi, y eso provocó el enojo, la furia de Oduber. Era la ley de los cafetaleros. Quería salvar la producción. Tuve tres reuniones con don Mario Echandi. Me llevó don Hernán Cordero Zúñiga, quien era su diputado, y aunque era abogado, tenía café, y aceptaba que el proyecto de ley era justo y correcto.

“Don Mario se asesoraba con su ministro de Agricultura, don Jorge Borbón Castro, quien era productor, beneficiador y exportador. En el último encuentro, le dije que no se iba a echar encima a los 40 mil productores, pues sólo los grandes cafetaleros estaban en contra.

“Me dijo que quería algunos cambios, sobre todo por algunas observaciones de don Jorge Borbón. Eran detalles que se me habían ido porque no tengo ni una bandola de café. En la revisión, me asesoró Jorge Luis Villanueva.

“Me dijeron que la ley estaba bien para el que procesaba café ajeno, pero no era justa para el que procesaba el propio. De nuevo, les dije que luego podíamos hacer una reforma. Saqué una segunda ley, reformándola, como les prometí en ese momento. Cumplí mi compromiso.

“Cuando los diputados supieron que me había puesto de acuerdo con don Mario, todo fue muy sencillo. La ley salió con 45 votos, es decir, todos los diputados votaron a favor de la ley”.

“A partir de mi labor como diputado, alguna gente empezó a mencionarme como posible candidato para el futuro. Estaban por delante don Rodrigo Facio, Daniel (Oduber), Chico (Orlich). Sabía que era muy popular, pero que en algunos círculos me despreciaban mucho. Era y soy un tipo sin academia, y un maicero de Palmares.

“Por mucho tiempo, aquello de mi candidatura fue un rumor pequeñito. En el año 61, me meto muy duro a favor de Daniel en una perfecta barbaridad que hicimos Daniel y yo para obligar a Chico a ir a una convención. Fue un error gravísimo. Lo he confesado en algunos discursos. Dimos una batalla muy seria. Con Daniel nos metimos Alfonso Carro Zúñiga, Armando Arauz y yo.

“Vino la convención, y quedé muy mal parado con la gente de Orlich. Me mandaron a montar la Embajada en Israel, pero don Pepe me llamó primero y me contó que toda nuestra lucha se debía a que Daniel hizo un arreglo con ellos, en el que se establecía que su precandidatura contra don Chico era para hacerse conocer. Nunca nos dijo eso a nosotros. Alfonso y yo le reclamamos.

“Nunca nos hubiéramos metido tan duro si hubiéramos sabido que así era la cosa. Daniel nos dijo que sí hubo acuerdo pero que después vio que podía ganar y entonces se hizo el chancho. Me dijo que para qué nos iba a decir si ya estábamos en alta mar”.

“No estuve en la administración de don Chico, pero sí me encargó abrir la primera Embajada de Costa Rica en Israel. Me dieron 700 dólares para que fuera a abrirla.

“Me demoré más tiempo, y tuve que pedir plata prestada. El presidente de Israel era Yitzjak Ben-Zvi, gran historiador sobre las comunidades judías de Oriente.

“Lo había conocido en un viaje anterior. Cuando llegué a presentar credenciales estaba muy mal del cáncer que padecía.

“A propuesta de la señora Golda Meir, acepté presentar credenciales en su lecho de enfermo, pero entró en coma y murió. Fui al funeral como Embajador de Costa Rica por decisión de la señora Meir, ministra de Relaciones Exteriores. Tuve que correr a comprar el condenado sombrero de hongo. Aquello parecía el entierro de un profeta del Antiguo Testamento.

“Luego me consultaron que si estaba dispuesto a presentar cartas credenciales al presidente del Parlamento, quien era uno de los pioneros que vinieron de Rusia, un destacado kibutsiano. Con él, me parecía estar junto a un agricultor de Palmares, de Poás o de Zarcero.

“Regresé y llegaron momentos difíciles. Se habían terminado los recursos de la revista Combate, y de la Escuela de Educación Política en La Posada, Coronado. Yo era Secretario de Asuntos Internacionales del partido. Me mandó a llamar el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez. La iniciativa fue de él, y de Severo Colberg, que era el Director de la Escuela de Administración Pública, e Hipólito Marcano, el Decano de una Escuela de Derecho. Ellos se enteraron que yo necesitaba ayuda. Otra vez pasaba horas malas. Me dieron un contrato para que fuera dos veces al año a dar conferencias a la universidad.

“De esa manera, me defendí un tiempo hasta que logramos iniciar los cursos en La Catalina. El primer seminario que fui a dirigir a La Catalina era para estudiantes universitarios de América Central, en 1964”.

“En el año 67, me eligieron secretario general del partido, cuando tenía mucha actividad en La Catalina para la formación política patrocinada primero con la Panamerican Foundation de la Universidad de Gainesville, Florida, y luego por la Fundación Friedrich Ebert.

“Me eligieron secretario general en medio de una gran tormenta. Según se rumoró, había un acuerdo entre Daniel, Don Chico y Don Pepe, para impulsar determinados nombres para el comité ejecutivo. Hice un discurso respetuoso pero vehemente. Un grupo de jóvenes de varios países de América Latina y el Caribe, que estaban en un seminario en La Catalina, solicitaron permiso para asistir a la asamblea nacional de 1966.

“Reiteré el cariño y respeto que teníamos hacia los tres líderes históricos. Costa Rica les debía mucho a los tres.

“Pero veíamos con recelo el surgimiento de una troika, que decidía la suerte del partido sin consultar con los cuadros dirigentes. Produje mucho impacto cuando dije que Don Pepe concebía a Liberación Nacional como un grupo de familia, de amigos, pero no creía mucho en un verdadero partido político; don Chico lo concebía como una maquinaria electoral, y don Daniel creía en el partido siempre y cuando él lo pudiera controlar. Nunca fue posible obtener el casete de ese discurso.

“Esas distintas maneras de concebir el ideal de un partido ideológico y permanente, con el correr de los años, evolucionó positivamente.

“Se desbarató la asamblea y en la segunda convocatoria me presenté como candidato a secretario general. Daniel se inclinaba por el doctor Rodrigo Gutiérrez; Don Chico y Don Pepe asumieron una posición expectante. En ese momento, había conseguido un apoyo incontrastable, y gané sin contrincante y por aclamación.

