Luis Alberto Monge: Un campesino cultivado

La deuda externa

-La deuda externa era gigantesca.

-Gracias a un esfuerzo técnico y político sin precedentes, se logró una renegociación de la deuda externa tanto con el Club de París como con los bancos comerciales privados extranjeros y con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Nos pusimos al día con las obligaciones. Esta conducta responsable fue factor decisivo en la recuperación de la imagen y las posibilidades de provocar inversión, que era fundamental en cualquier intento de reactivación económica.

“Con clara conciencia de mis limitaciones en el campo económico, busqué y tuve la fortuna de formar un equipo realmente extraordinario: Jorge Manuel Dengo, Alberto Fait, Carlos Manuel Castillo, Eduardo Lizano, Rodolfo Silva, Claudio Antonio Volio, Juan Manuel Villasuso, Ennio Rodríguez, Porfirio Morera, Federico Vargas, Odalier Villalobos, Numa Estrada, Jorge Monge Agüero… Pido perdón si al correr de esta entrevista, he olvidado nombres. Estoy orgulloso de haberlos tenido como colaboradores cercanos y agradecido por sus eminentes servicios a la Patria”.

-Le tocó iniciar con un creciente desempleo.

-El desempleo, que en 1979 representaba un 4,9% de la fuerza de trabajo, alcanzó el 9,4% en julio de 1982. El subempleo, tanto visible como invisible, pasó, en ese período, de un 7,6% de la fuerza de trabajo a un 14,4%. De esta manera, la tasa de subutilización global que, en julio de 1979 era de un 12,5%, tres años después se ubicaba en un 23,8%. Si a ello le agregamos las estimaciones existentes sobre el desempleo oculto, este indicador alcanzaba, en 1982, la escandalosa cifra de 27,4%. Y ya para 1986, nuestro país estaba como antes de la crisis del gobierno de Carazo y de la cola que nos tocó enfrentar a nosotros.

-Esa crisis fue catastrófica para las empresas.

-No tenía un conocimiento adecuado del mundo empresarial, en vista de que en los caminos de mi vida, jamás me encontré con la responsabilidad de manejar una empresa propia o ajena. Ni pequeña, ni mediana, ni grande. Nunca tuve una empresa. Lo poco que sabía, era por la lectura o por asistencia a conferencias relativas a la actividad empresarial Por eso no me resintieron las reservas hacia mí por parte de los empresarios de mi propio partido y la desconfianza y hasta hostilidad del sector empresario inclinado hacia otras tiendas políticas. Una vez elegido presidente, les busqué humildemente y solicité su consejo y asesoramiento. Un numeroso grupo de dirigentes empresariales me perdió el miedo y me ayudó generosamente a superar mi notoria ignorancia del mundo empresarial.

“Los persistentes esfuerzos por incrementar la producción y mantener puestos de trabajo nos condujeron a crear un programa de ayuda a las empresas privadas que enfrentaban problemas financieros a raíz de la crisis. A dicho programa se acogieron 152 empresas, y 91 de ellas recibieron ayuda de las instituciones del Estado costarricense, evitándose así una quiebra generalizada e irreparable.

-Vino un violento y doloroso reajuste de la economía.

-Es cierto. Fue necesario recurrir a un violento y brutal ajuste, eliminando subsidios, ajustando tarifas y racionalizando el gasto, a fin de eliminar los factores inflacionarios. La reforma de los artículos 93, 94 y 100 de la Ley Orgánica del Banco Central, aprobada por la Asamblea Legislativa, nos permitió intervenir en el mercado cambiario, eliminando los factores especulativos y así iniciar el proceso de recuperación del valor de nuestra moneda.

“Sin ese ajuste, por doloroso e ingrato que haya sido, Costa Rica habría sido arrollada por la turbulencia social, y nuestra libertad y nuestra paz habrían naufragado”.

-¿Hubo zancadillas en el camino?

-No me gustaron las condiciones en que se pactó con el Fondo Monetario Internacional. La inflexibilidad que caracterizó en ese caso al Fondo recayó directamente sobre los sectores productivos, especialmente los agropecuarios, dificultando el proceso de recuperación que debe seguir a la estabilización.

“En la carta de intenciones que suscribimos con el Fondo establecimos que, para 1983, reduciríamos la tasa inflacionaria hasta un 40%. Esa meta se consideraba difícil; sin embargo, concluimos el año 1983 con un porcentaje de inflación de 11%, compatibles con los índices internacionales y muy por debajo de los términos fijados con el Fondo Monetario Internacional”

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