“Para la campaña de 1970, me tocó una gran crisis. Nos preparábamos para la candidatura de Daniel. Se rumoró que don Pepe y don Chico preparaban a Rodrigo Carazo para enfrentarlo a Daniel Oduber. Se dijo que un grupo de amigos personales de don Pepe, entre otros Jorge Rossi, Fernando Batalla y Bruce Masís, le manifestaron que si él, don Pepe, no se presentaba como candidato, Oduber le ganaba la convención a Carazo.

“Don Pepe anunció que presentaría su nombre para las elecciones de 1970. Yo estaba con Daniel. En serio, estaba con Daniel, pero le dije que no podía convertirse en un parricida político, enfrentándose a Don Pepe.

“En el momento en que iba a anunciar su retiro en la televisión, le acompañamos José Luis Molina, el doctor Max Teherán y yo. Daniel se fue para Europa. En cambio, Carazo no aceptó dejar a don Pepe como candidato único, a pesar de que se le tenía como un protegido de Figueres”.

“Don Pepe me llamó para decirme que Daniel se había comunicado con Alejo Aguilar, desde París, para afirmar que se había retirado para dejar a Figueres como candidato único, pero que si Carazo se había metido, pues que él también, que no había por qué mantener la palabra y el retiro. ¿Por qué si Carazo se le enfrentaba, él no iba a tener ese derecho?

“Vino Daniel de Europa. Sus amigos le organizaron reuniones en distintos lugares del país. Fabio Araya, el papá de Rolando y Johnny, le hizo una reunión en Palmares. Fabio había sido dirigente de Otilio Ulate hasta el 62, pero a partir de ahí es más oduberista que cualquiera.

“Después de la reunión en Palmares, se vinieron para una reunión en Naranjo. Según decía Don Pepe, un dirigente de Grecia que era amigo de él, Luis Carlos Suárez, Daniel dijo en la reunión que la idea de que se retirara era para que Don Pepe se quedara solo, pero que si Carazo se había metido, él también. Don Pepe lo interpretó como que Daniel le estaba dando la vuelta. Eso lo tenía enfurecido. Él me lo contó. Siempre estaba de mediador yo entre ellos.

“Cuando él me dijo que estaba de los diablos, le pregunté cómo sabía todo eso, me contó que la reunión de Naranjo había sido el día anterior.

“Entonces, Don Pepe dijo que se iba a postular por el Partido Social Demócrata, y se armó la de sanquintín. Eso fue un bombazo. Yo era el sándwich, llevaba y traía, andaba con recados de Don Pepe para Daniel y de Daniel para Don Pepe. Me tocó esa ingrata tarea. El partido se estaba desgajando. Don Pepe se iba a otro partido. Me gasté quién sabe cuántos años de mi vida tratando de conciliar entre ellos dos, tal vez unos treinta años.

“Al final, Daniel confirmó que no se enfrentaba contra don Pepe, y que, más bien, lo apoyaba.

“Rodrigo Carazo sí se mantuvo, y puso como condición para ir a la convención que me tenía que ir de la Secretaría General. De nuevo, Daniel volvió a meter la mano y puso de interino a Rodrigo Gutiérrez. Carazo sacó como el 30 por ciento.

“Sé que debió haber sido doloroso para Don Pepe, porque él creía en Rodrigo Carazo. En cambio, don Pepe nunca creyó en Daniel, y Karen, su esposa, lo odiaba. La verdad es que Don Pepe había preparado a Carazo para enfrentarlo a Daniel, pero la impaciencia venció a Rodrigo.

“Recuerdo que tuvimos un acto en el Parque Morazán. Después del acto, me fui de dejar a Don Pepe a Curridabat. Ya llegando, se le vinieron las lágrimas y me dijo que no entendía qué había pasado con Rodrigo, porque tenían una relación muy estrecha, incluso de los dos matrimonios, y que le habían dicho que en Coto Brus se dejó decir que él era una llanta que ya no merecía ni reencauche. Sin embargo, como digo una cosa, debo decir la otra, y lo cierto es que cuando Carazo fue presidente, a juicio del mismo Don Pepe, lo ayudó más a salir adelante con sus empresas que Daniel”.

Luis Alberto Monge fue diputado en tres ocasiones. La primera de ellas fue en 1949 cuando, a la edad de 23 años, integró la Asamblea Nacional Constituyente. La segunda oportunidad, cuando es elegido en 1958. Y vuelve a ser legislador en 1970. Fue jefe de fracción y Presidente de la Asamblea Legislativa.

-Usted fue diputado en el tercer gobierno de don Pepe, cuando dicen que nacieron todos estos problemas en su partido.

-Es cierto que Don Pepe estaba más cansado, pero, por ejemplo, desde la Asamblea Legislativa le dimos al país 859 leyes, proporcionalmente la cifra más alta en toda la historia del Poder Legislativo.

-¿Usted preparó su candidatura desde la Asamblea Legislativa?

-No. Más bien, hice obra desde la Asamblea Legislativa. El Parlamento es mi más importante escuela de formación política. Dejé huella. Alguna gente del partido empezó a decirme que quedó latente mi liderazgo en el Congreso, donde logré aglutinar legisladores de los diferentes partidos políticos, para conseguir la aprobación de importantes leyes para el país.

-Usted fue candidato en dos ocasiones. En la primera, perdió contra alguien que creció en Liberación Nacional y que luego se fue, como ocurrió treinta años después con Ottón Solís. Antes ya había ocurrido lo de Rossi en el 58, pero esa salida de Carazo, cercana a su gobierno, ¿ya era señal de crisis en el partido?

-No, no es así. Una vez me preguntó esto Enrique Benavides (qdDg), y me dijo que si la salida de Carazo se debió a la gravitación personal excesiva de Figueres sobre el partido, sobre todo por su candidatura del 70. La gravitación excesiva sí se dio, pero no fue por eso que se apartó Rodrigo Carazo, sino que se fue cuando esa gravitación no funcionó a su favor. Don Pepe lo metía en todo. Cuando ya no le sirvió Don Pepe para sus intereses, fue cuando lo denunció tan airadamente.

“Lo que ocurrió es que don Rodrigo se sintió muy seguro del apoyo de Figueres para su candidatura de 1970 y vio en una confrontación Oduber-Figueres grandes posibilidades de triunfo para él. No obstante, esta confrontación hubiera sido desastrosa para el partido, porque Oduber contaba con la maquinaria, y Carazo creía contar con el apoyo de Figueres. Posiblemente, entreviendo la posibilidad de esta peligrosa coyuntura, José Figueres decidió postularse él, y esta decisión no la pudo aceptar Rodrigo Carazo.

-Pero, como le dijo Benavides, Carazo también denunció ese fenómeno de los negocios personales en asocio con las funciones partidistas o de gobierno.

-Don Rodrigo Carazo es un político que, antes de ser Presidente, nunca se consagró a la política exclusivamente, sino que combinaba ese quehacer con exitosos y grandes negocios y empresas. A lo largo de los años, nos hemos hecho muy amigos, y no quiero juzgar su actuación antes de ser presidente y durante su administración.

-¿Fue Don Pepe el responsable de que se abrieran portillos peligrosos?

-Todas esas circunstancias dolorosas que se dieron desde el año 70 separaron poco a poco a nuestro partido de sus fuentes originarias de inspiración, y han dado lugar a que factores puramente emocionales o liderazgos de tipo personal hayan marcado a veces el rumbo. No hay duda de lo que el partido y el país le deben a Don José Figueres; pero Figueres fue muchas veces mucho más un líder emocional que un líder político. Esto explicaba que, a su lado, se encontraran tantos amigos y apasionados partidarios tanto conservadores como de izquierda. Por las mismas o parecidas razones, el partido como partido no pudo vincularse en forma sistemática a algunos de los gobiernos liberacionistas. Ha faltado relación recíproca en todos los casos.

-¿Qué recuerda usted de su enfrentamiento con Carazo? Se dice que fue la primera campaña mediatizada.

-En esa campaña, gravitó muy negativamente, en las acciones que apoyaban mi candidatura, el enfrentamiento muy amargado entre Figueres y Oduber. Acababa de ganar yo la convención, y salió una entrevista que le hicieron a don Pepe en la revista ´New Republic´, haciendo fuertes cargos de corrupción al gobierno de Oduber, que era del partido. A partir de ese momento, yo me precipité en picada, en todas las encuestas.

-Utilizaron la frase de que con Monge, lo barren, lo barren…

-En una entrevista, declaró que a mí me barría Carazo. Gente muy cercana a don Pepe se fue con Rodrigo Carazo, no tanto por estar contra mí, sino por estar contra Daniel Oduber.

“Creo que en ese momento Don Pepe llegó a creer que yo era de la escuela de Daniel. No se pueden revelar las cosas que sé de la inquina de don Pepe contra Daniel”.

-¿Siempre creyeron que usted era de los incondicionales de Oduber?

-Sí, creían eso, aunque no fuera cierto.

-¿Se sintió traicionado por Don Pepe o por Oduber?

-Sentí el dolor de que ninguno de los dos, Don Pepe ni Daniel, me apoyaba. Daniel preparaba el prospecto de Carlos Manuel Castillo.

-¿Fue muy duro Carazo contra usted?

-La campaña de Carazo fue apoyada por un consultor norteamericano, reconocido por su éxito en campañas negativas. Entiendo que Figueres le envió una carta a alguien, no sé si a Rodrigo, en la que le manifestaba que no le parecía correcto que se hubieran usado armas tan negativas contra mí. Por ejemplo, hubo un decomiso de millones de papelería en mi contra, que la tenían preparada para el final, hablando sobre mi vida social, sobre mi alcoholismo.

“A pesar de que el Tribunal Supremo de Elecciones hizo ese decomiso, en los últimos días distribuyeron en las casas de zonas rurales documentos en los que decían que yo no era católico, que era casado con una judía y que me había casado siete veces. Diay, era un Richard Burton pero panzón (risas).

“Había un operativo de teléfonos. Cada vez que yo no podía llegar a una reunión, por desorden o desorganización, decían que era que estaba internado para desintoxicarme. Por ejemplo, una vez me programaron dos reuniones a la misma hora, una en Desamparados y otra en Puntarenas. Mandé a Alfonso Carro a la de Puntarenas y me quedé en la otra. Después de la campaña supimos que utilizaron eso para lanzar el rumor de mi alcoholismo”.

-¿Qué pasó después de la campaña?

-Yo quedé mal. Daniel había insistido mucho en que pusiera en la jefatura de la campaña a Carlos Manuel Castillo. Lo sacó de la vicepresidencia de él para prepararlo para la futura campaña en contra mía. Eso significó sacrificar a Alberto Fait, que era mi jefe de campaña. Alberto fue tan generoso que siguió trabajando igual. El otro problema que me crié, fue que le di el primer lugar de San José a Carlos Manuel Castillo.

-En la precampaña, usted se enfrentó a don Hernán Garrón (qdDg). ¿Generó eso división en el partido?

-Alguna de la gente que estuvo con Hernán no se vino conmigo. Hernán quería el primer lugar por San José, al igual que Carlos Manuel. Pero lo puse en la segunda campaña, cuando gané.

“Cuando perdió contra mí, lo primero que hizo fue irse un tiempo para Venezuela. Después volvió, pero no toda su gente se vino conmigo. Él creía que yo le iba a dar el primer lugar por San José, pero yo había adquirido un compromiso con Daniel”.

-En su campaña de 1982, usted presentó el programa “Volvamos a la tierra”.

-“Volvamos a la tierra”, más que un simple planteamiento político y técnico, constituye una actitud humana. Era una clara posición filosófica y espiritual frente a los recursos humanos y naturales. Significó una firme decisión política de Liberación Nacional que, sin abandonar las áreas urbanas, donde viven y trabajan cientos de miles de costarricenses, canalizó una más alta proporción de los recursos del Estado hacia las áreas rurales.

“Volvamos a la tierra” significó un sano desarrollo rural del campesino y de su familia y surgió como una sentida necesidad de dar nuevo impulso a la agricultura con el propósito de alcanzar la autosuficiencia de alimentos, y la producción de divisas y de empleo.”

-También le apostó al cooperativismo.

-La carta fundamental de mi partido establece que las cooperativas son un medio para el desarrollo económico-social y el perfeccionamiento democrático. En este sentido, establece que debe crearse un gran sector cooperativo en la economía nacional.

-El candidato del partido en el gobierno, en 1982, fue Rafael Ángel Calderón. ¿Qué recuerda de esa campaña?

-Me negué a hacer una campaña sucia contra Rafael Ángel, aunque hubo una propuesta para hablar de los supuestos problemas del papá de Doña Gloria. Me opuse rotundamente a eso. Recorrí todo el país, porque necesitaba rehabilitarme de la campaña negativa que se me había hecho. Me movilicé por todo el país.

-¿De dónde surgió usted tan amigo de Calderón?

-Hay que aclarar, que yo estoy entre los grupos que en los años 40 luchábamos contra los gobiernos de Calderón y Picado, pero defendíamos las Garantías Sociales. Había un hilo conductor entre lo que él representaba y lo que yo defendía. En mi gobierno, le ayudé a juntar a la Oposición.

“Antes, en mis períodos de diputado, había tenido buenas relaciones con los diputados del calderonismo, por ejemplo, los que me ayudaron a resellar el aguinaldo. Siempre he mantenido con muchos una amistad muy cordial.

“En mi gobierno, a pesar de que tenía 33 diputados, no quería aplastar a la Oposición con la mayoría, entonces nos reunimos muchas veces, y en términos generales, él actuó con mucho patriotismo”.

-Al llegar a la Presidencia de la República, usted se encontró una de las peores crisis de la historia.

-La situación al comienzo de mi gobierno se caracterizó por una severa crisis económica y social, acompañada por un profundo y generalizado desaliento y por una desesperanza de todos los sectores de nuestro pueblo. El entorno estaba incendiado por la guerra y la violencia. Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala se convirtieron en uno de los últimos escenarios del aberrante proceso de la Guerra Fría. La Unión Soviética y Cuba apoyaban militar y políticamente al gobierno sandinista de Managua, y a las guerrillas de Honduras (los cinchoneros), El Salvador (Farabundo Martí) y Guatemala (el Ejército de Liberación). Estados Unidos apoyaba militarmente a los desprestigiados ejércitos de Honduras, El Salvador y Guatemala. Y brindaban respaldo político y militar a los llamados “contras” que desarrollaban acciones bélicas contra el régimen de Managua. El dilema para Costa Rica no podía ser más complejo. Los costarricenses no simpatizaban con el gobierno pro soviético y pro castrista de Managua. Y, de manera unánime y a lo largo de la historia, han desconfiado y repudiado los ejércitos centroamericanos”.

-¿Cómo establecer prioridades en ese berenjenal?

-Fueron establecidos dos principales frentes de batalla. El impacto de la crisis externa, aunado a una deficiente administración interna, nos condujo, en 1979, a un crecimiento cero. La inflación llegó a porcentajes desconocidos para nuestro país: más del 100 por ciento. El producto interno bruto por habitante se redujo en más de un 17%. El desempleo alcanzó niveles nunca antes vistos. El aparato productivo se contrajo en una forma violenta. La balanza comercial arrojó déficit de magnitudes sin precedentes. Hacia mediados de 1981, se dejaron de honrar las obligaciones internacionales y, por once meses, no se pudo hacer frente ni siquiera al pago de los intereses de la deuda externa.

“Sin divisas en el Banco Central, la devaluación no se hizo esperar y, en pocos días, la tasa de cambio con respecto al dólar americano sufrió modificaciones de más del 500 por ciento.

“Al desajuste económico se unió el desajuste social. La tarea de estabilizar la economía que teníamos por delante era titánica. Sin muchas opciones viables, la alternativa entre el caos o el ajuste estructural no dejó márgenes para la duda”.

-¿Cuáles fueron los principales logros en esa etapa de salvación de la economía?

-Logramos reducir el déficit global del sector público de 12% del Producto Interno Bruto, en 1982, a 3,5% al terminar 1983. Este nivel de equilibrio financiero estatal nos ubica en una situación muy favorable y supera a la mayoría de los países de América Latina e, incluso, a Estados Unidos. En el campo de la política cambiaria, como resultado de la política fiscal seguida de un reflujo de capital privado, se logró estabilizar el tipo de cambio en el mercado libre, y, posteriormente, unificar los mercados cambiarios. Ello nos permitió combatir con éxito las presiones inflacionarias internas. En mayo de 1982 se estimó que la inflación, vista como aumento en los precios al consumidor, llegaría en diciembre a un porcentaje igual o superior al 120%. Sin embargo, ocho meses después, el porcentaje se redujo a un 82%. Habíamos establecido que, para 1983, reduciríamos la tasa de inflación hasta 40%. Si bien esta meta se consideraba difícil de alcanzar, concluimos el año 1983 con un porcentaje de inflación de un 11%.

-La deuda externa era gigantesca.

-Gracias a un esfuerzo técnico y político sin precedentes, se logró una renegociación de la deuda externa tanto con el Club de París como con los bancos comerciales privados extranjeros y con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Nos pusimos al día con las obligaciones. Esta conducta responsable fue factor decisivo en la recuperación de la imagen y las posibilidades de provocar inversión, que era fundamental en cualquier intento de reactivación económica.

“Con clara conciencia de mis limitaciones en el campo económico, busqué y tuve la fortuna de formar un equipo realmente extraordinario: Jorge Manuel Dengo, Alberto Fait, Carlos Manuel Castillo, Eduardo Lizano, Rodolfo Silva, Claudio Antonio Volio, Juan Manuel Villasuso, Ennio Rodríguez, Porfirio Morera, Federico Vargas, Odalier Villalobos, Numa Estrada, Jorge Monge Agüero… Pido perdón si al correr de esta entrevista, he olvidado nombres. Estoy orgulloso de haberlos tenido como colaboradores cercanos y agradecido por sus eminentes servicios a la Patria”.

-Le tocó iniciar con un creciente desempleo.

-El desempleo, que en 1979 representaba un 4,9% de la fuerza de trabajo, alcanzó el 9,4% en julio de 1982. El subempleo, tanto visible como invisible, pasó, en ese período, de un 7,6% de la fuerza de trabajo a un 14,4%. De esta manera, la tasa de subutilización global que, en julio de 1979 era de un 12,5%, tres años después se ubicaba en un 23,8%. Si a ello le agregamos las estimaciones existentes sobre el desempleo oculto, este indicador alcanzaba, en 1982, la escandalosa cifra de 27,4%. Y ya para 1986, nuestro país estaba como antes de la crisis del gobierno de Carazo y de la cola que nos tocó enfrentar a nosotros.

-Esa crisis fue catastrófica para las empresas.

-No tenía un conocimiento adecuado del mundo empresarial, en vista de que en los caminos de mi vida, jamás me encontré con la responsabilidad de manejar una empresa propia o ajena. Ni pequeña, ni mediana, ni grande. Nunca tuve una empresa. Lo poco que sabía, era por la lectura o por asistencia a conferencias relativas a la actividad empresarial Por eso no me resintieron las reservas hacia mí por parte de los empresarios de mi propio partido y la desconfianza y hasta hostilidad del sector empresario inclinado hacia otras tiendas políticas. Una vez elegido presidente, les busqué humildemente y solicité su consejo y asesoramiento. Un numeroso grupo de dirigentes empresariales me perdió el miedo y me ayudó generosamente a superar mi notoria ignorancia del mundo empresarial.

“Los persistentes esfuerzos por incrementar la producción y mantener puestos de trabajo nos condujeron a crear un programa de ayuda a las empresas privadas que enfrentaban problemas financieros a raíz de la crisis. A dicho programa se acogieron 152 empresas, y 91 de ellas recibieron ayuda de las instituciones del Estado costarricense, evitándose así una quiebra generalizada e irreparable.

-Vino un violento y doloroso reajuste de la economía.

-Es cierto. Fue necesario recurrir a un violento y brutal ajuste, eliminando subsidios, ajustando tarifas y racionalizando el gasto, a fin de eliminar los factores inflacionarios. La reforma de los artículos 93, 94 y 100 de la Ley Orgánica del Banco Central, aprobada por la Asamblea Legislativa, nos permitió intervenir en el mercado cambiario, eliminando los factores especulativos y así iniciar el proceso de recuperación del valor de nuestra moneda.

“Sin ese ajuste, por doloroso e ingrato que haya sido, Costa Rica habría sido arrollada por la turbulencia social, y nuestra libertad y nuestra paz habrían naufragado”.

-¿Hubo zancadillas en el camino?

-No me gustaron las condiciones en que se pactó con el Fondo Monetario Internacional. La inflexibilidad que caracterizó en ese caso al Fondo recayó directamente sobre los sectores productivos, especialmente los agropecuarios, dificultando el proceso de recuperación que debe seguir a la estabilización.

“En la carta de intenciones que suscribimos con el Fondo establecimos que, para 1983, reduciríamos la tasa inflacionaria hasta un 40%. Esa meta se consideraba difícil; sin embargo, concluimos el año 1983 con un porcentaje de inflación de 11%, compatibles con los índices internacionales y muy por debajo de los términos fijados con el Fondo Monetario Internacional”

-Se le criticó mucho su posición frente a Ronald Reagan, en el momento más álgido de la Guerra Fría para América Central.

-Mi respuesta a las críticas fue que Costa Rica siempre ha necesitado del apoyo de Estados Unidos y de la Casa Blanca, pero que las circunstancias eran tan difíciles que ese apoyo y esa comprensión eran, de verdad, apremiantes. Yo busqué y obtuve el apoyo del Presidente Reagan. A quién debía yo buscar en la Casa Blanca no era un asunto de los costarricenses. Era un asunto del pueblo norteamericano. Si el pueblo norteamericano me hubiera puesto a un presidente demócrata, también lo hubiera buscado.

-¿Cómo se llevó adelante todo esto?

-Para lograr nuestro objetivo en lo interno y en lo externo, era indispensable una estrategia internacional. Un punto básico era lograr una comunicación fluida con la Casa Blanca. Existían indicios de que el grupo republicano que encabezaba el Presidente Ronald Reagan, no disponía de información correcta sobre el Partido Liberación Nacional y sus dirigentes. Había indicaciones de que particularmente a don José Figueres y a don Daniel Oduber no les tenían simpatía, para decir lo menos. Como presidente electo, hicimos dos viajes a California para hacer contacto con el llamado “Kitchen Cabinet” del Presidente Reagan, un grupo de empresarios que eran amigos personales del presidente. “Seguramente fue acertada esa estrategia, porque en junio de 1982, a pocas semanas de inaugurarse la nueva Administración, ya se encontraba en Washington D.C. una comitiva de gentes de mi gobierno, con representantes del sector empresarial y de otros sectores de nuestro país. Yo la encabezaba.

“Este fue el comienzo de una relación que acarreó indudables beneficios a Costa Rica. Hubo una invitación para que yo dictara un discurso en el Foro Mundial de Elecciones Libres y Democracia, patrocinada por el propio Presidente Reagan. También tuvimos una visita del Jefe de la Casa Blanca a Costa Rica, y una invitación imprevista para una conversación en la Casa Blanca. Me desplacé desde Miami, en donde me encontraba presidiendo una delegación costarricense en la Conferencia de Países Centroamericanos y del Caribe, patrocinada por la Fundación Rockefeller”.

-Muchos dicen que el país puso en juego su dignidad.

-Expresamos con franqueza al Presidente Reagan que Costa Rica no necesitaba ayuda económica para armamento bélico. Pero sí estábamos urgidos de colaboración rápida para superar los agudos problemas económicos y sociales que enfrentábamos. Convencimos al mandatario estadounidense; a su vicepresidente, George Bush; a su Secretario de Estado, George Schulz, y otros altos personeros de gobierno, que era del interés vital para los Estados Unidos ayudar a preservar la única base democrática y en paz de América Central, que representaba Costa Rica. Insistimos en nuestra tesis de que si esa base era arrollada por la ola ideológica y bélica que impulsaban el Bloque Soviético y Cuba, a Estados Unidos sólo le quedaban los ´marines´ y los ejércitos centroamericanos. Ambos factores eran repudiados por los pueblos latinoamericanos, y sería casi imposible conseguir solidaridad latinoamericana para atajar el avance del comunismo.

-Se decía que Costa Rica recibió un millón de dólares por día y que no hubo un buen análisis de prioridades, que generó que le diera importancia a proyectos que no eran tan urgentes.

-Eso no fue así. Si bien es cierto que recibimos mucho dinero, esos recursos eran urgentes e imprescindibles para salir adelante. El país estaba con el agua al cuello. Tanto los funcionarios claves citados, como otros a distintos niveles de la Administración Reagan, mostraron una actitud abierta y comprensiva para Costa Rica.

“Por medio de diversos programas recibimos el apoyo que necesitaba el país. Con cartas directas a la Casa Blanca, presenté varios proyectos. Algunos se convirtieron en realidad y otros no. La más importante de estas propuestas epistolares fue el proyecto de la creación de la Universidad EARTH, para las áreas del trópico húmedo del Hemisferio Occidental. Es una universidad que, por el método de aprender haciendo, difunde el conocimiento de las ciencias agrícolas, desarrolla una mente empresarial en sus estudiantes, y les enseña cómo armonizar el crecimiento de la producción y la productividad con la protección del ambiente. Todo dentro de un marco de sentimientos de solidaridad frente a los problemas de pobreza y la promoción de los valores que dan sustento a sistemas institucionales de vida en libertad. Se nos dieron los recursos para el arranque de este trascendental proyecto”.

-Fue un fundamento para las críticas del supuesto “Estado paralelo”, que, según sus opositores, dirigía la AID.

-Así es. No previmos que miembros de la futura administración Arias Sánchez, que habría de instalarse el 8 de mayo de 1986, harían oposición. En parte porque un importante asesor extranjero declaró que instituciones como CINDE y la Escuela Agrícola para Región Tropical Húmeda (EARTH) constituían un programa para instaurar un Estado paralelo bajo control estadounidense. Después, se agregó que el gobierno necesitaba ese dinero para problemas más urgentes del momento, y que en Costa Rica existía una excelente Escuela de Agronomía en la Universidad de Costa Rica. Se instigó a las universidades públicas para que hicieran declaración dirigida a los diputados y a la opinión pública en general.

“El proyecto de ley no pudo lograr su trámite legislativo antes del 30 de abril de 1986 y no fue sino hasta cinco meses después, en octubre, cuando se produjo el decreto legislativo, precedido de mucho cabildeo. Dichosamente, varios miembros del gobierno Arias Sánchez convencieron al Presidente de que oponerse a la creación de lo que ahora se conoce en el mundo como Universidad EARTH era un error en perjuicio de Costa Rica y Latinoamérica. La EARTH goza de gran prestigio académico y científico.

-Muchos criticaron su actitud frente a Estados Unidos aduciendo que era muy entreguista.

-Dimos expresión plena al fiel acatamiento de la vocación pacifista de nuestro pueblo, que no desea restablecer el ejército, que no desea invertir en armamentos, que rechaza la guerra. Pueblos antiguos creían que la guerra era la racionalidad última de la política, pero los costarricenses creemos que la guerra es el fracaso de toda política. Una política de paz era el imperativo ineludible. Costa Rica no es una potencia política, ni puede serlo. Costa Rica no es una potencia militar, ni quiere serlo. Costa Rica es una potencia espiritual, porque el pueblo practica una fe viva en la fuerza del sentido común. A eso respondió la política de la neutralidad de Costa Rica. Nos comprometimos a servir de buena fe a la causa de la mediación y la conciliación, y a realizar toda gestión y obra humanitaria que fuera posible en los casos de conflicto, inclusive de carácter bélico.

-Había convulsión social.

-Nos “recetaron” dos huelgas. Una en el Atlántico primero y otra en el Pacífico, ambas ayudadas desde Nicaragua. En un incidente en Pocora, un trabajador fue herido por la Guardia Rural. Una foto de ese trabajador le dio la vuelta al mundo, como prueba de que Costa Rica era una falsa democracia, donde se atropellaba a los trabajadores. Fue el inicio de una campaña mundial, montada por el aparato de propaganda internacional del comunismo, para desprestigiar a la democracia costarricense. Toda clase de infundios se lanzaron a través de infiltrados en las agencias noticiosas. Tomando como fuente a dirigentes comunistas locales, recorrió el mundo la grotesca mentira de que organizábamos un ejército clandestino de 75 mil hombres para agredir a Nicaragua, y desde luego, con el dinero y las armas del Pentágono. Recibimos telegramas de diversas y distantes procedencias, solicitando la liberación de los presos políticos. Otros, exigían el cese de las torturas a esos presos políticos. Todo esto suena ridículo, pero correspondió a un montaje técnico y diabólico del aparato de propaganda del comunismo internacional, que para entonces todavía funcionaba con innegable eficiencia.

-¿Hubo una estrategia frente a la tormenta?

-Ante las serias amenazas a la democracia y a la paz de los costarricenses, originadas en la violencia y la guerra en el resto de Centroamérica y en la presencia de los factores negativos de la Guerra Fría, era imperativo diseñar una estrategia que trascendiera las fronteras partidistas y las normales discrepancias entre los distintos sectores sociales. En el campo político, recurrimos a los ex presidentes de la república y todos, sin excepción, apoyaron la estrategia de procurar la unidad nacional frente a los retos de adentro y de afuera. Nos reunimos con frecuencia con el máximo dirigente de la oposición, Rafael Ángel Calderón Fournier. Manteniendo sus históricas discrepancias con el Partido Liberación, apoyó todas la acciones dirigidas a conjurar la crisis interna y enfrentar los riesgos derivados de las convulsiones que padecía el resto de Centroamérica.

“En el campo de los sectores sociales, provocamos el diálogo entre las cámaras empresariales, las instancias del Gobierno Central, el Poder Legislativo, y las organizaciones sindicales, cooperativas, solidaristas, municipalidades y asociaciones comunales.

“Gracias al patriotismo de esos sectores y a pesar del acelerado proceso de empobrecimiento de los sectores de la clase media y popular; a pesar de la angustiosa situación de los grupos menos favorecidos de la población, hubo una verdadera tregua en la confrontación social. Se pudieron dar políticas y medidas ingratas en sus defectos inmediatos y el pueblo con sabiduría y estoicismo esperó el tiempo prudencial para que se produjeran los resultados positivos. Con ´Volvamos a la Tierra´, sí impulsamos nuevas líneas de producción y exportación en horticultura, floricultura, citricultura. Reanudamos los esfuerzos hacia los sistemas de riego. Pusimos en marcha el Plan Bananero y aseguramos una aplicación estricta de la ley Régimen de Relaciones entre Productores, Beneficiadores y Exportadores de café.

-El ajuste por culpa de la crisis tuvo ganadores y perdedores.

-Tuvimos muy presente al estadista francés, a quien también le correspondió ser Primer Ministro en circunstancias complejas para la Francia y la Europa de los años inmediatos al final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Pierre Méndes France. Sus charlas radiales semanales las recopiló en un pequeño tomo con el título de “Gobernar es escoger”. Escoger entre dos o más nombres; entre dos o más caminos; entre dos momentos; entre dos circunstancias; entre dos o más ideas. Afirmó, con profunda sabiduría, que en política casi nunca se nos da la oportunidad de escoger entre lo bueno y lo malo. Lo más frecuente es que debamos escoger entre lo malo y lo menos malo.

-¿Qué es lo que ha pasado con Liberación Nacional?

-Que hemos perdido coherencia y nos hemos alejado de las inspiraciones originales. Hay que regresar a las fuentes originarias de inspiración, así como a un concepto más ético del quehacer partidario. Es necesario un deslinde claro entre los negocios personales y las funciones de partido o de gobierno. Si un liberacionista quiere hacer negocios, que los haga. Está en su derecho. Pero no mientras sea funcionario del partido o funcionario de gobierno. Además, el partido no puede conformarse con una existencia propiamente legal, satisfaciendo las exigencias normativas del Código Electoral en cuanto a asamblea, comités, convocatorias, etcétera. Para que un partido político pueda estar en condiciones de participar realmente en los destinos de un pueblo, debe tener un programa de trabajo y una organización mucho más ambiciosos que no se circunscriben a los períodos de campaña electoral y que trascienden los requisitos mínimos de la legislación electoral vigente. El partido debe ser una empresa de todos los días, constante y dinámica y no simplemente una entidad política legalizada.

-Una vez le dijo usted a don Ignacio Santos que la política es brutal.

Es que la política es una jungla, es una cosa brutal, es de puñaladas, de puñaladas no sólo de los adversarios.

-Le pregunto ahora, lo que le preguntó don Ignacio hace un tiempo, ¿está en peligro su partido?

-Ya se van acumulando tantos errores y tanta mediocridad y ya también se fortaleció esa línea que yo denuncié desde el 11 de abril de 1970, en la Asamblea Nacional, a gente que llega al partido no a ayudar al país, no a ayudar a los gobiernos, sino que a ver qué agarran para hacer negocios, y eso ya no lo soporta el pueblo de Costa Rica. Ganar una convención y ganar unas elecciones, para mí, no es lo importante. Lo importante es ganarlas con una visión de futuro y con una visión de futuro que salve al Partido Liberación Nacional.

-Antes, usted hablaba de postulados básicos.

-De cuatro postulados. Que eran que el partido político debe tener un carácter permanente y doctrinario, pero no debe entenderse como un fin en sí mismo. Que debe contar con democracia interna. Los cargos se deben asignar de “abajo hacia arriba”; nunca mediante la designación exclusiva por parte de los dirigentes. Que debe tener una función docente. El partido debe ser una escuela de democracia y educación ciudadana. Y, algo que hay que recordar ahora: que la dependencia en determinadas figuras o dirigentes políticos, en torno a los cuales gira la vida del partido, conduce al origen de luchas intestinas por el poder y al abandono de los principios y las funciones primordiales de la organización política democrática.

“Siempre dije que debe evitarse la mezcla de los negocios personales con el desempeño de las funciones en el partido y el gobierno. No cumplir con esto le hizo daño al partido y al país. Siempre denuncié que el partido se estaba convirtiendo en un ´departamento de asuntos electorales´.

El expresidente se ha sentido muy cómodo, y ha estado hablando de todo lo que se le pregunta.

No más empezando, me percato de que en esa sala de sesiones de su casa, en Pozos de Santa Ana, dos fotos de don Luis Alberto con Mario Moreno “Cantinflas” casi quieren guiñar el ojo.

Aprovecho para preguntarle y él se devuelve en el tiempo. “Fui muy amigo de los actores Jorge Negrete y Mario Moreno. Jorge Negrete fue Presidente de la Asociación Nacional de Autores (ANDA). Mientras viví en México, le ayudé en todo lo que pude. Nos hicimos tan amigos que Negrete me pidió una vez que dictara un discurso en una asamblea de la ANDA. Después, Jorge regresó a la clínica. Tenía cirrosis.

“Mario Moreno y Jorge Negrete tuvieron una época de confrontación en el gremio. Es que ´Cantinflas´ aspiró a presidente de la ANDA, pero es que la admiración popular en favor de Cantinflas, no tenía una dimensión similar en la organización. Al fin y al cabo, Mario era un patrón, contrataba al director y al guionista.

“Mientras tanto, Jorge le dedicó su vida entera a ayudar a los artistas, sobre todo a los de menos fortuna. En el periódico ´Cine mundial´, que era farandulero, le decían ´El cabaretero´, porque tenía el apoyo de las cabareteras y de las muchachas de las carpas.

-¿Por qué?

-Porque él estableció un centro maternal, para que, cuando ellas ensayaban, pudieran dejar a sus chiquitos ahí. La directora era Fanny Schiller, la mamá de Manolo Fábregas, quien, para continuar la tradición, heredó el apellido de su abuela, doña Virginia Fábregas.

“Ya cuando volví al país, resulta que nos trajimos a Mario Moreno, ´Cantinflas´. Lo conocí en México, pero allá mi relación con él no fue muy estrecha. Estrecha sí era con Jorge Negrete.

“Doris, mi esposa, y yo invitamos a Mario a unos actos de beneficiencia. Por cierto, fue la primera vez que vino Miami Sound Machine, con Emilio y Gloria Estefan. Le di un almuerzo en el Country Club con todo mi gabinete. Estuvimos muy contentos con él”.

“En otra ocasión, nos encontramos en Puerto Rico, con motivo de la realización de una campaña porque unas inundaciones habían dejado muchos damnificamos. Con Puerto Rico me unían muchos vínculos. Había interés en mis cursos de la Escuela de Educación Política, adonde llegaban muchos puertorriqueños; saben de mis vínculos con Muñoz Marín y mis conferencias.

“Antes de esto, hablé en actos del Partido Democrático Popular. Ese día, el presidente y yo dictamos nuestros discursos, y horas después le correspondía a ´Cantinflas´. Andaba vestido con saco y corbata, y anoté rápidamente la dirección del cónsul honorario de Costa Rica, que era donde estaríamos en la fiesta. Le dije que cuando terminara, podía integrarse a nuestro grupo. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, horas más tarde, vi llegar a Mario Moreno! Fue un episodio maravilloso.

“Otro encuentro interesante con ´Cantinflas´ se dio siendo presidente. Durante el penúltimo año, un Miércoles Santo recibo una llamada de él. Me dice, ´Presidente, estoy aquí en San José. No quiero que nadie lo sepa. Admiro mucho esta democracia, y andamos en un crucero. Yo quería que mi hijo conociera Costa Rica. Estamos en Caldera, pero nos trajeron a San José. Sólo quería saludarlo´.

“Yo le dije, ¿cómo va a ser posible que no le brindemos ninguna atención?´, pero Mario tomó la suite y dijo que quería privacidad. Yo llamé a Danilo Jiménez Veiga, que es el mejor imitador de Mario Moreno que he conocido. En Ginebra, era una sensación porque no se podían imaginar que un tico imitara a un mexicano tan, pero tan bien. Danilo siempre andaba una gabardina y una boina en la bolsa de atrás, para hacer el numerito apenas alguien se lo solicitara. Después, Muni (Figueres, su esposa) ya no se lo permitió.

“En ese momento, Danilo era Ministro de la Presidencia, después de Fernando Berrocal, que había estado en el ministerio durante los dos primeros años de mi gobierno. Le dije ´te voy a dar una buena noticia y una mala´. La primera es que está Cantinflas en el país. Me ha insistido en que no necesita nada, pero por cortesía hay que ir, y ponernos a sus órdenes. La mala es que tenés que hacerte cargo de él. Luego, Danilo me contó que tuvo que darle gracias a Dios de que Mario no le pidiera nada, porque estaba con los chunches en el carro para irse para la playa. ´Pensé que si Mario me dice que sí me necesita, me mata Muni´, me dijo Danilo.

“Cuando empecé a recibir noticias de su salud, que eran muy alarmantes, pensé que estaban exagerando, pero estaba en Houston, y cuando llamé, me di cuenta que no era cuento porque, en ese momento, lo estaban trasladando del DF hacia Puerto Rico. Lo llamé, no contestaba, y, entonces, le mandé un fax, diciéndole que se iba a recuperar…

“Pero lo que es ese fax no lo vio él. Ya estaba en coma, y a la mañana siguiente murió. Tengo mucho que agradecerle a Mario Moreno, porque, sobre todo, me curó del cáncer. La lectura que uno hace cuando tiene un cáncer está relacionada con contar con una actitud positiva. Un día compré un paquete con veinte películas de ´Cantinflas´, más otras dos regaladas. Así que, después de la radiación, todos los días veía una película de mi amigo. Ahora tengo hasta las tres primeras que salieron en dvd.

“Lo curioso es que, durante mi estadía en México, mi relación fue con los que llamaban ´los negretistas´, y fue hasta después cuando me hice amigo de Mario Moreno”.

“Otra persona del arte que ha sido cercana a mí fue Baeza Flores, el gran poeta chileno. Insistí en traerlo a dar clases a la escuela de formación política de Coronado. Luego, estuvo con nosotros en La Catalina, durante unos doce años. Y en mi gobierno se puso a trabajar con Armando Vargas, y nos ayudó muchísimo en el manejo de la prensa.

“Viera que me duele cómo un gran poeta como el maestro Baeza terminara en medio de la pobreza. Más de una vez me encontré con él en España y en Estados Unidos, y al final de su vida sabía que no iba a poder él solo. Lamentablemente estaba muy mal económicamente, por lo que le ayudé a comprar un apartamentito en Miami. Todavía se está pagando, pero ya falta poco.

“Y viera que tuve una relación muy divertida con el pintor Jorge Gallardo. Un día nos lo encontramos en la fuente de Ojo de Agua, y me lo presentó Daniel Oduber. Me quedé hablando con él. Ya me habían adelantado que tenía ciertos problemas psicológicos. Yo le dije que vivía en México, y me dijo que quería estudiar a Siqueiros, Orozco y Diego Rivera, los principales expositores del muralismo. Me comentó que tenía mucho interés en analizar sus obras, pero que no tenía recursos económicos. Por cortesía, le dije que ponía mi apartamento a sus órdenes.

“Pocas semanas después, me llamó, que si podía ir a quedarse en mi casa, que iba para México. Estuvo viviendo conmigo, y le vendí cuadros de él a mis amigos, la mayoría costarricenses. Me dejé uno que se llama ´Mujer con jícara y flor´. Recuerdo que le vendí uno a Gonzalo Solórzano, el famoso ´Chalito´, que era embajador allá, y que era uno de los amigos más queridos por Don Pepe. Muchos de los cuadros que vendí fue a costarricenses, con la idea de que las obras volvieran al país, pero los dueños se quedaron allá.

“Después de ese tiempo en México, esporádicamente nos vimos, hasta que Evangelina Aguiluz, la hija de Marcial Aguiluz y esposa de Hernán González, me contó un día que presentaban una retrospectiva de su obra. Ahí me lo volví a encontrar.

“Tengo una gran admiración por los artistas. Fui gran amigo de Carmencita Granados y también lo sigo siendo de Lencho Salazar. Siempre he tenido afinidad por las artes. Recuerdo que, en el año 50, estando yo en la OIT, tuve que ir a Ecuador, y aproveché para buscar a Jorge Icaza, el autor de la obra ‘Huasipungo’, una de las obras que fueron precursoras del realismo mágico, junto a otra que me gusta mucho, ‘La vorágine’, de Rivera, el colombiano. Esa vez que hablé con Icaza, quedó impresionado de que un costarricense llegara a buscarlo. Él nunca fue marxista lenninista, pero sí era socialista.

“Otro artista que ha sido cercano a mí es don Hernán González (qdDg), quien fue mi ministro de Cultura. Le agradaba mucho como yo lo presentaba: yo decía ´el escultor, el agricultor, el escritor y el ministro. Le ponía siempre de primero ‘el escultor’ y de último ‘el ministro’.

“Aquí, en la casa, tengo obras valiosas, entre ellas, cuatro pinturas de Fausto Pacheco. Una de esas obras es uno de sus pocos óleos. Fausto no pintaba óleos porque los materiales son más caros. También tengo mucho de Magda Santonastasio, gran pintora, poeta y escritora costarricense, quien vive en San Diego, California. Uno de sus cuadros está en el Museo de San Francisco. Ella es una gran mujer”.

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